Now Reading
Recorrer La Casa Tomada a través de sus metáforas

Recorrer La Casa Tomada a través de sus metáforas

Mural de La Casa Tomada.

En el cuento de Julio Cortázar, Casa Tomada, uno de los personajes principales es la casa misma, la que habitan Irene y su hermano el narrador. Se trata de una casa grande, espaciosa, donde, en palabras del narrador, “podían vivir ocho personas sin estorbarse”. Para quien no haya leído el cuento, me permito un pequeño spoiler: la casa, grande y apacible, poco a poco es invadida por unos espíritus que los lectores no podemos sino imaginar. Los espíritus, o demonios, o espectros, se nos manifiestan en forma de sonidos extraños que anuncian que la casa, paulatinamente, se está volviendo inhabitable.


Aquí pueden escuchar Opiniones Cuestionables, el podcast de VoxBox, donde Eduardo J. Umaña y Ricardo Corea conversaron sobre La Casa Tomada.

En este cuento, publicado por Jorge Luis Borges en 1946 en la revista Anales de Buenos Aires, nació la primera metáfora, la más ampliamente difundida y documentada de La Casa Tomada (la que, mientras escribo esto, sigue ubicada en la calle La Reforma, #179, Colonia San Benito, San Salvador, pero que para cuando este texto esté publicado, se habrá mudado): este espacio sería pronto ocupado por “indefinidos y anónimos ocupantes, cuya fuerza persuasiva radica en su presencia sutil como colectivo”, de acuerdo al libro Crónicas de una casa tomada.

En la revista Anales de Buenos Aires, nació la primera metáfora, la más ampliamente difundida y documentada de La Casa Tomada (la que, mientras escribo esto, sigue ubicada en la calle La Reforma, #179, Colonia San Benito, San Salvador, pero que para cuando este texto esté publicado, se habrá mudado): este espacio sería pronto ocupado por “indefinidos y anónimos ocupantes, cuya fuerza persuasiva radica en su presencia sutil como colectivo”, de acuerdo al libro Crónicas de una casa tomada.

Dicho eso, maticemos: La Casa Tomada cierra un ciclo, el más importante de todos cuantos ha cerrado hasta hoy. Pero no ha sido el primero, y seguro no será el último. La Casa que hoy se muda no es exactamente la misma que se fundó hace ocho años. Entre una y otra no solo median noventa y seis meses, tres gobiernos salvadoreños y algunas crisis nacionales y mundiales, sino sobre todo colectivos, artistas, gestores y públicos. La única constante entre aquella del 2012 y esta que se muda es el espíritu de creación artísticas y cultural desde un enfoque colaborativo, en pro de la paz social.

Mural donde se cuenta la historia de La Casa Tomada hasta 2017.

Aristóteles, el primero en enunciar el concepto, decía que la metáfora “es la transferencia de un nombre de una cosa a otra”. Partiendo de esto, La Casa Tomada es, al igual que la de Cortázar, un personaje. Pero hay más. Hoy pretendo contar la historia de este espacio a través de sus múltiples metáforas.

Un ser vivo

Persona y no personaje, ser vivo. Y como tal, entiéndase también como ser social, La Casa es un factótum. En sus ocho años de vida ha fungido como sala de cine, de teatro, de conciertos, estudio de tatuaje, de grabación, comedor, cafetería, lugar de venta, revelado de fotografía análoga, centro de talleres y capacitaciones, radio, salón de ensayo, vendedor de libros… Y un larguísimo etcétera.

Este enfoque multitasking se acentuó todavía más cuando en 2013 el proyecto ganó una especie de concurso lanzado por la Unión Europea, que buscaba invertir en las personas para ayudar a la cultura a constituirse como un “vector de democracia y crecimiento económico”. Luego de concretar un equipo y de meses de trabajo, La Casa ganó en diciembre de ese mismo 2013 y para febrero de 2014 arrancó un nuevo ciclo de vida llamado “Cultura entre Todxs para Construir Nuevos Mundos”, con una inyección presupuestaria de 856,756 EUR.

