Karla Rauda

Escritora amateur, planificadora compulsiva, dueña de tres gatos, madre a posteriori. Un poco cínica, un poco distraída.

Cantinflas, el gran héroe latinoamericano

¿Héroe? Siempre he pensado que una persona que te hace reír, en medio de todas las cosas malas que nos suceden, debe ser eso, un héroe, por eso… Cantinflas es el gran héroe de esta región.

Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes nació en la miseria y precisamente ese tiempo de escasez fue la base para su éxito cinematográfico. Mario nació en 1911, un año después de la Revolución Mexicana. Fue el sexto hijo de catorce que tuvieron a un humilde cartero y una ama de casa: todas las condiciones estaban dadas para que este majestuoso actor fuera uno más de las estadísticas que nos dicen que somos una región tercermundista y subdesarrollada.

Por supuesto, yo llegué a Cantinflas gracias a mi padre, hombre que ha dedicado gran parte de su vida para que yo conociera las cosas importantes de la vida… él fue quien me mostró las grandes obras de este mexicano, cuando cada sábado por la tarde, a inicios de los noventa, íbamos a un rentavideos allá por el parque infantil. Recuerdo que nos dejaba escoger una película a mi hermana Lorena y a mí… y luego él llevaba 3… una de acción y siempre dos de Cantinflas.

A mí siempre me impresionó su forma de hablar, no porque fuera trabajosa para ser entendida o porque fuera compleja en otras formas, sino porque retrata la cultura latinoamericana de los desposeídos. Sus personajes son el retrato de la gente trabajadora, de la gente que lucha, que sufre, pero que también mantiene y alimenta esperanzas ciegas.

“La primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda es hacer feliz a los demás” – Cantinflas

Cantinflas nació con el signo del latinoamericano que trabaja de lo que sea: portero, limpiazapatos, barrendero, policía, bombero, barbero, fotógrafo, sacerdote, profesor, boxeador amateur y el más humilde de los sirvientes en una hacienda de terrateniente rico. Cantinflas creció con todas sus emociones, que son las nuestras… la alegría permanente, el dolor de la muerte, el desamor, la preocupación por la familia, el compromiso de que otros más indefensos estén mejor, la hermandad con los amigos de beba, el enojo contra la clase política y la dedicación absoluta por una misión: hacernos reír mientras nos hace pensar.

En mi opinión, en México, esto solo lo lograron Cantinflas y Pedro Infante: retrataron al humilde.

En 1993 murió Mario Moreno. Si fue un buen hombre no lo sé, no quiero meterme en ese tema, pero si hay algo que debo agradecerle a ese hombre que nació sin nada y que logró lo inimaginable, como ganar un Globo de Oro en 1956 por su actuación en la producción hollywoodense La vuelta al mundo en 80 días, es haber creado a Cantinflas.

Uno no debería de irse directo a la adultez sin antes haber visto las grandes películas de Cantinflas: Ahí está el detalle, El 7 machos, El gendarme desconocido, El portero, Caballero a la medida, Si yo fuera diputado, El señor doctor, El profe, El patrullero 777, El bombero atómico, El padrecito, ¡A volar, joven!, El supersabio, El mago, El bolero de Raquel, El extra, El analfabeto, y por supuesto, luego de ver todas esas, uno debe ver el magistral trabajo que hizo Óscar Jaenada al interpretar a Cantinflas en la película homónima de 2014.

Hay escenas míticas de este hombre que nadie debería perderse, por eso se las dejo acá:

El siete machos:

El padrecito

El portero

Caballero a la medida

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De enjambres sísmicos, terremotos y emergencias nacionales

Vivo en un país telúrico. El Salvador está asentado en fallas geográficas, se traslapan las placas tectónicas y tiembla un día sí y otro también, como decía Galeano.

Debo decirlo desde ya: odio que tiemble. Me da mucho miedo. Mi primer terremoto fue en 1986, cuando yo tenía 8 años y vi derrumbarse el colegio donde crecí. En esa y otras ocasiones más me ha tocado ver a mi ciudad natal, San Salvador, en semiruinas. San Salvador, el valle de las hamacas.

En este esfuerzo de sobrevivir ante temblores, terremotos y otras emergencias nacionales he ido echando cayo: creo que crecer y hacerte cargo de otras personas más vulnerables lo hace a uno alejarse del miedo paralizante.

