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Acuerdos de Paz: ¿Matando La Tusa? (Intento de explicación para millenials y centennials)

Acuerdos de Paz: ¿Matando La Tusa? (Intento de explicación para millenials y centennials)

La Tusa.

Artículo escrito por Nayda Acevedo Medrano y publicado originalmente en su blog: Tiempo de propuesta.

Ya no tiene excusa
Hoy salió con su amiga
Dizque pa’ matar La Tusa

Tenía mucho tiempo de no pasar a este sitio, pero hoy es uno de esos días que “si le ponen La Canción, le da una depresión tonta y llorando lo comienza a llamar…”, porque, pues sí, hay temas que definitivamente nos dejan en visto y quizás es tiempo de empezar a hablarlos. Así que, porfa, “no me dejes en el buzón”.

La cosa es que en este tiempo encontramos una serie de generaciones con determinadas características: los que participaron en la guerra (que quizás tienen ya más de 60 años, o andan pateando por ahí, y a estas alturas hasta aburren porque no entendemos qué pasó con ellos y ellas), sus hijos e hijas (que pueden ser tu papá o mamá) y puede ser incluso que hasta vos seás papá o mamá. Y es que de pronto se nos juntaron un montón de generaciones que, siendo de la misma familia, platicamos poco sobre lo que nos pasó no hace mucho en el tiempo en El Salvador… y así vamos, matando La Tusa.

Resulta que tu papá, mamá, tus abuelitos o incluso quienes tienen bisabuelos, vivieron una época mucho más difícil todavía. Eso no significa que ahora es fácil; de hecho, eso de estar contando muertes a diario no es buen signo y a veces lo vemos hasta normal, pero hubo un tiempo en el que era un poquito más difícil aún: mataban a poblaciones enteras. No podías estar en la calle después de cierta hora (ni se te ocurra pensar que podrías estar en Mori’s Rooftop bailando La Tusa, o en el mero centro disfrutando de su versión mejorada). Durante ese tiempo habían dos bandos (sí, los mismos de siempre) que tenían una razón en ese momento por la cual estar así, peleándose: mientras unos querían mantener todos el dinero, las tierras y usar a la gente para hacerse más ricos, otros pensaban que era necesario que todas y todos tuviéramos con qué comer, dónde estudiar, un lugar para salir a pasear, entre otros derechos que deberían ser normales en cualquier sociedad, como tener trabajo, seguridad, incluso, aunque te parezca chistoso, salir a anular tu voto y poderlo decir así, era bien complicado, porque, pues sí, lo más probable es que te mataban por estar diciendo cosas fuera de lugar.

Ese tiempo duró más o menos 12 años. Aunque tus abuelitos pueden contarte seguramente que empezó antes de 1980, antes de que nacieras, ya era bien difícil poder salir o sentirte con tranquilidad, menos que se te ocurriera opinar, escribir o ni por cerquita algo que se pareciera al Facebook o al tuiter. La cosa es que, en serio, ese tiempo era de mucho miedo, muchos disparos, muchos aviones que no necesariamente hacían shows aéreos, sino que tiraban hasta bombas de esas que vemos en las películas. Era un tiempo bien triste y seguramente a veces ves a tus abuelos o abuelas, e incluso a tus papás, con ciertos enojos y tristezas, grandes frustraciones, cuando empiezan a recordar algo que quizás no te han podido contar bien, porque es bien difícil recordar, porque no hemos podido sanarnos o curarnos después de todo eso que pasó.

Pues en ese tiempo se encontró una pequeña oportunidad para dejar de matarnos y escondernos todo el rato: los mismos de siempre acordaron en ese momento (que no eran para nada los mismos y menos los de siempre, antes de ellos eran otros) firmar unos documentos que se llamaron “Acuerdos de Paz”. Esos acuerdos se firmaron un 16 de enero de 1992, quizás muchos de los que están leyendo nacieron después de eso.

La cosa es que esos Acuerdos sirvieron para que estos dos bandos dejaran de dispararse, en medio de toda una sociedad muy entristecida. Estos acuerdos dejaron importantes avances para aquel tiempo, por ejemplo: la PNC (antes no existía. Existían otras policías que tenían como objetivo matar a todos los que no pensaran igual, aunque una parte sigue pensando que eran necesarios, porque ponían orden). Otro de esos acuerdos fue la creación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos. Sí, esa que a veces cuesta que proponga cosas que entendamos y que podamos utilizar a diario, pero que con un poquitito de plática sobre derechos humanos podríamos entender por qué fue importante que la crearan. Otro tema de los Acuerdos fue el de la incorporación del FMLN como partido político, porque antes de eso no podía ni siquiera participar en elecciones  en las que, además, siempre había fraude. Y hablando de fraude, era necesario crear una institución electoral, porque pues sí, se llevaban las urnas o se iba la luz, esas cosas que de todas maneras siempre se espera todavía, aunque ya no pase (o por lo menos no tanto).

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Y pues ya se nos pasaron 28 años desde que pasó eso. ¿Que qué pasó en estos 28 años? Híjole: privatizaron un montón de cosas como la telefonía y la banca (antes funcionaba diferente, no mal, solo diferente).  El FMLN se hizo partido y pues parte de esa historia es la que seguramente sabés mejor: se convirtieron de pronto en los mismos de siempre, porque vos nunca los viste cuando eran diferentes.

La cosa es que aunque no te gusten los mismos de siempre, hoy podemos hacer varias cosas que antes no se podían hacer, y aunque falta un montón todavía, porque de plano hay un montón de problemas, es importante saber que los Acuerdos de Paz no solo pertenecen a dos grupos o a dos partidos políticos, nos pertenecen a todos, son tuyos también y míos, de tus papás, de la abuela y el abuelo. 

Así que por eso es bueno que sepamos de qué se trataron y por qué cada 16 de enero es necesario acordarnos. Tal vez incluso sea un recordatorio de cómo hacer mejor las cosas. Pero eso, ya nos toca a nosotros y nosotras.

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