Karla Rauda

Escritora amateur, planificadora compulsiva, dueña de tres gatos, madre a posteriori. Un poco cínica, un poco distraída.

Gastronomía Latinoamericana: los 10 mejores restaurantes

Los sabores de Latinoamérica fueron premiados, anoche se develó de la lista Latin America’s 50 Best Restaurants organizada por la revista inglesa especializada Restaurant. En este evento se dio a conocer más sobre sus lugares y creaciones.

El primer sitio en la lista se lo llevó -por tercer año consecutivo-, el restaurante Central del chef Virgilio Martínez en Lima,Perú.

Este año, Pujol del chef Enrique Olvera escaló cuatro lugares y recobró el título del mejor restaurante de México, quedando en el top 5 de la lista general. En marzo pasado tuvimos el deleite de visitar este restaurante y tanto la comida, como la atención fueron maravillosas. Confieso que luego de ver el documental de Chef’s Table en Netflix, sobre Olvera, soy más fan aún de él y su cocina.

Además, por primera vez en la historia de los premios en América Latina, restaurantes de Paraguay y Panamá aparecieron en la lista: Tierra Colorada Gastro y Maito, respectivamente.

Los países que más restaurantes tienen en la lista son México, Perú, Brasil y Argentina, con nueve cada uno.

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Además, restaurantes y chefs también fueron reconocidos por su carrera y desempeño. Los premios otorgados fueron:

  • Premio Diners Club por el Conjunto de su Obra – América Latina:Claude Troisgros de Brasil
  • Premio Veuve Clicquot a la Mejor Chef Femenina de América Latina: Kamilla Seidler
  • Premio al Mejor Chef de Repostería de América Latina: Gustavo Sáez de 99 de Chile.
  • Premio La elección de los chefs: Guillermo González de Pangea, México.
  • Premio al Restaurante Emergente: Restaurante Alcalde, de Guadalajara, México.
  • Premio a la Mejor Nueva Entrada en la Lista: A casa do porco de Brasil.
  • Premio al Mayor Ascenso: 99 de Chile y Don Julio de Argentina.

Este es el top 10 de los mejores restaurantes de América Latina:

1. Central. Perú.

2. Maido. Perú.

3. D.O.M. Brasil.

4. Boragó. Chile.

5. Pujol. México.

6. Quintonil. México.

7. Astrid y Gastón. Perú.

8. Maní. Brasil.

9. Tegui. Argentina.

10. Biko. México.

Instituida en el año 2013, la lista Latin America’s 50 Best Restaurants establece año con año, un barómetro gourmet generado por la votación de 250 expertos independientes de toda la región. Durante la ceremonia de premiación, la lista se da a conocer por primera vez ante chefs, restauranteros, medios de comunicación, líderes de opinión, y VIPs; además de presentar reconocimientos especiales a restaurantes y personalidades influyentes.

Te presentamos los criterios y métodos de evaluación:

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Leonard Cohen, el que nos hipnotiza

En medio del barullo de la vida cotidiana, rodeada de gente y ruido, tratando de no sucumbir al ir al banco para hacer algunos pagos de la casa estaba cuando me cayó un mensaje al whatsapp, era mi mejor amiga, Emilia.

El día no estaba siendo benévolo hasta que cayó ese mensaje, no decía mucho: “debes escuchar esta maravilla” y luego un enlace de youtube. Por supuesto, tuve que esperar a llegar a mi escritorio y ver de qué se trataba. Era el primer sencillo del nuevo albúm de Leonard Cohen: “You want it darker”. Una exquisitez.

Resulta que el nuevo disco del canadiense saldrá a la venta el próximo 21 de octubre, una colección de “extraordinarias canciones”, según la discográfica, que ha producido su hijo Adam y de las que a partir del viernes pasado suena en las radios.

Esta nueva canción de Cohen da nombre al álbum y profundiza en un análisis comprometido de la mente religiosa, una “sorpresa” creativa en la que dice “no sabía que tenía permiso para matar y mutilar”. Para crear esta “hipnótica canción”, señala la discográfica Sony en asociación con Columbia, Cohen ha contado con la colaboración de la agrupación Cantor Gideon Zelermyer and the Shaar Hashomayim Synagogue Choir, de Montreal, cuyas voces “recuerdan” al autor el sonido de su juventud.

