“Cuphead”: un videojuego no apto para obsesivos

Cuphead. VoxBox.

Opinión.- Voy a dejar claro antes: no soy gamer, ni siquiera recuerdo cuál fue el último que jugué, así que no esperen un grandioso análisis de Cuphead.

Me animé a comprarlo y a jugarlo, por la cosa más burda por la que se puede escoger algo: la estética.

No decepciona, no me arrepiento. Las gráficas son maravillosas y el soundtrack vale muchísimo la pena (no sé si se llama soundtrack).

El juego fue desarrollado por MDHR, un estudio pequeño con poca experiencia que vio épocas difíciles.

Se estrenó el 29 de septiembre de este año y está disponible para Xbox One y para PC.

Cuphead resulta muy complicado

Es difícil, muy difícil. En principio me pareció lógico que lo sintiera complicado porque no soy experto en estas cosas, pero luego estuve leyendo un poco y resulta que, incluso, para los más aventajados en la materia resultó con un nivel considerable de dificultad.

En Cuphead existen dos niveles: el “fácil” para los incautos, como yo, que nos dejamos llevar por lo gráfico, y uno “regular” para los que buscan el mayor reto posible.

Yo comencé en el nivel regular y muy pronto me di cuenta de mi error. La frustración es absoluta desde los primeros segundos. Así que, como buen mal jugador, decidí pasar al nivel fácil y ahí pude avanzar más.

Debo agregar en esta parte que no he jugado en modo cooperativo, aunque el juego lo permite. Probablemente esa sea una experiencia totalmente distinta.

Sin embargo…

Cuphead me pareció una experiencia muy extraña: por un lado, sentía la inmensa frustración de no poder avanzar mucho, porque las tres vidas se me iban sin que supiera muy bien por dónde; y por otro lado, estaba el elemento adictivo, de seguirlo intentando a pesar del fracaso, porque es estimulante para los sentidos y porque la derrota, aunque contundente, se sentía bastante agradable.

Toda una lección de vida al mejor estilo coheliano.

¿Lo recomendaría?

A un gamer profesional nunca me atrevería a recomendarle ningún videojuego, pero a los que como yo les gusta solo probar random, lo recomiendo muchísimo. Es una experiencia estimulante. Aunque si tienden a ser obsesivos, lo mejor es que lo eviten a toda costa.

Por último, quisiera retomar esto que escribió Carlos Rebato en su reseña del juego para Gizmodo:

Cuphead es uno de los mejores juegos del año.

Es difícil, muy difícil, pero no tanto como para tirar la toalla.

Es barato.

Agregaría algo más: si lo van a comprar para PC, no jueguen con el teclado, mejor cómprense un control apropiado (que considero no son tan caros). Lo digo por su salud: si juegan con el teclado les dolerán mucho las muñecas.

¿Agregarían algo más?

VoxBox.-

Crónicas de una mujer sin útero (X): Música para sobrevivir

Música para sobrevivir. VoxBox.

Opinión.- He llegado a los 40 años. Admito que ha sido gracias a personas que me han cuidado: mi familia, mi esposo y mis hijos, los pocos (pero buenos) amigos que me quedan. Me han ayudado no solo a sobrevivir, sino que también han ido forjando a una persona que sigue en búsquedas y en construcción.

Contra todo pronóstico he superado miedos, operaciones y accidentes. Espero seguir haciéndolo. Me ha tocado aprender cada día, no me he aburrido y este año ha sido particularmente intenso en cambios, en aprendizajes y en relaciones (algunas personas siguen, otras al fin se fueron). Para mí es complicado hacer un recuento de sucesos sin música. Para mí la vida ha sido significativa gracias a la música que sonaba de fondo en mi cabeza: Amores, decepciones, trabajo, amistades, familia, dolores, miedos. Todo ha ido acompañado con música y así he sido feliz.

Lo admito, en algún momento pensé que no sería feliz. Resulta que la materialización de la dichosa felicidad es algo simple: vivir con lo que se tiene, con un poco de paz, con un poco de cólera, con un poco de alegría y un poco de lágrimas. Esa extraña combinación de elementos me ha llegado siempre, en cada etapa, y me ha hecho una mujer feliz. Feliz de escuchar siempre una tonada en mi cabeza.

Sin más, les dejo mi playlist para celebrar estos 40 años de vida, sabiendo que he sobrevivido y que seguiré así, hasta que la parca lo decida. Esta no pretende ser una lista con un criterio académico, es solo un recuento de mi vida:

 

Acá les dejo la lista para su criterio de elección
1. Paint It black – Rolling Stones
2. Yesterdays – Guns and Roses
3. So What – P!nk
4. Animal Instinc – Cranberries
5. In My Life – The Beatles
6. Piece Of My Heart – Janis Joplin
7. Hand In My Pocket – Alanis Morrissete
8. Vogue – Madonna
9. The Moment Of Truth – Survivor
10. La célula que explota – Caifanes
11. No voy en tren – Charly García
12. Tren al sur – Los Prisioneros
13. Fue amor – Fito Paez
14. Tu nombre me sabe a yerba – Joan Manuel Serrat
15. Elegantly Wasted – INXS
16. Wrong – Depech Mode
17. Adam’s Song – Blink 182
18. El mar no cesa – Héroes del Silencio
19. Good Riddance (Time Of Your Life) – Green day
20. Nothing Else Matters – Metallica
21. Somebody To Love – Queen
22. Blaze Of Glory – Jon Bon Jovi
23. Dissapear – INXS
24. Something To Believe In – Poison
25. El triste – José José
26. Hasta que te conocí – Juan Gabriel
27. Flor de loto – Héroes del Silencio
28. November Rain – Guns and Roses
29. Las Flores – Café Tacvba
30. Jeremy – Pearl Jam
31. Los chicos no lloran – Miguel Bosé
32. Y es que… – Café Tacvba
33. Cada beso – Benny, Sasha, Erick
34. ¿A quién le importa? – Alaska y Dinarama
35. Rasguña las piedras – Sui Generis
36. Yo fui una vez – Silvio Rodríguez
37. Alfonsina y el mar – Mercedes Sosa
38. Sin ti – Benny Ibarra
39. Highway To Hell – AC/DC
40. Sweet Dreams – Eurythmics

