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El guardián entre el centeno: Una pequeña oda a la inconformidad

El guardián entre el centeno: Una pequeña oda a la inconformidad

El Guardián entre el centeno.

Cualquiera que conozca mis intereses literarios sabrá que no soy muy buena leyendo clásicos, mucho menos cuando se trata clásicos “contemporáneos”. Pero estos últimos años he tratado de saldar mi deuda. En razón de ello, mi más reciente aventura literaria me ha llevado a devorarme las páginas de The Catcher in the Rye, la obra más reconocida del autor estadounidense J. D. Salinger. 

El libro fue publicado a inicios de la década de los cincuenta, y se volvió en aquel momento en una de las historias que más polémica causó, pues habla abiertamente de sexo, homosexualidad y rebeldía adolescente. 

El guardián entre el centeno -título con el que es conocido popularmente en español-, narra un pasaje de la vida de Holden Caulfield, un chico de 16 años que ha sido expulsado del colegio recientemente, esto no atraería tanto la atención del lector de no ser porque es la cuarta vez que ocurre. Nuestro protagonista es una suerte de rebelde sin causa, al menos a primera vista. Básicamente se trata de un libro en el que no sucede absolutamente nada relevante: son las vivencias alocadas de un adolescente malcriado e insolente, pero que, por cierta razón inexplicable, se nos mete entre ceja y ceja. 

Es que Salinger ha dado forma a un personaje complejo. Por un lado, representa a un privilegiado, pertenece a una familia acomodada de New York; y no solo eso, también tiene el cariño y la comprensión de sus padres y hermanos. Sin embargo, vive bajo una atmósfera de inconformidad abrumadora.  Es un verdadero desdichado, pero esa sensación proviene del análisis constante que hace de su alrededor y de las personas con las que convive. 

En el fondo, Holden sabe que todo lo que le sucede es consecuencia de las decisiones que toma, pero no puede permitirse aceptar las condiciones que le ha tocado vivir; conformarse con el futuro que le corresponde a los que son como él. Está empecinado en no aceptar la hipocresía del mundo, el horror de crecer y perder la inocencia y, sobre todo, en dejar de ser quién es para encajar en un mundo al que no desea pertenecer. 

Y sí, en conclusión, eso es lo que The Catcher in the Rye representa: una pequeña oda a la inconformidad humana y fue eso justamente lo que me llevó a recordar a dos adolescentes más, que al igual que Holden aparentan estar perdidas cuando en realidad tienen mucho más claras las cosas que la mayoría de adultos. 

La primera es Margarita –Margarita Dolce Vita– del escritor italiano Stefano Benni, este libro nos habla de una niña de 14 años, con una familia que se tambalea entre lo hilarante y lo disfuncional. Margarita es una inventora de palabras y de poemas feos, además, podría morir en cualquier momento ya que tiene una deficiencia cardíaca y el hecho de conocer su propia mortalidad es lo que la hace vivir cada día de una manera ingeniosa, de buscar el amor en las cosas sencillas y, sobre todo, de no rendirse ante la perfección que algunos desean venderle. 

El libro no es perfecto y decae mucho hacía el final de la historia. Sin embargo, es una fábula cruel que deja al lector con una sensación esperanzadora. 

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El otro personaje que recordé gracias a El guardián entre el centeno es Paloma Josse, de La Elegancia del Erizo, escrito por la francesa Muriel Barbery, que además cuenta con una adaptación cinematográfica, que si bien es cierto se tomó sus libertades, refleja con maestría todo lo que el libro pretende hacernos sentir.

Paloma representa el inconformismo en estado puro, como ella misma nos dice: vive en un piso de ricos, su familia es rica, así como ella y su hermana son virtualmente ricas. Sin embargo, hace tiempo sabe que su destino es la pecera. Es un pez rojo condenado a vivir y morir dentro de esa pecera, por ello ha decidido suicidarse el día en que cumpla los 12 años, pero mientras ese día no llega hará todo lo posible por darle un sentido a su vida. Un poco contradictorio, quizás; pero para Paloma lo importante no es morir, ni a que edad se muere, sino lo que se hace en el momento en que sucede. 

La pecera, de la que metafóricamente nos habla la protagonista es definitivamente el estilo de vida que se supone debemos tener, con las expectativas y el ritmo que dicta la sociedad para nosotros. Ustedes pensaran que por momentos podría parecer que los hechos narrados son pesimistas, pero no es así, por el contrario, La elegancia del erizo es uno de los libros más humanos que he leído. 

Sé que, para muchos, los tres personajes de los que les he hablado no son relevantes, que actúan de esa manera porque son privilegiados, que esa obstinación que llevan por bandera no existiría si sus condiciones fueran diferentes, pero para mí, los tres tienen un poco de verdad, me parecen personajes valientes, conmovedores y que presentan de una forma u otra aquella necesidad de libertad que todos tuvimos cuando chicos. 

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