En este disco también podremos deleitarnos con “If i didn’t have your love”, “Traveling light”, “It seemed the better way”, “Treaty”, “On the level”, “Leaving the table”, “Steer your way y String”. Este es el décimo cuarto en estudio del artista, que publicó su primer álbum a los 33 años, y llega después de Popular Problems, que salió en 2014.

Definitivamente Cohen nos hipnotiza con su voz melodiosa, sus letras inteligentes y nos saca del terrible torbellino de un pesado día. Escuchen nada más.

El rey del terror: Stephen King

Stephen King es un referente de la nueva literatura de terror, durante más de 40 años dedicó su vida a una amplia producción que ha llenado de miedo a millones de personas.

Vivo en el pasado, siempre trato de recordar cuando me he encontrado con la obra de los escritores que me gustan, en este caso, no fue muy agradable. Fue con It, tenía a penas 13 años.

No, no leí la novela, mi primer encuentro con Stephen fue con la adaptación al cine de su novela homónima. No la vi completa, me moría del miedo de solo ver a Pennywise, así que hice lo más sabio que encontré, me fui a mi cama a tratar de dormir.

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Lo he dicho antes, el cine de terror no es mi género favorito. Aún así, en mi adolescencia me aventuré a rastrear los libros de este hombre que hoy llega a los 69 años, todo gracias a que Aníbal, mi profesor de expresión literaria me puso varios ejemplos de sus novelas adaptadas al cine. Decidí no ver las películas que mencionó y mejor me fui a la biblioteca del colegio a prestar algunos. Me encantaron, su calidad de detalles, la continuidad en sus historias y todas las referencias internas, me gusta mucho que sus historias se están ligadas a pueblos ficticios, o eventos de libros pasados, me recordó mucho a Lovecraft.

De aquella época recuerdo haber leído “El resplandor”, “Carrie”, “It” y “Misery”. Cuando superé el miedo inicial en la lectura, decidí enfrentarme a las adaptaciones cinematográficas. Triunfé.

Siempre me ha llamado la atención lo prolijo que es Stephen King, ha escrito más de 40 novelas e innumerables relatos cortos, no solo de terror, hace poco cayó en mis manos la novela 22/11/63 que es un relato de un viajero en el tiempo que trata de evitar un suceso trascendental en la historia de Estados Unidos. Una mezcla de ciencia ficción con novela histórica. Me pareció interesante, aunque no es su mejor trabajo.

Ahora bien, hay que decirlo, en lo personal creo que su mayor virtud es la construcción de grandes personajes, aunque sus descripciones son muy buenas, a veces se nota el agotamiento en su narrativa, es decir, en cuanto más avanza el libro, se pone un poco lento y hasta predecible, hasta que toma un nuevo respiro y termina sorprendiendo al lector. En otras palabras, a Stephen hay que aprender a apreciarlo, como a la mayoría de las mentes creativas, no siempre se le comprende desde un inicio.

Si usted quiere estrenarse con este autor le recomiendo leer primero “El misterio de Salem’s Lot”, luego pasar a conocer a “Carrie” y coronar con “Misery”. Recomendación extra: vea las películas después de leer sus libros, un dato que le puede resultar interesante: Kathy Bates (si, una de las protagonistas de American Horror Story) dio vida a Annie Wilkes, la villana de esta novela, Bates ganó un Oscar por su actuación en esta película.
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Regresó el terror: AHS

No me gusta el género de terror. He visto pocas películas de miedo, soy muy nerviosa.

Sin embargo, desde que me encontré con American Horror Story el gusto por el terror y el suspenso he superado mis propios demonios y me enganché a ver las primeras temporadas casi con devoción. La primera temporada que vi fue la tercera: Coven. Quizá sea mi afición a las relaciones entre mujeres y el feminismo, pero me pareció bien argumentada y sobre todo, bien documentada, me sorprendió encontrarme con historias antiguas sobre mujeres acusadas de brujería.

La segunda temporada que vi fue la segunda: Asylum. Fantástico regreso a los años 50’s y a toda la mística alrededor de los manicomios y el tema de las posesiones demoníacas me dejaron pensando seriamente sobre la necesidad de acompañamiento espiritual de vez en cuando. Me pareció interesante que apareciera también el tema de las abducciones.