VoxBox.-

El compromiso, la emoción y la felicidad forman una cadena frágil

Opinión.- He escuchado historias sobre gente que mantiene su palabra a lo largo de la vida: amigos que sobreviven a las adversidades, a la distancia, a los años sin verse, a malos entendidos, etc. De igual manera con la familia o con los compañeros laborales. Y no olvidemos esas personas que aunque no son familia o amigos, o que apenas tuvimos una relación de tipo contextual (organizaciones, estudios, proyectos) y al vernos nos saludan como si la semana pasada fuera la última vez que nos vieron.

De parejas, ni se diga: conozco esposos ancianos que se soportaron mutuamente durante toda una vida, con historias sorprendentes o con pruebas de vida que yo digo para mis adentros: “No sé si hubiera sido capaz de soportar esto… de verdad no lo sé”.

Pero así también conozco a gente que no se siente en la obligación de aguantarle carga a nadie (en mi país les llaman mecha corta), que son prácticos con la vida y no dudan en volver a empezar. Conozco también personas que se olvidan de las viejas amistades, que después de una relación contextual sencillamente pasan página y desaparece toda forma de cordialidad, o bueno: solo sacan de sus vidas a quienes de forma utilitaria o de razones inmediatas ya no les sirve.

Hay de todo en esta vida y usted sabía que a esa frase clásica quería llegar. Pero ¿por qué mencionarlo entonces?

Sonará a quiero hacer una crítica millenial o algo así, pero le aseguro que no se trata de eso. Creo que en todas las épocas han habido personas así, y que de hecho, salvando las distancias y dentro de lo que cabe en las múltiples discusiones, cada vez la humanidad y las nuevas generaciones suma más puntos a nuestra parte civilizada que a nuestra barbarie.

Pero nuestra edad contemporánea maneja un escabroso e inexplicable concepto de la felicidad. Y como la felicidad es fundamentalmente individual, nos parece natural la necesidad de legitimarla con preguntas como: ¿Estoy bien conmigo mismo? ¿Cómo me siento? ¿Soy feliz con lo que tengo ahora? ¿Estoy siendo fiel a mis sueños y aspiraciones? ¿La estoy pasando bien?

Y de entre todos estos pensamientos que permean nuestra filosofía de vida, hay personas a quienes les parece normal legitimar su peculiar trato hacia otros, justificando que ya son así por los modelos actitudinales que han desarrollado, por los patrones culturales que mediante vivencias legitiman como paradigmas. Les parece cómodo justificar el abandono de los otros o su displicencia, porque en su mundo de emociones encuentran el asidero que necesitan (“Es que me cae mal… si supieras cómo es… solo lo ves desde tu punto de vista… si estuvieras en mis zapatos”).

Con esto no invalido a quien haya vivido experiencias difíciles. Lo cierto es que todos las tenemos y es demasiado complejo determinar un dolorómetro para verificar quién ha sufrido más y con qué. Y pensar en lo traumático, al menos en el contexto de lo que expongo, sería una reducción al absurdo. No quiero que pierda eso de vista.

El meollo del asunto es que estamos viviendo tiempos en que los compromisos son tan volátiles como las palabras que se las lleva el viento. No digo que antes eso no pasara. Como dije anteriormente, esto ha ocurrido en todas las épocas. Pero parece que en estos tiempos está ocurriendo con mayor frecuencia, porque sencillamente hay muchas maneras de justificar el desechar a otra persona o legitimar comportamientos.

Y no está mal que usted no se deje pisotear por nadie, por supuesto. Nuestra concepción moderna de los derechos nos ha hecho saber que recibir maltrato físico o verbal no es normal (como en miles de años de humanidad ha estado ocurriendo), que tenemos derecho a un espacio individual y un largo etcétera.

La cuestión es en qué parte de todo esto encuentra el equilibrio entre adquirir un genuino compromiso con otro ser humano o huye de eso a la primera oportunidad. O peor aún: deja a la otra persona vestida y alborotada, metafóricamente hablando (es decir, somos cordiales, nos mostramos genuinos, pero cuando la persona quiere llegar más lejos de inmediato ponemos barreras… aplica para nuevas amistades, no crea que solo en cuestión de parejas).

Y no crea que lo digo desde afuera. Yo también siento que lo he hecho a lo largo de mi vida. De hecho, escribo esto mientras me autoexamino: ¿a qué le temo? ¿A que me lastimen? (Como si después de tantas experiencias buenas y malas eso fuera tan fácil). ¿O es que temo a perder algo de mi esencia individual? (Imposible: lo temático y melancólico ya nadie me lo quita). Usted puede autoexaminarse. De verdad, ¿qué le impide aprender a adquirir compromisos con otro ser humano? ¿Qué le resulta más fácil: quedarse o salir corriendo?

No sé si dentro de 50 años las relaciones humanas serán más volátiles todavía… relaciones basadas únicamente en lo utilitario, carente de todo ese humanismo y emoción que nos ha aleccionado 30 siglos o más de filosofía, ciencia y literatura. Quisiera pensar (a lo mejor por puro confort infantil) que usted se animará a llamar o escribirle a esa persona, a quien el fondo apreció siempre y que tiene tanto tiempo de no comunicarse.