Desde el domingo pasado, San Salvador está teniendo un “enjambre sísmico”. Se preguntarán algunos qué es eso. Dichosos los que viven donde no tiembla, les explico: un enjambre sísmico es un conjunto de movimientos de tierra, con epicentro ubicado muy cerca uno del otro, con poca profundidad y en un intervalo de tiempo corto.

Por ejemplo, desde el domingo pasado hemos vivido 345 temblores; de esos, 53 han sido sentidos por la población.

En mi población particular somos 6 humanos y 3 gatos. Ayer estábamos 3 en la cocina conversando, cuando se dejó sentir un temblor fuerte, pero no preocupante. A los pocos minutos vino el temblor más fuerte que se ha dado en este enjambre sísmico. Apenas de 5.1 grados Ritcher, pero como la profundidad es apenas de 3 km y estamos a pocos kilómetros del epicentro, se sintió como un terremoto.

En momentos de zozobra toca arriar hijos y gatos, y cuando nos encontramos en el lugar más seguro de la casa empezar el martirio de querer comunicarme con el resto de la tropa. Mi marido venía camino a casa y mis otros dos hijos estaban trabajando aún. Mi madre andaba de excursión con mi sobrino y mi papá simplemente no sabía dónde andaba. Las líneas telefónicas saturadas, el internet caído y mi miedo.

Cuando las comunicaciones volvieron poco a poco empezaron a aparecer en mi radar amigos y familiares. Todos estaban bien.

¿Qué hacer en estas emergencias? Me confieso que he descuidado esa parte. Cuando era soltera y vivía sola tenía un kit de emergencia y desde que nos mudamos a la casa nueva en diciembre pasado dejamos de lado algo importante: tener una mochila de emergencia. ¿Y qué debería llevar esa mochila? Lo esencial: agua para beber, alcohol gel, gasas, copias de las llaves de la casa, una muda de ropa, latas de comida, y en nuestro caso, una bolsa de comida para los gatos.

Según lo que he entendido, los enjambres sísmicos no tienen que ver con las placas tectónicas, ni con episodios volcánicos, cosa que me alivia, pues vivimos en las faldas del volcán de San Salvador.

Se preguntarán qué es mejor: ¿un solo golpe de terremoto o un enjambre sísmico? La respuesta es… NINGUNO. Cuando nos hemos enfrentado a un terremoto, el país ha quedado en total vulnerabilidad, la muerte nos azota y el dolor es inmenso, pero ahora que nos topamos con este enjambre sísmico simplemente no encontramos calma. Uno no sabe cuándo terminará, no sabe si el próximo será más fuerte, no sabe si estamos totalmente preparados para esta emergencia.

En el temblor más fuerte de estos dos días, en una de las principales vías hacia el occidente del país, hubo un derrumbe en el que murió un joven que iba en su carro junto a otras personas. Este país sigue sin estar preparado para este tipo de emergencias.

No queda más que prepararnos. Dejar las vías de salida despejadas, tener listos los kennel para los gatos y estar atentos, siempre.

¿Por qué Semana Santa cae en fecha distinta cada año?

Cada año es lo mismo: debemos reajustar todo por la celebración de la Semana Santa. No me linchen, solo estoy haciendo una observación, las vacaciones siempre nos caen bien. Pero ¿por qué esta fiesta litúrgica cae cada año en una fecha distinta?

Durante la Semana Santa, los cristianos celebran la resurrección de Cristo, la fiesta más importante del calendario litúrgico. De hecho, durante los tres primeros siglos del cristianismo fue la única fiesta que se celebraba, pues le daba sentido a sus creencias.

Todo comenzó porque la muerte de Cristo tuvo lugar en torno a la fiesta de la Pascua judía (conocida como Pésaj). Los Evangelios hacen referencia justo a esta celebración en el pasaje bíblico de la Última Cena, en la que Jesús se reúne con sus discípulos para celebrar esta fiesta, en la que los judíos conmemoran su salida de Egipto y el fin de la esclavitud.

Según el judaísmo, los hebreos deben renovar cada año esta celebración el día 15 del mes de Nisán, que empieza con la primera luna nueva de primavera: es decir, el primer plenilunio de primavera, con independencia del día de la semana.

¿Por eso siempre hay luna llena en Semana Santa?

Con el paso del tiempo, y pese a la resistencia de algunas regiones del mundo, la Iglesia fue unificando la fecha de la Pascua. Desde el I Concilio Ecuménico de Nicea, en el año 325, la Semana Santa se celebra el primer domingo de luna llena después del equinoccio primaveral (alrededor del 21 de marzo). Al principio se tenía en cuenta que no coincidiera con la celebración de la Pascua judía, pero el tiempo lo sana todo y se fue perdiendo esa costumbre en Occidente.

