Derechos Humanos, Política

Masacre de los jesuitas: encontrar culpables para sanarnos

Jesuitas. VoxBox.

Detalles.- En la mañana del 16 de noviembre de 1989, El Salvador y el mundo despertaron con la noticia en la que seis jesuitas, el ama de llaves y su hija habían sido brutalmente asesinados.

Un crimen de guerra que sigue sobrevolando en el imaginario de los salvadoreños.

¿Qué fue lo que sucedió con los jesuitas?

Era 1989 y la guerra estaba en sus últimos estertores, aunque nadie lo sabía todavía (los Acuerdos de Paz se firmaron en enero de 1992). El ejército salvadoreño llevaba más de diez años enfrentándose ferozmente contra cinco movimientos guerrilleros que hacía varios años se unificó bajo el nombre de Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, actual partido en el gobierno).

Era 16 de noviembre y hacía tan solo unos días el FMLN había lanzado una ofensiva en la ciudad capital, como nunca antes se había visto. La ciudad fue un caos y el ejército sentía que perdía terreno.

¿Qué pintaban los jesuitas en este panorama? Ignacio Ellacuría y el resto de jesuitas representaban, de acuerdo con la Inteligencia del Estado de aquel momento, un peligro demasiado grande como para ignorarlo.

Así que, tal como lo consignó la Comisión de Verdad, en la noche del 15 de noviembre de 1989, el coronel René Emilio Ponce, en la presencia de otros altos mandos militares, ordenó al coronel Guillermo Alfredo Benavides que matara al padre jesuita Ignacio Ellacuría. La orden era clara: no dejar testigos.

Esa misma noche, Benavides le ordenó a Espinoza Guerra que llevara a cabo la misión.

Espinoza Guerra y su sección llegaron a la Universidad Centroamericana en San Salvador, en la madrugada del 16 de noviembre de 1989.

Los sacerdotes fueron obligados a salir al jardín y acostarse boca abajo en el suelo, mientras los soldados revisaban el edificio. En este punto, el teniente Espinoza Guerra dio la orden de matar a los sacerdotes.

Seis sacerdotes, una ama de llaves y su hija fueron brutalmente asesinados aquella noche, en una universidad, en medio de la ciudad de San Salvador.

Asesinato de intelectuales

Pero con aquella masacre sin sentido no solo fueron asesinados sacerdotes católicos, sino una parte vital de la masa intelectual que había en el país por aquellos años. Los jesuitas asesinados fueron intelectuales comprometidos con el conocimiento, entregaron un aporte intelectual invaluable a la construcción de conocimiento de la realidad salvadoreña, en campos tan diversos como la filosofía, psicología o la sociología.

¿Por qué sigue siendo importante hablar de este caso?

El Salvador es uno de los países más violentos del mundo. A diario mueren docenas de personas y el crimen organizado ha arrebatado una parte importante del poder fáctico. ¿Por qué seguir hablando de la masacre de los jesuitas?

Precisamente por eso: la violencia, no solo en El Salvador, sino en toda la región, se ha instaurado como una constante que lo cubre todo. La mayor parte de los asesinatos son producto de la violencia social, que a su vez es una hija bastarda de la violencia política, esa misma que asesinó a los padres jesuitas en 1989.

Contra la violencia social habrá que tomar medidas más drásticas, pero contra la política podemos comenzar por no callar, por no dejar en la impunidad este tipo de casos. Ventilarlos, discutirlos, encontrar culpables para sanarnos como sociedades.

VoxBox.-

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