Feminismo, Política

Que mi nieta sea presidenta de El Salvador (o lo que quiera)

Mujeres en la política. VoxBox.

Política.- Hace 88 años yo no hubiera podido votar, tendría que haber estado sujeta a mi padre o a mi esposo, no podría haber sido dueña de un inmueble, ni tampoco podría haber trabajado o ido a la universidad. Si lo pensamos bien, 88 años son pocos en comparación con la historia de la humanidad. Gracias, Prudencia Ayala.

¿Por qué agradecerle a Prudencia el hecho de poder tener derechos civiles y garantías ciudadanas? Simple: fue ella quien luchó por el voto libre. En 1930, se postuló como candidata para la presidencia de El Salvador, y para entonces ninguna mujer podía votar siquiera. Ese derecho se concretaría hasta 1939, pero solo hasta 1950 todos nuestros derechos civiles estarían reconocidos en la Constitución de la República. Prudencia falleció en 1936 y no pudo ver esos dos grandes triunfos.

Hoy recordé a Prudencia, cuando estuve viendo la presentación de los resultados de una investigación realizada por Transparencia, Controlaría Social y Datos Abiertos (TRACODA), sobre el papel de las mujeres en la política en El Salvador. El sentimiento que me vino es que podemos votar, pero cuánto nos falta para tener una verdadera incidencia en las políticas públicas que también velan por nuestro desarrollo y el de nuestros hijos.

Primero debemos contextualizar que con la Ley de Partidos Políticos, aprobada en 2013, se estableció una cuota que ordena a los partidos políticos integrar sus candidaturas con al menos 30 % de mujeres. El problema radica en que los partidos cumplen con el porcentaje colocando a las mujeres en roles de suplencia. Es necesario decirlo, muchos partidos ponen a mujeres como candidatas de relleno, que no tienen ninguna posibilidad de ganar.

¿Mujeres en la política?

En el contexto de una sociedad machista, patriarcal, donde la vida de muchas mujeres no solo dependen económicamente de sus parejas, sino que además existen diversas formas de maltrato (psicológico, emocional, físico), que han llevado en muchas ocasiones hasta el feminicidio, es importante contar con voces (capaces y comprometidas) que defiendan los intereses de una porción nada despreciable de la población. Hay que recordar que las mujeres somos más del 52 % de los salvadoreños aptos para votar. ¿Se imaginan? Podríamos elegir a las personas que estén al frente de los diferentes órganos del Estado: diputados y presidentes, así como también podríamos elegir a los gobernantes municipales.

El 4 de marzo de este año se eligieron 262 alcaldes y 84 diputados: suman 346 políticos que tendrán en sus manos las decisiones que afectan a todo un país durante tres años. ¿Cuántas mujeres forman parte de este grupo de políticos? Solo se eligieron 27 alcaldesas (que representan solo el 10.3 % de dirigentes de municipios) y se eligieron a 26 diputadas propietarias (quiere decir que el 31 % de diputados son mujeres). De 346 políticos, solo 53 son mujeres; es decir, apenas el 15 %.

En lo personal, nunca he desestimado encontrarme con aliados hombres que comprenden lo que las mujeres vivimos en la jungla que nos toca vivir: disparidad salarial, falta de atención médica, acoso sexual en la calle, en el trabajo, en la universidad, violencia en diferentes formas… Sí, he encontrado grandes aliados y aprecio su apoyo, pero no es lo mismo. Por muy solidario o educado que sea, un hombre no verá que existen necesidades específicas en cuanto a la legislación a favor de las mujeres, en especial de aquellas que no tienen acceso a derechos humanos básicos como educación, salud y hogar.

Por eso es importante tener mujeres en puestos altos de la política, porque existe algo que se llama sororidad, una alianza entre mujeres que vela no solo por nosotras, sino por nuevas generaciones de hombres y mujeres que van a romper paradigmas y construirán una sociedad más equitativa, más solidaria, más llena de cosas buenas. Al final de cuentas, las mujeres tenemos una indudable capacidad como líderes, hemos sido agentes de cambios que nos han llevado a la evolución como sociedad, y, sobre todo, tenemos el derecho a participar de forma igualitaria a los hombres en la política.

Posiblemente a usted y a mí, querido lector o lectora, no nos tocará ver esto, como le pasó a Prudencia. Posiblemente los resultados los verán nuestros hijos o nietos, y eso también será bueno.

Yo no quiero más candidatas a la vicepresidencia. Quiero ver gobernar a una mujer, preparada, con vocación de servicio; quiero que una mujer tenga los pantalones bien puestos, como para llevarle la contraria a siglos de patriarcado, que dicta que solo los hombres gobiernan en la casa, en la calle, en las empresas, en la universidad, en la república.

Quiero que, cuando le pregunten a mi nieta qué quiere ser al crecer, conteste que quiere ser astronauta, escritora, bombera, ingeniera, diputada o presidenta de la república.

VoxBox.-

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Escritora amateur, planificadora compulsiva, dueña de tres gatos, madre a posteriori. Un poco cínica, un poco distraída.

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