Así pues, el Domingo de Pascua acontece en un paréntesis de 35 días, entre el 22 de marzo y el 25 de abril, ambos inclusive. Las fechas de Pascua se repiten en idéntica sucesión en un periodo de 5,700,000 años y en ese intervalo de tiempo la fecha más frecuente es el 19 de abril. Si bien la mayoría de las veces, la Semana Santa cae durante la primera o segunda semana de abril, este año nos tocó una Semana Santa tardía, por lo que de seguro ya sentías el peso del cansancio y ansiabas unos días libres.

Ahora ya sabes la razón de este cambio de fecha de la Semana Santa, para que cuando te encuentres a algún otro curioso… puedas responderle.

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Kurt Cobain: la voz de la generación X

Los años noventa estuvieron plagados de algo: inconformidad. Los cambios mundiales estaban afectando de forma directa a quienes conformamos la generación X. Estaban terminando conflictos armados, la guerra fría y el acceso a las nuevas tecnologías empezaba. Nosotros, los adolescentes de ese entonces, teníamos una sola cosa: furia.

Incluso en la música todo el panorama estaba cambiando. El hair metal, el rock psicodélico y el punk ya no respondían a las necesidades de expresión y había un vacío en nuestros pechos que no encontraba sosiego, y la respuesta fue el rock alternativo.

Recuerdo a la perfección que el 8 de abril de 1994, cuando yo apenas cursaba primer año de bachillerato, llegué al salón de clases y, a pesar de mi negativa a entablar conversaciones con mis compañeros, uno se me acercó y me preguntó: “¿Te diste cuenta que Cobain se murió?”. Aquel compañero era Miguel Saavedra, uno de los pocos que, como yo, entendíamos que Nirvana era algo más que Smells like teen spirit. La noticia me impactó.

Kurt Cobain, según las investigaciones, se había dado un tiro en la cabeza el 5 de abril, tenía tres días de estar muerto cuando lo encontraron y el grunge estuvo de luto.

Siempre me pareció que Kurt llevaba un peso enorme sobre sus hombros. Tuvo el coraje de liderar un movimiento musical que se veía incipiente y que estaba condenado al olvido. Logró que esto no se cumpliera. El grunge, según mi humilde opinión, que sea dicho de paso, no es profesional, sino más bien emotiva (desde aquellos años hasta ahora que soy una cuarentona normal) es que el grunge nos salvó a muchos, a todos los raros de las escuelas y colegios, nos salvó a quienes estábamos socialmente inconformes y políticamente molestos, nos salvó a todos los que no sabíamos qué hacer con nuestras vidas, a los que veíamos en el futuro algo que se cumplió… las cosas no han cambiado como quisiéramos.

Cobain nació en un ambiente amable, familiar y religioso, como millones más de deprimidos en el mundo. Como era normal en aquellos tiempos, fue sometido al dopaje de Ritalín para calmar su hiperactividad, y solo a través del arte y los vicios logró lo que logró: expresar la voz de la generación X, esta generación que estaba harta de la hipocresía, la matonería colegial y la incoherencia que veíamos en la mayoría de adultos.

Que me perdone la vida y el mundo, pero estoy clara en que si Kurt no se hubiera dado aquel tiro en la cabeza se estuviera arrepintiendo. En la actualidad tendría 50 años y estaría cargando con la frustración con la que vivimos algunos aún: el mundo no ha cambiado, nunca llegó la reivindicación de los derechos humanos, no terminaron los crímenes contra los inocentes, las leyes no se modificaron para castigar a quienes de verdad son el origen del mal, el mundo sigue siendo sombrío y Kurt tenía razón, no hay esperanzas.

Kurt se cansó bastante rápido de todo y tomó la decisión que tanto miedo nos dio a otros. Terminar con todo. No, no estoy llamando a nadie al suicidio. Solo estoy recordando con mucha nostalgia lo que fue la cereza del pastel en la generación X. Por suerte nos quedó Eddie Vedder y suficiente valentía para seguir viviendo.

Y para los que creían que Nirvana solo tuvo una canción buena, les dejo acá la muestra de dos de sus discos más conocidos: el Nevermind y el In Utero.

