Joseph Merrick: la vida, el amor y la dignidad humana

“Es cierto que mi forma es muy extraña, pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo procuraría no fallar en complacerte.

Si yo pudiese alcanzar de polo a polo o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma. La mente es la medida del hombre.”

Joseph Merrick,
inspirado en unos versos de Isaac Watts

Opinión.- El 5 de agosto de 1862 nació Joseph Merrick. La mayoría le conoce como el Hombre Elefante. Su mal congénito, que a partir de los 5 años se mostró en su cuerpo con una agresividad que lo aquejaría toda su vida, hizo que se ganara tan terrible apodo, ya que partes de su piel parecían tener la misma consistencia y color que la de un elefante.

Si Merrick estuviera vivo, incluso ahora no habría solución para su enfermedad. El estoicismo, su actitud hacia la vida y el mundo que le tocó vivir lo convierten en un ejemplo de valentía, tenacidad, amor y dignidad humana.

Los medios en su época lo llamaron “el hijo más desafortunado de Inglaterra”. Y también hubo algún columnista anónimo que llegó a escribir que el mundo entero tendría que ponerse de rodillas y pedirle perdón a un hombre que solo conoció vejaciones, dolor, morbo, curiosidad y desprecio. Un mundo que le negó todo el amor, aunque él de su parte devolviera la otra mejilla y prodigara amabilidad y cariño.

La vida

Es conocida la anécdota que Merrick vivió con una dama: ella le dio la mano y él de repente rompió en llanto incontenible. Cuando le preguntaron qué le pasó, él solo acertó a decir que era la primera vez que una mujer le daba la mano, y que no estaba acostumbrado a ser tratado con amabilidad. Debo confesarle que el solo pensarlo me parte el alma. Incluso reconocer la causa del llanto requiere coraje y honestidad.

Trabajó desde niño, aunque le fue imposible hacerlo bien por sus impedimentos. Sufrió hambre, burlas, golpes y otro tipo de maltratos de parte de su familia, de tal manera que en varias ocasiones intentó huir, hasta que al fin lo logró.

Al no encontrar ningún tipo de trabajo y con el hambre a punto de devorarlo, se decide a trabajar como sujeto de exhibición en esos ambulantes que presentan rarezas. De ahí fue que nació el apodo del Hombre Elefante.

La gente al verle actuaba con tanto escándalo, que muchas veces la policía cerró las exhibiciones que estaban abarrotadas de curiosos y morbosos. Insultos, amenazas, satanizado por fanáticos religiosos, posibles maltratos físicos no precisados en ningún testimonio, asco, terror, miradas hostiles y mórbidas, y todo lo que se le ocurra, lo vivió Merrick todos los días de su vida, hasta que llegó a vivir en London Hospital, donde apenas en sus últimos años de vida conoció un poco de sosiego, y relativa paz y tranquilidad.

Sobrellevar una enfermedad que le impedía comer, respirar y movilizarse con normalidad, además que cada noche de su vida fue un martirio, ya que las dimensiones de su cabeza le impedía dormir en posición natural como la mayoría de personas. ¿Cómo fue que no sucumbió a la locura?

Eso sí: se cree que cayó en la tentación de dormir en una postura normal y que eso lo llevó a la muerte, porque de seguro en esa posición se lesionó la nuca de manera fatal. Es decir, la única noche de sueño que él decidió intentar vivir con normalidad le resultó fatal.

El amor

Merrick conoció el amor desde temprano, a través de su madre. Ella quería que fuera a la escuela, que aprendiera en medio de sus dificultades a llevar una vida lo más cerca posible de lo normal. Y por el propio Merrick se sabe que ella fue su ángel, la única persona de este mundo que trató de darle todo el amor.

Fue tanto así que él se volvió dependiente de ella, además que fue su modelo para considerar que todas las mujeres eran así de sensibles: por testimonios, conversaciones y cientos de comentarios, se sabe que tenía casi devoción religiosa por la figura de la mujer. Así que cuando su madre falleció para él fue la tragedia más terrible de su vida.

Incluso lo consideró más terrible que todo lo que vivió. Se me ocurre que de seguro fue que ese amor compensaba los millones de desprecios del resto de la humanidad. Sin ella literalmente quedó en la más pura orfandad moral y espiritual. Pero su estoicismo y resiliencia son la prueba de que Merrick estaba destinado a sobrellevar sus circunstancias con un amor del tipo consagrado, de ese que se aprende a llevar después del duelo. Se sabe que jamás se despegó de un pequeño retrato de su madre.

Ashley Montagu (autor de The Elephant Man: A Study In Human Dignity) considera que ese amor de madre desmesurado permitió que Merrick aprendiera a amar bien y por sobre cualquier circunstancia. Las miradas de temor, de odio y fobia irracional no las recibió jamás con rencor, sino que con amor culpable; es decir, con ese extraño sentimiento parecido pero que no es masoquismo, y que se caracteriza por sentir que uno es culpable de algo y que tiene que hacer otro algo para remediarlo. Si nunca ha vivido ese sentimiento, lamento comentarle que es imposible explicarlo con todas las palabras del mundo.

Se encariñaba de la gente con una rapidez pasmosa, y desde el momento en que lo miraban con temor o asco mejor se apartaba, más para no sentir que era molestia que por sentirse ofendido. Tal como lo representa la película de David Lynch, Merrick prefería en la mayoría de ocasiones no hablar, no porque careciera de inteligencia, sino porque veía cómo la gente cambiaba la cara (quizá por los extraños sonidos y el terrible esfuerzo que hacía para pronunciarse correctamente) y mejor le ahorraba al prójimo el disgusto, como si el pobre Merrick hubiera sido culpable de su condición.

Ese extraordinario amor en general puede resultar extraño para muchos, pero a lo largo de la historia han existido personas que se identifican con el sentir de Merrick, ya que aprender a amar sin recibir, a amar en medio del desprecio, a sobrellevar el dolor y a mostrar la mejor cara: Merrick es un ejemplo impresionante de amor, en definitiva.

La dignidad humana

A pesar de la vida que Merrick conoció, destacó por su sensibilidad, don de gentes, carácter dulce, estilo ingenioso, educado y distinguido, con un vocabulario extenso y una memoria prodigiosa. Y no es una exageración: sostuvo conversaciones con algunas  de las gentes más importantes de su época, incluida la princesa de Gales. Hay quienes llegaron a pensar que quizá nació con una inteligencia por encima del promedio, pero es algo que jamás podremos saber.

