Leonard Cohen, el que nos hipnotiza

Opinión.- En medio del barullo de la vida cotidiana, rodeada de gente y ruido, tratando de no sucumbir al ir al banco para hacer algunos pagos de la casa estaba cuando me cayó un mensaje al WhatsApp, era mi mejor amiga, Emilia.

El día no estaba siendo benévolo hasta que cayó ese mensaje, no decía mucho: “Debes escuchar esta maravilla” y luego un enlace de YouTube. Por supuesto, tuve que esperar a llegar a mi escritorio y ver de qué se trataba. Era el primer sencillo del nuevo álbum de Leonard Cohen: You Want It Darker. Una exquisitez.

Resulta que el nuevo disco del canadiense saldrá a la venta el próximo 21 de octubre, una colección de “extraordinarias canciones”, según la discográfica, que ha producido su hijo Adam y de las que a partir del viernes pasado suena en las radios.

Esta nueva canción de Cohen da nombre al álbum y profundiza en un análisis comprometido de la mente religiosa, una sorpresa creativa en la que dice: “No sabía que tenía permiso para matar y mutilar”. Para crear esta “hipnótica canción”, señala la discográfica Sony en asociación con Columbia, Cohen ha contado con la colaboración de la agrupación Cantor Gideon Zelermyer and the Shaar Hashomayim Synagogue Choir, de Montreal, cuyas voces “recuerdan” al autor el sonido de su juventud.

En este disco también podremos deleitarnos con If I Didn’t Have Your Love, Traveling Light, It Seemed The Better Way, Treaty, On The Level, Leaving The Table, Steer Your Way y String. Este es el décimo cuarto en estudio del artista, que publicó su primer álbum a los 33 años, y llega después de Popular Problems, que salió en 2014.

Definitivamente Cohen nos hipnotiza con su voz melodiosa, sus letras inteligentes y nos saca del terrible torbellino de un pesado día. Escuchen nada más.

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Apología de la cursilería: Jorge Drexler

Jorge Drexler. VoxBox.

Sonaba una de las canciones que más le han pegado a Jorge Drexler en las radios: Mi guitarra y vos. Tuve suerte de que el estribillo fuera tan sencillo.

Opinión.- Encontré a Jorge Drexler hace unos años, me encontraba en una gasolinera de la capital, creo que era de madrugada y me tomaba un café. Nunca lo había escuchado pero su voz me resultaba familiar, así que en ese momento pensé que sí lo conocía, pero que había olvidado su nombre.

Sonaba una de las canciones que más le han pegado en las radios, Mi guitarra y vosTuve suerte de que el estribillo fuera tan sencillo, porque no me costó recordarlo después para googlearlo. Desde ese momento hasta la fecha es uno de mis músicos de cabecera. A veces lo dejo de escuchar, pero inevitablemente termino volviendo a él.

Sería difícil explicar las razones por las que algunas cosas te terminan gustando más que otras: por qué algunos poetas, algunos músicos, algunos pintores, algunos actores nos atraviesan la piel y nos hacen quedarnos con sus obras por muchísimo tiempo. Sería difícil y un tanto ridículo. Pero en el fondo creo que Drexler le ha devuelto a la música latinoamericana esa tradición que por momentos parece haber perdido: la belleza de las composiciones sencillas y la preponderancia de las letras, de las palabras, bien ejecutadas.

Y sí, a veces sus canciones pueden fácilmente calificarse como cursilerías, pero ya lo decía Joaquín Sabina en algún momento: la canción, a diferencia de la poesía, puede darse el lujo de ser cursi.

La biografía del moro judío

Nació el 21 de septiembre de 1964 en Montevideo, Uruguay. Su padre, originario de Alemania, escapó de su país durante el holocausto. Su madre es de herencia española y portuguesa. Jorge es médico con especialización en la otorrinolaringología.

Cuando tenía 30 años, Drexler salió de su profesión como un médico para perseguir la música. El mundo perdió un médico y ganó un artista. Tratos justos sí los hay.

Fue Joaquín Sabina quien lo “descubrió” y le abrió las puertas de la música profesional, por decirlo de alguna forma.