Lithium

 

Come as You Are

 

About a Girl

 

All Apologies

 

Smells Like Teen Spirit

¿Es Monseñor Romero un santo?

¿Qué es la santidad? ¿En qué consiste ser santo? No lo sé. Yo soy una mujer limitada en tantas formas, que no puedo responder a esto. Dentro de mis limitaciones puedo asegurar algo… Monseñor Romero me hace pensar en dios y debo aclararlo: soy atea.

Opinión.- De seguro Monseñor Romero era un viejito aburrido y enojón, tan anticuado y tan cura de pueblo. Seguramente fue todo eso. Pero la gente cambia y en algunas ocasiones, como en esta, el cambio es bueno.

Óscar Arnulfo Romero y Galdámez fue la opción más cómoda y segura de la oligarquía que apoyó su elección como Arzobispo de San Salvador en 1977, un tiempo donde la represión de los gobiernos militares ya daban como frutos los primeros movimientos civiles para exigir respeto a los derechos humanos. La iglesia católica, en especial en las zonas más pobres, fue un artífice de la organización de campesinos y obreros que, como ahora sigue, ganaban apenas para ir comiendo frijoles y sal. La oligarquía celebró su elección como cabeza de la iglesia católica. La alegría les duró poco.

Siempre he creído que marzo le pertenece a Monseñor Romero. Fue el 12 de marzo de 1977 cuando la realidad lo golpeó de frente en el rostro. Un grupo paramilitar mató a sangre fría al padre Rutilio Grande, un jesuita que era párroco en el municipio de Aguilares. Junto a él murieron un adolescente de 16 años y un anciano de 72. El anciano fue encontrado muerto, tratando de proteger con su cuerpo al padre Rutilio. Este hecho marcó el gran cambio de Monseñor Romero. Cuentan los testigos que al hacerse presente a la parroquia de Aguilares, Monseñor lloró a su amigo, el jesuita que había sido su compañero en el seminario San José de la Montaña. El padre Rutilio y sus dos acompañantes asesinados eran la representación clara de una realidad que no se podía negar: el pueblo estaba sufriendo, en este país no había espacio para la juventud y no había respeto para los ancianos. Seguimos igual.

Aquella misma noche, Monseñor le dio la primera muestra de cambio al gobierno de turno, pidió que se investigara el crimen y declaró que mientras no se encontrara a los autores materiales e intelectuales él no participaría en ningún acto oficial del gobierno.

La iglesia rompió así su eterna relación con el gobierno. Romero rompió con la oligarquía. Inició así un período de tres años de denuncias. El gobierno no solo mataba sacerdotes, sino que en aquel tiempo los desaparecidos, los presos políticos y los muertos en los basureros abundaron. El gobierno asesinaba a todo aquel que no estuviera de acuerdo con él. La oligarquía estaba manchada de sangre y todo se convirtió en una bomba de tiempo.

Romero tuvo que elegir un bando y eligió el bando de los humildes, de los desposeídos, de los reprimidos, de los empobrecidos. Eligió denunciar y su voz guio a un pueblo que hasta entonces había estado disperso, había estado huérfano, había estado humillado.

Durante tres años Monseñor fue la voz de los sin voz, le dijo al mundo lo que pasaba en mi país, contó las violaciones a los derechos humanos, contó del hambre y la injusticia, contó sobre los asesinatos y las desapariciones, contó que este país era masacrado y nadie hacía nada. Entonces sucedió. Lo asesinaron. Una bala lo calló para siempre, mientras convertía el pan en Cuerpo de Cristo.

El 24 de marzo de 1980 yo tenía dos años y medio. No recuerdo nada de ese día, pero sí recuerdo cuando descubrí a Monseñor Romero. Mi educación en un colegio católico me permitió conocer su historia, su pensamiento y su opción preferencial por los pobres. Me pareció que era la manera más sincera de ser buen cristiano: trabajar por la justicia y la igualdad social. Trabajé muchos años por esa razón. Quise poner en práctica sus homilías, quise pensar que un mundo distinto era posible. La vida se encargó de matar mi idealismo y ahora estoy alejada de la iglesia.

Sin embargo, Romero se quedó conmigo, a pesar de declararme atea desde hace más de diez años. Monseñor Romero se quedó en mi corazón por una simple razón: independientemente de la religión, fue un hombre que vivió para buscar la justicia para el pueblo, para pobres y ricos, para hombres y mujeres, para jóvenes y ancianos. Encendió una luz que a veces da un chispazo dentro de mí y me llama a vivir de manera justa y correcta. A ser coherente como él lo fue.