El compromiso, la emoción y la felicidad forman una cadena frágil. En lugar de esperar a que todo llegue a su lugar de una forma misteriosa (la dichosa e imposible felicidad perfecta), mejor pongamos unas gotas de estoicismo y disposición, para que eso que tal vez cueste un poco resulte más recompensante. A veces nos equivocaremos, ¿y qué? ¿Cambiaría todo ese amor y cariño que fue capaz de dar? ¿Se arrepiente de las veces que fue capaz de sostener una promesa hasta el final?

Bueno, bueno… no soy quién para cuestionar cuánto está dispuesto a dar. Quedemos en que hay satisfacciones que están más allá de huir en aras de sostener la moderna visión de felicidad.

VoxBox.-

¡Dejen de meternos la navidad en octubre!

Navidad. VoxBox.

La época de navidad comienza desde octubre desde que a las sesudas mentes del mercadeo se les ocurrió que era una buena idea. No lo es.

Opinión.- Octubre comenzó y con él el declive de la dignidad humana contemporánea: navidad llega corriendo a los almacenes mientras el mundo se derrumba.

¿Quién dirige esas campañas de porquería?

Imagino a un montón de viejitos rancios sentados en torno a una mesa pensando que lo que la gente más quiere es que les zampen la navidad cuando ni siquiera entienden cómo van a terminar la quincena.

Pero algo sabrán esos seres casi demoníacos: lo acaba de demostrar el premio Nobel de Economía, cuando hacemos transacciones nos dejamos llevar más por el sentimiento que por la razón.

Sí, todos tenemos esos vicios propios del capitalismo. No están bien, pero los tenemos y tenemos que aprender a vivir con ellos.

Pero no nos perdamos. Esto no es una crítica al consumismo exacerbado y cavernícola; ni siquiera pretende ser una exhortación a la austeridad más elemental, o un llamado a la cordura de los compradores compulsivos que darían un brazo por cualquier baratija superflua.

Esto va para esas corporaciones retrógradas que siguen depredando a los consumidores de las formas más burdas imaginables.

Entiendo perfectamente que así funciona el mercado, pero estas personas se esfuerzan por llevar todo hasta límites absurdos.

Y sí que vuelven absurda la navidad

Según TNS, una agencia de investigación de mercados líder a nivel mundial, con presencia en más de 80 países, en 2016 en Centroamérica y el Caribe se compraron un promedio de 7 regalos por persona, de un costo de USD 25 cada uno.

El 84% de estas compras se hicieron directamente en un Centro Comercial y el 52% compró con efectivo (el aguinaldo, claro) y sí, las campañas de mercadeo más exitosas son las que incorporan el elemento emocional…

A ver, tampoco se ponga demasiado intensos, no pretendo decirle a nadie cómo o en qué gastar su dinero. Dije que esto no era una exhortación para los compradores sino una diatriba contra los que venden.

Si pongo estos datos son para que como consumidores al menos sepamos cómo y con qué efectividad son capaces estos buitres de sacarnos hasta el corazón.

¿Propongo alguna solución?

Claro que no. Las alimañas no aprenden y no aprenderán nunca. Además, el objetivo de este espacio no es dar consejos ni recomendaciones sino el de dejar fluir los más estrafalarios reclamos.

Es más bien un grito: ¡Dejen de meternos la rechingada navidad en octubre!

Gracias.

VoxBox.-

Crónicas de una mujer sin útero (IX): Ser revolucionarios

Opinión Justo en el año 17 del siglo XXI se me ocurre preguntarme esto: ¿Qué es ser revolucionarios?

Quizá sea que dentro de poco llegaré a los 40 años y estas semanas sean de una revalorización de la vida, o quizá por el contexto sociopolítico que vamos viviendo en la región centroamericana en los últimos meses… o quizá porque mañana se cumplen 50 años del asesinato del Che Guevara.

O simplemente porque al final siempre he sido “peleonera”, como dirían algunas personas. No lo sé. Lo que sé es que es necesario plantearnos por qué ser revolucionario ha cambiado.

Empecemos a desenmarañar: ser revolucionario era muy diferente en el siglo pasado. También fue muy distinto en siglos pasados. Estoy casi segura que ser revolucionarios es una necesidad humana, es uno de los elementos necesarios para evolucionar, como personas y como colectivo.

En el caso de las mujeres, esa rebeldía que nos lleva (cada día) a ser revolucionarias nos ha dado frutos como el derecho al voto, a tener posesiones materiales a nuestro nombre, derecho a la educación, y tanto otros derechos inalienables. Pero he de admitir que esta capacidad de ser revolucionarios no es exclusiva de las mujeres, porque podemos encontrar hombres que en diferentes ramas han revolucionado nuestro entorno: científicos, escritores, deportistas, políticos o simplemente personas buenas.

Pero no hemos contestado a la pregunta, ¿qué es ser revolucionarios hoy? Manifestarse en una plaza contra los corruptos en Guatemala o darle like a un pleito entre políticos salvadoreños. Alguno me dirá que ser revolucionario es tomarse una foto en el homenaje al Che, o subir una foto del homenaje local a Violeta Parra, donde lo menos que se hizo es mostrar su obra. Posiblemente habrá algún revolucionario que hoy cedió el paso durante el tráfico horrible de la hora pico, en alguna capital centroamericana. Podríamos debatir qué es más revolucionario. Posiblemente yo perdería, porque hay gente que siempre es más sabia que los demás.