Para cuando llegue a ver la primera temporada, Murder House, ya era una fanática, nunca he amado tanto las actuaciones de Jessica Lange, Katy Bates y de Angela Bassette como en esta época de mi vida. Murder House tiene esos tintes nostálgicos de los noventas, tan enganchadores para gente de mi edad, sumándole la apacible vida de pareja que se intenta reconciliar.

Luego de algunas semanas de espera llegó a mi la cuarta temporada: Freak Show. Exquisita. Aunque a estas alturas ninguna supera a la tercera temporada que sigue siendo mi favorita.

La serie no tuvo suerte conmigo, llegó la quinta temporada titulada “Hotel”, cambios se dieron, entre ellos, ya no aparecía Jessica Lange y se integró Lady Gaga, no me mal interpreten, la cantante en cuestión me simpatiza y hasta conozco algo de su producción musical, pero en lo personal esa temporada no me gustó. El tema del vampirismo no me atrapó y la abandoné en el tercer capítulo.

Ahora regresó. Estoy emocionada, decidida a otorgarle mi perdón y olvido por la decepción de la temporada anterior y me embarco a descubrir la sexta temporada: My Roanoke Nightmare.

Para quienes tienen buena retentiva, la colonia desaparecida en la que se basa esta nueva temporada fue mencionada en la primera temporada, cuando una medium explica un conjuro para deshacerse de fantasmas. En esta temporada regresan actores que ya han aparecido en temporadas anteriores, como Cheyenne Jackson, Wes Bentley y Finn Wittrock. Con ellos seguirán la serie Sarah Paulson, Katy Bates, Angela Bassette, Lyli Rabe, Denis O’Hare y Lady Gaga.

Definitivamente hay mucho por descubrir en esta  nueva temporada y estaremos atentos a seguirla muy de cerca.

Benedetti, los recuerdos y el amor

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia nació el 14 de septiembre de 1920 en Pasos de los Toros, Uruguay. Integró el grupo literario de la Generación del 45 y durante toda su vida escribió más de 80 libros, muchos traducidos a más de 20 idiomas.

Yo lo conocí una mañana de 1991, tenía 13 años, entré al auditorio del colegio por puritita curiosidad. Unos alumnos de bachillerato estaban presentando una obra de teatro, yo estaba en séptimo grado, tenía 13 años y el título de la obra me engañó: «Pedro y el capitán», pensé que sería una de esas historias a las que me acostumbraron en mi infancia, algo con una moraleja, pensé que Pedro sería un niño, como el pastor de los Alpes que vi en Heidi en mi tierna infancia. Qué equivocada estaba.

Vi la obra y me quedaron más preguntas que respuestas, me quedó un sentimiento de miedo y dolor, en mi país recién salíamos de una guerra civil y como un fantasma me acechaban historias sobre muerte y torturas, salí de la función e hice lo que mi lógica me dictó: al llegar a casa le pregunté a mi papá sobre el tema de los torturados en los conflictos armados, él en su afán de protegerme del dolor me dijo: “Si te gustó la obra, deberías saber más sobre el autor”. Soy curiosa por herencia. Es lo más hermoso que me ha heredado mi padre.

Llegué a Benedetti por sus cuentos, sus maravillosos relatos, pero era cuestión de tiempo para que encontrara sus poemas, durante mi formación de colegio católico estricto y disciplinado pasé por todas las facetas de Benedetti: novelas, cuentos, poemas, ensayos y hasta un profesor que tuve me puso a escuchar las colaboraciones que este escritor hizo con diversos cantantes.

Amó a una mujer, o a todas las mujeres en una sola… en 1946 se casó con Luz López Alegre, pasó a su lado el resto de su existencia. Hay que agradecerle a esta mujer, haberlo inspirado, haberlo cuidado y haber dejado que su marido se convirtiera en una de las grandes figuras de la literatura latinoamericana. Luz, gracias por compartir con nosotras a tu marido.

Recuerdo que durante mis años de profesora en aquel mismo colegio donde conocí a Mario Benedetti, no sé por qué razón inconsciente, cada noviembre leía alguno de sus libros, no había caído en la cuenta de eso, hasta que un compañero de trabajo me lo dijo… «siempre te veo leyendo a Benedetti cuando los chicos se van de vacaciones», me dio risa esa coincidencia.