Visto en frío, Merrick tendría que haber guardado resentimiento con el mundo circundante que le tocó. O como mínimo, ya que le resultaba imposible valerse por sí mismo para siquiera defenderse, le quedaba la opción de volverse loco, de suicidarse, de buscar una manera de aislarse del resto del mundo. En alguna ocasión pensó en la posibilidad de irse a vivir a un faro o un asilo especial para ciegos: pero todo era para que ocurriera la posibilidad de que alguien por fin lo tratara con normalidad.

Joseph Merrick Plaque
“Un verdadero modelo de valentía y dignidad para todos los pueblos, de todas las generaciones. Erigido por sus amigos, en todo el mundo, en el año 2004”.

Ya me ha pasado que me han tratado mal sin que yo le haya hecho nada a la otra persona. También —sin deberla ni temerla, como decimos en mi país— han insultado mi inteligencia, o se han aprovechado de mi nobleza, o ignorado mis gestos y buenas intenciones. Digo todo esto para que usted, estimado lector, también reflexione en que de seguro le ha ocurrido también, y muchas otras experiencias que no nos queda de otra que callar.

O también hemos pasado por amores tóxicos, o tragedias personales, o toda clase del sufrimiento que trae la vida. Leo la historia de Merrick y pienso en las palabras de Roque Dalton, en uno de los diálogos de su novela: “Ustedes lo que tienen son angustias metafísicas tropicalizadas”. Me río con amargura y me siento como un niño inmaduro.

Y no diré que me consuelo al pensar que alguien la pasó mil veces peor: me siento mal, porque quisiera ser más fuerte, quisiera a veces haberme defendido, quisiera que comprendieran quienes nunca quisieron hacerlo, quisiera haberme apartado cuando debí hacerlo… quisiera… en fin… entonces la historia de Merrick resulta en un sentimiento agridulce.

Y en una gran enseñanza, por supuesto.

VoxBox.-

“It” es eso: el guiño y el tributo a nuestros mayores miedos

It es un homenaje a décadas de películas de terror (su ascenso, auge y quizá el inicio de su decadencia), además que nos muestra que un tributo puede mostrarnos guiños para hacernos reír, enternecernos, estar serios, y por qué no, también tener miedo.

Opinión.- Lo primero es lo primero: ninguna película tiene la obligación de parecerse al libro de origen, y mucho menos ser la adaptación más fiel o perfecta, no solo porque sus lenguajes y motivaciones son diferentes, sino porque tienen el deber de suscitar distintas clases de emociones en quienes disfrutamos una y otra cosa.

It, Eso, La Cosa, o como quiera llamarlo, —dato friki del día: tanto en el libro como en cualquiera de sus adaptaciones en película no tendríamos cómo nombrarlo, porque en realidad nadie puede asegurar cuál es su verdadera forma, sexo humanamente predeterminado, edad o tamaño—, es un símbolo que representa el miedo más insondable, aquel del que nadie puede escapar: el horror de lo que no conocemos, la certeza de lo que nos espera en un universo infinito de posibilidades.

Al mismo tiempo, en el caso particular de la película (no, todavía no le haré spoilers), es un tributo a la amistad. Eso, La Cosa, o simplemente It (por purismo del idioma de origen) es ese miedo que todos llevamos dentro, que en la más de las veces es capaz de autodestruirnos y que tarde o temprano nos alcanzará, porque somos seres perecederos, pero que podemos aprender a sobrellevar ese destino, con todo y nuestros demonios cotidianos, porque tenemos a personas que nos pueden acompañar en este viaje (al menos si conocemos el inmenso valor de la amistad):

Tal vez —pensó— no existen los buenos y los malos amigos; tal vez sólo hay amigos, gente que nos apoya cuando sufrimos y que nos ayuda a no sentirnos tan solos. Tal vez siempre vale la pena sentir miedo por ellos, y esperanzas, y vivir por ellos. Tal vez también valga la pena morir por ellos, si así debe ser. No hay buenos amigos, no hay malos amigos, Sólo hay personas con las que uno quiere estar, necesita estar; gente que ha construido su casa en nuestro corazón. (cita de la novela de King).

La denuncia del bullying, la presentación de esas sutilezas de la cultura norteamericana, el humor peculiar —a veces infantil, a veces ingenuo, las más de las veces irónico y en otras tierno—, ese no sé qué, que nos hace extrañar el pasado: It es un viaje al pasado, y por eso tenía que ser adaptado en los ochenta, y no apegarse a los cincuenta que nos presenta la novela.

¿Fue mucho spoiler? ¡Vamos! No fue para tanto. La nueva adaptación nos lo avisa desde el tráiler. Eso tenía adaptarse a los nuevos tiempos, y para crear un sentimiento de nostalgia tenía que ser desde los ochenta, para que el prometedor Capítulo 2 nos hable desde nuestra actualidad. ¿Será un guiño para los más jóvenes de la generación X? Eso todavía está por saberse.

Debo hacerle una advertencia: si busca una película que sea la mejor de su género en 2017, entonces se equivocó de cartelera. It tiene sus fallos, como cualquier película, y tuvo que sacrificar información de su fuente de origen (¿cómo resume en un guion de película una novela de más de 1,500 páginas?), tratando de complacer con sendos guiños y referencias tanto a los lectores como a quienes solo verán la nueva adaptación.

EN ESTE PUNTO COMIENZAN LOS SPOILERS

NO ESTOY BROMEANDO

¡ESTÁ ADVERTIDO!

Si la crítica en este momento afirma que esta película es una mejor adaptación, es porque los guiños procuran complacernos con escenas concretas de la novela. Fuera de eso, hay que ser honestos: la película busca tener su propia voz y ser una adaptación libre. Cambia el carácter de algunos personajes, recrea escenas que jamás ocurrieron en la novela (ni en la vieja película) y procura crear su propia atmósfera, porque si fuera una adaptación 100 % perfecta todos sabríamos lo que pasará en el Capítulo 2 (¡oh!, sí… nadie sabrá con certeza cómo será la segunda parte).

Se han sacrificado personajes, escenas y situaciones concretas, para darle efectividad a la historia. En ese sentido, no pueden acusar a la vieja película de ser menos exhaustiva que la actual: cada una quiere que sintamos unas situaciones, en detrimento de otras cuestiones en las que quizá los cinéfilos de ahora se identificarían menos.

