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Salvadoreñas cuentan su primera vez en un bar gay

Salvadoreñas cuentan su primera vez en un bar gay

Primera vez Bar gay El Salvador. VoxBox.

Diversidad.- En el post anterior les compartí lo que hombres salvadoreños recuerdan de su primera vez en un bar gay. Ahora les toca a las mujeres. La inmensa mayoría tiene un recuerdo positivo. Algunas compartieron su sensación de libertad. Ya en el post anterior, algunos mencionaban lo bien que se sentían siendo ellos mismos. Aquí hay más libertad en la ropa que pueden usar o en tomar y coquetear más libremente, en poder bajar la guardia un rato y no tener esa alarma constantemente sonando en su cabeza.

Aunque en una ocasión anterior, alguna se quejó de tener que pasar cerca de los strippers acosadores cerca de Scape. Pero esa historia no está aquí. Como en la ocasión anterior, he condensado algunos de los relatos, pero mantuve el lenguaje y su esencia. Les agradezco a todas las que compartieron y espero que alguien más se anime a compartir su historia después de leer esto.

En el paraíso

No recuerdo qué música sonaba la primera y única vez que entré a una disco gay. Lo que más recuerdo y jamás olvidaré era la cantidad de hombres bien vestidos, bien cuidados y que olían muy rico. Todos en un solo lugar. Creo que es el lugar ideal de una mujer hetero ¡Y el hombre de la barra era guapísimo y con un minishort! Me preguntó qué quería tomar y me dio vergüenza hablarle.

Siempre he querido volver. Le he contado a hombres y mujeres hetero. Algunos me ven raro y dicen que no me acompañarían (sobre todo hombres). Creo que yo lo vi con otros ojos. Para mí, eran hombres muy distintos al hombre común que bailaban conmigo de manera respetuosa (como no lo haría un hombre hetero) y sentía que era yo quien tenía el control. Eran hombres sin esquemas, libres, pero respetuosos. Creo que si viviéramos en una sociedad más libre para las mujeres hetero, ese sería un lugar paradisíaco.

V, 30 años.

Las dos primeras veces

Mi primera vez fue en el extinto Buda Mantra. Lo primero que me sorprendió fue el precio de la entrada (USD 10) y aun así, entramos. Para mi sorpresa, ahí estaban algunos amigos gays. A esa edad todo me sorprendía, incluyendo las obviedades.

Me sentí libre, real. Bailé y canté como el animal salvaje que soy. Me miraba al espejo y caminaba como en pasarela para ir al baño. Quizás era la primera vez que iba a una discoteca-bar en el que no sentía acoso de ningún tipo.

Pero mi primera “primera vez” fue en el aún más extinto Oráculos. No recuerdo mucho, solo que fuimos con mi papá para dejar a un vecino, “Ámbar”, que iba porque tenía el sueño de convertirse en reina en un drag show. No recuerdo mucho. Solo tengo la sensación de las luces, las lentejuelas, las plataformas y los nervios de Ámbar.

A, 28 Años.

Conflictuada hasta la aureola

Mi primera vez fue a los 23 años en Scape, por el 2016. Había un especial de Paulina Rubio. Fue un gran shock cultural para mí que crecí en una familia católica hasta la aureola. Lo que más me impresionó, sin duda, fue lo de las drogas, notar a la gente drogándose en los baños… y el libertinaje de poder ponerte a bailar y topar enfrente de todos sin que nadie te diga nada.

Pero más que el shock recuerdo cuando se subieron las misses gay a bailar el Ay papacito de Alicia Villareal con sombrero y camisas a cuadros. Me encantó.

A, 25 años.

Viendo a la de pastoral

Fue en Amazonas. Creo que tenía 18 y fui con este amigo. Me pidió que fuéramos y yo obviamente me moría por ir. Creo que me zafé de mi casa.

Cuando entramos, él iba desatado, saludando a medio mundo de beso. Era como otra persona. Estábamos buscando dónde sentarnos y, al llegar al fondo del lugar, nos encontramos con esta chera que era super guapa y era asistente en la pastoral del colegio. Andaba ahí con su novia. Me asusté solo porque me vio.

Recuerdo haber visto a una chera emo sentada, sola. Se me quedó viendo. Y me asusté aún más.

Al rato nos fuimos.

I, 26 años.

Las manos hacia arriba

No me acuerdo muy bien qué canciones sonaban, solo que fue muy divertido ahí en Mantra. Era el cumpleaños de mi amigo, allá por el 2007. Nunca le solté la mano.

Al entrar, vimos a una bicha con hula hula jalando a las mujeres. Luego, la celebridad de Ligia Roca bailando en la misma tarima en la que nosotras estábamos. Empecé a joder a una amiga. Mientras bailábamos, le apretaba la nalga y luego me hacía la loca…hasta que se fue a sentar. Cuando llegué, me dijo “una lesbiana me estuvo apretando la nalga. Ya me quiero ir”.

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Y tuve que consolarla diciéndole que había sido yo.

K, 38 años.

Después de las confesiones

La primera vez que fui a un bar gay fue a las «Carlas» o «Karlas» (algo así se llamaba), en la Juan Pablo II. Fue en el primer año de la universidad, creo. Ese día, después de haber estado tomando, dos de nuestros amigos confesaron que eran gays. Uno de ellos nos dijo que la cita a la que pretendía ir después era, en realidad, con un niño. Les mostramos nuestro apoyo y les hicimos muchas preguntas, hasta que uno habló de los bares gays de la zona. Nos dio curiosidad. Ellos propusieron que fuéramos y accedimos.

Antes, con mi otra amiga dijimos que, para no ser acosadas, entraríamos agarradas de las manos y así lo hicimos. Recordando la sensación, pienso que fue como entrar en una dimensión desconocida donde las personas podían ser libres y expresarse tal cual eran. A medida que entrábamos más, veíamos parejas homosexuales de hombres y mujeres, unos besándose, otros acariciándose. Me acuerdo que unas mujeres nos miraron todas coquetonas (las mujeres que vi eran feas y gordas) y, luego que la iluminación se ponía más oscura y aparecían rostros de hombres conocidos.

Ahí estaba un bicho del Liceo Salvadoreño, que iba a la iglesia donde yo solía ir. Era de los populares en aquella época, por su carro, por vestirse bien y por su novia modelo que iba a uno de esos colegios de niñas fresas. Me reconoció y me saludó, cuando jamás lo había hecho antes. Estaba de cariñoso con un niño que resultó ser vecino mío.

Más adentro encontré a quien solía ser el dirigente del grupo de esa misma iglesia, vestido con chaqueta de cuero negra y tomando una cerveza. Estaba bebiendo solo. Había una luz roja de fondo. Verlo me impactó muchísimo. Lo vi tan distinto a como lo había conocido. Antes era de los líderes más importantes del grupo de jóvenes y era el más severo en sus sermones y en su dizque «testimonio». Y lo vi ahí, como ser humano, bebiendo y avergonzado. Creo que al final me dio un “hola” tímido y se fue.

Recordé que también había sido “mejor amigo” de un ex novio mío, que le regaló unos zapatos y que a veces llegaba a traerlo a mi casa en su carro para llevarlo a la suya.

Puedo decir que fue revelador.

D, 36 años.

VoxBox.-

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