10 años después: “Gilmore Girls” regresa

Gilmore Girls duró siete temporadas y finalizó en 2007, luego de que la creadora Amy Sherman-Palladino no participó en la última temporada por problemas con el canal. La serie no fue renovada.

Opinión.- Hoy se estrena una de las continuaciones más esperadas.

A principios de 2000, Gilmore Girls era una de esas series clásicas del canal de cable Warner Channel. La pasaban en horario central y luego la repetían millones de veces durante el día. Para las adolescentes de 2000, Gilmore Girls era (y más ahora, nueve años después de su final) una de las series favoritas.

Algunas de las razones porque la serie tuvo tanto éxito es por sus dos personajes femeninos principales, mamá e hija (Lorelai y Rory Gilmore) teniendo una relación aspiracional, atravesando entre ambiciones profesionales e intereses románticos. Stars Hollow es un pueblo pequeño lleno de historias con personajes que crean un ambiente muy cálido, invadido por el café y las infinitas referencias a la cultura pop.

Gilmore Girls duró siete temporadas y finalizó en 2007, luego de que la creadora Amy Sherman-Palladino no participó en la última temporada por problemas con el canal. La serie no fue renovada.

Aunque durante todos estos años se hicieron sucesivas repeticiones de la serie para los fanáticos que vieron a Rory pasar del colegio privado hasta la universidad, o los que compartían su vocación de periodista, su pasión por la lectura, o estaban pendientes del desenlace en sus romances.

Gilmore Girls
Nueve años después, Netflix revive la serie con cuatro capítulos de hora y media inspirados en las estaciones del año y con Lorelai y Rory. Todos los personajes siguen viviendo sus vidas en Stars Hollow casi 10 años después. Pero antes de ver Gilmore Girls: A Year in the Life, te recomendamos repasar esas siete temporadas.
Ver 153 capítulos de Gilmore Girls de 40 minutos cada uno —102 horas en total— es un gran reto, pero te ayuda a entender una trama complicada con altibajos en cada temporada. Aun si ya la viste hace años, es necesario someterse a una larguísima segunda visualización.

Gilmore Girls

 Desde la primera temporada es muy fácil engancharse con la historia de Rory y Lorelai. Gilmore Girls es una historia de crecimientos personal, intelectual y profesional. Rory quiere ser periodista y estudiar en Harvard. Lorelai sueña con abrir su propio Inn.

Le escritora Sherman-Palladino logró que las Gilmore fueran personajes con aspiraciones. Hoy, con una mirada feminista más abierta, se disfruta de esta característica de mujeres seguras e independientes muchísimo más.

Gilmore Girls: Un nuevo año tiene un total de cuatro episodios. Este será el final que la escritora le quiso dar a la serie, pero que no pudo por diferencias con el canal.

Ver Gilmore Girls es casi como un escape a la realidad, sin realmente escapar de ella. Rory y Lorelai se enfrentan a problemas cotidianos, cada una con su personalidad hace de la serie algo intrigante, emocionante y hasta algunas veces decepcionante de las decisiones que toman. Así como en la vida real, en Gilmore Girls hay desilusiones, fracasos y peleas. Te hacen sentir que quizás su vida no es tan diferente a la tuya, y que si ellas pueden sobrevivir, vos también podés.

Sin duda, quiero ver el rumbo que tomó la vida de los personajes con los que tanto me involucré.

GILMORE GIRLS

VoxBox.-

Cómo tener esperanzas en la humanidad, aun sabiendo que no tiene remedio

Opinión.- Esta semana ha sido rara, cansada y dolorosa. Posiblemente sea que me estoy poniendo vieja y ahora todo me cansa. Todo. La gente, los inconvenientes mínimos, los comentarios irracionales, el clima sofocante de mi país al mediodía, los desacuerdos con mis hijos, mis achaques de salud. Todo.

Sumado a todo esto, nunca he tenido paciencia, y la poca tolerancia que he ido adquiriendo se me va con todo lo oscuro que puedan traer los días.