Muchos años después, Drexler le dedicó esta canción a un tal Sabina Martínez:

Si todavía no tiene muy claro a qué me refiero cuando lo llamo un genio, permítase un momento de su tiempo y escuche la Ted Talk que el cantante dio el 25 de abril de 2017:

Ahora el uruguayo cumple 53 años, y aunque me es difícil hacer un resumen de sus “mejores” canciones, aquí hice una playlist para intentarlo.

Póngale, y que sea lo que sea.

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Millennials: los incomprendidos

Opinión.- Los que estamos en los veintitantos, los que pasamos en el celular, los que tenemos Netflix en vez de cable, los que tenemos crisis existenciales, los ambientalistas, los amigos de la inmediatez, los que exigimos más derechos, los inconformes, los emocionales, los adictos al internet, los arriesgados, los apasionados, los rebeldes y los incomprendidos.

Los Millennials: somos juzgados por la generación X y los BabyBoomers y cargamos con el peso de llenar los zapatos de nuestros antepasados. Sin embargo, no somos ni la sombra de lo que fueron ellos. Nunca lo vamos a hacer porque no podemos comparar peras con tomates, no hay ni una sola razón para compararnos. Somos diferentes.

Las generaciones anteriores no nos toman en serio, somos los que sin experiencia intentamos encontrar nuestro lugar en el mundo. Los puestos directivos y gerencias están ocupados por la generación pasada. En los trabajos hay una división, los millennials que quieren arriesgarse y la generación X que son calculadores y precavidos. Es un caos.

Los Millennials ya no vemos la vida como algo material, el trabajo ya no está resignado a cubículos, no queremos casarnos a los veinte y mucho menos tener una familia numerosa. Queremos sentir, vivir y hacer recuerdos. Vivir cada día en medio de la incertidumbre, no hacer planes y solo dejarnos llevar. Queremos cambiar las reglas del juego pero el sistema está demasiado cómodo. Nos seguirán juzgando por nuestras ideas y raras formas vivir. Seguiremos siendo los hijos raros de la sociedad. Los eternos incomprendidos.

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Regresó el terror: AHS

Opinión.- No me gusta el género de terror. He visto pocas películas de miedo, soy muy nerviosa.

Sin embargo, desde que me encontré con American Horror Story el gusto por el terror y el suspenso he superado mis propios demonios y me enganché a ver las primeras temporadas casi con devoción. La primera temporada que vi fue la tercera: Coven. Quizá sea mi afición a las relaciones entre mujeres y el feminismo, pero me pareció bien argumentada y sobre todo, bien documentada, me sorprendió encontrarme con historias antiguas sobre mujeres acusadas de brujería.

La segunda temporada que vi fue la segunda: Asylum. Fantástico regreso a los años cincuenta y a toda la mística alrededor de los manicomios y el tema de las posesiones demoníacas me dejaron pensando seriamente sobre la necesidad de acompañamiento espiritual de vez en cuando. Me pareció interesante que apareciera también el tema de las abducciones.

Para cuando llegue a ver la primera temporada, Murder House, ya era una fanática, nunca he amado tanto las actuaciones de Jessica Lange, Katy Bates y de Angela Bassette como en esta época de mi vida. Murder House tiene esos tintes nostálgicos de los noventas, tan enganchadores para gente de mi edad, sumándole la apacible vida de pareja que se intenta reconciliar.

Luego de algunas semanas de espera llegó a mi la cuarta temporada: Freak Show. Exquisita. Aunque a estas alturas ninguna supera a la tercera temporada que sigue siendo mi favorita.

La serie no tuvo suerte conmigo, llegó la quinta temporada titulada Hotel, cambios se dieron, entre ellos, ya no aparecía Jessica Lange y se integró Lady Gaga, no me mal interpreten, la cantante en cuestión me simpatiza y hasta conozco algo de su producción musical, pero en lo personal esa temporada no me gustó. El tema del vampirismo no me atrapó y la abandoné en el tercer capítulo.