Fue en ese tiempo cuando descubrí una hermosa película que incluye los poemas de este uruguayo: «El lado oscuro del corazón», me impactaba ver al viejito Benedetti vestido de marino, sentado en un bar recitando «Corazón Coraza», en alemán, tratando de ligar a una mujer terriblemente aburrida.

En esta película se escuchan varios de sus poemas, como también poemas de Juan Gelman y otros autores que vale la pena leer.

Recuerdo que vi esa película en uno de los múltiples festivales culturales de la universidad, durante años la rastree y no había manera de conseguir una copia, hasta que encontré a Miguel. Fue él, en uno de sus movimientos estratégicos para enamorarme, quien me dio un DVD y pues, no hubo remedio. Me enamoré de nuevo, de Mario.

Pero el amor es eterno, no la vida, Mario nos abandonó el 17 de mayo de 2009, tenía 88 años.

Si nunca ha leído de este gran escritor, le puedo recomendar que empiece con: La Muerte y otras sorpresas (cuentos), Primavera con una esquina rota (novela) o La Noche de los Feos y Táctica y Estrategia (ambos de poesía).

El hombre de negro sigue cantando

Han pasado 13 años desde que el gran Johnny Cash dejó este mundo. Esta mañana he escuchado de nuevo sus canciones.

Ver a Johnny Cash siempre enfundado de negro en sus presentaciones, conocer de sus adicciones y escuchar su carrasposa voz presentándose «Hello, I’m Johnny Cash», nos da una idea de cómo fue en vida este hombre que siempre anduvo por la vida con una guitarra en mano.

Siempre he admirado su amor por su segunda esposa, cantante como él, June Carter, su historia fue tormentosa, pero con mucho amor. Después de todo, soy mujer cursi, porque siempre me impresionan las historias que van desde las adicciones, la rehabilitación y la redención.

¿Rock, Country y Gospel? ¿Qué era lo que cantaba este armonioso hombre? Johnny se reconocía como cantante de Gospel, pero su música trascendió no solo géneros, sino también generaciones y países. Como solo la buena música sabe hacer. Como los grandes, cantó al sentimiento que nos une como seres humanos.

Algo que existe en su obra es la tristeza y el desamparo, a mi me lo parece así. La temprana muerte de su hermano siendo niños se refleja en sus canciones, también el peso de lo pecaminoso del mundo, pero de pronto Johnny toma todo eso y hace maravillosas obras de arte que lo llevan por toda una ruta de giras, dando conciertos en prisiones, teatros pequeños y escalando poco a poco al éxito.

El 12 de septiembre de 2003 murió Johnny, meses antes, en mayo, había muerto June, su gran amor estuvo junto a él durante 35 años. Según comentó el propio Cash, antes de su muerte, June le animó a que siguiese trabajando, algo que él cumplió, llegando a completar más de sesenta grabaciones en sus últimos cuatro meses de vida.

En el mismo año en el que la parca lo visitó realizó varios covers, de este tiempo rescatamos “Hurt”, una deliciosa y dolorosa canción, original de Nine Inch Nails, rarísimas veces un cover supera a la versión original, esta es una de esa ocasiones. La producción de su video es hermosa y oscura, como su música. No tiene ninguna pérdida admirar este trabajo.

Gracias Johnny, por compartir con nosotros tu dolor y tu amor.

Lo que me ha enseñado Tolstoi

Realista.

A los 16 años dormía con los libros de León Tolstoi en mi cama, mi mamá se sorprendía del desorden en el que vivía, mi cuarto siempre fue un caos de libros y objetos de arte regados por todos los rincones, libros, tarros de pintura, pinceles y telas llenas de colores incomprensibles. Mi adolescencia transcurrió entre estudio, cuidar a mis hermanas y tratar de encontrar una vocación. Cada noche, al llegar al límite del cansancio, agarraba todo lo que estaba en mi cama y lo bajaba al suelo para hacerme un espacio donde acostarme, bajaba todo, menos los libros de Tolstoi.

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Amaba ese realismo con el que retrataba poblaciones, personajes y una época convulsa: Ana Karenina, Los Cosacos y Guerra y Paz estuvieron en ese caos durante muchos meses, los leía y los releía, tratando de desentrañar qué era lo que hacía este ruso que me mantenía fascinada. Pocos autores lo han logrado. Amé a Tolstoi.

