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Salvadoreños cuentan su primera vez en un bar gay

Salvadoreños cuentan su primera vez en un bar gay

Primera vez Bar gay El Salvador. VoxBox.

Diversidad.- Si usted vive en un país no centroamericano, probablemente ya haya entrado a algún bar gay aunque usted sea heterosexual. A lo mejor ni se escandaliza al respecto. A lo mejor también vive en un país tan religioso, tradicionalista y de doble moral como El Salvador, en donde no todo el mundo lo ha hecho. Entrar puede ser todo un acontecimiento. Para personas heterosexuales por salir de su zona de seguridad y, para personas de la diversidad sexual, porque puede significar un primer paso de autoaceptación, por encontrar un lugar donde moverse o vestirse a su antojo o también porque le permite confrontar sus prejuicios o su plumofobia.

Un amigo, al ver un gif que incluía a Raffaella Carrá, me dijo que ella estaría para siempre asociada con su primera noche de disco gay, en el año 2009, en el extinto bar Manthra (en su primera de muchas versiones). Así nació mi curiosidad y decidí preguntarles a más personas.

En lo personal, no recuerdo tantos detalles de mi primera vez. Debo haber tenido alrededor de 27 años, pero solo recuerdo que fue Scape, que manejé hasta ahí y pasé de largo. Me dio miedo. Di la vuelta más adelante y, en ese segundo intento, sí entré. Probablemente fingí que me sentía muy seguro ahí adentro y fui tan convincente hasta para conmigo mismo que nada más se quedó en mi cerebro.

Las historias que siguen son más interesantes que la mía. Por la cantidad, decidí dejar las historias de mujeres para un siguiente post. Estas, si bien han sido condensadas por claridad, sí mantienen su esencia y el lenguaje con el que me las compartieron.

Con la única Kylie que vale la pena

Fue a mediados del 2002 y fue en Scape. Sonaba In your eyes, de Kylie Minogue.

Fue lo más impresionante que hubiera vivido. Lo que más me impresionó fue ver a dos hombres bailando juntos y a un chero bailando él solo frente al espejo.

Estuve ahí hasta pasada la medianoche porque tenía que regresar a mi casa temprano y mis papás no me habían dado permiso de regresar tan tarde.

Me sentí tan libre que quise volver, pero regresé seis meses después porque necesitaba una cédula falsa para entrar. Tenía 16 años. Sí, entré ilegalmente, pero fue ya hace más de diez años, así que cualquier delito que haya cometido ya prescribió.

L, 32 años.

Con el señor importante

Fue en un bar de Tabasco. Iba con un amigo y me dio un poco de ansiedad porque no encontrábamos el lugar.

Cuando entramos, vi una pecera enorme. Sonaba música de lesbianas (Yuri, Amanda Miguel, etc.). Nos sentamos en una mesa y mi amigo pidió una cerveza para mí. Solo me tomé la mitad. Al rato ya me quería ir porque me dio hueva y, como habían puesto karaoke, las locas cantaban.

Había un señor moreno que tomaba solo y se nos unió. Nos dijo que tenía esposa e hijos, pero andaba ahí.

A las tres de la mañana que ya nos íbamos, nos dijo que él nos llevaba al hotel y nos llevó en una camioneta de super lujo. Lo paró la policía. El enseñó su identificación y el policía lo dejó ir sin decirle nada más.

J, 26 años

Con miedo al acoso

La chera con la que salía ya me había comentado que los hombres homosexuales eran más calientes que las mujeres y eso me explicó por qué se daba más infidelidad en sus relaciones.

Cuando propusieron ir a Scape, honestamente me dio miedo. Le dije a ella que me agarrara siempre la mano… no porque me fuera a ver alguien, sino para que identificaran que “estaba ocupado” y que no se fueran a sobrepasar conmigo. A pesar de eso, pasó. Me quedé solo y me tocaron las nalgas.

Ya sabía que los hombres son más agresivos para llegarle a la persona con quien quieren estar, pero creo que es más agresivo entre los homosexuales… porque creo que el tocamiento a una mujer es menos frecuente.