El amor, la locura, la amistad, las imprudencias (u osadías… usted sabrá) valen para todos los tiempos: nosotros sentimos en el fondo de nuestros corazones ese drama del día a día. Aunque no lo hayamos vivido directamente. Y en las más de las veces hemos dejado el pellejo por los seres que amamos.

En este caso, vemos a un Bill Denbrough incapaz de sobrellevar un duelo y totalmente obsesionado con la búsqueda de una verdad, a un Ben Hanscom demasiado inteligente para su edad (demasiada erudición y coleccionismo, incluso para un lector asiduo de biblioteca), a un Richie Tozier que nos caería bien a todos, a un Mike Hanlon más invisibilizado (pero más valiente), un Eddie Kaspbrak más despierto (tan despierto que se sintió casi inusual para un supuesto hipocondríaco), un Stan que sigue siendo tan Stan, y una Beverly Marsh más empoderada, más despierta, más dueña de la trama, de sí y de sus circunstancias: muchos me lo criticarán, pero en realidad la heroína de la película es ella.

Pero igual, It trata de un pueblo llamado Derry (perdonará la reseña básica) donde comienzan a ocurrir desapariciones sin resolver, violencia inusitada, niños que comienzan a ver cosas que los adultos son incapaces de ver, y por lo demás, todo ese drama, todo ese miedo latente de cuando la vida nos cambia cuando menos esperamos.

Y si luego la película cae en los males argumentales de nuestra época (el rescate de la princesa, el viaje del héroe, venir de menos a más, o la anagnórisis), eso ya es materia para otra discusión. Si quiere podemos dejarla para después.

VoxBox.-

“Narcos” tercera temporada: cerrando círculos correctamente

Narcos. VoxBox.

Uno podría pensar, después de dos épicas temporadas de Narcos relatando en detalle el ascenso y caída de Pablo Escobar: “¿Qué otra cosa podíamos esperar?”.

Opinión.- Para nadie es secreto que Narcos se encuentra entre las más populares de la red, y que lleva, además, el distintivo sello de Netflix. Se trata de una serie que ha acompañado al servicio de streaming en su gran racha de éxito de contenido original, entre las que destacan títulos como House of Cads y Stranger Things.

Sin embargo, muy poca gente quizás hubiera esperado que esta tercera temporada marcara el inicio de una especie de serie “antológica”.

Uno podría pensar, después de dos épicas temporadas relatando en detalle y a la perfección el ascenso y caída del imperio de Pablo Escobar: “¿Qué otra cosa podíamos esperar? ¿Qué puede seguir? ¿Se podrán hacer más temporadas del mismo calibre, sin los mismos protagonistas con los que ya nos hemos encariñado durante dos años?”. ¡Por supuesto que se puede! Y lo seguirán haciendo.

Podrá serle difícil al espectador promedio hacer la transición al principio y acostumbrarse a las nuevas historias que revela esta temporada. No es nada fácil adaptarse a una nueva perspectiva, tomando en consideración que, muchas veces, Escobar era tratado propiamente más como un protagonista que como un antagonista cualquiera, pero los escritores hacen lo correcto al dar entender y explicar, desde la concepción de la serie, que “los carteles funcionan a través de la sucesión”. Esto es: al caer el número uno, lo lógico es que ascienda el número dos, siendo el cartel de Cali nuestro nuevo foco de atención.

De la misma forma, Javier Peña (Pedro Pascal) se convierte ahora en nuestro “hombre principal”, encargado de ser quien lidere esta transición y convirtiéndose en el narrador de los hechos, cargo que antes le correspondía a su ahora excompañero Steve Murphy, quien ahora se encuentra ausente del elenco, y aunque se extraña su presencia no es algo para nada fuera de lugar, porque la serie siempre ha manejado bastante bien este concepto de reinterpretación ficción-histórica. En la vida real, Murphy abandonó Colombia tras la muerte de Escobar, siendo la narración de la DEA más bien un recurso para poder explicar tecnicismos o contextualizar los hechos de la realidad.

Lo interesante es cómo, durante el transcurso de la serie, puedes seguir fácilmente el rastro y desarrollar todavía más afecto por algunos de los nuevos personajes. Por supuesto, todavía es necesario retroceder y atar algunos cabos sueltos de la temporada anterior, pero hasta de esto se aprovechan para sacar chistes internos, más a manera de guiño o porque simplemente “ocurrió así” históricamente.

Lo más admirable es cómo la serie sigue conservando la misma esencia: las persecuciones, la intensidad, la tensión del drama policial, el sabor de las fiestas latinoamericanas en contraste con la terrible violencia generada por el narcotráfico, y todas las razones que hicieron de la serie un éxito en primer lugar siguen presentes, pero sin hacer que su fórmula se sienta desgastada o repetida.

Al principio se hacen las respectivas comparaciones entre el imperio de Escobar en Medellín, con el de los hermanos Rodríguez en Cali. De ahí como quien dice “borrón y cuenta nueva”, presentando nuevos personajes, con las problemáticas y diferentes motivaciones que existen entre los mismos círculos de poder. Es algo nuevo pero con un sabor que se sienta familiar, y por lo tanto es agradable a la vista, y a medida que avanza adquiere propiedades admirables por sus propios méritos.

Atención: A partir de aquí siguen unos cuantos spoilers

Posiblemente lo mejor de todo haya sido la inclusión del arco argumental de Jorge Salcedo (interpretado por Matías Varela), un hombre de familia que se encuentra trabajando como el jefe de seguridad del cartel y que representa el clásico prototipo de “hombre bueno trabajando para la gente equivocada”. Justamente su travesía es la que despierta mayor interés, empatía y casi todos los mejores momentos de esta nueva entrega.

Al principio quieres que todo le salga bien, a pesar de que trabaje para los malos. Luego se vuelve desesperante ver cómo todo se va a la mierda y no puedes esperar a que llegue el momento para salir corriendo… es justamente el conflicto moralmente gris que se necesitaba para trascender aún más dentro del género policial, en el complicado terreno de los sapos (o topos, como quieras llamarlos), junto con toda la paranoia y el estrés psicológico que conlleva, ejecutado de una forma sumamente emotiva y personal. Esta es la cereza en el pastel para lo que ya de por sí era una gran serie.

El final es satisfactorio, con una tensión y un carisma casi sin precedentes, con todos nuestros “favoritos” congregados con el mismo objetivo de seguir la búsqueda de Guillermo Pallomari, un informante clave que podría testificar en contra del cartel de Cali, cuyas escenas tienen el toque perfecto de comedia, para una serie tan cruda como esta.