No discutiré con ninguno, supongo que mi ser revolucionaria no pasa por querer convencer a otros de lo que yo pienso. Eso está bien cuando somos adolescentes, pero ahora… ahora ya no. En lo personal, ser revolucionario ha mutado: ya no está en tomar las armas, está más bien en la capacidad de sacar lo mejor de nosotros: en el arte, en las ciencias, en lo personal, en lo laboral. Siempre lo mejor.

VoxBox.-

El ghost inabarcable, breve e ínfimo

Opinión.- Al pensar en el ghost no evito recordar esto: La bioquímica nos traiciona todo el tiempo: ¿con qué facilidad podemos pasar de la felicidad al enojo, del éxtasis al terror? ¿En qué momento nos hace la mala jugada la calidad o la ausencia de aquello que se da en llamar inteligencia emocional? Autodestrucción a cuentagotas o disciplina demoledora. La transición siempre duele y cada paso siempre nos hace sentir que falta un universo del camino… pero es que el paradigma en ese sentido suele ser erróneo, porque el camino jamás termina y los problemas nunca se solucionan del todo, ya que apenas en esta vida hay tiempo para amortiguarlos o minimizarlos.

Es por eso que a veces nos entregamos a todos y cada uno de esos pequeños placeres. No importa lo que sea, todos necesitamos unas cuantas onzas de hedonismo diario para sobrevivirnos. Hay personas a quienes les basta con lo que tienen al alcance, ya sea un libro, la compañía de otra persona, una actividad física o algo que simplemente consideren recompensante. Otros suelen ir más allá y necesitan intervenir directamente su proceso bioquímico, por lo que recurren a las drogas, ya sea legales o ilegales.

Esto —en lo personal— me ha intrigado grandemente, porque el mecanismo bioquímico es tan subjetivo como no querer levantarse por la mañana (no ceder al dolor de cabeza de levantarse de golpe), a permitirse la autodestrucción a cuentagotas (el cigarrillo de cada día, el desvelo descontrolado, o cualquier forma de laceración espiritual), todo en una lucha diaria que tiene algo de infantil, pero visto en rigor: ¿quién es 100 % maduro y afronta la vida con el absoluto deber ser y hacer? De seguro solo las primeras comunidades humanas, y lo hicieron sin saberlo, sin vivir-en-sí, porque la emergencia de sobrevivir cada día impedía pensar en otra cosa con propiedad.

He pensado que en nuestro tiempo de utilitarismo y placer es imposible, pero por aquello de no tener pruebas más allá de toda duda razonable debo dejar el margen de duda y admitir que quizá todavía existan personas excepcionales, que atienden las responsabilidades de la vida como corresponde, aquello que nuestro relato humanista considera ética y moralmente procedente.

Estoy clarísimo en que jamás podremos vencer del todo nuestra naturaleza, a menos que se descubran formas artificiales de someterla (como ocurre con la filosofía del consumidor de drogas, que prefiere conectarse con el mundo a su manera, en lugar de lo establecido por nuestros patrones naturales). Hay intentos a granel como para hacer una lista exhaustiva, y los hay en todos los ámbitos y formas. Pero mientras eso no pase, somos prisioneros del estuche en el que está encerrada la esencia, el ghost, ese relato que nos hemos creído y que llamamos espíritu, alma, condición humana.

El miedo a la libertad, el tedio, la empatía como muro de cristal, el cinismo: ¿cuáles son los vestigios, las huellas con lo que le damos sentido a todo, y con lo que justificamos el hacer de cada día?

Eso me recuerda una investigación relativamente reciente, que todavía se encuentra en fase experimental, al menos hasta donde estoy enterado. Se trata de la estimulación transcraneal con corriente directa (TDCS, por sus siglas en inglés). A través de pequeñas descargas, en breves impulsos de corriente eléctrica en áreas específicas del cerebro, se logra un estado parecido al flujo de conciencia, y en algunos casos (los más favorables, digamos) puede alcanzar la todavía incipiente y desconocida hiperconcentración focalizada, que en casos concretos podría llegar a ser de gran ayuda.

Sally Adee, en un razonado artículo para la New Scientist, nos cuenta una experiencia extraordinaria con la estimulación transcraneal, que incluso dejó una posterior secuela mental que roza un poco la crisis existencial.

En síntesis, hizo una prueba en un simulador, en el que tenía que dispararle a todos los blancos (como en los videojuegos shooter). Es investigadora y no militar, así que es evidente afirmar que falló y se sintió como una niña a quien le encomendaron una misión difícil. Volvió a repetir la prueba, pero esta vez con los electrodos puestos en un casco de estimulación craneal, y en esta ocasión de forma asombrosa le dio a todos los blancos, con una puntería casi impecable.

¿Qué fue lo que pasó? Al parecer la estimulación con los electrodos le permitió callar la voz interna que nos hace dudar, que suele autoinvalidarnos en momentos críticos (la bioquímica del miedo, la adrenalina, la confusión, etc.). Entró en estado de flujo y pudo actuar como una profesional, como si toda su vida hubiera tenido la habilidad de disparar. Había una claridad pasmosa, algo que nunca en su vida había experimentado. Mientras que naturalmente practicamos y practicamos hasta que lo que hacemos se vuelva un movimiento reflejo, con el casco de estimulación craneal podemos ahorrarnos miles de horas que naturalmente necesitaríamos para practicar.

En un inicio (como suele ocurrir con esta clase de experimentos) el casco tiene fines para investigación militar, pero en un futuro no muy lejano se está considerando que quizá sirva para tratar algunos padecimientos en el amplio espectro autista, además que (quién sabe si en un futuro no muy distópico) tal vez llegue a servir para uso doméstico, para acelerar los procesos de aprendizaje.

