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El lobo y las dos ovejitas

El lobo y las dos ovejitas

Lobo y oveja. VoxBox.

Había una vez, una mamá oveja que se atrevió a llevar a un pobrecito lobo al tribunal.

—Cuéntenos Sr. Lobo, ¿como fue que le tendieron la trampa? —preguntó el lobo juez número uno.

El lobo -sentado en la silla del acusado- suspiró, endulzó la voz, bajó las orejas, agrandó sus ojos y comenzó su relato.

—Gracias, señor juez. Ese domingo yo había salido lejos de mi casa, quería regresar lo más pronto posible cerca de mi familia; pero hice una parada para refrescarme en un lugar que no conocía. Entonces, yo iba pasando… ¿Se imagina señor juez?, ¿Yo cansado, con hambre, con sed?, ¿Qué más iba a hacer yo?.

La sala se llenó de murmullos. El lobo juez número dos con los ojos rojos, llenos de ira, aulló enojado y puso de nuevo orden.

—Prosiga, mi estimado lobo —aconsejó con una mirada dulce al acusado.

—Gracias, señor juez —contestó con lágrimas en los ojos—. Iba yo sufriendo tanto física como emocionalmente cuando en mi camino saltaron dos ovejitas. Del susto hasta se me cayeron un par de monedas. Estuve a punto de desmayarme, pero me fui fuerte. Me tocó caminar un poco más. De nuevo iba solo y hambriento cuando de nuevo me atacaron las ovejitas, incluso una de ellas estaba tan apetitosa, tan deseable, que me provocó arrancarle un poco de lana mientras nadie veía. Por eso estoy aquí, porque no me entendieron y no me entienden. Yo estaba solo, sufriendo, necesitaba un poquito de lana —terminó y echó a llorar.

De nuevo se escucharon murmullos en la sala. Las ovejas y corderos estaban indignados. Ahora fue el señor lobo juez número uno que se indignó y gruñó un silencio que retumbó por la sala.

—Vamos a analizar la situación —dijo el señor lobo juez número dos y se ausentaron.

Cuatro horas después de deliberar, volvieron los señores jueces.

—Encontramos que el lobo acusado ha sido víctima de las circunstancias, el sol, el hambre, el domingo, la falta de su familia, el lugar desconocido y la casi provocación de una de las ovejas hicieron que el pobrecito, serio y trabajador lobo actuara de esa manera —declaró el señor lobo juez número dos, mientras la sala estallaba en balbuceos.

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—Momento —intervino el señor lobo juez número uno—, no crean que se quedará sin castigo, porque ha cometido un falta, bueno, una faltita, bueno un faltitititititita; entonces tendrá que pagar con 3 frijoles y dos ejotes. Hemos dicho.

Ahora eran los corderos y las ovejas quienes gritaban, tan enardecidas por la decisión, que no les quedó de otra a los señores lobos jueces y al lobo acusado salir del recinto mientras gritaban indignados:

—Es que nadie nos entiende, siempre nos critican, somos las víctimas de estos borregos.


En este relato ningún animal fue maltratado. Los personajes fueron cambiados para proteger la identidad de los verdaderos animales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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