Se siente como el cierre perfecto para todo lo que se nos ha venido presentando desde el primer capítulo en que se presentó Colombia, ahora con una cuarta temporada ya confirmada, y todavía no tenemos mayores detalles de cuál podría ser el futuro de la serie, ni se sabe a ciencia cierta si tendremos un nuevo “narrador”: quizás Peña continúe su travesía con nosotros, pero a decir verdad sus últimos diálogos, aunque amargos y ambiguos, resultan más que reveladores para entender que él ha cerrado su ciclo. Se trata de una conversación simple pero efectiva.

Lo que sí es podemos dar como seguro es que los aires que se sienten ahora son para darle el adiós a Colombia y decirle un efusivo “¡Hola!” a México.

VoxBox.-

Crónicas de una mujer sin útero (VIII): Identidad femenina

Opinión.- Esta semana compré un labial. Eso no tendría ningún significado relevante si no me hubiera puesto a pensar en lo que implica la identidad femenina.

Hace años leí El segundo sexo, el amplio y complicado ensayo se Simone De Beauvoir, y aprendí que ser mujer es una construcción social, es decir… nos enseñan a ser mujeres, como también la sociedad enseña ser a los hombres. En esa construcción vienen experiencias desde las complejas; por ejemplo, nos han enseñado que una BUENA mujer siempre tiene que ver a la maternidad como el fin último de la vida: eres madre y lo sos todo. Si no sos madre, sos una persona incompleta.

¿Acaso la identidad femenina solo radica en nuestra capacidad reproductiva? Si es así, ya perdí.

Otro estereotipo en la que nos vemos metidas las mujeres: la bonita. No, no es mi caso, ¿o sí? Conversábamos con una compañera de trabajo hace poco de eso. Las personas ven a una mujer hermosa, bien vestida, incluso si no es un atuendo sexuado, sino bien limpia, maquillada, en altos tacones, e inmediatamente se le asigna el rol de tonta. ¡¿Qué hemos hecho para merecer esto?! Conozco mujeres despampanantes y que son grandes profesionales en su área, con una inteligencia y empatía muy humana. Vamos al otro lado del cuento: si una mujer no se arregla mucho, que no es excesiva en su maquillaje y vestimenta… y si de casualidad lleva lentes, indudablemente es inteligente, pero también es catalogada como complicada.

Recuerdo que cuando era una adolescente mi madre se empeñó en ponerme a planchar ropa de toda la familia: de mi papá, de ella, de mis hermanas… le hacía trampa y no planchaba la mía. Terminé odiando las tardes de domingo, pues es cuando lo debía de hacer. Me dijo: “Algún día me lo agradecerás, cuando estés casada y te toque planchar la ropa de tu marido”. Veinticinco años después, me casé con un hombre que lava y plancha nuestra ropa. Mi madre aún no me cree que no ejerzo la feminidad de esa manera.

Les conté que me compré un labial. Lo compré porque un día quería ponerme guapa y descubrí que el que tenía ya se venció. Estaba reseco y quebradizo, y todo por no usarlo con frecuencia. Eso fue lo que me llamó la atención. Tampoco ejerzo “ser femenina” maquillándome. Y antes de que piensen que soy un ratón de biblioteca lentudo, déjeme decirle que sí, que así soy. Pero dentro de mí también hay un ser humano que le gusta arreglarse por placer propio, no porque me lo exija un puesto laboral o para gustarle a los hombres. ¿Les ha pasado? A mí sí.

En medio de todo el contexto en el que vivimos, donde abunda el reguetón, donde las redes sociales son una variada plataforma para encontrar gente dispuesta a bajarse los calzones al primer indique, donde la mujer es objetivizada tanto como a los hombres (sí, los hombres también sufren de violencia sexual de este tipo), es fácil decir que todo es culpa de estas razones que les acabo de mencionar, que la deprevación sexual es un problema de dos puntos (o sea… fácil de explicar y reciente), pero no es así. Esto es más viejo que Matusalén. Tan viejo, como la idea que nos infunden de ser mujeres.

En la era antigua, cuando ni siquiera éramos sociedad, se determinó que la mujer se quedaba en la aldea mientras los hombres salían a cazar, las mujeres recolectaban alimentos vegetales y cuidaban a la prole. Esa herencia estuvo presente hasta hace poco… bueno, sigue estando… aun cuando las mujeres ya vamos de cacería a diario a nuestros trabajos.  Eso es lo heredado: ¿qué cosa no me han heredado y que igual añadí a la construcción de mi identidad femenina?

Cada mujer de este planeta ha adquirido en diferentes experiencias un elemento que va integrando en su identidad: nos forja el dolor, la alegría, el gozo y las relaciones afectivas y, en lo personal, creo que algo que debería preponderar en esta construcción es la relación con otras mujeres, de la familia, amigas de toda la vida, compañeras de trabajo, vecinas. Todas abonan a esta construcción individual, y con los años vamos construyendo una identidad femenina distinta y evolucionada, o al menos esa debería de ser la meta.

VoxBox.-

A veces el amor ocurre en modo subjuntivo

“Tu amor abrió una herida,
porque todo lo que te hace bien siempre te hace mal”.
Fito Páez

Opinión.- Digamos que ha pasado un buen tiempo desde que terminó su última relación. Después de ese tiempo (¿dos años, tres o más?) no es insensato preguntarse: al ver en la calle a la expareja, ¿cómo reaccionaría? Si es de quienes mantiene una amistad medianamente ecuánime es de felicitarle. Pero quienes no, ¿qué hacen en estos casos? ¿Se cruzan la calle, se sobreponen, los invade el miedo, la rabia o una amalgama de sentimientos encontrados?

¿Por qué recordar a esa persona que alguna vez amamos hace que nuestro propio ser se divida y contradiga, y hace que todo nuestro yo ponga en balanza distintos contrapesos, los cuales buscan superarse mutuamente? Es una cosa en cierto modo ilógica, ya que después de transcurrido un tiempo el pasado debería carecer de la menor importancia. Y sin embargo a veces el pasado ataca, y nos hace crear de nuevo autoeufemismos innecesarios.