Pero Sally Adee afirmó sentirse un poco afectada, ya que durante semanas trató de explicarse cómo era posible que esos instantes (que ella sintió como un minuto, pero que en realidad pasaron 20) fueron de una claridad, de un ser-en-sí que jamás en su vida había experimentado, y que durante días le dejó la sensación de impotencia, un sentimiento de inutilidad emocional. ¿Será que nuestra traicionera bioquímica siempre nos ha mantenido en un permanente letargo, que nos permita sobrellevar la angustia de la existencia, la aterradora sensación de la vida y la muerte?

Si solo somos un proceso bioquímico que perfectamente puede llegar a controlarse, ¿será que el ghost entonces es solo un relato, un producto del mito humanista estimulado por siglos de metafísica, mitología e imaginación?

O quizá esta tecnología solo deja claro que la comprensión de las dimensiones cerebrales todavía es un tema pendiente, algo que requerirá más experimentos (y los experimentos cerebrales siguen siendo un tabú mayúsculo, incluso en las sociedades más avanzadas), más investigación y más reflexión. ¿Cómo razonar lo que apenas podemos tocar? El ghost se nos hace cada vez más inasible, dejando un margen de incertidumbre en cuanto a lo que creemos que significa el vivir-para-sí y el resbaloso concepto de felicidad.

VoxBox.-

Tercera temporada de “Rick and Morty”: ¿Qué fue lo mejor de ella?

La tercera temporada de Rick and Morty. VoxBox,

La tercera temporada de Rick and Morty ha llegado a su final y ahora solo nos queda hacer un recuento de todo lo que nos regaló. Sin duda, cosas maravillosas.

Opinión.- Lo que comenzó como una simple parodia grotesca y bizarra del clásico ochentero Volver al futuro terminó siendo una de las series de animación para adultos más esperadas. Con el paso de cada nueva temporada, Rick y Morty sencillamente emana genialidad en cada uno de sus episodios, en particular por la forma que son capaces de hacer grandes preguntas filosóficas dosificadas con toneladas de humor negro. Además, está esa constante sensación de que no termina por tomarse absolutamente nada en serio, de verdad, nada.

Hablemos desde el principio

El estreno de esta temporada en Estados Unidos (y a nivel global, gracias al internet) fue el 4 de abril. La serie continúa la historia tal y como la habíamos dejado en un melancólico cliffhanger donde Rick se había entregado a la Federación Galáctica para que su vida pudiera recuperar las vidas de sus familiares. Mientras la federación intenta robar los secretos dentro de la mente más brillante del universo, vemos un extraño y melancólico flashback donde se explica la muerte de la esposa de Rick, todo bastante triste, hasta que…

Resulta que esto no era más que otro truco de Rick (esta podría decirse que fue la broma del día de los inocentes por parte de los realizadores), donde termina restaurando el estatus quo de la Tierra, lejos de la jurisdicción de la Federación Galáctica e, incluso, logrando que Beth abandonara a Jerry (todo como un acto de venganza de Rick). En pocas palabras, básicamente volvemos a tener la premisa principal de la serie: a Rick le importa una mierda cómo se sienten los demás a su alrededor y prefiere construir mentiras solo para mantenerse estable en su propia versión de comodidad familiar.

Este es uno de los principales puntos de la temporada. Esta es una serie que siempre se ha preocupado por mantener su continuidad y que sus personajes logren un desarrollo significativo acorde a sus personalidades, así sea a un nivel mínimo. El personaje de Beth es quien sufre los mayores cambios a lo largo de la temporada, un personaje que al principio podía ser visto como el “típico modelo de mama de sitcom” se convierte en alguien mucho más complejo, no solo por tener que pasar por un divorcio, sino por sus constantes problemas de abandono paterno.

De hecho, la mayor parte de la temporada se centra en desglosar poco a poco, de forma casi sutil, esta maraña de sentimientos de dependencia de una familia disfuncional, entremezclado con las típicas y bizarras aventuras de ciencia ficción. Aunque sería genial poder analizar de forma global esta temporada, es sumamente difícil considerando la gran cantidad de ideas e implicaciones morales que son arrojadas incluso en un solo episodio.

Por lo tanto, parece adecuado resumir más bien los mejores episodios de la temporada, en orden del menos Rick hasta el más Rick de todos, excluyendo el primero de esta temporada, considerando que su emisión fue bajo un margen tan distanciado en comparación con el resto, pero aun así es una difícil tarea, considerando lo cortas que se sienten estas temporadas y la considerable calidad de casi todos sus episodios:

Morty’s Mindblowers – 08×03

Este vendría siendo un sustituto de los especiales de la televisión interdimensional (como el propio Rick señala en una metarreferencia), llevándonos quizás a lo que podría denominarse como “las aventuras malditas”, donde Morty le pidió a Rick borrar recuerdos específicos de su vida.

Puede considerarse un episodio de clips, pero que funciona bastante bien solo para establecer y enfatizar lo cruel, idiota, sinsentido e incluso deprimente que puede llegar a ser la existencia humana, y como todas estas situaciones se magnifican a niveles traumáticos solo por estar cerca de una persona como Rick. El clímax es tenso y su final aún más satisfactorio…

Pickle Rick – 03×03

Tardarán años para sacar la imagen de Rick convertido a propósito en un pepino, sí, un pepino: sobreviviendo por las alcantarillas gracias a su intelecto, solo para evitar tener que ir a una terapia familiar en la escuela.

Un divertido argumento que sirve de trasfondo y antesala para definir los problemas emocionales por los que pasa cada miembro familiar. En esta ocasión incluso vemos un ingenioso análisis sobre la forma de comportarse de Rick, quien reacciona de la única forma en que lo podría hacer… meh.

