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A Virginia le gustaba Vita: Amor intelectual y Derechos Humanos

A Virginia le gustaba Vita: Amor intelectual y Derechos Humanos

En esta ocasión quiero hablar de un libro que me negaba a leer, el último de la pila de libros pendientes, ese que estuve postergando un par de meses. Se trata de la novela A Virginia le gustaba Vita, escrita por Pilar Bellver (periodista española), quien a lo largo de su carrera como escritora se ha encargado de visibilizar el amor lésbico.

Pilar escribe sobre la relación que tuvieron Virginia Woolf y Vita Sackville-West, ambas eran mujeres reconocidas en la sociedad inglesa, la primera era una intelectual, que se movía en las esferas tanto de la burguesía como de la bohemia del Londres de la época (Virginia aún no tenía el reconocimiento como escritora que un par de años después lograría), mientras que Vita era una mujer de la aristocracia, conocida públicamente por sus pasiones y reconocida también por su trabajo literario.

Quiero señalar que Virginia Woolf es una de mis escritoras favoritas, casi siempre reencuentro parte de mi feminidad en su escritura, la fuerza con la que evoca las pasiones que las mujeres tenemos siempre me ha maravillado, por lo que algo sabia de la sonada relación que mantuvo con Vita, pues basta mencionar Orlando, su mejor libro en mi humilde opinión, para conocer la pasión y el amor que unió a estas dos mujeres. Pero la relación era polémica por muchas razones, más allá de la obvia.

Se produjo a finales de los años veinte, eran dos mujeres reconocidas y admiradas de forma pública, en una sociedad tan conservadora como la londinense. Dos mujeres, además, casadas con hombres respetados, cada uno en su esfera social.

La estructura que la autora decidió darle a esta novela es de forma epistolar, y mezcla tanto datos biográficos de las protagonistas como ficción. La lectura es rápida y amena, a pesar de que cuenta con varias notas al pie, que se encargan de explicarnos el entorno real de lo que las protagonistas viven en la ficción.

Lo anterior quizás hará retroceder a más de alguno, en parte era una de las razones que me hizo posponer tanto la lectura, pues en apariencia podría parecer un texto académico (me recordaba a mis lecturas de Derecho Procesal Constitucional, por cierto), pero no lo es. La prosa con la cual Pilar Bellver nos presenta parte de la vida intima de estas dos mujeres, envuelve de sutilizas la narración, por momentos podemos sentir que estamos frente a una carta de amor desbordado, o bien, ante una novela erótica, llena de humedades y placeres. Y es que tanto el amor como el deseo se tejen entre sí para dar forma a la vida de esta peculiar pareja, y ello no solo es parte del ingenio de la autora, sino también testimonio fidedigno de las palabras que tanto Vita como Virginia se escribieron la una a la otra a través de correspondencia.

Pero el libro también nos habla de los temores, de lo incierto, de la necesidad de posesión que existía entre ambas, pero que sabían era imposible. Ambas amaban y respetaban a los hombres con los que compartían sus vidas, eran sus compañeros, y no solo respetaban su amor, con todos los matices que ello conlleva, sino que también eran grandes amigos. Tanto Harold Nicolson -esposo de Vita- como Leonard Woolf -esposo de Virginia- formaban una alianza de amistad con sus esposas.

Lo de Virginia y Vita nunca fue un secreto, sobre todo porque Vita era muy conocida por sus arranques pasionales con otras mujeres.

Pero la pasión no lo es todo. Estas mujeres no solo se deseaban con una fuerza que únicamente la intimidad de sus habitaciones conoció, sino que además se respetaban intelectualmente, y reconocían que su amistad estaba sobre cualquier otro sentimiento.