Y pensar que alguna vez por esa persona sintió que daba la vida. ¿O no le pasó así? ¿Fue solo algo superficial? ¿Será que apenas unos cuantos vínculos los relacionaban? ¿O quizá llegó a un extremo mayor y colocó a la persona en un pedestal? Muchas veces se reduce a dos formas: amar a plenitud y soltar las riendas de los sentimientos hasta que ya no nos quepa ninguna duda de ser amados por la contraparte… o amar sin reservas desde el principio, con vértigo, con el terror de no tener la situación bajo control, esa zona temporalmente autónoma donde se encuentra la línea delgada entre querer adueñarse de alguien a amarla sin reservas, y sin importar si la persona es para uno o no.

¿Y qué si está consciente de que la persona no era para usted y aun así quería seguir adelante, porque todo ese amor sentía que le regresaba vitalidad espiritual y que le aumentaba su bienestar de vida? Y ahí va uno, dejando crecer el amor ilimitadamente, a sabiendas de que se está tentando a la parte egoísta, la que nos exige que no, que no debemos conformarnos, que la persona o es para nosotros o no lo es, y entonces podría llegar la frustración si de repente se constata que de verdad no teníamos la menor posibilidad.

Y ya que son tiempos superficiales y utilitaristas, vendrá también a nuestra mente el autocuestionamiento: ¿por qué amar si no me sirve para nada? ¿A quién le sirve todo este amor que llevo por dentro? Y entonces tomamos todo ese amor y lo guardamos, y lo escondemos. Algunos se servirán de los demás siendo actores perfectos, pareciendo que lo dan todo, pero que jamás han sentido despellejarse el alma por alguien. Otros mejor guardarán su amor y pasarán mucho tiempo solos. Quizá media vida.

¿Y cómo explicar eso que sentimos? Amo porque sí, porque se dio, porque sin merecerlo a esa persona le pertenece mi amor… amar porque la persona es, porque existe y porque era inevitable. El relato humanista haciendo de las suyas.

O ser un amigo espía y negarse las posibilidades (amar desde la negación, de la negación, de la negación es algo que no le recomiendo a nadie: es una de las peores formas de autodestrucción), ser un cobarde supino, disfrutando de la zona de confort, donde se ama sin arriesgar nada, sin decir nada, sin demostrar nada, porque nunca pasa nada si nada se arriesga (sí, es tautológico, pero así tiene que ser).

Y mirar atrás, encontrarse un día a la persona (en esta ocasión ya no es la expareja, sino alguien a quien no le dijimos nada) y entonces reírse por dentro de uno mismo, y preguntarse por qué no nos atrevimos a decir algo, por qué jamás lo intentamos, por qué teníamos tanto miedo de otro ser humano imperfecto, de carne y hueso.

Hay quien dirá que es insano amar en silencio, porque debemos tener algún tipo de dignidad básica. ¡Ah, el amor y sus millones de variables! Es imposible cerrarlo en parámetros culturales. Al igual que en el sexo, en el amor nada está escrito y nada es perfecto. Nunca es mucho ni poco cuando es suficiente. Desde el silencio y la devoción, o la pompa y gritarlo a los cuatro vientos: se ama desde la misma superpoderosa bioquímica.

¿Quién entiende la complejidad del amor en esta época de analfabetismo emocional? Amar desde el hubiera… vivir en el hubiera… y creer que un día dejará de aterrorizarnos el permitirnos la vulnerabilidad.

Leí o escuché en alguna parte, hace muchos años: “Un beso y un abrazo no se le niega a nadie”. Usted permítase sacar su propia interpretación, que estoy seguro que será válida. Solo déjeme abonarle algo para la reflexión: si la frase fue dicha por una persona con convicciones profundamente espirituales, ¿qué pensaría? O tiene la otra posibilidad: si la frase fue dicha por un cínico, alguien que cree en el amor libre y en el todos contra todos, ¿qué de bueno o malo extraería de ello?

En lo personal, yo creo que el amor no se le niega a nadie. Creo también que el amor es de uno (y decirlo me ha puesto en aprietos de conversación cientos de veces, por lo que no suelo hablar sobre el amor con nadie: ni con amigos, conocidos, compañeros, familiares… nadie), y que por lo tanto es complicarse demasiado no permitirse sentir algo por alguien, aunque nunca pase nada, aunque nunca se diga nada, aunque sea solo algo para el disfrute bioquímico personal.

Además, no solo está el amor filial. Se debe amar a la familia, a los amigos, a las personas que son con uno, a los animales que suelen acompañarnos en nuestros hogares. No, no vendré con ínfulas de ser espiritualista o algo así. Habemos personas que nos llaman intensos, porque no dudamos en amar, en entregar, en ser para con los demás si nos lo permiten. ¿Y qué si me hieren? ¿Qué esperaba? ¿Acaso el dolor no forma parte de la vida, así como el placer, conformando ambos su propio ying-yang?

A veces el amor ocurre en modo subjuntivo. De nosotros depende si lo materializamos para volar o para atormentarnos.

VoxBox.-

Murphy: la ley que hará tu vida más fácil

Ley de Murphy. VoxBox.

Existe una ley conocida como “Ley de Murphy”, la cual es famosa por supuestamente expresar que “Si algo puede salir mal, saldrá mal”.

Opinión.- Cuando algo desafortunado o afortunado ocurre, la percepción de la causa de dicho suceso varía dependiendo de las creencias de las personas. Algunos llaman a este tipo de sucesos “destino”, otros lo llaman “casualidades” y otros incluso les dicen “suerte”, pero ¿hay alguna teoría o ley científica detrás de estos sucesos?

Más allá de las creencias de cada quien, existe una ley conocida como “Ley de Murphy”, la cual es famosa por supuestamente expresar que “Si algo puede salir mal, saldrá mal” —así es como la ven los pesimistas, por el famoso caso de la tostada que siempre cae con la mantequilla hacia abajo—; sin embargo, lo que realmente dice es “todo lo que puede suceder, sucede”.

Independientemente de lo que esta ley expresa en su enunciado, la misma quiere decir que cuando un evento tiene la posibilidad —dadas las condiciones de ocurrir—, ocurre en algún momento, ya que todo se resume a una cuestión de posibilidades.

El contexto de la aplicación puede variar desde resultados buenos, malos o irrelevantes, por lo que la teoría de que solo aplica para resultados malos no es cierta: solo que generalmente los malos resultados resaltan más.