¿Es Monseñor Romero un santo? Sigo sin saberlo, pero no puedo menos que retomar las palabras de Ignacio Ellacuría, otro jesuita asesinado hacia el final de la guerra civil en mi país: “Con Monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”.

Mujeres del siglo XXI

Nací en 1977, estoy lejos de ser catalogada como hija de este siglo, más bien soy abuela de este siglo. Mi nieta, mi primer nieta tiene 6 meses de vida y pienso en ella, en mis dos hijas adoptivas, en mis alumnas de la universidad y en las mujeres jóvenes que me rodean en la oficina, en este día internacional de la mujer. Este 8 M en el que organizaciones sociales nos convocaron a un paro y no se vio claro en mi país. Para variar.

¿Qué significa ser mujer en este tiempo? ¿qué significó serlo a inicios del siglo XX? ¿cómo vivirá mi nieta el 8 de marzo cuando ella tenga mi edad? Siempre he tenido dudas y ahora más que nunca esas dudas aumentan como una avalancha que nadie puede detener.

Para comprender lo que me sucede en lo particular debo pensar en mi abuela, una indígena de la zona de Panchimalco que se murió a los 36 años, dejando a mi mamá y a mis tíos huérfanos demasiado temprano. Cuando pienso en la mujer que más me ha influido en ser la que soy  es ella… Sebastiana Palacios. Se murió demasiado temprano de una dolencia que yo misma estoy sufriendo ahora, con la diferencia no solo en los avances médicos, sino que además yo he tenido la fortuna de tener una educación superior, un trabajo donde se valoran mis capacidades y que tengo acceso a un sistema de salud que no es malo. Ella no. Ella se murió sin conocer nada de eso. Pienso en mi abuela y en los cientos y cientos de mujeres que se murieron sin poder votar, sin poder decidir qué era lo mejor para ellas y sus hijos, sin haber disfrutado un orgasmo, sin poder tener acceso a la salud. Sin educación. Rodeadas de violencia.

Quisiera asegurar que todo es distinto a cuando mi abuela vivió, no lo es. Lo que cambió ha sido que su hija hizo un magnífico trabajo educándome a mi y a mis hermanas, dándonos una educación y recordándonos constantemente que no necesitamos un hombre para sobrevivir, pero que si lo tenemos, y que de paso no sea un patán, eso ya es una ganancia.

Mi abuela ni siquiera tuvo derecho a una identidad, en la matanza de 1932 mi bisabuelo decidió cambiar el apellido indígena de la familia por uno más castellano, para sobrevivir a aquel tiempo de infamia. Es doloroso pensar que hemos perdido tanto en procesos históricos y ni siquiera lo sabemos.

No es que no aprecie lo hecho por otras mujeres en la historia, tengo grandes heroínas incrustadas en mi mente y en mi corazón, mujeres como Simone de Beauvoir, Ada Lovelace, Mary Shelley, Violeta Parra, las madres de mayo, Prudencia Ayala, Rosa Parks, Frida Kahlo, Tina Modotti, Virginia Wolf, Malala, Claudia Lars, Martina Navaratilova, Silvya Plath, George Sand, Gabriela Mistral, Sor Juana Inés de la Cruz, Janis Joplin, Amelia Earhart, Madonna, Rosa Luxemburgo, Mercedes Sosa, Indira Gandhi, Evita Perón, Juana de Arco, María Magdalena, Lil Milagro Ramírez, Nadia Comaneci y tantas otras que se me quedan en el tintero, pero yo soy mujer no porque sea tierna y delicada, porque sea la flor que adorna mi hogar o la luz que ilumina a mi marido, porque cocine rico o porque tenga instinto materno. Soy mujer porque soy el cúmulo de conocimientos y aprendizajes de estas mujeres y de mi abuela sobre todo, esa mujer a la que nunca conocí, la que nunca me dio un consejo, ella que nunca se manifestó o quemó sus bra en una plaza, ella que nunca hizo nada notorio me heredó el espíritu de lucha por defender a la mujer que soy.

Ser mujer en el siglo XXI es enseñarle a las que vienen detrás de mi que la lucha por nuestros derechos (en todos las áreas de nuestras vidas) sigue y que no hay que abandonarla. Es enseñarle a mi nieta que ella puede ser lo que ella decida para sí misma. Es seguir luchando por construir una sociedad sin violencias de ninguna clase.