Primero, ganó Trump… me dirán: “Pero si usted no vive en Estados Unidos, pertenece a un pequeño y tercermundista país en Centroamérica, en el que no se sabe si se regresará bien al salir de casa cada mañana”, pues si. La noticia me empezó a golpear el martes a eso de las 9 p. m. Para cuando anunciamos acá el gane del hombre, a eso de la 1 a. m. del miércoles, mi ánimo ya se me había ido al piso. Aclaro, no es que Hillary sea santa de mi devoción, nunca he confiado en la gente que tiene demasiado que ocultar, pero entre ambos, creo que prefería el mal menor. Luego me pregunté, ¿de verdad era el mal menor?

El miércoles hice lo que no debía: empecé a leer noticias en los periódicos de mi país. Lloré leyendo la muerte de un par de salvadoreños: un anciano fue asesinado por pandilleros que violaban a su vecina, a la cual quiso ayudar. Le reventaron el cráneo con una enorme piedra. Luego llegué a la historia de Armando, un niño de 13 años que fue asesinado por pandilleros, porque no quiso integrarse a la estructura criminal. ¿Qué pasa con el mundo?

Esta semana he querido gritar a los cuatro vientos que no quiero tratar de entender a la gente joven y entendí al fin a mis viejos cuando yo era una adolescente. He caído en el círculo eterno de la inagotable pérdida de tiempo de tratar de entender a la nueva generación, sea como se llame, ahora se dicen millenials. No quiero entenderlos, me parecen optimistas en exceso e indiscriminadamente carentes de esencia, bulliciosos y con el terrible estigma de pensar que han venido al mundo para no hacer nada. Están huecos. Los siento huecos. No me generan ternura, ni empatía. Son pocos los que logro aceptar cercanía e intercambiar palabras. Yo me he vuelto un monstruo, lo sé. Ellos no tienen la culpa.

Para coronar mi semana, anoche me llegó la noticia de la muerte de Leonard Cohen. ¿Por qué su muerte ahora es importante para mi? Siempre lo escuché mencionar, pero no llegué a sus canciones hasta hace poco, y de alguna manera, justo ese día, me convertí en fan de sus líricas, porque al final alguien describe cómo me siento, cómo se llena mi alma de oscuridad, pero que… de alguna manera… sigue siendo alma. Me hizo entender que en medio del dolor, de la oscuridad, de la decepción, del cansancio, existe una luz. Su luz. Su voz rasposa cantándome que no importando cuánto duela la vida, hay que seguir teniendo esperanzas.

Gracias Leonard, no importa dónde estés, siempre te recordaré, especialmente en mis día más oscuros.

VoxBox.-

 

Doctor Strange y el extraño triunfo de la psicología barata

Vamos directo al grano: Doctor Strange vale la pena. ¿La recomendaría? Sí. Es entretenida. Es quizás de las películas de Marvel que más he disfrutado.

Opinión.- Vamos directo al grano: Doctor Strange vale la pena. ¿La recomendaría? Sí. Es entretenida. Es quizás de las películas de Marvel que más he disfrutado. Además, soy fanático de Cumberbatch desde que protagoniza a uno de los mejores Sherlocks Holmes que se han visto en el cine o televisón.

(Acá comienza el spoiler)

Como punto fuerte de la cinta voy a rescatar a Tilda Swinton.

Sí, como ya lo saben, Swinton hace cualquier película un lugar mejor, un lugar extraño y un poco lúgubre, pero bello. Lo hizo incluso con Narnia. El hecho de que interpretara un personaje que —de acuerdo al comic— le correspondía a un hombre, hace su trabajo todavía más genial, aunque los puristas digan lo contrario. Ningún hombre habría podido darle el toque justo de excentricidad a ese personaje. Y verla sin cabello solo resalta el punto inicial: Swinton hace todo más extraño, pero más bonito.

Pero Doctor Strange no es perfecta. Los efectos especiales no son los mejores y, quizás por eso, las escenas de las peleas en los que todo el mundo visible da vueltas, y los edificios se vuelven engranajes gigantes de una máquina psicodélica, tienden a cansar un poco.

Otra debilidad tremenda son los diálogos. Aunque la trama me pareció interesante —un poco trillada, pero interesante— los diálogos me provocaron mucha pereza: básicamente se resumió toda la literatura de autoayuda y motivación en un par de horas de película. En serio, muy mal todo con este punto.