Esta ley fue ideada por el ingeniero aeroespacial Edward A. Murphy, Jr. Él un día estaba probando en un cohete la resistencia humana a la Fuerza G durante una desaceleración repentina. En el experimento, el arnés de la persona dentro del cohete contaba con medidores configurados por Murphy, para obtener una lectura de la Fuerza G que dicho hombre experimentaría. Luego de la brusca frenada, los medidores arrojaron “0” en los valores, y la razón había sido que el asistente de Murphy había cableado dichos medidores en dirección contraria. Cuando se dieron cuenta de lo sucedido, Murphy exclamó: “Todo lo que puede suceder, sucede”, haciendo referencia al error de su asistente.

Para efectos prácticos, hay muchas demostraciones de la ley, y uno de los ejemplos es que el día que andas más apresurado el tráfico está más lento, compras el único teléfono que vino con defectos de fábrica, llueve el día de tu fiesta al aire libre… y cualquier evento desafortunado de la vida. Todas estas situaciones tienen algo en común: dadas las condiciones, en todas existía la posibilidad de que ocurrieran los casos mencionados —que por cierto eran los menos deseados—.

La enseñanza de esta ley consiste en tomar precauciones y evitar estas situaciones, ya que en muchas de ellas, si se estudian con anticipación las condiciones, se pueden tomar acciones preventivas que reduzcan las posibilidades del peor de los escenarios.

Acciones simples como salir más temprano para que el tráfico no te retrase más allá de lo que debería, pedir prueba del teléfono antes de comprarlo, preparar un plan B para la fiesta por si ese día llueve, pueden cambiar de forma drástica los resultados que obtienes en tu vida.

VoxBox.-

Iván se queda: Jimmy a tribunales

Guatemala/VoxBox

Opinión.- Guatemala ha sufrido varios altibajos en los últimos años. Y aunque pareciera en estos momentos una Guatemala inestable, dentro de su caos, ha surgido un país más honesto y justo.

No, Guatemala no es un país aspiracional ni mucho menos es un país seguro. Pero hay algo que envidiarle a este país que desde 2015 no es el mismo.

A pesar de la indiferencia que caracteriza a los centroamericanos, los guatemaltecos están hastiados de la corrupción, de los políticos que buscan intereses personales y de este círculo vicioso del sistema que permite que la corrupción siga funcionando.

Jimmy Morales ha sido un presidente con muy poca fuerza y poder en el gobierno. Aunque lo compensaba y —me atrevo a decir— que los guatemaltecos votaron por él, porque parecía ser el menos corrupto de entre todos los candidatos. No se podía pensar en que Jimmy tenía algún plan maestro o alguna de red de corrupción como La Línea, porque era —y quizás todavía lo es— un don nadie.

Esta semana leí una frase interesante: si elegís a un payaso de presidente, espera un circo. Así ha sido Jimmy: desde sus inicios ha tenido críticas por sus familiares, que han sido relacionados con fraudes fiscales. Pero lo que nadie sabía era que la corrupción relacionada con Jimmy había empezado desde mucho antes. Tiempo atrás en las campañas, para las elecciones de 2015.

Su campaña fue patrocinada a cambio de favores. Helicópteros, estadías en hoteles para reuniones, spots televisivos, vallas, etc., a cambio de que cuando fuera presidente les diera contratos millonarios a las empresas que lo apoyaron (siendo lógicamente ilegal y un conflicto de intereses personales) cometiendo un delito.

Además, el partido FCN (Frente de Convergencia Nacional) no presentó el detalle del presupuesto utilizado para la campaña del actual presidente, Jimmy Morales, siendo los fondos de dudosa procedencia y irrespetando un mandato del TSE.

Los asesores de Jimmy no han sido muy astutos. La CICIG, que ha tomado bastante relevancia contra la lucha de la impunidad en Guatemala, ya tenían una investigación en proceso para poner en antejuicio al presidente. Los rumores corrieron y se esperaba que Jimmy actuara expulsando a Iván Velazquez, el comisionado internacional de Colombia.

Dicho y hecho. El domingo 27, a las 6 a. m., un video del presidente declarando a Iván una persona non grata para el país y pidiendo su expulsión inmediata del mismo.

Esto es risible, ya que días después aquí estamos conociendo la resolución de la Corte de Constitucionalidad, donde ha detenido en su totalidad la petición y expulsión del comisionado Velázquez.

Jimmy es presidente de un país donde no tiene poder. Y su petición de expulsar al comisionado solo demuestra su falta de valor y honestidad, haciendo más obvio que trata de evitar la investigación.

Lo increíble es que el domingo Guatemala parecía regresar 2015. Tener esa voz que hizo que Otto Pérez renunciara al cargo de presidente. Varios ministros renunciaron a su cargo en símbolo de protesta y rechazo a la decisión y gobierno de Morales. Entre ellos un canciller, el ministro de aeropuertos y transporte, la ministra de salud, entre otros.

Los guatemaltecos salieron a protestar y a exigir que en Guatemala ya no se acepta ni un tanto de corrupción. Porque están de aquellos que dirán que esto, de Jimmy, no es nada comparado con lo que hicieron La Línea. Es una mentirita blanca. Pues no: Jimmy a tribunales. Los guatemaltecos se han rehusado a ceder el poder a otro corrupto más, a alguien que vele por sus propios intereses y no sea honesto.

El país se movilizó increíblemente en días, para lograr que la impunidad no tuviera cabida en Guatemala.

Iván se queda. Se queda, porque Guatemala necesita estas comisiones internacionales que le ayuden a salir de este hoyo de corrupción y políticos de mentiras que no aportan nada.

No quieren payasos de presidentes, quieren a alguien comprometido con el país y con lo que Guatemala representa.

Jimmy, a tribunales. Este show de circo se acabó.

VoxBox.-

“The Dragon and the Wolf” (¿Y el fan service?)

The Dragon and the Wolf. VoxBox.

El episodio final de la séptima temporada de Game of Thrones llegó a nuestras vidas: The Dragon and The Wolf.

Opinión.- El episodio final de la séptima temporada de Game of Thrones llegó a nuestras vidas: The Dragon and The Wolf.

Oficialmente comienza la larga espera para la temporada 8, pero mientras tanto podemos devanarnos los sesos analizando, dentro de nuestras limitadas capacidades, qué acabamos de ver.

Muchos se habían venido quejando del fan service del que esta temporada venía padeciendo. No se equivocaron y este último capítulo no hizo más que empeorar.

Les perdonamos a los creadores que nos pusieran esas escenas románticas entre Jon y Daenerys, en la última parte del episodio anterior. Se lo perdonamos, porque la serie nos ha dado más alegrías que tristezas (al menos en su realización), pero esto ya se descontroló.