Ahora regresó. Estoy emocionada, decidida a otorgarle mi perdón y olvido por la decepción de la temporada anterior y me embarco a descubrir la sexta temporada: My Roanoke Nightmare.

Para quienes tienen buena retentiva, la colonia desaparecida en la que se basa esta nueva temporada fue mencionada en la primera temporada, cuando una medium explica un conjuro para deshacerse de fantasmas. En esta temporada regresan actores que ya han aparecido en temporadas anteriores, como Cheyenne Jackson, Wes Bentley y Finn Wittrock. Con ellos seguirán la serie Sarah Paulson, Katy Bates, Angela Bassette, Lyli Rabe, Denis O’Hare y Lady Gaga.

Definitivamente hay mucho por descubrir en esta  nueva temporada y estaremos atentos a seguirla muy de cerca.

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El hombre de negro sigue cantando

Opinión.- Han pasado 13 años desde que el gran Johnny Cash dejó este mundo. Esta mañana he escuchado de nuevo sus canciones.

Ver a Johnny Cash siempre enfundado de negro en sus presentaciones, conocer de sus adicciones y escuchar su carrasposa voz presentándose “Hello, I’m Johnny Cash”, nos da una idea de cómo fue en vida este hombre que siempre anduvo por la vida con una guitarra en mano.

Siempre he admirado su amor por su segunda esposa, cantante como él, June Carter. Su historia fue tormentosa, pero con mucho amor. Después de todo, soy mujer cursi, porque siempre me impresionan las historias que van desde las adicciones, la rehabilitación y la redención.

¿Rock, country y gospel? ¿Qué era lo que cantaba este armonioso hombre? Johnny se reconocía como cantante de Gospel, pero su música trascendió no solo géneros, sino también generaciones y países. Como solo la buena música sabe hacer. Como los grandes, cantó al sentimiento que nos une como seres humanos.

Algo que existe en su obra es la tristeza y el desamparo. A mí me lo parece así. La temprana muerte de su hermano siendo niños se refleja en sus canciones, y también el peso de lo pecaminoso del mundo, pero de pronto Johnny toma todo eso y hace maravillosas obras de arte que lo llevan por toda una ruta de giras, dando conciertos en prisiones, teatros pequeños y escalando poco a poco al éxito.

El 12 de septiembre de 2003 murió Johnny. Meses antes, en mayo, había muerto June, su gran amor que estuvo junto a él durante 35 años. Según comentó el propio Cash, antes de su muerte June le animó a que siguiese trabajando, algo que él cumplió, llegando a completar más de sesenta grabaciones en sus últimos cuatro meses de vida.

En el mismo año en el que la parca lo visitó realizó varios covers. De este tiempo rescatamos Hurt, una deliciosa y dolorosa canción, original de Nine Inch Nails. Rarísimas veces un cover supera a la versión original, y considero que esta es una de esa ocasiones. La producción de su video es hermosa y oscura, como su música. No tiene ninguna pérdida admirar este trabajo.

Gracias, Johnny, por compartir con nosotros tu dolor y tu amor.

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Lo que me ha enseñado Tolstoi

Opinión.- Realista.

A los 16 años dormía con los libros de León Tolstoi en mi cama, mi mamá se sorprendía del desorden en el que vivía, mi cuarto siempre fue un caos de libros y objetos de arte regados por todos los rincones, libros, tarros de pintura, pinceles y telas llenas de colores incomprensibles. Mi adolescencia transcurrió entre estudio, cuidar a mis hermanas y tratar de encontrar una vocación. Cada noche, al llegar al límite del cansancio, agarraba todo lo que estaba en mi cama y lo bajaba al suelo para hacerme un espacio donde acostarme, bajaba todo, menos los libros de Tolstoi.

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Amaba ese realismo con el que retrataba poblaciones, personajes y una época convulsa: Ana Karenina, Los Cosacos y Guerra y Paz estuvieron en ese caos durante muchos meses, los leía y los releía, tratando de desentrañar qué era lo que hacía este ruso que me mantenía fascinada. Pocos autores lo han logrado. Amé a Tolstoi.