Rosa Luxemburgo: la rosa roja de la anarquía

Siempre he creído que toda persona que se precie de llamarse feminista o de izquierdas debe conocer a Rosa Luxemburgo.

Rosa nació el 5 de marzo de 1871 y durante los terribles años antes de las guerras mundiales esta mujer estuvo a la vanguardia de la política, criticando a la izquierda como se debe: con la pasión de mejorar cada vez una vía alternativa de gobierno, para que esta no sea lo que se ha querido combatir. Por eso la mataron.

En general, no importando de qué lado de la política estemos, una mujer que sea capaz de criticar y sostener con fundamentos una opinión propia siempre ha sido y seguirá siendo, por el resto de la historia, una incomodidad y Rosa era así, una mujer acostumbrada a no callar su voz. Estudió en la Universidad de Zurich filosofía, historia, política, economía y matemáticas de forma simultánea y desde muy joven expresó sus opiniones sobre los problemas económicos y sociales en varios artículos en periódicos de toda Europa.

Cuando la Primera Guerra Mundial fue inminente, apeló a que se desobedeciera a la orden de reclutamiento, fue acusada de «incitar a la desobediencia contra la ley y el orden de las autoridades» y por ello también sufrió encarcelamiento en varias ocasiones.

La vida de Rosa transcurrió en una constante lucha para que los nacientes partidos o movimientos de izquierda fueran cada vez más justos y apegados a la ideología. Trató de alguna manera de depurar la maldad dentro de la política y eso molestó mucho. Fue asesinada el 15 de enero de 1919, aquella noche fue sacada de su casa, pensando que iba de nuevo a la cárcel por un tiempo, tomó una valija y varios libros, preparándose para un nuevo período en cautiverio, aquella misma noche fue asesinada de un golpe en la cabeza y luego lanzada a un río, su cadáver fue encontrado tres meses después.

Rosa Luxemburgo no solo creía que toda mujer podía aspirar a los mismos derechos y deberes que los hombres, sino que además creyó y luchó porque todas las personas, no importando su origen, podamos ser sujetos de derecho y socialmente equitativos. Siempre luchó por algo que creyó: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

 

Prudencia Ayala: la hija de la centella

Prudencia Ayala, salvadoreña y feminista de inicios del siglo XX, sufragista y política que luchó por el respeto a los derechos de las mujeres.

Opinión. – Hoy inicia marzo y en este mes vamos a hablar sobre mujeres, sí… como acto de justicia cliché vamos a tomar el tiempo para conocer algunas mujeres que han aportado algo a esta humanidad. Prudencia Ayala nació en Sonsonate, El Salvador, en 1885. Cuenta la historia que su llegada a este mundo se dio luego de que un rayo fulminó a dos campesinos y, de alguna forma, esto afectó a su madre que también estaba cerca en ese momento. Con el tiempo, Prudencia fue conocida por algunos como “la hija de la centella”.

A los diez años su familia se trasladó a Santa Ana, donde tuvo poco acceso a la educación debido a las limitantes económicas de su familia, pero su curiosidad la llevó a ser autodidacta. Con el paso del tiempo, Prudencia va a darse a conocer como una mujer que podía predecir el futuro. Ella decía que escuchaba voces misteriosas que le anunciaban lo que sucedería, y por eso se le conoció como “La Sibila Santaneca”. Esta fama era grande, pues se dice que predijo con mucha exactitud hechos de la Primera Guerra Mundial, en un tiempo en que era muy difícil acceder a información de ese tipo.

Años más tarde, se toma un tiempo para replantearse la condición de las mujeres en la sociedad salvadoreña. Inicia una época de publicaciones asociadas a este tema, así como a la producción de poemas en periódicos de Guatemala y El Salvador. En 1919 es encarcelada en Atiquizaya y posteriormente en Guatemala. Se le acusa de participar en la planificación de un golpe de Estado contra Estrada Cabrera.

A inicios de la década de los veinte, se tiene la idea de su participación en la manifestación del 25 de diciembre de 1922; sin embargo, esto nunca se confirmó y en los años siguientes funda el periódico Redención Femenina, donde exponía sus argumentos en pro de los derechos civiles de las mujeres. En este espacio lanzó su plataforma como candidata presidencial, en la que entre otros temas apoyaba los derechos de la mujer, a los sindicatos, la honradez en la administración pública, la limitación de la distribución y consumo del aguardiente, el respeto por la libertad de culto y el reconocimiento de los llamados hijos ilegítimos.