Cuando, con otros amigos, fuimos a una en Miami, vi por primera vez hombres bailando sin camisa. Pensé que seguramente era algo incómodo estar así… y sudados. Lo que también vi ahí por primera vez fue otros personajes, el “rockero” gay, o a otro con look mero “marero”. Era diferente de la imagen del “metrosexual” que uno espera normalmente de alguien gay.

E, 36 años.

Cuidado con los mayores

Fue en Costa Rica. Tenía 15 años. Mis compañeros mayores escanearon mi pasaporte y lo modificaron en Paint. Nos fuimos en bus. Sentí que entraba a una cueva oscura por primera vez. Me acuerdo que pusieron a Cher y los Black Eyed Peas. Tomé vodka barato con jugo de naranja porque no me gustaba la cerveza. Sentía que todos mis compañeros mayores me cuidaban y no dejaban que ningún hombre se me acercara.

Terminé fumando mota y topándome a un mexicano.

M, 24 años

I feel like a woman!

Fue en Scape. Después de tener dos citas con un tipo, me invitó a la zona rosa a tomar la que era mi primera margarita. Ahí se le ocurrió invitarme a Scape. Le dije que sí, que ya había ido antes (mentí).

Fuimos a su casa a cambiarnos. Yo creí que era mi oportunidad de ponerme algo “super gay”, pero él me dijo que así estaba bien. Él solo se puso una camiseta blanca. Eran mis primeras salidas en San Salvador, así que, aunque fingía conocer a dónde íbamos, estaba aterrado. Seguramente se me notaba.

Nunca en mi vida había entrado a una discoteca en general. Menos a una gay. Todos los hombres a mi alrededor me parecían guapos y altos. Me sorprendió ver a dos hombres besándose. Aunque ya había besado e incluso tenido sexo antes, nunca había visto a otros haciéndolo en vivo. Y, de repente, se apagaron las luces y se encendió la de un pequeño escenario.

El primer show que veía. Ella tenía un traje como de secretaria sexy, con medias, minifalda y zapatos de tacón. Sus labios se movían con la canción Man, I feel like a woman!. Yo entonces no conocía a Shania Twain y, durante mucho tiempo ese show, y lo que vi, fueron mi mayor referente de esa canción. Después vi el verdadero video y no me gustó. Seguí asociando la canción con el travesti que años más tarde mataron a cuchilladas en un callejón. Nunca le hablé, pero siempre fui su fan.

G, 33 años

Con la Pamela

Tenía 17 años y fue “Oráculo”. No recuerdo qué música sonaba, pero sí que fue un gran impacto. Ese día me di cuenta que un compañero del colegio era famosa en el Bulevar de Los héroes. Se llamaba “La Pamela”. Ella hizo que entrara a pesar de que no tenía la mayoría de edad. Había otras cosas que sí sabía que existían, pero igual me impacté al verlas ahí adentro.

A, 30 años

Entre amazonas

Tenía como 24 o 25 años, ahí por el 2004. No fue planeado. Yo salía con alguien y se dio la oportunidad de ir a Amazonas, justo enfrente de Scape. Me sentía un poco nervioso al entrar porque yo tenía mis prejuicios; pero, al llegar, hallé un ambiente muy tranquilo y con música que estaba de moda. Al entrar vimos una pareja de lesbianas muy bonitas. Digo esto porque, en ese entonces, tenía la idea de que las lesbianas eran muy masculinas… y esa pareja no era nada masculina. Me fui sintiendo más cómodo y más pendiente de las parejas que se besaban alrededor de mí. Fue el inicio de mi salida del clóset y lo recuerdo como muy bonito en general.

F, 37 años.

Con los ojos cerrados

Tenía 19 años y unos amigos me invitaron a ir a Shiva. Ahí por la zona rosa. Yo tenía súper poquito de haber salido del clóset. Como ellos tenían más experiencia y dijeron que era chiva, fuimos.