“¡Pickle Riiick!” es ahora un meme único de la serie adorado por sus fanáticos, convirtiéndolo en uno de sus momentos más memorables.

Rest and Relaxation – 04×03

Tras vivir una experiencia cercana a la muerte, nuestro dúo de protagonistas decide relajarse en el mejor spa del universo, pero tras entrar a una maquina purificadora, una parte de sí mismos (la más toxica) toma consciencia propia…

He aquí donde destaca una de la mayores cualidades de los guionistas de la serie, haciendo un curioso análisis sobre la dualidad humana, destacando cómo incluso nuestras mejores cualidades pueden llegar a ser también tóxicas en ciertos contextos. ¿Se puede decir que existe una moraleja en este? Bueno, quizás… pero francamente ni te das cuenta.

ABC’s of Beth – 09×03

Todos en esta familia merecen tener al menos un episodio con Rick en una aventura. Sí, incluso Beth, que es el personaje al que mayormente le había sido negado este honor. Por muy lógicas razones, debido a sus latentes problemas de abandono paterno, que había estado gestándose desde el inicio de la temporada.

Con este episodio podríamos decir que concluye este arco argumental dentro de la serie… pero vaya que no lo hace de manera cursi. ¿Estaba justificada la actitud distante y ausente de Rick hacia su propia hija? Bueno, pueden juzgarlo ustedes…

Tales From the Citadel – 07×03

Resulta interesante como uno de los mejores episodios de la serie ni siquiera cuente con la aparición de nuestros protagonistas… bueno, quiero decir, al menos el dúo de protagonistas de nuestra dimensión principal.

En este capítulo vemos una ya reconstruida ciudadela de Ricks y Mortys, múltiples historias contadas en paralelo sobre esta extraña y muy particular “utopía” en sus infinitos contextos sociales, referencias cinematográficas a películas como Stand By Me y L. A. Confidential y reflexiones profundas sobre temas de actualidad sumamente fascinantes como la corrupción, la política y el individualismo. Además, el ingenioso retorno de uno de los personajes más misteriosos de la serie y producto de una infinidad de teorías conspirativas.

¿Tendrá este episodio relevancia en el futuro de la serie o se mantendrá solo como un genial episodio autoconclusivo? Solo el tiempo lo dirá, pero con esta selección de increíbles e interesantes episodios solo queda suspirar y frutarnos por el tiempo de espera indefinido hasta las siguientes aventuras que nos esperan…

En conclusión, esta podría decirse que ha sido la temporada más temática de todas, con todo el drama familiar que ha tenido de por medio; sin embargo, parece que la serie no tardará mucho en volver a sus raíces y emular lo más cercano que se pueda al éxito de la primera temporada. Parece mentira que con solo 31 episodios en total se siente que haya pasado tanto en la vida de estos personajes… he ahí una de las razones de su genialidad.

P.D: ¿Quieren saber qué pasó con el “nuevo” Birdperson, mitad pájaron mitad persona, y ahora también mitad androide? ¡Pues yo también!

VoxBox.-

Científico contra ingeniero: La eterna batalla

Cientifico contra ingeniero. VoxBox.

Científico contra ingeniero, una batalla que no parece tener fin. ¿Quién aporta más y mejores cosas a la sociedad? Primero necesitamos entender bien las diferencias.

Opinión.- Muchos científicos o estudiantes de ciencias se sienten ofendidos cuando los llaman ingenieros, mientras que muchos ingenieros dicen ser ellos quienes han logrado el desarrollo de la sociedad.

En realidad, ¿quién tiene más méritos?

Para estar claros en la importancia de cada uno, primero hay que saber cuáles son sus funciones:

Científico

Un científico generalmente se enfoca en el desarrollo de teorías, leyes o ecuaciones de una ciencia específica, a través de la observación, experimentación o análisis de conocimientos aportados por otros científicos previamente.

Sin embargo, los científicos suelen ser personas que trabajan de manera solitaria y generalmente los avances generados, de forma experimental o teórica, son documentados en libros o artículos para su posterior uso.

Ingeniero

Un ingeniero es una persona que usa el conocimiento científico para satisfacer las necesidades de la sociedad.

Un ingeniero nunca se limita al estudio de una sola ciencia, y por el contrario, debe apoyarse en varias para poder tanto diseñar nuevas tecnologías como mejorar las existentes. Los ingenieros deben trabajar en equipo, ya que un trabajo de investigación de gran alcance requiere de ingenieros en diferentes campos, para afinar detalles en todas las áreas con la precisión necesaria.

Contraste: química versus química

Un ejemplo claro, para contrastar las funciones de un ingeniero y un científico en el mismo campo, sería comparar a un químico con un ingeniero químico.

El químico se encarga de estudiar la química en todas sus áreas de manera profunda, desde diferentes mecanismos de reacción hasta la química de los alimentos o del petróleo. Es decir, la química en todo su esplendor como ciencia.

Un punto importante es que el área de trabajo principal de un químico es el laboratorio.

Por otro lado, el ingeniero químico tiene el mismo objeto de estudio (la química), pero de forma menos profunda que el anterior, ya que su especialidad es la aplicación de las teorías desarrolladas por la ciencia.

Una de las principales habilidades de un ingeniero químico es el diseño de reactores que permitan llevar a escala industrial la reacción química que el químico logró en su laboratorio. Para lograr esto, tiene que ampliar sus conocimientos en otras ciencias como matemática y termodinámica, además, naturalmente, que de la química.