Luego de un encendido debate público, la Corte Suprema de Justicia determinó no concederle a Prudencia el poder ser candidata presidencial. Hasta la fecha, ninguna mujer ha portado la banda presidencial en el país.

Prudencia luchó por lo que creía justo, porque las mujeres fueran autónomas e independientes de sus padres, hermanos y maridos. Creyó profundamente necesario el derecho al voto para las mujeres y la equidad entre los hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio. Muchos fueron sus enemigos políticos, pero nunca desistió de sus luchas.

El 11 de julio de 1936, en San Salvador, esta defensora de los derechos de la mujer muere a la edad de 52 años y es sepultada en el Cementerio General, ahora conocido como Los Ilustres.

Desde este día, la comuna de San Salvador bautizó una calle con el nombre de Prudencia Ayala, para conmemorar sus luchas por las mujeres.

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El día en que murió el Sr. Spock

Haber nacido en los setenta me deparó una gran fortuna: haber visto en la televisión las primeras temporadas de Star Trek y haber conocido al Sr. Spock.

Leonard Nimoy nació en 1931, pero Spock… él nació en 1966 y con él, toda una generación de geeks que aún no sabía que lo eran.

Nimoy nació en Estados Unidos, pero con ascendencia ucraniana y con el judaísmo ortodoxo sobre su educación primaria, durante muchos años trató de entrar con éxito a la vida de la actuación y aunque filmó diversidad de ocasiones fuera de la serie que lo llevó a la fama, Leonard tenía miedo de quedar encasillado, por un tiempo, mientras estaba en producción del programa, además estudió dirección, fotografía y canto.

En los años ’80 para aceptar seguir protagonizando a Spock presionó para dirigir la tercera película de la saga, los estudios cedieron y la pusieron en sus manos, el éxito fue tan grande que de inmediato le ofrecieron dirigir también la cuarta película. Nimoy se hizo cargo del proyecto “Star Trek” llegando a escribir los guiones de las películas, producirlas, dirigirlas y protagonizarlas. Artísticamente podía elegir lo que quería, escribió el libro “No soy Spock”.

Dirigió la película “Tres hombres y un bebé” y prestó su voz a decenas de personajes animados, como en Los Simpsons y Futurama. Cuando el director de Lost, J.J.Abrahams se hizo cargo de la saga “Star Trek”, lo convocó para que colaborara en el diseño de arte y que tuviera aunque sea un pequeño rol, esto se concretó en las películas de 2009 y 2013.

Nimoy estaba enfermo de los pulmones desde hacía un tiempo y la muerte le llegó un día como hoy, el 27 de Febrero de 2015 y el Sr. Spock dejó de saludarnos con su saludo vulcaniano, que en realidad era un homenaje a su origen judío.

Recuerdo ese día hace dos años, a mi la ciencia ficción no me gusta tanto, prefiero otros géneros para ver series y películas, pero no puedo negar que ante la noticia sentí un vacío raro, como cada vez que la cultura y la generación a la que pertenezco tambalea porque un ícono de ha ido, se ha llevado una parte de la infancia o de la adolescencia. O simplemente porque uno cae en la cuenta de la fragilidad de la vida cuando alguien inmortal se va.

Hace unas semanas vi un maravilloso documental sobre la vida de este hombre, Leonard Nimoy, se titula: “For the love of Spock”, lo dirige su hijo y está lleno de esas confidencias familiares pero que se vuelven universales en cada rincón, porque al fin y al cabo, el amor es lo más universal, es lo que nos une y nos unifica en algo sencillo: somos seres humanos finitos. Les dejo el trailer y lo pueden buscar en Netflix.

Gustavito: el retrato de una sociedad enferma

Siempre me he preguntado cuál fue el detonante para que la sociedad salvadoreña enfermara al punto de no respetar ningún tipo de vida.

Anoche, mientras todo el mundo estaba frente a los televisores o estaban pendientes de los tuits que anunciaban a los ganadores de los Oscar, Gustavito, el hipopótamo del zoológico nacional de El Salvador, agonizaba.

La noticia oficial de su muerte llegó con el amanecer de este lunes 27 de febrero, la Secretaría de Cultura, entidad gubernamental que está a cargo de la administración del zoológico nacional lo confirmó.