Hasta mi mamá, en sus intentos (casi siempre infructuosos) de poner orden y disciplina en mi vida y en mi cuarto, notó que aquellos gruesos libros pertenecían a un selecto grupo que no eran relegados al suelo, en un momento de distracción me soltó un “¿de qué trata este libro?” cuando vio la pasta dura y roja de “Los Cosacos”, el libro más delgado que tenía de Tolstoi, le contesté que era la historia de un hombre que buscaba calma y tranquilidad entre una etnia del Cáucaso, luego de una guerra. Por supuesto mi madre me soltó un “vos solo cosas raras lees”.

El tiempo pasó y me fui adentrando en otros autores, debía crecer y terminar el colegio y pues, la vida me llevó a un camino en el que de vez en cuando León Tolstoi aparecía en mis estantes de libros.

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Entonces sucedió. Vino el desempleo, al parecer el mundo no es muy amable con los humanistas y pasé un tiempo en el que tuve que tomar decisiones importantes, en aras de pagar los recibos del mes tomé toda mi biblioteca y fui a venderla en una librería especializada en la venta de ejemplares usados, allá en el centro histórico de San Salvador. Recuerdo que ese día lloré. En esa venta me tuve que desprender de hermosos ejemplares que había coleccionado durante muchos años, entre todos esos, iban mis tres libros de Tolstoi. Lloré al verlos perderse entre tantos otros ejemplares que otras personas llegaban a dejar ahí por unas cuantas monedas. Me sentí una Judas, traicionando a mis autores favoritos.

De León Tolstoi aprendí que había que saber desprenderse, que la gente es importante, que uno debe ser bueno, que ser buen cristiano es posible aún en tiempos convulsos, que pensar en un colectivo es posible.

Diez años después, Tolstoi regresó a mi vida. Como en mi adolescencia, duerme a mi lado, ahora que estoy casada también le damos chance a mi esposo de que nos acompañe. Mi esposo también le agrada mucho. Ahora Tolstoi regresó reencarnado no en sus libros, sino en mi gato, esa mascota que es mística y amorosa a la vez. Espero que en esta ocasión se quede más tiempo conmigo.

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Freddie Mercury y su forma de humanizarnos

La primera vez que escuché el término “homosexual” (con lenguaje verdaderamente respetuoso) fue ligado a Freddie Mercury. Me lo dijo mi papá: “acaba de morir Mercury”, empezó; le pregunté de qué había muerto, “tenía SIDA, era homosexual”. Yo tenía 14 años.

Hasta entonces la homosexualidad o cualquier otra preferencia sexual era un tema tabú, eran los inicios de los noventas y los papás no hablaban de esas cosas con las hijas adolescentes. Sin embargo, para mi papá y para miles de personas Freddie Mercury era importante, tanto como para lamentar su muerte.

Para muchos este hombre es el mejor cantante del mundo, para mi es un compositor virtuoso que supo amar, sobre todo eso. Amó.

En el pináculo de su carrera, Freddie Mercury dijo que él no sería una estrella del Rock, sino que sería una leyenda, 25 años después de su partida podemos constatar que lo ha logrado. Su singular forma de expresarse en sus presentaciones en vivo, en sus videos… jamás olvidaré la primera vez que vi a ese bigotón enfundado en un minifalda de cuero negra y medias con sujetadores, nos muestran a un hombre enteramente seguro de su sexualidad, solo que se nos olvida que el amor no se reduce al acto sexual. Lo he dicho antes, Freddie amó.

Muestra de ello es la hermosa canción “Love of my life” que le dedicó a la mujer con la que tuvo una relación muy especial: Mary Austin. Definitivamente este hombre, cuya imagen enfundada en una malla blanca y una chaqueta amarilla, puño en alto, afirmando que la belleza existe a través de la música, nos dejó la lección absoluta: el amor no es cuestión de preferencias sexuales, es lo que simplemente nos hace hermosamente humanos. El gran amor siempre nos humaniza.

Te recordamos este día, Freddie, cuando habrías cumplido 70 años, con esta que es una de tus máximas creaciones.