Conclusión

Ambos roles son necesarios para el desarrollo de la sociedad a nivel tecnológico e industrial, ya que sin científicos los ingenieros no tendrían ningún tipo de fenómeno o avance para el cual desarrollar una aplicación, y sin ingenieros dichos avances serian inútiles, puesto que no habría nadie que los aplicara a escala real.

VoxBox.-

¿En la guerra y en el amor todo se vale?

Opinión.- ¿A quién se le habrá ocurrido la frase “en la guerra y en el amor todo se vale”? Sé que forma parte de la sabiduría popular y siempre he considerado que dicha sabiduría es más importante de lo que parece, aunque muchos suelen subestimarla, como si el acumulado de la experiencia colectiva no contara. Sin embargo, esta frase me parece demasiado sospechosa… y he vivido varias situaciones indignantes que solo me refuerzan la idea. Ya no sé si hay o no sabiduría en esa frase, pero lo que sé es que me niego a aplicarla en mi vida.

Es decir, de entre los asuntos humanos no hay nada más descontrolado, impredecible, aleatorio y a lo sumo con efecto entrópico que el amor y la guerra, lo cual implica que simple y sencillamente es imposible mantener todo bajo control. La frase entonces se convierte en una justificación y legitimación, en una ruptura ética y moral, y en estos tiempos implica además la exaltación del egoísmo individualista.

Lo he dicho en muchas conversaciones y de seguro alguien más ya lo pensó o escribió, pero quiero mencionarlo como frase de cajón (me perdonará la falta de rigor): estamos más listos para hacer la guerra que para hacer el amor. No sé si es misántropo de mi parte pensar que es sencillo acceder a la maldad, pero piénselo: hay quienes hasta tienen pavor a enamorarse y salen corriendo, pero están con los puños listos si alguien desea ponerlos a prueba. ¿O solo yo conozco personas así?

En la guerra y en el amor hacemos cosas desesperadas, a veces cargadas de insensatez. Se me ocurre, por ejemplo, las tablillas de maldición de amor de la antigua Grecia (algunas tan antiguas que resultan insólitas a la misma comunidad científica), que son la prueba de la preocupación y del tratamiento que se le da al asunto en un caso de la antigüedad. Si le interesa el tema, lea esto, por ejemplo.

¿Cómo podemos pensar que estamos listos para el amor si nos gusta adueñarnos de las personas? Si no nos aman en la misma medida en la que amamos, nos frustramos o actuamos de forma incorrecta. Cuesta, cuesta, no ser egoísta. Como le dije a alguien una vez: “Vos no tenés nada de culpa… todo esto es solo un inmenso rollo mío”. Y no lo digo para fingir algún tipo de falsa madurez: me he equivocado más veces de las que quisiera admitir. Muchas. Pero todos aprendemos de las caídas, ¿o no? Y distinguir entre el autoengaño y cuando podría estar pasando algo puede considerarse un arte. ¿Por qué un algo? No sé… creo en este tiempo cuesta ponerle nombre a las cosas.

Lo peor es que el amor quema. Al menos el que creo conocer. Y este es un tiempo en que a nadie le gusta quemarse. ¿Y qué decir de la guerra? Estos son tiempos (¡ejem!… creo que siempre ha sido así) en los que la guerra podría ocurrir en cualquier momento, de forma espontánea, con cualquier cosa. Y convertir todo en un caos. ¿O me negará que vivimos en un mundo que es una inmensa olla hirviendo? Quizá estoy siendo demasiado negativista. Veo fantasmas en todas partes.

Ya nos defraudamos de las ideologías (de los grandes relatos, diría un filósofo francés) y qué se yo de qué otras cosas. Son tiempos demasiado cínicos para lo que estoy acostumbrado. La frase de Clausewitz lo apunta muy bien: “La política es la continuación de la guerra por otros medios”, ya que pareciera que siempre estamos a punto de reventar. Siempre indignados, con deseos revolucionarios, con etapa anárquica, etapa existencialista-nihilista, absorbidos por el sistema a regañadientes y dejando pasar aquello que no entendemos. Como en el amor y en la guerra.

Siempre otras emergencias, siempre resolver otra cosa primero. ¿Resolver el qué? Es imposible resolver algo. “Los problemas no puede resolverse, solo minimizarse”. ¿Quién lo dijo? Ya lo he olvidado.

Son tiempos de demasiado analfabetismo emocional. Y claro, yo no soy ningún iluminado. Acepto que estoy despotricando desde mi cueva, desde mis propias incertidumbres, porque el primero que ya no entiende nada soy yo. Pero si no escribo sobre todo esto no puedo exorcizarme.

Y bueno, ¿cómo es eso de que todo se vale? Naaaaaa, no estoy de acuerdo. Es una concepción demasiado irresponsable. Primero hay que resolver todos esos deficiencias emocionales, todos esos prejuicios, todas esas rasgadas de vestiduras posvictorianas, todas las hipocresías, amar y dejarse amar con responsabilidad pero con honestidad, asumir la parte que corresponda… y entonces me dirá si se vale todo o no la frase. Ahora bien, para qué negarlo: si usted tiene un argumento (que no consista en la simple descalificación, que eso cualquiera lo hace) para dialogar al respecto, con mucho gusto le pondré atención. Hace tiempo que quiero muchas respuestas y las he buscado por mi cuenta… quizá hace falta dialogar con expertos…

Si le creyéramos un poco a uno de los grandes maestros de la sospecha, el mayor problema del amor y la guerra sería el sexo, porque parece ser que está en todas partes, incluso relacionado (aparentemente) con las cuestiones más sutiles e inútiles. Que conste, no es mi opinión: hay muchos que incluso defienden esa postura. Es una posibilidad de las miles que hay.