Inevitablemente recordé cuando mi papá me llevaba al zoológico en los años ochentas, era uno de los paseos favoritos entre nosotros dos, mientras mi madre hacía turnos los fines de semana en el hospital Rosales. Recuerdo que para en aquel entonces Gustavito aún no había llegado a esta región podrida de violencia, en su lugar estaba Alfredito, el anterior hipopótamo que murió de complicaciones gastrointestinales. También estaba la mítica Manyula, la elefanta que pasó encerrada en aquel lugar durante décadas. La vida sigue y dejamos de ir al zoológico con mi papá y mi hermana Lorena. Regresé hasta hace cinco años porque se me ocurrió que a Sebastián, mi sobrino que para ese entonces tenía cinco años de edad, le gustaría conocer y ver a los animales que están ahí en perpetuo encierro.

¿Cómo le explicas a un niño de cinco años que los animales que tienen ahí no pueden ser libres y estar con “su mamá”? Esa pregunta y ver el estado deplorable del zoológico me dejaron destanteada y un poco depre. No regresamos nunca.

El sábado me enteré: la madrugada del jueves un grupo de “seres humanos” habían entrado al zoológico, entraron al recinto de Gustavito y lo agredieron. Lo dejaron mal herido y sus cuidadores se dieron cuenta hasta en la tarde de ese día cuando vieron “un comportamiento extraño” en el animal.

El Salvador es una sociedad enferma, así de simple. En nuestra vida diaria se ha enquistado un cáncer que nos está matando a todos y  de a poco, incluyendo a todo ser viviente que comparte este territorio que se ha ido convirtiendo en una enorme fosa común. Dirán algunos que exagero, que no deberíamos de lamentar TANTO esta muerte, pero esto va  más allá, va hasta el hecho de que este país está acostumbrado a la violencia en general: a los niños, a las mujeres, a los ancianos, a los animales domésticos… y últimamente hasta a los animales silvestres: justo hace dos semanas se dio el caso de un búho que fue atacado a pedradas y le destrozaron el pico o el caso de unos lagartos que fueron heridos en el cuello  y patas.

Gustavito tenía 15 años de edad, vino cuando a penas era un bebé, lo trajeron del Autosafari Chapín, de Guatemala, poco tiempo pasó Gustavito en compañía de su manada, en un lugar donde tenía más espacio y el contacto con otros de su especie. Vino y fue encerrado en lo que se convertiría con el tiempo en la escena del crimen.

Y en este caso, como en el 98% de los casos, el culpable no solo es el que agredió con un picahielo, varillas de hierro y piedras a un animal, también somos culpables todos, desde el estado que no genera condiciones adecuadas para una institución que ya es obsoleta e inhumana, somos culpables los que, al no estar de acuerdo con como se manejan las cosas en el estado, no decimos nada, no hacemos nada. Es culpable la indiferencia y el anonimato en redes sociales que se dedica a matar esfuerzos concretos para que las cosas cambien.

Me siento profundamente avergonzada. Avergonzada de haber llevado a mi sobrino hace cinco años a conocer parte de la crueldad humana al encerrar animales para un espectáculo, avergonzada de tener recuerdos tiernos en este lugar, avergonzada en muchos sentidos, de ser parte de esta sociedad que no está haciendo absolutamente nada por procurar salud mental entre sus habitantes, tanto así que se ha llegado a este punto, agresores de animales indefensos.

Las causas de tanta violencia aún no la entiendo, puedo leer estudios y argumentaciones científicas y horrorizarme ante la idea de que el próximo agredido por estos salvajes no serán animales, sino personas. Que esta violencia es de estado, que no importando de qué lado venga, durante décadas, siempre nos ha dejado a “la buena de Dios”, no me queda más que escribir esta indignación y sumarme al pedido de que se realicen gestiones para trasladar a los animales a santuarios, donde se garantice su seguridad y dignidad… y que de paso, también se nos garantice a los humanos los mismos derechos.

Recordamos también las muertes de otros animales del zoológico, ya sea por mal cuido o porque los visitantes los alimentaron: Yulú Cova (Leoncito de 5 días de nacido, por haber comido alimento sólido antes de tiempo), Alfredito (hipopótamo que murió por problemas gastrointestinales), Melosa (Osa que murió por mala práxis luego de una inyección), Jambo (Tigre que murió por diarrea y deshidratación luego de 3 semanas de sufrimiento), Marty (Cebra que murió por paro cardiorespiratorio) y tantos otros animales maltratados o robados de sus jaulas y que hasta el sol de hoy no sabemos si están vivos.