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Izquierda y Derecha: Un juego dialéctico

Izquierda y Derecha: Un juego dialéctico

Izquierda derecha. VoxBox.

La izquierda y la derecha, como ideologías, más de nombres que de actos —al menos en El Salvador—, y como fuerzas políticas, nacieron como tales después de la Revolución Francesa: los más conservadores se sentaban en la derecha (con el presidente) y los más liberales (los revolucionarios), en la izquierda. Fue una revolución donde dos ideologías y formas de gobernar —y, por tanto, de hacer política: ejercer poder— estaban en conflicto: el poder monárquico y el poder burgués. Los de la derecha querían restaurar la monarquía porque estaban ligados a ella; los de la izquierda —los burgueses— estaban totalmente en contra.

La Revolución Francesa fue una revolución burguesa —no popular—; pues fueron ellos los principales actores a la hora de llevarla a cabo. Los burgueses se habían hartado de estar sometidos a las decisiones de la monarquía; además de que, como sabían que tenían tanto o más dinero que los mismos monarcas —y, como en aquel tiempo, lo que daba poder era el dinero; cosa que ahora es distinta—, era inconcebible pensar que siendo más ricos que los reyes estaban sometidos a ellos.

La burguesía francesa, pues, quería instaurar su propio poder, quería volverse la fuerza hegemónica. Tuvieron cierto apoyo “popular” por puro espectáculo[1] —prácticas que los políticos actuales confabulan en sus campañas—: los engañaron prometiendo mejores gobiernos que los que tenían con los reyes si los ayudaban en su empresa. La historia que sigue se sabe de sobra. Lo que es preciso aclarar es por qué la izquierda y la derecha son fuerzas ideológicas y políticas dialécticas, y por qué actualmente esa dialéctica es espectacular.

Se odian, pero se necesitan para vivir

Ambas ideologías, al menos dentro de sus doctrinas más puras, son fuerzas contrarias que, para poder existir como tales, se necesitan desde el momento en que empezaron a coexistir. La derecha es todo lo que la izquierda no es y surgió en cuanto fuerza contraria de la izquierda; la izquierda es la antítesis de la derecha y surgió efectivamente en cuanto fuerza contraria de la derecha. Todo esto tomando en cuenta su surgimiento histórico en la mencionada Revolución Francesa.

Si una de las dos fuerzas contrarias no existiera como ideología, ninguna de las dos existiría —así como altono existe sin bajo—; ya que una es respecto de lo que no es la otra. Y la que quedara, posiblemente tuviera otro nombre. Sin embargo, lo que sí es posible es que la que quede existiendo, podría efectivamente, ser cualquiera de las formas de ejercer poder de dichas ideologías, aunque no se le llame izquierda o derecha como tal.

A este punto cabe recalcar, por cierto, que ambas son construcciones sociales; es decir, ambos términos, junto con sus definiciones, solo son formas que el humano, en sociedad, ha creado e institucionalizado para darle sentido a los fenómenos que vive, para poder actuar conforme a dicho fenómeno como si verdaderamente existiera.

Podría decirse que la parte más dialéctica de las ideologías es su nombre, porque surgen como oposiciones. Para la existencia de una, es necesario la existencia de la otra, ya que ambas se sirven a sí mismas como puntos de contraste con la otra. Y claro está, la supresión de una suprime automáticamente a la otra.

La parte menos dialéctica de las ideologías podría decirse que es la ideología per se, ya que, al menos en este análisis, no parece que sea necesario que haya una ideología contraria para que se forme una u otra. Es decir, bien pudo haberse formado solamente la izquierda o solamente la derecha en el imaginario de la gente sin necesitar una fuerza contraria y con otro nombre. Sin embargo, esto podría no ser natural; porque al observar el mundo, puede apreciarse que este fluctúa en una dialéctica constante y quizás sempiterna, que podría ser una cualidad inherente a toda —o a casi toda— existencia.

De forma hipotética, es posible que las ideologías, en cuanto conjunto sistematizado, coherente y congruente de ideas no necesiten una fuerza contraria para surgir. Pero tomando en cuenta la naturalidad dialéctica de la existencia, hay que aclarar que el surgimiento de una de las ideologías creó, o fue el principio, de la otra. Y el surgimiento de esa nueva ideología contraria a la primera supone una forma de fin a esa primera ideología, diametralmente opuesta en su concepción más pura; porque la izquierda ciertamente busca acabar con la derecha, y la derecha con la izquierda; cuestión evidente todavía en nuestro país polarizado.

Puro espectáculo

Por tanto, puede decirse que la izquierda y la derecha no son dialécticas de forma más culminante en su surgimiento en cuanto sustantivo. Presumiblemente, si se hace referencia a la historia, es la derecha —la ortodoxia— la que dio surgimiento a la izquierda —la antítesis de la ortodoxia—. Pero en su dinámica interior, en cuanto fuerzas opositoras cuya ideología significa el fin de la fuerza a la que se oponen, sí son dialécticas: es decir, la derecha significa el fin de la izquierda y la izquierda significa el fin de la derecha, y ambas luchan contra la otra. Además, en esa dinámica interior, una vez concebidas y estructuradas ambas ideologías, ciertamente, parece que su razón de ser necesita de la razón de ser de la ideología contraria para darle sentido a su existencia. De ser suprimida una de ellas, no parece que tendría sentido la existencia de la otra.

Cabe aclarar que la izquierda y la derecha en su surgimiento son distintas a la forma en la que actualmente se les considera en el imaginario social: los de izquierda eran burgueses que hoy son derecha, y los de derecha eran adeptos a la monarquía, que hoy son quizás inexistentes —al menos en nuestro contexto—; y los que actualmente son de izquierda, en El Salvador, suelen ser personas de clase media hacia abajo; muchos con rezagos de guerra civil que, de una u otra forma, se vieron identificados en las ideas revolucionarias de la histórica guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Revolución Nacional (FMLN).

Ver también

De cualquier forma, la verdad es que el partido político que surgió de esa guerrilla —que lleva el mismo nombre— es una forma de gemelo malogrado de su antítesis: el partido de derecha más recalcitrante del país: Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). En la medida en que dos partidos supuestamente antitéticos de este país confabulan y se alían; y denotan cierta rivalidad solo en medios de comunicación masiva, pero no los actos, es plausible decir que su cualidad antitética es una farsa o, como diría, Guy Debord: es puro espectáculo.

Referencias

Debord, G. (2007). La sociedad del espectáculo. Rosario, Santa Fe, Argentina: Kolectivo Editorial “Ultimo [sic.] Recurso”. Recuperado de http://www.ultimorecurso.org.ar/drupi/files/sociedad.pdf.

Martorell, G. y Papalia, D. (2015). Desarrollo humano. México: McGraw-Hill Educación.

Rodríguez, A. (2001). Izquierda y derecha en política. Realidad: Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, (82). Recuperado de http://www.uca.edu.sv/publica/realidad/r82izqui.htm.


[1] Este adjetivo se refiere a las formas en que Debord califica ciertos fenómenos sociales.

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