Música electrónica, disciplina y la familia

Contexto: voy llegando a los 40, tengo 5 hijos recién salidos de la adolescencia y adicioné 75 alumnos de la misma edad que mis vástagos a esta combinación. Es lo que deben saber si se preguntan por qué una mujer de la generación X escucha música electrónica. ¿Por qué escucho a Steve Aoki?

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Cuando escucho el término «música electrónica» pienso en Petshop Boys, en Depeche Mode, en cambio mis hijos piensan en Ina, Tiesto, Van «algo» y en Aoki… pero seré honesta, la primera vez que escuché de este DJ de origen estadounidense y japonés fue hace varios años, cuando una exalumna me comentó que iría a la presentación que haría en San Salvador… ¿Steve quién?

El acabose de todo sucedió  la semana pasada cuando entré a Netflix y vi el título del documental «I’ll sleep when i’m die», me llamó la atención porque esta frase era mi lema de vida en mis locos años veintes, cuando trabajaba, estudiaba y me divertía sin treguas, sin consideraciones físicas y psicológicas, yo era imparable como este hombre.

Me sumergí en una pantalla llena de gente pintada por las luces neón, pude recordar qué se siente ir entrando a un antro a escuchar a un artista que te gusta… excepto que en mi caso prefiero el rock, el punk y géneros menos edulcorados y sintéticos.

A medida que avanzó el documental me di cuenta de algo terrible: los adultos somos el inicio de la intolerancia.

Como personas «de bien» cumplimos con el deber de decirle a los jóvenes que uno debe vivir con tolerancia, amor y paz… somos hipócritas. ¿Por qué no había escuchado antes música electrónica salida de las geniales mezclas de DJs? Por una simple razón, alguien me metió en la cabeza de que eso no es arte, no es algo que valga, no es algo bueno.

Los estereotipos hacen mucho mal, ver a ese peludo de cabellos lacios, saltando, con los brazos extendidos mientras una masa de personas le trata de seguir el ritmo me hizo pensar en alcohol, droga y sexo. Lo reafirmó ver a jovencitos semi desnudos, mujeres hermosas con flores en la cabeza, sosteniendo carteles que dice «Cake me» y que le dan la razón cuando veo al artista en cuestión con un pastel en las manos, dispuesto a estrellarlo en las caras de sus fans. Pero alto.

De pronto veo al DJ lanzarse a la  multitud como lo hacían los músicos que me gustaron en mi adolescencia de los años noventa; algo se estaba pareciendo demasiado a un mosh. Me perturbé, yo estuve en escenas así a mis 21 años, a mis 23, a mis 25… alcohol, droga y sexo; música, ruido y caos. Al parecer esto se está volviendo una especie de déja vu.

Aoki inició en la música en una banda de hardcore en 1997. Él era adolescente, yo era adolescente. Somos contemporáneos. Netflix retrata a este músico, DJ, empresario, hijo y hermano de una manera poética, mostrándonos al productor musical que viene de una familia desintegrada y que ha trabajado por lo que parecía lo correcto para él, nos cuenta la historia de un muchacho que estudió Sociología y Estudios de la Mujer, quien a los 19 años decidió que era buena idea fundar una firma de discos llamada Dim Mak (exacto, usted vio ese singular movimiento de artes marciales cuando en Kill Bill 2, la bella Beatrix Kiddo mata al malvado Bill).

Nos muestra a un hombre profundamente disciplinado, concretando la idea fundamental del éxito: se debe trabajar duro y ser constantes para llegar a nuestras metas. Bota el estereotipo básico que nos hemos formado los adultos: algunos artistas de hoy no son personas que solo “saltan como locos” en un escenario.

Me pregunté si mis chicos saben todo esto de Steve Aoki, me pregunté si mis alumnos pensarán mientras menean sus cuerpos, que este hombre casi cuarentón tiene un concepto de la familia muy fuerte, si saben que es el hijo de Rocky Aoki, fundador de los Benihana y destacado atleta japonés, hay tanto detrás de un ser humano que solo salta al compás de sonidos estrafalarios. Netflix lo ha logrado de nuevo: logró que me interesara en algo que sale de mi zona de confort.

Eso sí, lamento decepcionarlos, no seré amante de la música electrónica, pero creo que ahora puedo escuchar tres o cuatro «piezas» de este género y apreciarlas, entre ellas, esta genial colaboración con la rapera Iggy Azalea, de quién hablaré en otra ocasión. Vean el documental, no tiene desperdicio.

