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Productores musicales, esa extraña criatura: Phil Manzanera

Productores musicales, esa extraña criatura: Phil Manzanera

Phil Manzanera. VoxBox.

Habitualmente, cuando escuchamos música pensamos en el cantante, sea hombre o mujer, bueno o malo: siempre es el rostro en el disco. Es la voz, es el sonido. Pero antes de que ese artista llegue a la radio, a la tienda o al escenario, primero pasó por un proceso, un trabajo. Acompañado por una persona que en general no es muy conocido: el productor musical.

Productores musicales los ha habido de toda forma: magníficos seres que descubren, pulen e impulsan artistas; también están aquellos nefastos que encasillaron a sus artistas, no permitiéndoles que experimentaran, que crearan, e incluso que se equivocaran. Para mí, el productor es una especie de profesor, te da los lineamientos y te deja crear.

Posiblemente haya sido falta de curiosidad, sumado a una eterna maña de hacerme la ocupada, lo que no había dejado que me adentrara a buscar, conocer y discernir sobre los productores, esos reyes midas que pueden traernos novedades con cada artística o álbum que lanzan.

El primer productor del que tuve conocimiento fue Phil Manzanera, a quien le dedico esta primera entrega de la serie “Productores musicales, esa extraña criatura”. Todo gracias al concierto del reencuentro de Héroes del Silencio, en 2007, en Guatemala. Phil acompañaba a la banda y toca en una canción la guitarra. Me pareció extraordinario y virtuoso. La canción era Tumbas de sal, un gran clásico entre los que crecimos siendo fans de los españoles. En el concierto, Enrique Bunbury lo presentó al público y a mí me quedó grabado el nombre. 12 años después me di a la tarea de averiguar quién era ese guitarrista.

Aquí está su historia

Philip Geoffrey Targett-Adams nació en Londres en 1951, artísticamente se dio a conocer como Phil Manzanera. Tocó con las bandas Quiet Sun y Roxy Music.

Hijo de un inglés y una colombiana, fue educado en el Dulwich College, donde comenzó su carrera musical dentro del rock and roll, pero como la sangre latina lleva fuego, pronto incorporó a su forma de tocar la guitarra esas raíces latinas.

La vida lo llevó a los estudios de grabación, pero ahora como productor y no como músico. La primera vez que ejerció como productor, fue para una banda neozelandesa con un estilo que mezcla rock, vodevil, swing, pop y punk, con gran éxito en Nueva Zelanda, Canadá y Australia. En 1976, la banda andaba de gira y Phil Manzanera los vio y quedó impresionado. Les ofreció producir su siguiente álbum en Londres. Second Troughs se publicó en julio de ese año en Australia y, dos meses más tarde, en Inglaterra. El primer sencillo fue Late Last Night. La extraña apariencia y actuación de la banda desconcertó a periodistas y público británico, lo que ya nos decía un poco sobre la visión de Phil.

En 1990 produjo un disco para un grupo malagueño llamado Los Mosquitos, y a continuación, en el mismo año, produjo el disco Senderos de Traición, segundo álbum de los Héroes del Silencio. En mi opinión, el mejor disco de la banda. Fue justamente ese álbum el que le dio renombre dentro de la industria española y latina. Después, en 1993, produjo también El Espíritu del Vino, en el que además colaboró tocando la guitarra rítmica.

Trabajó con la agrupación Gabinete Caligari en 1991, con quienes publicó el disco Cien mil vueltas.

En 1994 fue productor musical del disco Océano del sol de Antonio Vega, uno de los grandes artistas españoles de esa década. Ese mismo año, produjo el disco Severino, para Os Paralamas do Sucesso y suya también la producción de Circo Beat, del amadísimo Fito Páez.

Ajá, para ese entonces, Phil ya tenía varios éxitos en la lista de discos producidos por él, con artistas de renombre y muy exitosos.

En 1996 fue el turno de trabajar con la banda colombiana Aterciopelados, con la que produjo el disco La pipa de la paz, una apoteósica obra de arte latinoamericana. Ese mismo año trabajó con Robi Draco Rosa en el disco Vagabundo.

Aquello era mucho trabajo y mucho éxito, pero algo que ha caracterizado a Phil es el apoyo al talento que cree que merece más oportunidades, por eso, cuando Enrique Bunbury, en 1997 decide lanzarse como solista, le produce el Radical Sonora, un creativo disco lleno de sonidos innovadores y que sacó a Bunbury de la casilla de frontman de los Héroes, lo alejó del rock y lo introdujo a una mezcla de música electrónica con sonidos árabes y folclóricos.

En 2000 le llegó el turno a Mónica Naranjo para trabajar con Phil, ya que este le produjo un disco maduro y lleno de evolución, Minage. Para entonces, uno piensa “este tipo no duerme”. Entonces vino una pausa.

Fue hasta en 2006, cuando regresó al trabajo, y lo hizo a lo grande: con David Gilmour, sí, el vocalista, guitarrista y compositor de Pink Floyd, con el disco On an island.

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En 2007, se fue de gira con los Héroes del Silencio y en uno de esos conciertos, en medio de la marea de gente estaba yo, saltando, gritando y llorando de la emoción, cantando Tumbas de Sal, cuando lo conocí. No sé si a ustedes les pasa, pero a mí sí, la música es lo que me lleva y me trae de lo concreto a lo abstracto, del ahora hacia el pasado y viceversa.

Está claro que a Phil le gusta trabajar con Enrique Bunbury, así que en 2008, cuando el Héroes del Silencio Tour 2007 terminó, se fueron juntos a los estudios de grabación y nació el disco Hellville De Luxe.

Phil no se quedó ahí, en 2010 se echó la producción del disco homónimo de la banda The Hall Effect, y en 2014 tuvo la oportunidad de trabajar con Pink Floyd en el disco The Endless River.

Cuando uno piensa en un artista solo piensa en esa persona que está en el escenario o que aparece (a veces) en la portada de un disco, pero poco hacemos la reflexión sobre el trabajo y el equipo humano que implica la producción musical.

Phil me enseñó que esa persona, la que produce, debe respetar la esencia del artista y este, debe confiar en la intuición del productor, para que el producto final, el disco, sea un ente con personalidad y carácter.

Sin más, les dejo la playlist de canciones producidas por don Phil.

Nótese el patrón: la afición de Phil por cierto sonido peculiar de las guitarras.

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