Política

La manipulación mediática en El Salvador: un pequeño ejemplo

Política.- Hay un texto interesante sobre manipulación mediática que por mucho tiempo se le ha atribuido a Noam Chomsky, pero que realmente pertenece al autor francés Sylvain Timsit (si no lo han leído todavía, vayan al enlace y vean los diez puntos).

Para nadie es desconocido que las grandes empresas mediáticas defienden los intereses de grupos económicos bien específicos. Eso no es malo per se, si se le piensa bien.

En las escuelas de periodismo de todo el mundo se enseña que la objetividad es una aspiración legítima, pero que no por eso deja de ser una utopía. Además, el periodismo por sí mismo no lo puede abarcar todo.

Piensen en el mejor reportaje que han leído en sus vidas. Piensen en esos trabajos periodísticos que han ganado premios internacionales: algunos de ellos incluso han dado paso a grandes cambios sociales. Esos trabajos también dejaron afuera muchísima información, también priorizaron ciertas voces y dejaron fuera otras tantas. Eso ya los vuelve subjetivos.

Pero esta nota no se trata sobre periodismo, sino sobre cómo se da la manipulación mediática.

Manipulación mediática en El Salvador

Dejando claro que la objetividad no existe como tal, surge la pregunta: entonces, ¿cómo diferenciar al buen periodismo del malo?

Es una pregunta complicadísima sobre la que nadie se ha puesto de acuerdo todavía. Pero no por eso podemos ser irresponsables con la información que consumimos.

Para no hablar en el aire, veamos un ejemplo clarísimo de nuestra realidad: La Prensa Gráfica.

Todos sabemos que se trata de un medio cuya agenda sigue los mismos intereses que la gran empresa privada salvadoreña y, por consiguiente, a los intereses del partido político que representa a ese capital: ARENA.

Como decíamos antes, no se trata de satanizar nada, sino de verlo con ojos críticos. No tiene nada de malo que un medio responda a intereses particulares, sino que se vendan como si no lo hicieran.

¿Leyeron el artículo que les dijimos al inicio? Por si no lo hicieron, nos queremos quedar solo con el primer punto. Se llama La estrategia de la distracción, y dice esto:

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes, y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

Esta es la página principal de La Prensa Gráfica en su edición digital, donde se ha aplicado este primer principio:

El sábado hubo una marcha de organizaciones, sindicatos, movimientos y estudiantes en una de las principales calles de San Salvador, en contra de la privatización del agua. La marcha fue masiva. El caos vehicular fue también grande y la concentración final se realizó en la plaza Salvador del Mundo, uno de los puntos más emblemáticos de la capital… Y sin embargo, el periódico no le dedica ni una sola línea (al menos en su edición digital) a este acontecimiento.

No estamos diciendo que por tratarse de la privatización del agua tendrían que dedicarle grandes espacios. Sabemos que este tema ha generado debates y cada quien puede pensar lo que quiera. Pero se trató de un acontecimiento importante, que bien o mal está siendo de interés para la población en general. Y lo que vemos es una clara intención de ocultarlo y de desviar la atención del público de los problemas importantes.

Por supuesto que cada medio de comunicación establece su agenda: cada uno escoge los temas y cómo se van a abordar, pero se supone que una marcha en una arteria principal de San Salvador entra perfectamente en la agenda de este medio. ¿Por qué no publicarlo?

Para muchos de ustedes, lo que estamos planteando puede ser una obviedad, pero recuerden que no todo el mundo es consciente de la forma en la que los medios encubren las cosas.

Y sí, es cierto que la objetividad es una utopía, y como tal es inalcanzable, pero hay otra virtud que el buen periodismo sí puede obtener: la honestidad.

Lastimosamente en los países como el nuestro la honestidad mediática tampoco existe. Y a los lectores no nos queda otra arma más que ser más críticos con lo que leemos y cómo lo leemos, sin importar de dónde venga (sí, eso aplica también para esta página).

VoxBox.-

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