«Verdad. Justicia. Reparación.» Uno de los murales que adornaban La Casa.

El gran progenitor de La Casa Tomada es el Centro Cultural de España, fundado en 1998, de acuerdo con María Luz Nóchez, “la institución se ha convertido en un punto de encuentro para artistas de la región iberoamericana, principalmente para los centroamericanos”. Es decir: de tal palo, tal astilla. En 2012, con Fernando Fajardo al frente del Centro Cultural, nació La Casa Tomada.

Y como cualquier otra persona nacida en estas tierras, La Casa tuvo su propio bautizo, pero no al estilo católico romano, sino con un grupo de integrantes de la comunidad nahua pipil de Izalco: “un comal con cuatro leños de ocote que dan vida al fuego, dios Tohil, dos jarrones llenos de rosas rojas, que representan la belleza de las mujeres, un pañuelo con una rosa bordada en el centro y cuatro velas que representan a los dioses de los cuatro puntos cardinales: viento (norte) agua (sur), luna (este) y sol (oeste)”.

El ágora

Sacada de la manga, esta metáfora no suena nada descabellada cuando se piensa con detenimiento. En las antiguas ciudades griegas, el ágora era originalmente la plaza pública. Pero este concepto pronto mutó.

En el mundo homérico y en Tesalia, la palabra ágora designa unas veces la asamblea, otras el lugar en que se reunía esta. Era, bien una explanada junto al palacio del rey, bien una plaza en la ciudad baja. Durante la época arcaica, la vida política emigró poco a poco de la ciudad alta hacia la ciudad baja, de la acrópolis hacia el ágora, que se convirtió en el verdadero centro de la comunidad cívica.

Extraído de Psicoterapia relacional.

Aunque La Casa Tomada no se adentró en el inhóspito mundo de la política partidaria salvadoreña, sería un error monstruoso decir que se trata de un proyecto apolítico. Construir democracia a través de la cultura es, por simple deducción, una actitud profundamente política. Y pocos espacios en San Salvador se pueden jactar de ser un “verdadero centro de comunidad cívica”, ya que desde las más diversas manifestaciones artísticas y culturales, en La Casa Tomada se desarrolla un civismo que el trasnochado que se enseña (¿ensaña?) en las escuelas y colegios privados.

Rasta Fortis tocando en la noche en la que La Casa Tomada se despidió de su local en calle La Reforma.

El Oasis

Una de las primeras cosas que nos dice Nahiely Mendoza, una abogada y notaria salvadoreña que comenzó trabajando en un proyecto de La Casa Tomada en Las Palmas, pero que en el camino decidió quedarse y hoy es Integrante de la Asamblea de la Casa Tomada y de la Comisión de Acción Cultural, es que La Casa es un oasis, un lugar de descanso para toda la toxicidad típica de la sociedad salvadoreña, donde la gente puede verse sin prejuicios, sin que importe la apariencia, el estrato social. “Desde el momento en el que entrás y ves a alguien con rastas y no un vigilante con escopeta ya es todo distinto”, dice.

Y su metáfora no es gratuita. La dinámica social adquiere otra lógica dentro de estas paredes. A las doce del medio de un día laboral, por mencionar un ejemplo, mientras Angelita, Margarita y el resto del equipo de la cafetería preparan el almuerzo, los comensales se instalan en sus mesas a conversar. Una escena típica de cualquier otra cafetería del país, de no ser porque acá se ve un abanico de personas bastante heterogéneo: desde personas tatuadas hasta quienes visten ropa formal, diríamos que empleados de algún banco o alguna otra empresa con un dress code más riguroso, pasando por niños, niñas o adolescentes y personas mayores. Y aunque a simple vista esto parezca poca cosa, en un país donde diversidad es una mala palabra, esto se convierte en poco menos que un milagro.

Nahiely Mendoza, Integrante de la Asamblea de la Casa Tomada y de la Comisión de Acción Cultural.

