Sexualidad

Alan Turing y Harvey Milk: el martirologio de la diversidad

Alan Turing. VoxBox.

Diversidad.- Alan Turing es un nombre que comenzó a volverse famoso a partir de la película de Morten Tyldum de 2014, The Imitation Game (de verdad, si no la han visto corran y háganlo). Si la vieron, se acordarán que la historia está enfocada más en la parte tecnológica y contextual, que en las implicaciones de violación a los Derechos Humanos a las que luego fue sometido Turing.

En Gran Bretaña la homosexualidad dejó de ser un delito hasta hace poco: en Inglaterra y Gales las relaciones consentidas entre mayores de 21 años dejaron de ser delito en 1967. En Escocia el castigo continuó hasta 1980 y en Irlanda del Norte, dos años más.

Alan Turing, la tecnología y el castigo

Turing era matemático (que es lo único que nos debería importar) y también homosexual, lo que en 1952 lo convertía en un criminal. Como alternativa a la cárcel, Turing aceptó someterse a la castración química.

Dieciséis días antes de cumplir los 42 años de edad, el 7 de junio de 1954, Alan Turing murió envenenado por cianuro. Nunca sabremos si fue suicidio o accidente, pero la historia popularmente más difundida acepta la primera versión.

¿Por qué estamos hablando de Turing ahora? Porque su muerte es un caso paradigmático de las luchas por los derechos de la población LGBTI a nivel mundial.

Para empezar, sus logros en matemática y tecnología están probados más allá de toda duda razonable: desencriptar el Código Enigma permitió que millones de vidas fueran salvadas y acortó de forma significativa la duración de la Segunda Guerra Mundial, y eso solo por mencionar su logro más célebre. Pero ni siquiera eso consiguió que las leyes retrógradas lo limitaran y condenaran por una sola de sus facetas: una que, además, pertenecía al ámbito de lo privado.

Pero en octubre de 2016 el Gobierno británico anunció la Ley Alan Turing, ley que la reina de Inglaterra sancionó el pasado 31 de enero de 2017. Bajo los auspicios de esta ley, todas aquellas personas ya fallecidas, y que en su momento fueron condenadas por su orientación sexual y por actos que hoy en día ya no son un crimen, reciben el perdón automático: aquellas personas condenadas que aún viven reciben ese mismo perdón, pero además pueden solicitar que se elimine de su historial cualquier mención de la condena.

Aunque no se conoce que Alan Turing haya abanderado ninguna lucha por la diversidad, es imposible no concebir su caso como uno de los más emblemáticos en los últimos años… como el caso de Harvey Milk.

Harvey Milk, mártir de la diversidad

Según este reportaje del periódico ABC, el 27 de noviembre de 1978, Dan White, un concejal relevado de sus funciones por corrupción, burló el protocolo de seguridad del Ayuntamiento de San Francisco para irrumpir violentamente en la oficina del alcalde Moscone, le disparó cuatro veces y luego le metió una bala a Harvey Milk, su rival político.

Dan White, movido por el odio, convirtió a Milk ─un simple activista de los derechos de los homosexuales─ en un ícono, en un poderoso motivo para salir del clóset y dar la batalla en la calle (en 2008, Sean Penn hizo una extraordinaria interpretación de este personaje).

Lo que destacamos acá del caso de Milk es que fue el primer funcionario electo de Estados Unidos en revelar abiertamente su homosexualidad. Lo hizo en 1977, unos 23 años después de que Alan Turing falleció por el cianuro.

Desde entonces las cosas en los países del primer mundo han cambiado muchísimo: en la mayor parte de Europa, la diversidad sexual es normal y tiene una estructura legal que la protege. En Estados Unidos, el Tribunal Supremo reconoció, el 26 de junio de 2015, el matrimonio igualitario en todos los estados del país norteamericano.

El martirologio de la diversidad

En el martirologio (esa lista de personas que ofrendaron su vida por una causa) de la lucha por los derechos de la población LGBTI, Turing y Milk tienen un papel fundamental.

Lastimosamente la historia enseña que las cosas deben ser así: los derechos fundamentales, eso que todos tenemos por la simple razón de pertenecer a la raza humana, no se ganan discutiendo, sino luchando. Y no luchando en un sentido figurado, sino en el más literal posible: con sangre, batallas en las calles y muertes, muchas muertes.

El mundo más civilizado (el “primer mundo”), ya ganó la lucha por la diversidad sexual. En América Latina, y en especial en los países como El Salvador, esta lucha sigue peleándose con ferocidad anacrónica.

Deberíamos tomar el ejemplo de los europeos y evitarnos tantos mártires, tanta sangre innecesaria.

VoxBox.-

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