Algo que en lo personal me conmovió mucho es cómo la confianza representa una acción de supervivencia, ya que es uno de los pilares medulares de la relación entre Vita y Harold; y es ella quien, en una de sus muchas cartas con su marido, aclaraba este punto: decía que para las parejas “normales” esa confianza radicaba en la fidelidad, pero que para ellos “confianza” significaba contárselo todo en cuanto a las mutuas infidelidades, cualquier aventura, y prevenir al otro de las inminentes catástrofes emocionales. Ambos eran conocidos por sus aventuras y relaciones homosexuales, pero compartían un matrimonio intimista, lleno de confidencias y apoyo mutuo, fueron una pareja abierta y permisible, siempre y cuando no dejaran que ningún drama externo afectara la cotidianidad de sus vidas.

En cuanto a la relación de los Woolf, esta no era escandalosa y pasional como la de los Nicolson. La confianza era mutua, pero el pilar más fuerte residía en la entrega que Leonard tenia al momento de cuidar a Virginia, quien, como sabemos, siempre estuvo marcada por una tendencia a la fragilidad mental, y que con el tiempo fue diagnosticada con trastorno bipolar. Además de la profunda amistad y admiración mutua, en donde las convencionalidades de un matrimonio eran impensables.

El libro es conmovedor porque precisamente se encarga de enlazar las vidas “normales” de estas dos mujeres, con la vida pasional que compartieron a lo largo de los años. Y es ahí donde podemos sacar nuestro propio análisis o conclusiones sociales. ¿Qué tanto hemos cambiado como sociedad? ¿Una relación como la de Virginia y Vita podría concebirse abiertamente hoy en día?

Digamos que en el Londres actual no sería un alboroto, pero lastimosamente existen muchos países donde un amor a lo Virginia y Vita sería una amenaza a la moral y los valores cristianos, una imposición inmoral de “progres pervertidos”.

Me avergüenza admitir que mi país es uno de esos en los que los derechos humanos no se respetan, en donde una pareja de mujeres es señalada, insultada y marginada, donde se habla de amor al prójimo, pero las iglesias y terceros “ofendiditos” se meten en la vida sexual de los demás.

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Podemos hablar de desconocimiento o de incomprensión, pero considero que también de arrogancia e imbecilidad. Y no me disculparé, son unos imbéciles todos los que creen que el amor ajeno es cosa de ellos, de la iglesia, de la moral podrida que tienen. Porque sí, no concibo que quienes hablan de amor, no sepan reconocerlo por el simple hecho de no estar en el envase que a ellos les complace.

Es hora de quitarse las máscaras, de hablar de derechos e igualdad, la lucha que los grupos LGBTQ+ mantienen de forma incansable no es un capricho, es la necesidad de respeto y de cumplimiento de los derechos humanos. Estamos ante un problema de carácter político y social, de discriminación. Porque la única forma válida de que terceros hablen del tema debe ser para hacer valer los derechos inherentes al ser humano, no para jactarse de doctrinas arcaicas y patriarcales, aunque se rasguen las vestiduras diciéndonos que son leyes dictadas por la gracia divina.

Porque el problema no solo es que se juzgue por amar diferente, sino todo lo que los actos de homofobia desencadenan: el bloqueo laboral, la marginación social, la burla pública, el dolor que el rechazo de la propia familia produce. Estoy harta de que seamos trogloditas y creamos en fantasmas estúpidos, como es esa creencia en la ideología de género, señoras, señores, seres pensantes (al menos eso dicen ellos), la ideología de género ¡NO EXISTE!

Seamos valientes para defender la igualdad ante los Estados, busquemos las maneras de vivir nuestra libertad sexual tal cual es, no permitamos que las sotanas y las biblias sean las que decidan sobre nuestros cuerpos y preferencias, no permitamos que nos sigan machacando.

Gracias Virginia. Gracias Vita. Gracias Pilar. Gracias a todas las mujeres bisexuales, lesbianas, trans y heterosexuales que luchan y seguirán luchando por el cumplimiento de los derechos humanos, las abrazo desde mi trinchera.

VoxBox.-

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