Diversidad, Sexualidad

La lucha LGBT en El Salvador y el Palacio Nacional

Diversidad.- Hace unos días hicimos un breve repaso por la historia de la lucha LGBT a nivel global, pero hoy es tiempo de hacerlo más local: la historia de la lucha LGBT en El Salvador.

Para comenzar con esto, hay que acotar que, lejos de lo que se cree, la lucha LGBT en El Salvador lleva ya un poco más de 30 años de estarse librando. Específicamente se remonta a los primeros años de la posguerra.

La lucha LGBT en El Salvador y la posguerra

Acabado el conflicto armado, que duró más de doce años, El Salvador comienza un proceso de reestructuración y refundación en casi todas las áreas. Los puentes, las calles, los edificios se restauran o se crean. Lo mismo ocurre con las instituciones del Estado. La marea bajando a los ojos del mundo, al menos es lo que parece.

En las calles, en esa especie de subsuelo invisible, todavía quedan poblaciones en absoluta vulnerabilidad. Niños, mujeres, ancianos, jóvenes, están igual o quizás un poco peor que antes. Basta con recordar que en esta misma etapa nacen los primeros grupos pandilleriles, para entonces catalogados por las instituciones del gobierno como una moda pasajera.

Pero hay también en estado de vulnerabilidad un sector al que la moral pseudoconservadora salvadoreña no se atreve a mirar, como no sea para condenarlos: mujeres trans, que además son trabajadoras sexuales.

A inicios de la década de los noventa, la diversidad sexual en El Salvador no existía en el imaginario de la sociedad. Por supuesto que existían en la realidad, en la práctica cotidiana, pero eran acorralados al más oscuro ostracismo.

Se llamaba FUNDASIDA esa otra organización, la única que trabajaba el tema de VIH en las poblaciones vulnerables, no solo con personas LGBT, sino incluso con privados de libertad, niñez y adolescencia, y etcétera.

En el corazón de esta organización se conforman las primeras organizaciones LGBT: Entre Amigos y En Nombre de la Rosa, que se constituyó como la primera organización trans (transexuales, travestis y transgénero) de trabajadoras sexuales que decidieron organizarse, para frenar la ola de violencia institucional a la que eran sometidas, especialmente por uniformados del Cuerpo de Agente Metropolitanos (CAM).

El tema de la prevención del VIH fue una especie extraña de punto de encuentro entre estas mujeres trans, una suerte de punta de lanza para empezar a trabajar con las poblaciones LGBT. Pero pronto los líderes y lideresas se dieron cuenta de que los problemas de la comunidad iban mucho más allá del tema del VIH, que por supuesto era importante. El Estado salvadoreño violentaba sistemáticamente sus derechos fundamentales.

Personería jurídica y las primeras marchas

La primera marcha del Orgullo LGBT en El Salvador se remonta a 1997. Cinco años habían pasado desde la firma de los Acuerdos de Paz. El país había logrado detener ese festival de violencia que fue la guerra civil, pero las condiciones de pobreza y desigualdad todavía no eran debidamente atendidas. Las pandillas comenzaban y todavía no lograban ser tan preocupantes, aunque comenzaban a dar muestras de la barbarie.

Mientras tanto, el Estado seguía dando muestras de su carácter sesgado en cuanto a los Derechos Humanos. Mientras gozaban de buena reputación internacional por el exitoso proceso de paz, los grupos vulnerables seguían siendo ninguneados y violentados.

En 1998, la marcha (convocada entonces por la organización Entre Amigos) tuvo que detenerse, debido a que las muestras de odio se estaban volviendo cada vez más fuertes.

A raíz de esta marcha fallida, En Nombre de la Rosa salió a las calles con ataúdes, para una concentración política. Buscaban evidenciar que había personas siendo asesinadas debido a su orientación sexual, identidad o expresión de género.

Representantes de Entre Amigos durante la presentación de la imagen de la Federación. Fotografía: Ricardo Corea.
Representantes de Entre Amigos, durante la presentación de la imagen de la Federación. Fotografía: Ricardo Corea.

Un año más tarde, En Nombre de la Rosa se convirtió en la primera organización LGBT salvadoreña en intentar obtener su personería jurídica. Por supuesto que el Estado, haciendo gala de su intolerancia institucionalizada, se los negó. ¿Por qué? Por estar conformada por personas con identidad y orientación sexual diversa.

Entrado en el nuevo siglo, la lucha LGBT en El Salvador no se detuvo ni un momento. Para el año 2000, las organizaciones y las estrategias de lucha comienzan a alcanzar ciertos logros, en cuanto a mover voluntades políticas que los acompañen.

En 2009, y a raíz del asesinato atroz y con brutalidad de dos mujeres trans, las organizaciones adquieren nuevos bríos. Se vuelve entonces patente que solo unidos podrían hacerle frente a un sistema diseñado para estar en su contra.

Las luchas continuaron, se fortalecieron, encontraron aliados y nuevas dificultades.

Dos importantes triunfos

En 2010 se da un hito importante en cuanto a Derechos Humanos: se crea la Dirección de Diversidad Sexual dentro de la Secretaría de Inclusión Social, dependencia directa del Ejecutivo. Por primera vez, una mujer abiertamente lesbiana lidera un espacio político para entablar un diálogo entre la comunidad LGBT de El Salvador y el Estado.

El otro triunfo ocurre en 2016 y no tiene nada que ver con el Estado o la institucionalidad, pero sí con las estrategias de lucha: quince organizaciones LGBT del país, con agendas y reivindicaciones particulares, logran ponerse de acuerdo para fundar la Federación Salvadoreña LGBTI.

Por primera vez en la historia, la comunidad LGBT logra configurar una especie de Super Organización, que cuenta con trabajo territorial, extenso y probado, en todo el país, pero que además se constituye como el primer esfuerzo de aglutinamiento de organizaciones que más perdura en el tiempo.

El Palacio Nacional y la lucha LGBT en El Salvador

En 2018, la Federación Salvadoreña LGBT presenta su imagen oficial en un salón del Palacio Nacional, uno de los grandes íconos de la salvadoreñidad.

Pero otra cosa ocurre ese mismo día: ese mismo palacio se viste con los colores del arcoíris, el símbolo ya universal de la diversidad, de la tolerancia y el respeto.

El tema del Orgullo en El Salvador tiene una base política, por supuesto, pero además tiene una base de dolor y de muerte.

Ninguno de estos triunfos se equipara al dolor de perder una vida por culpa del odio o la intolerancia, pero son una muestra de que la lucha avanza, y que tarde o temprano El Salvador será un mejor lugar para todos.

 

 

*Esta nota fue posible gracias al discurso de Ambar Alfaro, activista promotora y defensora de Derechos Humanos LGTBI en El Salvador, durante la presentación de la imagen oficial de la Federación Salvadoreña LGBT.

VoxBox.-

Artículo previoSiguiente artículo
Antisistematizar es una forma de vida, es ir en contra del sistema, rompiendo moldes y atreviéndonos a hablar de temas que nos importan, como la política, la sexualidad, la cultura, la música y todo aquello que nos libera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *