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Cometierra y los feminicidios en El Salvador

Cometierra y los feminicidios en El Salvador

Cometierrra, de Dolores Reyes.

«Cometierra, el lugar donde aprendiste a leer la tierra ya no existe». La frase anterior nace de las entrañas de Cometierra, la primera novela de Dolores Reyes, profesora, feminista y activista argentina. El libro está escrito de una forma sumamente sencilla, pero a la vez poética, y eso resulta necesario al momento de hablar de un tema tan doloroso como el que se desarrollada a lo largo de las casi doscientas páginas que componen esta primera novela. Una historia que nació en un taller literario y que a lo largo de los años transmutó hasta lo que hoy conocemos. 

Cometierra nos habla de una chica, una adolescente pobre y con una familia sumamente disfuncional. En su alrededor existe miseria, abusos y muerte. Pero es justamente todo ese tejido de situaciones extremas y violentas lo que la hacen ver más allá de lo que cualquiera de nosotros podría. 

Ahora bien, la novela se centra en uno de los problemas sociales más estremecedores que vive Latinoamérica: Habla de las mujeres que desaparecen, de las que no dejaron rastro, pero sí muchos recuerdos. La protagonista es una suerte de adivina, una bruja, pero sobre todo una persona herida, ella también ha sido víctima de la violencia, también ha sufrido en carne propia la pérdida de un ser amado. Pero lo que vuelve muchísimo más humano al personaje es que no estamos ante una persona buena… no me malinterpreten, tampoco es que sea una chica mala, no, simplemente tiene las contradicciones normales del ser humano, no es perfecta y tampoco pretende serlo. 

La historia está desarrollada en un barrio cualquiera de Argentina. Se adentra en el dolor que viven las familias que tienen alguna chica desaparecida y, además, refleja cómo el sistema policial y judicial actúa con ineptitud exacerbada, aún teniendo las herramientas básicas para realizar una búsqueda concreta o bien, para seguir un rastro; observamos en primera fila la impotencia y el dolor de las familias de las mujeres y niñas que han desaparecido, y asistimos con horror al desenlace común: una muerte violenta, la mayoría de las veces con el agravante de una violación, un cuerpo desnudo, destrozado, abandonado en un campo baldío. 

Y es una mierda, pero es la realidad, te encuentres en Chile, en Argentina, en Nicaragua, México o El Salvador, las mujeres que desaparecen son víctimas de feminicidios, de violaciones y vejaciones inimaginables y no tenemos respuestas, la policía no hace nada, el sistema judicial consiente, el feminicida y violador sigue libre, así a lo largo de la historia. 

Cometierra es importante porque visibiliza un problema que crece a diario, que nos afecta a todas, que nos atemoriza -nos están matando-, nos matan porque nos consideran un objeto de consumo, una cosa que puedes destruir si quieres, porque nadie hará nada por salvarte. ¿no me creen?, pues les dejo algunos datos importantes y que todos deberíamos conocer. 

Cometierra y los feminicidios en El Salvador

En mi país, El Salvador, hasta el cierre del mes de septiembre de 2019, el índice de feminicidios arrojaba la cifra de 192 casos, el dato anterior se respalda por la información brindada por el Instituto de Medicina Legal salvadoreño. Además, es importante señalar que la mayoría de las víctimas son mujeres jóvenes, entre los 14 y los 34 años de edad, y en más del 45% de los casos conocidos la víctima era menor de 30 años.

Asimismo, más de la mitad de dichos feminicidios se cometieron a lo largo de tres zonas geográficas específicas -el 55% de los casos se originaron entre San Salvador (capital), San Miguel y La Libertad-. 

Además, de acuerdo con el informe de 2018 de la CEPAL, a nivel latinoamericano, El Salvador se encuentra entre los países que mayor tasa de feminicidios por cada 100.000 mujeres tiene.

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Sumado a lo anterior, en los últimos meses la violencia a la comunidad LGBTIQ se ha visto incrementada, los crímenes de odio, sobre todo los transfeminicidios han conmocionado por su crueldad y barbarie. Sin embargo, la impunidad se mantiene, las autoridades “competentes” no han podido hacerse cargo de estos casos, es más, no son capaces de defender los derechos en casi ningún ámbito. 

El hartazgo es demasiado, la violencia es institucional; la impunidad nos revela un sistema judicial corrupto (y lo admito, reniego de mi profesión, que a la luz de lo anterior no sirve de nada), en donde las mujeres no tienen ningún rango de importancia, la policía no nos cuida sino que también nos vulnera, la sociedad conservadora y la iglesia se rasga las vestiduras ante las consignas de los colectivos feministas pero no son capaces de salir de la pequeña burbuja social en la que viven, de ensuciarse las manos, de verdaderamente hacer algo por la niñez y juventud, de luchar por la vida digna y libre de violencia. Francamente no pueden hacer nada, pues ellos también son opresores. 

Por todo lo anterior considero que un libro como este es importante, ya que sensibiliza e impone la realidad de forma magistral. Ojalá se siga escribiendo más literatura como Cometierra, poética, honesta y crítica. Ojalá un día podamos despertar y al fin luchar por una sociedad donde todos, sin importar nuestro género, seamos sujetos de derechos y garantías en igualdad de condiciones.

Imagen principal tomada de Prensa Libre.

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