Aquí el breve resumen:

—La primera escena podría haber fácilmente pasado desapercibida, de no ser por esa magistral y freudiana conversación entre Jaime y Bronn sobre cómo la vida y las guerras giran en torno a los penes. “Tal vez todo se trate de vergas”, concluyeron.

—La reunión entre las dos reinas fue maravillosamente lograda. La tensión en el ambiente, estoy seguro, nos hizo temblar a casi todos.

—Tyrion Lannister vuelve a sorprendernos con sus dotes de negociador. Logró lo que nadie en Westeros parecía poder lograr: hizo entrar en razón a Cersei.

—Si la guerra entre las dos reinas la fuera a ganar el orgullo, Cersei sería la indiscutible ganadora.

—Momento importante: Theon Greyjoy se ha redimido y, curiosamente, su falta de pene le ha hecho vencedor en una batalla que ya estaba perdida.

—Las hermanas Stark se han reconciliado de la mejor forma posible: matando a Littlefinger. Aquí fue, de hecho, donde comenzó a ponerse más intenso el fan service (supongo que el gran público no estaba dispuesto a renunciar a ninguna de las dos), aunque a algunos nos hubiese gustado ver muerta a Sansa.

—Cersei sigue siendo Cersei y la salida cobarde de Euron resultó ser parte de un plan malévolo. Cersei tampoco está dispuesta a apoyar a sus nuevos “aliados”, pero Jaime sí. Parece que los problemas en el paraíso no han terminado con el embarazo.

—Aquí comienza el fan service puro y duro: en el momento que Bran y Sam desenmarañan esa teoría que ya veíamos venir sobre el origen de Jon Snow, el ahora ya no bastardo tenía sexo salvaje con la reina de dragones, que resulta ser su tía (¿será un guiño a Mario Vargas Llosa?).

—Mientras la relación de amor más predecible de todos los tiempos tiene lugar en una bella habitación, el Rey de la Noche derrite con suprema facilidad el muro, volando sobre los lomos de Viserion resucitado. Ya no hay muros, ya no hay límites y Cersei no pondrá a disposición su ejército. Pero así como van las cosas, no importa lo feo del panorama, siempre habrá final feliz.

Esperemos un dos años.

VoxBox.-

Crónicas de una mujer sin útero (VII): Sexismo vrs. Inclusión

Nosotras también somos parte del sexismo. Lo somos y lo queremos implementar en otras personas.

Opinión.- Contexto: Debo decir primero que la mayoría de personas cree que yo soy militante del movimiento feminista de mi país. No es así. Solo he defendido de la manera que me ha parecido correcta mis derechos y los derechos de otras mujeres (empezando por las de mi entorno: familiares, amigas, compañeras de trabajo). Creo que la educación recibida, sumada a la experiencia personal, me han dado una idea bastante depurada de lo que es justo.

Aunque muchas feministas me lo han repetido, creo que el feminismo no debería combatir solo el machismo, ese machismo arraigado culturalmente que tanto daño nos ha hecho a todas, sino que también debería combatir el sexismo. Ahí es donde las feministas empiezan a verme con sospecha y con los ojitos entrecerrados, como con desconfianza.

Lo siento, amo a los hombres. No a todos, eso sí, pero entre algunos que amo hay machistas. Es imposible encontrar un hombre no machista. Sospecho que mi jefe tiene algo de razón al decir que ser machista no solo es una cuestión social, sino también biológica… aunque esa discusión la tendremos otro día.

El asunto es que me ha chocado siempre (SIEMPRE) esa lucha desmedida y eliminadora de algunas feministas contra los hombres. Sépanlo, los hombres no son los enemigos. La ignorancia, sí.

En medio de la ignorancia de los hombres, también está nuestra ignorancia, la femenina. Por ejemplo, una vez alguien me explicaba la importancia del lenguaje inclusivo y la necesidad de decir “todos y todas”, “niños y niñas” y así una larga lista de repeticiones en función de mencionar a las mujeres. Perdónenme. Perdóname dios judeocristiano, pero yo no creo que sea necesario llegar a los extremos de “versionar” algunas palabras en masculino y pasarlas en femenino, luchar por derechos femeninos y terminar, como mujeres, haciendo uso de sistemas de opresión masculinas con ellos y con otras mujeres. Ejemplo concreto, tuve una compañera, tenía un carro… un escarabajo, lindo, precioso, al que había bautizado como la carrita. Al comentarle que nunca he comprendido esa tendencia de algunas feministas de hacer femenino todo, me dijo que yo no era una buena mujer, que no visibilizaba nuestra lucha. Claro, yo era la mala mujer, la incoherente, la que tiene falta de compromiso con una lucha. Ella trataba a su pareja, otra feminista, con violencia emocional, limitándola de relaciones de amistad por sus celos y controlando incluso sus entradas económicas.

¿Es importante decir carrita, niños (en el caso de que hayan infantes de ambos géneros), hormigo?  Nosotras también somos sexistas. Lo somos y lo queremos implementar en otras personas.

Estoy clara en que se nos debe, a las mujeres, inclusión en muchos ámbitos. Ya les he contado que he sufrido discriminación por mi género, mis amigas también han enfrentado eso, pero reconozco que poco a poco hemos obtenido espacios de desarrollo en lo intelectual, laboral y social. Hace apenas 30 años yo no podría haber tenido el trabajo que tengo.

Es momento de analizar las diferencias y celebrarlas… yo celebro por ejemplo la habilidad de mi esposo, quien se encarga de lavar y planchar la ropa de ambos. Él celebra mi habilidad para cocinar y hacer reparaciones múltiples (fontanería, carpintería y albañilería). ¿Acaso nuestras habilidades se dan por el género? No lo sé… odio planchar y amo la ebanistería. Ajá, soy mujer heterosexual y me hago la manicura mientras termino de escribir este artículo.

No creo en el sexismo, es algo que se debe combatir. Me gusta la idea de la inclusión, media vez esa inclusión no invada lo masculino. Reivindicarnos a nosotras no debería pasar por eliminarlos a ellos y eso, incluso en el lenguaje.

VoxBox.-

“Nadie me vio llorar”: El poder de los invictos

Invictos. VoxBox.

También necesité del estoicismo de Henley, necesitaba recordarme el poder de los invictos.