Hasta mi mamá, en sus intentos (casi siempre infructuosos) de poner orden y disciplina en mi vida y en mi cuarto, notó que aquellos gruesos libros pertenecían a un selecto grupo que no eran relegados al suelo, en un momento de distracción me soltó un “¿de qué trata este libro?” cuando vio la pasta dura y roja de Los Cosacos, el libro más delgado que tenía de Tolstoi, le contesté que era la historia de un hombre que buscaba calma y tranquilidad entre una etnia del Cáucaso, luego de una guerra. Por supuesto mi madre me soltó un “vos solo cosas raras lees”.

El tiempo pasó y me fui adentrando en otros autores, debía crecer y terminar el colegio y pues, la vida me llevó a un camino en el que de vez en cuando León Tolstoi aparecía en mis estantes de libros.

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Entonces sucedió. Vino el desempleo, al parecer el mundo no es muy amable con los humanistas y pasé un tiempo en el que tuve que tomar decisiones importantes, en aras de pagar los recibos del mes tomé toda mi biblioteca y fui a venderla en una librería especializada en la venta de ejemplares usados, allá en el centro histórico de San Salvador. Recuerdo que ese día lloré. En esa venta me tuve que desprender de hermosos ejemplares que había coleccionado durante muchos años, entre todos esos, iban mis tres libros de Tolstoi. Lloré al verlos perderse entre tantos otros ejemplares que otras personas llegaban a dejar ahí por unas cuantas monedas. Me sentí una Judas, traicionando a mis autores favoritos.

De León Tolstoi aprendí que había que saber desprenderse, que la gente es importante, que uno debe ser bueno, que ser buen cristiano es posible aún en tiempos convulsos, que pensar en un colectivo es posible.

Diez años después, Tolstoi regresó a mi vida. Como en mi adolescencia, duerme a mi lado, ahora que estoy casada también le damos chance a mi esposo de que nos acompañe. Mi esposo también le agrada mucho. Ahora Tolstoi regresó reencarnado no en sus libros, sino en mi gato, esa mascota que es mística y amorosa a la vez. Espero que en esta ocasión se quede más tiempo conmigo.

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El milagro de Pink Floyd

Opinión.- Parece que septiembre se ha propuesto a recordarnos algunos de los nombres más grandes que ha dado la música en todo el mundo. Ayer celebrábamos el 70 aniversario de nacimiento de Freddie Mercury, y hoy otro monstruo cumple 73: Roger Waters.

Pink Floyd —la banda de la que Waters fue uno de sus fundadores—, igual que cualquier otra banda a la que le quepa el calificativo de legendaria, no envejece. Ni lo hará nunca. Yo nací, por ejemplo, casi 30 años después de que la banda se formara. Como en mi casa nadie escucha rock, tuve que llegar casi a tropezones a él, un poco más tarde de lo que me gustaría admitir. Pero a los 18 un amigo me invitó a un bar en la ciudad en el que se le rendiría tributo a esa banda de la que yo conocía tan poco… Y aquella música me embelesó de la forma más terrible. Creo que pasé los siguientes 5 años escuchándolos a diario. Si eso no es un milagro, no sé qué lo podría ser.

Waters ha sido, sin lugar a dudas, uno de los pilares fundamentales de la historia del rock (si es que podemos hablar de solo una historia del rock), y por eso quise hacer esta lista de las veces que Waters colaboró con la más variopinta gama de músicos y banda más jóvenes, y siempre sonó genial:

  1. Yo tampoco entiendo qué hizo Shakira en esa fórmula, pero quitándola a ella, esta colaboración es demoledora: Roger Waters, Gustavo Cerati y Pedro Aznar. Nada menos.

  1. El 12/12/12 fue el concierto que nos dejó algunos conciertos memorables; combinaciones de músicos de distintas generaciones y estilos. Pero ninguna como esta: Pink Floyd y Pearl Jam. Psicodelia y grunge. Waters y Vedder:

  1. Otra vez tuvo lugar este salto generacional increíble. Dave Grohl ha tenido muchos aciertos en su carrera, este quizás sea uno de los más afortunados.

