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Así insultan los filósofos

Filósofos. VoxBox.

Los filósofos se encargan de ofrecernos lo más asombroso e inusitado del pensamiento humano. También pueden sorprendernos a la hora de ponerse a insultar.

Detalles.- Los insultos han sido una forma de expresión popular en casi todas las regiones y sociedades del mundo. Algunos dirían que son prácticamente un arte.

Pero ¿alguna vez te has preguntado cómo son los insultos entre las clases más eruditas? Por ejemplo, los filósofos o los escritores. Sí, la altura intelectual no ha evitado que estos filósofos desciendan de vez en cuando a los pantanos del vituperio.

A continuación, compartimos una selección de algunos de los insultos más famosos en la historia de la filosofía:

Sartre sobre Camus

Una mezcla de suficiencia sombría y de vulnerabilidad me ha descorazonado siempre para decirle a usted la verdad por entero. La resultante es que usted ha sido presa de una oscura desmedida que disfraza sus dificultades interiores y a la que usted llamará, según creo, medida mediterránea. Tarde o temprano, alguien se lo hubiera dicho: tanto da que sea yo.

(La polémica Sartre-Camus)

Anthony Kenny sobre Jacques Derrida

[Derrida] introdujo nuevos términos cuyo efecto es confundir ideas que son perfectamente distintas.

(A New History of Western Philosophy, Vol. IV, Philosophy in the Modern World)

Camille Paglia sobre Michel Foucault

La verdad es que Foucault sabía muy poco sobre cualquier asunto anterior al siglo XVII y del mundo moderno fuera de Francia. Su familiaridad con la literatura y el arte de cualquier periodo era despreciable. Su hostilidad hacia la psicología hizo de él un incompetente para lidiar con la sexualidad, la suya y la de cualquier otra persona. La ascensión de Foucault al estatus de gurú por las academias estadounidenses y británicas es un cuento que pertenece a la historia de los cultos. Entre más sabes, menos te dejas impresionar por Foucault.

(Junk Bonds and Corporate Raiders: Academe in the Hour of the Wolf)

Bertrand Russell sobre G. W. F. Hegel

La filosofía de Hegel es tan extraña que nadie habría podido esperar que lograse hacer que hombres cuerdos la aceptasen: pero lo logró. La expresó con tanta oscuridad, que la gente pensó que debía de ser profunda. Puede ser fácilmente explicada con lucidez en palabras sencillas, pero en ese caso su absurdidad se torna palmaria.

(Filosofía y política)

Noam Chomsky sobre Slavoj Žižek

Usted se refiere a la Teoría y cuando dije que no me interesa la teoría, lo que quería decir es que no me interesa esta adopción de posturas mediante el uso de términos extravagantes compuestos de archisílabos, ni, menos, la fantaseada ficción de disponer de una “teoría”, cuando no hay ninguna teoría en absoluto. No hay nada de teoría en todo este rollo, no, desde luego, en el sentido de “teoría” de quien esté mínimamente familiarizado con las ciencias, o con cualquier otro campo serio. Intente usted buscar en todo el trabajo que ha mencionado algunos principios desde los cuales sería posible deducir conclusiones o proposiciones empíricamente verificables, y a un nivel algo más alto de lo que se pueda explicar a un niño de 12 años en 5 minutos. A ver si usted puede encontrar algo así, una vez decodificados todos los palabros extravagantes. Yo, no puedo. Carece, pues, de interés para mí este tipo de pavoneo presuntuoso. Žižek representa un ejemplo extremo del mismo. No veo el menor contenido en lo que dice.

(En entrevista con Veterans Unplugged, diciembre de 2012)

Žižek sobre Chomsky

Bueno, con todo el profundo respeto que tengo por Chomsky, mi primer punto es que él, que siempre enfatiza en cómo uno debe ser empírico, preciso, no solamente exclamar locas especulaciones lacanianas y todo eso… bueno, no creo conocer a ningún sujeto que empíricamente se equivoque tanto y en tantas cosas, ¡en sus descripciones, en cualquier cosa!

(En respuesta al señalamiento anteriormente citado de Chomsky)

Thomas de Quincey sobre John Locke

[…] creo que una objeción insalvable a la filosofía de Locke (si acaso hiciera falta) es que, aunque el autor paseó su garganta por el mundo durante setenta y dos años, nadie condescendió nunca a cortársela.

Y sobre Descartes…

El primer gran filósofo del siglo XVII (si exceptuamos a Bacon y Galileo) fue Descartes. Y si alguna vez se dijo de alguien que estuvo a punto de ser asesinado —a una pulgada del asesinato— habrá que decirlo de él.

Y sobre Hobbes…

Hobbes no fue asesinado, nunca he logrado comprender por qué ni en virtud de qué principio. Esta es una omisión capital de los profesionales del siglo XVII, pues a todas luces se trata de un espléndido sujeto para el asesinato, salvo que era flaco y huesudo. Por lo demás, puedo probar que tenía dinero y (lo cual es muy cómico) carecía de todo derecho a oponer la menor resistencia, ya que, conforme a su propia tesis, el poder irresistible crea la más elevada especie de derecho, de modo que constituye rebelión, y de las más negras, el resistirse a ser asesinado cuando ante nosotros aparece una fuerza competente.

Y sobre los filósofos en general

Señores, es un hecho que durante los dos últimos siglos todos los filósofos eminentes fueron asesinados o estuvieron muy cerca de ello, hasta tal punto que cuando un hombre se llame a sí mismo filósofo y no se haya atentado nunca contra su vida, podemos estar seguros de que no vale nada.

(En Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes)

Mario Bunge sobre Heidegger…

Heidegger tiene todo un libro sobre El ser y el tiempo. ¿Y qué dice sobre el ser? “El ser es ello mismo”. ¿Qué significa? ¡Nada! Pero la gente, como no lo entiende, piensa que debe ser algo muy profundo. Vea cómo define el tiempo: “Es la maduración de la temporalidad”. ¿Qué significa eso? Las frases de Heidegger son las propias de un esquizofrénico. Se llama esquizofacia. Es un desorden típico del esquizofrénico avanzado.

(En entrevista con El País, abril de 2008)

Y sobre Freud

Aparte de ese interés material, y de la imposibilidad de hacer una carrera científica por falta de competencia, de originalidad, debe haber influido también el hecho de que Freud era cocainómano. Necesitaba la droga y se daba cuenta de que no podía alcanzar la lucidez sin ella; y eso, a una persona que ha recibido entrenamiento médico —Freud lo tuvo en la Escuela de Medicina de Viena, que junto con las de Berlín y de París eran las más prestigiosas de Europa— debe haberlo preocupado bastante, quitándole confianza ante la posibilidad de hacer ciencia en serio. Pero además estaba su interés auténtico por los problemas afectivos, la sexualidad, las emociones. A fines del siglo XIX hay en él una auténtica conversión. El hombre abandona totalmente el camino científico y se desbarranca.

(En entrevista con El ojo escéptico, 1995)

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