La vitrina

Aunque suene repetitivo, esta metáfora merece su propio espacio. Hablando propiamente de las artes, La Casa Tomada ha sido una vitrina inmejorable para muchas bandas y artistas que hoy están siendo relevantes en la escena musical salvadoreña y centroamericana.

Para este punto, realicé un par de preguntas a Snif, un artista del hip hop que, en buena medida, ha podido crecer gracias a los espacios que le brindó La Casa Tomada.

Snif, artista del hip hop.
Snif, artista del hip hop.

Ricardo Corea: La Casa Tomada es una iniciativa para crear una cultura de colaboración artística y cultural. ¿Cómo considerás que este concepto de trabajo cultural esté influyendo en el desarrollo de la cultura y el arte salvadoreño?

Snif: Te voy a responder desde mi perspectiva de la música, que es mi mayor experticia. Muchos de los proyectos que en la actualidad tienen relevancia, o que están bien colocados dentro de la escena nacional, e incluso se están internacionalizando, han pasado por el estudio de grabación, por la sala de ensayo o por la Gran Sala, la sala de los conciertos, ya sea grabando discos, puliendo sus shows, presentando discos, haciendo festivales… Entonces ha sido un lugar que te permite desarrollarte, puesto que también viene gente internacional. De repente tenemos talleres con gente de otros países, gente que está mejor colocada que nosotros en cuanto a temas de industria musical, en temas de gestión de la música desde lo cultural.

See Also
Nelson Mandela. VoxBox.

Al menos en la parte música, creo que es un lugar muy importante, que ha hecho crecer propuestas como Vibrass, por nombrar alguna; Ras Fortis, que es una de las bandas importantes del reggae, también ahí grabaron su disco. Yo grabé ahí mi disco. La escena hip hop ha hecho muchas de las competencias importantes el último año en la Gran Sala, puesto que no hay otro lugar accesible que cuente con lo que cuenta, el escenario.

La planta

Eloisa Vaello, directora del Centro Cultural de España desde el 2017, nos recibió el último día de La Casa Tomada en calle La Reforma. La conversación fue breve pero sustancial. Eloisa nos aclaró algunos datos y nos facilitó un libro donde se recopilan 20 años de trabajo del Centro Cultural. Pero el tema principal fue, cómo no, este fin de ciclo de La Casa.

Eloisa Vaello, directora del Centro Cultural de España desde el 2017.

Ricardo Corea: Creo que todas las personas involucradas en este proyecto, con los que hemos conversado, están de acuerdo que en este momento inicia la prueba de fuego.

Eloisa Vaello: Los colectivos que se han consolidado, y que tiene más identidad y que pueden seguir, van a buscar la manera de seguir con el espíritu de La Casa Tomada de forma más independiente. Otros se han ido a otros espacios, por su cuenta. El café también está buscando dónde y cómo reubicarse… La verdad es que ahora es el momento de ver cómo puede volar cada colectivo.

Ricardo Corea: Andan buscando cómo salir de casa e independizarse.

Y aquí es donde Eloisa, citando a Fernando, nos regala la metáfora con la que quiero cerrar este recorrido.

Eloisa Vaello: No sé si pudisteis ver el documental que presentamos el lunes. Es muy bonito cuando Fernando (Fajardo) explica, en la última parte del documental que, al final, todos los proyectos tienen ciclos: nacen, crecen, explotan y, a veces, se tienen que cerrar. Porque es el ciclo de un proyecto. Y él termina la explicación con una metáfora muy bonita que dice: Cuando tú tienes una maceta y has plantado una planta y va creciendo, va creciendo, llega un momento en que hay que trasplantarlo. Me pareció chula la metáfora con la que termina, sobre el cierre de este espacio, no del espíritu del proyecto, que va a continuar.


A fuerza de ser enfático, voy a tener que ser redundante: La Casa Tomada no cierra, se muda.

What's Your Reaction?
Excited
0
Happy
0
In Love
0
Not Sure
0
Silly
0
View Comments (0)

Leave a Reply

Your email address will not be published.

© 2019 VoxBox, Todos los derechos reservados.   Contáctanos: info@voxboxmag.com
Scroll To Top