  1. Esta colaboración va por partida doble: fue compuesta por Roger Waters y Ennio Morricone para la banda sonora de la película de 1998 The Legend of 1900 y, además, en esta versión el guitarrista fue Eddie Van Halen.

  1. Desde Irlanda, Sinéad O’Connor cantó junto a Waters esta maravilla:

  1. Sí, y esta canción con Cyndi Lauper es genial de una forma muy extraña.

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Música electrónica, disciplina y la familia

Música.- Contexto: voy llegando a los 40, tengo 5 hijos recién salidos de la adolescencia, y adicione 75 alumnos de la misma edad que mis vástagos a esta combinación. Es lo que deben saber si se preguntan por qué una mujer de la generación X escucha música electrónica. ¿Por qué escucho a Steve Aoki?

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Cuando escucho el término “música electrónica” pienso en Pet Shop Boys, en Depeche Mode… en cambio mis hijos piensan en Ina, Tiesto, Van “algo” y en Aoki… pero seré honesta, la primera vez que escuché de este DJ de origen estadounidense y japonés fue hace varios años, cuando una exalumna me comentó que iría a la presentación que haría en San Salvador… ¿Steve “quién”?

El acabose de todo sucedió la semana pasada, cuando entré a Netflix y vi el título del documental I’ll Sleep When I’m Die. Me llamó la atención, porque esta frase era mi lema de vida en mis locos años veintes, cuando trabajaba, estudiaba y me divertía sin treguas, sin consideraciones físicas y psicológicas: yo era imparable como este hombre.

Me sumergí en una pantalla llena de gente pintada por las luces neón, y pude recordar qué se siente ir entrando a un antro a escuchar a un artista que te gusta… excepto que en mi caso prefiero el rock, el punk y géneros menos edulcorados y sintéticos.

A medida que avanzó el documental me di cuenta de algo terrible: los adultos somos el inicio de la intolerancia.

Como personas “de bien” cumplimos con el deber de decirle a los jóvenes que uno debe vivir con tolerancia, amor y paz… somos hipócritas. ¿Por qué no había escuchado antes música electrónica salida de las geniales mezclas de DJs? Por una simple razón: alguien me metió en la cabeza de que eso no es arte, no es algo que valga, no es algo bueno.

Los estereotipos hacen mucho mal. Ver a ese peludo de cabellos lacios, saltando, con los brazos extendidos mientras una masa de personas le trata de seguir el ritmo, me hizo pensar en alcohol, droga y sexo. Lo reafirmó ver a jovencitos semidesnudos, mujeres hermosas con flores en la cabeza, sosteniendo carteles que dicen “Cake Me” y que le dan la razón cuando veo al artista en cuestión con un pastel en las manos, dispuesto a estrellarlo en las caras de sus fans.

Pero: alto.

De pronto veo al DJ lanzarse a la  multitud como lo hacían los músicos que me gustaron en mi adolescencia de los años noventa. Algo se estaba pareciendo demasiado a un mosh. Me perturbé, yo estuve en escenas así a mis 21 años, a mis 23, a mis 25… alcohol, droga y sexo; música, ruido y caos. Al parecer esto se está volviendo una especie de déjà vu.

Aoki inició en la música en una banda de hardcore, en 1997. Él era adolescente, yo era adolescente. Somos contemporáneos. Netflix retrata a este músico, DJ, empresario, hijo y hermano de una manera poética, mostrándonos al productor musical que viene de una familia desintegrada y que ha trabajado por lo que parecía lo correcto para él. Nos cuenta la historia de un muchacho que estudió Sociología y Estudios de la Mujer, quien a los 19 años decidió que era buena idea fundar una firma de discos llamada Dim Mak (exacto, usted vio ese singular movimiento de artes marciales cuando en Kill Bill 2, la bella Beatrix Kiddo mata al malvado Bill).

Nos muestra a un hombre profundamente disciplinado, concretando la idea fundamental del éxito: se debe trabajar duro y ser constantes para llegar a nuestras metas. Bota el estereotipo básico que nos hemos formado los adultos: algunos artistas de hoy no son personas que solo “saltan como locos” en un escenario.