Opinión.- El poeta William Ernest Henley tuvo que soportar una amputación hasta la rodilla, en una época en la que no existía ni la penicilina o los antibióticos. Y tuvo que soportarlo cuando era un niño de 12 años. En aquella época, la mayoría de personas terminaban desmoralizadas ante un proceso de esos y otros padecían traumas que podían tardar años en superar. No podría saber si Henley se traumó o no, aunque parece lo más lógico. Lo que sí puedo decir, porque la historia lo dice y lo ha documentado, es que en los primeros años difíciles y posteriores a su recuperación, en sus momentos más erosionantes de la moral y del empuje personal, los años que ahora llamamos de la difícil adolescencia, él escribió este texto que creo que todos conocemos:

INVICTUS

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable
le agradezco al dios que fuere
por mi alma inconquistable.

Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza sangra, pero está erguida.

Más allá de este lugar de furia y llanto
aguardan los horrores en la sombra.
Mientras tanto la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa qué tan estrecho sea el camino
ni cuán cargada de castigos la condena:
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.

Reconozco que es una mala traducción, pero es la versión que me gusta. Sé que el poema es bastante conocido y lo he visto en muchas partes. Sé que salió en la película Invictus (2009), basada en el libro de John Carlin El factor humano (2008), que a su vez se inspira en algunos hechos de la vida de Nelson Mandela. Para algunos es un texto clásico de literatura motivacional y para otros es con sinceridad un texto inspirador.

En lo personal, cuando me tocó vivir los 40 peores días de mi vida, pegué el texto en la pared de mi cuarto. Es obvio que el problema no desapareció, pero repetirlo una y otra vez, por alguna razón, resultó ser una buena válvula de escape. Llegué a repetirlo como un mantra, como en la legendaria historia de Nelson Mandela.

Como usted ya ha de saber, Nelson Mandela vivió un martirio de 26 (¿o 27?) años en las peores cárceles de Sudáfrica. Una de las versiones de la mítica historia (y es que la propia versión nunca la conoceremos) nos cuenta que poco a poco le fueron negando no solo las visitas, sino que le decomisaron libros, le impidieron enviar cartas y ejercer cualquier otra forma de comunicación. Había una fotografía que andaba consigo todo el tiempo (quizá la de su primogénito o de alguien especial) y atrás de la foto se encontraba el texto de Ernest Henley.

No sé si le habrá ocurrido a Mandela, pero llega un momento en que uno conoce el texto de memoria, pero no puede evitar volver a leerlo, como si se tratara de un sortilegio del culto órfico (“Soy hijo de la tierra y del cielo estrellado. Tengo sed. Dame de beber de la fuente de la memoria…”), como una oración secreta, como una medicina, como si la vida fuera a solucionarse de forma misteriosa.

Mandela estaba confinado en una celda húmeda de 2.4 m de alto por 2.1 m de ancho, con una estera de palma para dormir, trabajando de picapedrero para obtener grava, y él y otros presos eran insultados constantemente, y agredidos física y verbalmente por los guardias, todos de raza blanca, hasta que fue transferido a una mina de cal. Al principio no se le permitía usar gafas de sol, por lo que el resplandor de la cal dañó su visión. Por la noche continuaba sus estudios de Derecho, pero tenía prohibido leer periódicos y en varias ocasiones fue castigado con régimen de aislamiento por poseer recortes de noticias. Y la leyenda dice (ya que él nunca lo confirmó) que todas las noches repetía el poema de Henley, una y otra vez, una y otra vez, hasta que finalmente conciliaba el sueño.

Era un mantra. Y por mucho tiempo también fue el mío, aunque yo no he vivido absolutamente nada, nada. Pero no puedo invalidar mis sentimientos ni mi propio dolor: también necesité del estoicismo de Henley, de la sabiduría depositada en esas palabras. También necesitaba recordarme que debo tener un alma invicta.

Hay personas con una gran capacidad para sobreponerse a lo que sea. Y uno con el corazón de pollito, que llora o se siente mal por cualquier tontería, no le queda más que sorprenderse de la virtud extraordinaria de estas personas. Los mártires de todas las épocas, los sabios que prescindieron del materialismo y vivieron la austeridad de los siglos, la generación que nos antecede que sobrevivió a los horrores de la guerra, nuestros contemporáneos que están en este momento aguantando hambre e injusticias… y siempre la naturalidad, el estoicismo para contar la tragedia, la sorprendente capacidad para reponerse.

Solo vienen a mi mente aquellos versos de Whitman (no puedo evitarlo):

He oído lo que hablaban los habladores, el hablar del
principio y del fin,
Pero yo no hablo del principio y del fin.
Nunca hubo mayor inicio que ahora,
Ni mayor juventud o vejez que ahora,
Y nunca habrá mayor perfección que ahora,
Ni más cielo ni más infierno que ahora.
Impulso, impulso, impulso,
Siempre el impulso procreador del mundo.
De la penumbra surgen los iguales antagónicos, siempre
la sustancia y el incremento, siempre el sexo,
Siempre un tejido de identidad, siempre la distinción,
siempre la creación de la vida.
De nada sirve elaborar; sabios e ignorantes lo saben.
Seguros como los más seguros, íntegros e inconmovibles,
bien cimentados, afianzados y a plomo,
Fuertes como caballos, afectuosos, altivos, eléctricos,
Yo y este misterio estamos aquí.
Límpida y dulce es mi alma, límpido y dulce es todo lo
ajeno a ella.
Si falta uno, le faltan ambos, y lo invisible se comprueba
por lo visible,
Hasta que lo visible se hace invisible y se comprueba a
su vez.
Mostrar lo mejor y arrancarlo de lo peor, la edad hostiga
a la edad,
Conocer la condición perfecta y la ecuanimidad de las
cosas; guardo silencio mientras discuten y más tarde
me baño y me admiro.
Bienvenido sea cada órgano y atributo mío, y el de
cualquier otro hombre vigoroso y limpio,
Ni una pulgada, ni una partícula de pulgada es vil, y
ninguna es menos conocida que las otras.
Estoy satisfecho —veo, bailo, río, canto;
Cuando el compañero amoroso y sensual que duerme a
mi lado en la noche se retira sigilosamente al amanecer,
Dejándome canastas cubiertas de toallas blancas que
invaden la casa con su abundancia,
¿He de posponer mi aceptación y realización y de gritar
a mis ojos,
Que se vuelvan y dejen de mirar hacia el camino,
Y así cifren y me muestren con precisión,
El valor exacto de uno, el valor exacto de dos y cuál
vale más?
No sé qué más decir. Quizá no deba añadir nada más.  Cuando los grandes hablan, los pequeños solo debemos callar…

VoxBox.-