 

 

Yo te mentí, Juan Gabriel

Discúlpame Alberto, no sé cómo he podido vivir así, mintiéndote a ti y a todo el mundo. Tu música me gusta.

Mi esposo dice que es señal inequívoca de que envejezco, que ahora que voy llegando a los cuarenta tararee tus canciones mientras preparo el almuerzo del domingo. Con él, cada domingo por la noche, durante 14 largas semanas, esperábamos que dieran las 8 p.m. para ver “Hasta que te conocí”, la serie que cuenta gran parte de tu vida. Alberto, nos hiciste llorar y reír.

Discúlpame, tuve que esperar a escuchar la terrible noticia de tu muerte para sentarme y escribir esta carta que te debo desde que era una adolescente. Has estado presente en mi vida desde muy niña. Como en la vida de miles de latinoamericanos.

Cometí la infamia de decir que tu música era feíta, que no me gustaba solo porque no es rock, metal o grunge. Es mentira, las únicas rancheras que he cantado con el entusiasmo del amor o el inmenso dolor del desamor son las tuyas. Tuyas Alberto. Tuyas Juan Gabriel.

Perdóname Juan Gabriel, no sabes todo lo que pasó por mi mente cuando leí el primer tuit que anunciaba el infarto que te llevó lejos de nosotros. Pensé en mis papás, en mi tía que vive en Estados Unidos, en todos mis parientes que cantaban tus canciones al unísono en cada navidad o año nuevo cuando nos reuníamos. Recordé a aquella compañera del bachillerato que me decía que una de tus canciones se me aplicaba mucho por la tristeza de la soledad en la juventud. Perdóname Juan Gabriel.

Y no solo soy yo. Tú nos cantaste los sentimientos, pusiste en letras y acordes los colores de todas las emociones que se puedan tener: la alegría, la pena, el dolor, la tristeza, el amor, la dicha, el gozo. Todas, tú las pintaste, las esculpiste, las fotografiaste y nos las devolviste para que nosotros, simples mortales, nos rindiéramos ante ti, en cada cantina, en cada esquina de pueblo, en cada karaoke, en cada cocina de cada casa, en cada corazón, en cada cementerio. Fuiste único, eres único, porque cumpliste con un magnífico milagro: nos hiciste únicos.

Gracias Juanga. Gracias por todos los recuerdos que tengo desde que tengo memoria, gracias por las canciones que hiciste solo para que yo las bailara abrazada a mi padre, por todas las canciones que hiciste y que mi tía cantaba mientras me cortaba el cabello, por todas las canciones que mi madre cantaba con lágrimas en los ojos cuando recordaba a su mamá, por todas las canciones que canté con mi esposo en plena Plaza Garibaldi, apostados en el Tenampa.

Te has ido, pero solo en parte, tú te has quedado conmigo, con cada motorista de bus, con cada señora del mercado, con cada secretaria municipal, con cada gerente que celebra sus logros, con cada padre que le canta a sus amadas hijas, con cada persona que se despide del gran amor de su vida.

Te quedas acá, con tu música, con tus lentejuelas y rubor, con tu libertad, con tu capacidad de perdonar el odio ajeno, con tu capacidad de siempre ver hacia adelante con esperanza loca, con tu valentía que desbanca a cualquier macho, con tu alegría que nos saca lágrimas y con tus lágrimas que nos sacan del desamor. Quédate conmigo un rato más, Juan Gabriel, “te lo pido, por favor”.

 

Top de las canciones que más he cantado del Divo de Juárez.

  1. Porque siempre, todos hemos encontrado a alguien que nos ha llenado de dolor.

 

2. Por esas veces en las que simplemente no nos sentimos aptos para amar.

 

3. Porque hay que tener poca madre para no estremecerse con esta canción.

 

4. Porque todos hemos tenido al menos una noche en la vida en lo que en realidad importa es divertirse.

 

5. Porque hace unos años, mientras estaba sin empleo, me sorprendí caminando de regreso a casa cantando esta canción, venía de una entrevista de trabajo que, por supuesto, no me dieron.

 

Bonus Track: Porque con canciones como esta se recibe mejor la realidad: estar enamorados es algo tan terriblemente divino.