Me pregunté si mis chicos saben todo esto de Steve Aoki. Me pregunté si mis alumnos pensarán, mientras menean sus cuerpos, que este hombre casi cuarentón tiene un concepto de la familia muy fuerte. Si saben que es el hijo de Rocky Aoki, fundador de los Benihana y destacado atleta japonés. Hay tanto detrás de un ser humano que solo salta al compás de sonidos estrafalarios. Netflix lo ha logrado de nuevo: logró que me interesara en algo que sale de mi zona de confort.

Eso sí, lamento decepcionarlos, no seré amante de la música electrónica, pero creo que ahora puedo escuchar tres o cuatro piezas de este género y apreciarlas, entre ellas, esta genial colaboración con la rapera Iggy Azalea, de quien hablaré en otra ocasión. Vean el documental, no tiene desperdicio.

VoxBox.-

Discúlpame: yo te mentí, Juanga

Juanga. VoxBox.

Opinión.- Discúlpame, no sé cómo he podido vivir así: te mentí, Juanga, y a todo el mundo. Tu música me gusta.

Mi esposo dice que es señal inequívoca de que envejezco, que ahora que voy llegando a los cuarenta tararee tus canciones, mientras preparo el almuerzo del domingo. Con él, cada domingo por la noche, durante 14 largas semanas, esperábamos que dieran las 8 p. m. para ver Hasta que te conocí, la serie que cuenta gran parte de tu vida. Alberto, nos hiciste llorar y reír.

Discúlpame, tuve que esperar a escuchar la terrible noticia de tu muerte para sentarme y escribir esta carta que te debo desde que era una adolescente. Has estado presente en mi vida desde muy niña. Como en la vida de miles de latinoamericanos.

Cometí la infamia de decir que tu música era feíta, que no me gustaba solo porque no es rock, metal o grunge. Es mentira: las únicas rancheras que he cantado con el entusiasmo del amor o el inmenso dolor del desamor son las tuyas. Tuyas, Alberto. Tuyas, Juan Gabriel.

Perdóname, Juan Gabriel, no sabes todo lo que pasó por mi mente cuando leí el primer tuit que anunciaba el infarto que te llevó lejos de nosotros. Pensé en mis papás, en mi tía que vive en Estados Unidos, en todos mis parientes que cantaban tus canciones al unísono en cada Navidad o Año Nuevo, cuando nos reuníamos. Recordé a aquella compañera del bachillerato que me decía que una de tus canciones se me aplicaba mucho por la tristeza de la soledad en la juventud. Perdóname, Juan Gabriel.

Y no solo soy yo. Tú nos cantaste los sentimientos, pusiste en letras y acordes, los colores de todas las emociones que se puedan tener: la alegría, la pena, el dolor, la tristeza, el amor, la dicha, el gozo. Todas, tú las pintaste, las esculpiste, las fotografiaste y nos las devolviste para que nosotros, simples mortales, nos rindiéramos ante ti, en cada cantina, en cada esquina de pueblo, en cada karaoke, en cada cocina de cada casa, en cada corazón, en cada cementerio. Fuiste único, eres único, porque cumpliste con un magnífico milagro: nos hiciste únicos.

Gracias, Juanga. Gracias por todos los recuerdos que tengo desde que tengo memoria, gracias por las canciones que hiciste solo para que yo las bailara abrazada a mi padre, por todas las canciones que hiciste y que mi tía cantaba mientras me cortaba el cabello, por todas las canciones que mi madre cantaba con lágrimas en los ojos cuando recordaba a su mamá, por todas las canciones que canté con mi esposo en plena Plaza Garibaldi, apostados en el Tenampa.

Te has ido, pero solo en parte: tú te has quedado conmigo, con cada motorista de bus, con cada señora del mercado, con cada secretaria municipal, con cada gerente que celebra sus logros, con cada padre que le canta a sus amadas hijas, con cada persona que se despide del gran amor de su vida.