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Me impactó que uno de los mayores solo nos fue a dejar y a traer. No entró para no arriesgarse a encontrar a algún conocido.

Yo ya había ido a discos heteros. La música diferenciaba a esta. Recuerdo que entramos a una parte que era como karaoke. Yo pensé que esa parte era todo. Era cool porque era la música con la que había crecido, los guilty pleasures que oí de niño.

Cuando ya fuimos abajo, encontramos música más de fiesta. No como la música corta-venas de arriba, de señora. Eso me agradó un poco más. Algo que me quedó súper presente es que no era la misma música de Stanza o Envy. Era un poco antigua, no “lo actual» y variaba un montón. Como podía sonar Madonna, luego podía sonar reguetón. Y me gustaba esa diversidad.

Fue una experiencia nueva ver gente tan libre sin que le importara lo que ocurriera alrededor. Recuerdo al primer tipo que vi con los ojos cerrados: era algo mayor y bailaba como si no hubiera mañana. Y nadie lo estaba juzgando. Todos estaban en su mundo disfrutando. Pasé todo el tiempo con mis amigos y sí disfruté, pero creo que no lo hice al cien por ciento… porque me daba un poco de miedo tomar. No sabía si era una disco clandestina o ilegal y temía lo que pudieran meter en mi bebida. Temía que, si terminaba borracho, me iban a encontrar ahí.

Con todo y eso me encontré con un ambiente perfecto para conocer personas ¡La única ocasión en que podías saber la preferencia de alguien con solo estar en el lugar! Si te llamaba la atención, lo mirabas y podías llegar a hablarle. Esa libertad y eso de no dudar, a diferencia de la vida real, era divertido y te quitaba un peso de encima. Todo era mucho más normal. Fue el primer lugar en el que, después de 19 o 20 años, pude ser yo.

E, 26 años

Del Wolrd Trade Center al clóset

Yo trabajaba en una tienda en la torre futura y, en otro restaurante de ahí que se llamaba Toritos, trabajaba un chico que me llamaba la atención. Nos veíamos y solo nos sonreíamos. Pero un día coincidimos en el bus. Así empezamos a hablarnos por teléfono. Él luego me comentó de un bar gay que está por Metrocentro.

Yo tenía mis dudas porque nunca había visitado esos lugares. Pero acepté. Y fuimos a Closet. Cuando llegué, sí sentí raro. Entré y sentí las miradas. Pero era algo que solo yo sentía.

Había mucha gente y todos estaban tomando, riendo, fumando y besándose. Sonaba reguetón del viejito, canciones de Don Omar o La Factoría.

Ya instalados y, entre las cervezas, mi cita me dio un beso ahí, en el bar, enfrente de todos. Yo estaba que me moría de los nervios. Pero nadie dijo ni hizo nada. Así que, sin dudar, después nos dimos un segundo.

R, 28 años

Lo que decimos ser

Creo que fue en el 2010, para un cumpleaños. No sé si fue idea de alguien o mía, que yo entrase de la mano con ella. La explicación que recuerdo es que así, “nadie iba a meterse conmigo porque iba acompañado”. De las cosas que más me impresionaron fue eso de sentir que si ibas con una chera, estarías protegido.

El lugar estaba lleno. Había que caminar lentamente entre la gente para poder avanzar. Recuerdo haber visto a un amigo venezolano deportista. Nos saludamos y siempre me pregunté, a partir de entonces, si él me identificaba como gay o qué. Ahí caí en cuenta de lo intrusivo que puede ser para alguien gay el hecho de ser observado por alguien hetero en un lugar que considera “seguro” o de confianza.

También recuerdo haber ido al baño y haber escuchado a un bicho, como de 21 años, hablar por celular con su pareja. El bicho quería ocultar que estaba en la disco. Mentía descaradamente. “Te juro que no estoy en la disca”, decía. Y afuera del baño, gran bullón. Durante el minuto que estuve en el baño, el bicho insistía en que estaba en su casa, “portándose bien”.

G, 35 años

VoxBox.-

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