Pero dando un poco de crédito al respecto, ¿no es de todos sabido que lo más visitado en la red es todo lo relacionado con los temas de amor y el sexo? Ojo, que no digo que eso sea la media del internet. Es falso que la pornografía —por ejemplo— sea el 90 % del internet o algo así. Pero es muy complicado negar los números de la industria del sexo… representa un porcentaje muy alto de la economía de la red y a nivel mundial. Pero ese tema son otros veinticinco pesos, uno que incluso las autoridades mundiales tratan con discreción. Usted sabe. Es complejo.

Hablar de amor y hablar de sexo es un tema espinoso, no quiera negarlo. Familiares, amigos, miembros de iglesia, personas que se escandalizan con facilidad y que hasta podría pender de un hilo la amistad si se llega a ser políticamente incorrecto: ya lo ve, estamos más listos para hacer la guerra que para hacer el amor.

Pero son demasiadas ideas y ni modo: quedarán en el tintero por el momento. Ninguna opinión es más trascendental de lo que en promedio todos podemos opinar. Así que si leyó hasta aquí, gracias por eso. Deseo de corazón que el amor llegue a usted en la justa medida. Eso sí se vale.

VoxBox.-

Centroamérica es tierra de cobardes

Centromérica es tierra de cobardes. VoxBox.

Centroamérica es tierra de cobardes por un sinfín de razones. La mayoría de ellas son de carácter sociohistórico y no me es dado en este espacio ahondar.

Opinión.- Centroamérica es tierra de cobardes. Nadie va a estar de acuerdo conmigo, pero ya estoy acostumbrado a que no lo estén. Lo repito delante de quien sea: Centroamérica es tierra de cobardes.

Recientemente este mismo sitio escribió una nota titulada Identidades nefastas: así nos vemos los centroamericanos. Sobre esta nota debo decir que me gustó (cosa que no me sucede con demasiada frecuencia), porque retrata de manera más o menos ácida la forma en la que somos.

Pero les tengo que corregir un detalle: no es que así nos veamos, es que así somos.

Lo resumo acá: Guatemala es racista. Honduras es haragana. El Salvador es violento. Nicaragua es borracha. Costa Rica es engreída y maricona (me perdonan los beatos del lenguaje, pero así es).

Algunos podrán achacarme la ironía de estarles diciendo cobardes desde un pseudónimo, con mi cara, mi nombre y me apellido debidamente escondidos. Pero esto es internet y me dijeron que se valía. Y sí, tienen razón, soy cobarde, y eso refuerza en este caso mi tesis. Soy cobarde, porque soy centroamericano.

Centroamérica es tierra de cobardes por un sinfín de razones. La mayoría de ellas son de carácter sociohistórico y no me es dado en este espacio ahondar.

Pero sí puedo señalar algunas cosas que son de sentido común.

Busque usted, estimado lector, un momento de la historia de esta región en la que haya sido valiente, realmente valiente. Le ahorro el tedio: no lo hay. No lo habrá.

¿Recuerdo usted un momento en el que la región no haya sido una tierra despreciable? ¿Donde no haya primado la vileza? No, nadie lo recuerda, porque no existe.

En todo caso, lo que se encuentran son períodos históricos en los que reinó una suerte de bienestar artificial. Momentos en los que grupos de centroamericanos decidieron ponerle pausa a su cobardía y luchar un poquito por lo que creían que era justo. Momentos pequeñísimos, en los que además participaron poquísimas personas. Nada más.

Ahora veo venir esos argumentos baratos del tipo: “¿Y qué me dice de Guatemala?”.

En dos años se ha manifestado estoicamente contra sus malos gobernantes. En la primera ocasión lograron derrotarlo. La segunda está por verse.

Concédole que Guatemala reta mi primicia en la medida de lo plausible. Tampoco es para tanto, empero. Guatemala derrocó al presidente corrupto y luego puso a un presidente payaso. Guatemala en esta segunda vez salió con menos fuerzas. Una tercera no la aguantaría. ¿Ven? La cobardía nos gana siempre.

Y Guatemala es, en todo caso, lo más rescatable dentro de esta vorágine timorata. Honduras puntea como de los más violentos del mundo, seguido muy de cerca por El Salvador. Nicaragua no es capaz de librarse de ese tirano exguerrillero y Costa Rica vive en su burbuja de mariconería que no le permite ver que están metidos en el mismo fango, aunque ellos crean que no.

Centroamérica es tierra de cobardes y eso me da mucho coraje. No estoy echando toda esta rabia perniciosa solo porque sí.

Si lo hago es porque me duele, porque nací aquí y porque sé que hay personas que valen la pena rescatar de las llamas.

He tenido el placer de conocer personas de todas las nacionalidades centroamericanas, y en todas he encontrado gente que vale la pena. El problema es que no lo saben, no lo creen, no lo dimensionan. Son (somos), reitero, cobardes.

Y como buenos cobardes que somos buscamos excusa para todo: que si la conquista española, que si la injerencia de los gringos, que si la escasez de los recursos. Nada: somos cobardes porque queremos, porque nos han educado desde hace muchísimos años a hacerlo. Porque nos han condicionado históricamente como lo hizo Pavlov con su perro: nos dicen libertad y lloramos, en automático.

Casi finaliza el mes patrio, el mes en el que toda Centroamérica se llena de banderitas nacionales fabricadas en china, mes en que la gente se siente orgullosa por haber nacido en este pedazo de tierra y no en otro. Traduzcan ese sentimiento inútil en valentía. Mientras tanto, no hay nada que debamos celebrar, nada de qué sentirnos orgullosos.

VoxBox.-