Te quedas acá, con tu música, con tus lentejuelas y rubor, con tu libertad, con tu capacidad de perdonar el odio ajeno, con tu capacidad de siempre ver hacia adelante con esperanza loca, con tu valentía que desbanca a cualquier macho, con tu alegría que nos saca lágrimas, y con tus lágrimas que nos sacan del desamor. Quédate conmigo un rato más, Juan Gabriel, te lo pido, por favor.

Top de las canciones que más he cantado de Juanga

1. Porque siempre todos hemos encontrado a alguien que nos ha llenado de dolor.

2. Por esas veces en las que simplemente no nos sentimos aptos para amar.

3. Porque hay que tener poca madre para no estremecerse con esta canción.

4. Porque todos hemos tenido al menos una noche en la vida, en la que en realidad lo que importa es divertirse.

5. Porque hace unos años, mientras estaba sin empleo, me sorprendí caminando de regreso a casa cantando esta canción. Venía de una entrevista de trabajo que, por supuesto, no me dieron.

Bonus Track:

Porque con canciones como esta se recibe mejor la realidad: estar enamorados es algo tan terriblemente divino.

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Instrucciones para llorar: Cortázar no es “Rayuela”

Opinión.- Cortázar no es Rayuela. Dejémoslo claro de una buena vez. Cortázar no es Rayuela, y por si no me creen, aquí algunos datos: Cortázar es un escritor argentino nacido un 26 de agosto de 1914. Rayuela es la segunda novela de Cortázar, escrita y publicada en 1963. Cortázar fue uno de los pilares de aquel momento literario en Latinoamérica conocido como el Boom, en el que figuraba otros señores de la palabra como García Márquez y Carlos Fuentes. Rayuela es una grandiosa novela, levemente sobrevalorada, que algunos internautas creen que está compuesta por una sola oración (“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”).

Aclarado este punto, la cosa se vuelve más fácil. Dicen por ahí que el mejor Cortázar es un mal Borges. No, no estoy de acuerdo. Me rehúso a caer en esa manía facilona de comparar lo que no se puede comparar: Cortázar no es Rayuela. Borges no es Cortázar (ergo, ¿Borges no es Rayuela?).

Cortázar, como cualquier escritor que se precie de serlo, no puede simplificarse a algunas palabras escogidas de sus libros, pero si todavía no lo has leído, si eres de los que creen que Cortázar es Rayuela, aquí te dejamos estas frases maravillosas del argentino que no están en Rayuela:

  1. “Todavía no sentimos montar los recuerdos, esa necesidad de inventariar el pasado que crece con la soledad y el hastío”. (Queremos tanto a Glenda)
  2. “Todo hay que volver a inventarlo,[…], el amor no tiene por qué ser una excepción”. (Libro de Manuel)
  3. “Vení a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará”. (Salvo el crepúsculo)
  4. “Y diré las palabras que se dicen, y comeré las cosas que se comen, y soñaré las cosas que se sueñan, y sé muy bien que no estarás”. (Salvo el crepúsculo)
  5. “Lo que llamamos absurdo es nuestra ignorancia”. (Los premios)
  6. “¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que lo maravilloso no es más que uno de los juegos de la ilusión?”. (La tos de una señora alemana)
  7. “La verdad que no me importa si no entiendo a las mujeres. Lo único que vale la pena es que lo quieran a uno. Si están nerviosas, si se hacen problemas por cualquier macana, bueno nena, ya está, deme un beso y se acabó”. (La señorita Cora)
  8. “Hasta lo inesperado acaba en costumbre cuando se ha aprendido a soportar”. (Todos los fuegos, el fuego)
  9. “Ningún juego te hará olvidar: tu alma es una máquina fría, un lúcido registro. Nunca olvidarás nada en un torbellino que arrase lo grande y lo pequeño para tirarte a otro presente”. (62 modelo para armar)
  10. “Un puente no es verdaderamente puente mientras los hombres no lo crucen”. (El libro de Manuel)
  11. “Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas”. (Instrucciones para llorar)
  12. “Creo que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte como la mano izquierda enamorada de ese guante que vive en la derecha”. (Salvo el crepúsculo)

VoxBox.-