Para ser justos, debo decir que el sentido del humor estuvo bien utilizado. Los chistes eran contundentes y la mayoría de veces bastante oportunos.

Y por último, como dije al principio, está la gran fortaleza de la película: Benedict Cumberbatch. Junto con Swinton, uno de los excéntricos favoritos de todo. Uno de los líderes indiscutibles de la larga y noble tradición de actores nerd. Pero no nerd/playboy al estilo Robert Downey Jr. Nerd normal. Nerd más real. Aunque el doctor Stephen Strange se parece más a Tony Stark, Cumberbatch logra hacer que el personaje muestre sus radicales diferencias con el resto de superhéroes de la franquicia —después de todo se trata de un hechicero— y abre toda una gama de nuevas posibilidades. Tal vez en un futuro no tan lejano ya no hablemos de un «universo Marvel» sino de un «Multiverso Marvel».

Ojalá que así sea.

VoxBox.-

¿Quién disfruta más del sexo oral?

Sexo oral. VoxBox.

Hablemos de sexo oral. Sin tapujos ni tabúes. Las mujeres se han permitido experimentarlo sin el estereotipo que antes se tenía. ¿Quién lo disfruta más?

Opinión.- Es un tema que se habla en secreto y que a algunos les incómoda aceptar que lo practican (o que quieren practicarlo).

Las mujeres se han permitido experimentarlo sin el estereotipo que antes se tenía, que era solo para satisfacer al hombre. Pero ¿quién lo disfruta más?

Vamos a los hechos científicos, ya hay estudios que han comprado que las mujeres son más propensas a practicar el sexo oral que los hombres. Y aquí voy a divagar un poco en que creo que esto se debe a que los hombres han mostrado un gran interés en que las mujeres les practiquen sexo oral y las mujeres nos limitamos a no experimentarlo por miedo (sí, machismo). 

Un estudio realizado por la Universidad del Pacífico y London School of Hygiene and Tropical Medicine aseguró que la práctica de sexo oral entre los géneros no es equilibrado. Lo que se encontró fue que las mujeres prefieren no recibir sexo oral porque sienten el rechazo de los hombres hacia los genitales femeninos, y eso acaba por incomodarlas.

A ver, voy a detenerme aquí. Las mujeres, a menudo se sienten inseguras no solo de sus genitales sino de su cuerpo en sí: las llantitas, la celulitis, la depilación y, además, si sus genitales son aceptables para los hombres o no. Esto es producto, obviamente, de la visión machista en la sexualidad.

Las prácticas sexuales para una mujer implica muchas cosas y entre todas esas, la última en la que piensan es en la satisfacción y el placer. En este contexto, las mujeres han optado por disfrutar el sexo oral de otra manera. Además, a menudo las mujeres relacionan practicarle sexo oral al hombre con el poder, el hombre se relaja y ella lo controla (más estereotipos).

Una investigación publicada en el Journal of Sex Research, recalca que los hombres jóvenes tildan el sexo oral a las mujeres como un acto «de mal gusto».

Pardójicamente, sabemos que el aparato reproductor de la mujer está mucho mejor capacitado que el del hombre para recibir placer.

Pero en los últimos años, la mujer ha experimentado una liberación en su sexualidad. Ahora podemos ver a las mujeres más decididas y seguras de querer recibir placer, incluso más que los hombres.

Mientras tanto el sexo oral sigue siendo uno de los grandes temas pendientes de las relaciones entre parejas. Y, como casi siempre, las mujeres son las que salen perdiendo.

Solo nos queda esperar que esta revolución en la sexualidad femenina continúe.

 

El hombre de negro sigue cantando

Opinión.- Han pasado 13 años desde que el gran Johnny Cash dejó este mundo. Esta mañana he escuchado de nuevo sus canciones.

Ver a Johnny Cash siempre enfundado de negro en sus presentaciones, conocer de sus adicciones y escuchar su carrasposa voz presentándose “Hello, I’m Johnny Cash”, nos da una idea de cómo fue en vida este hombre que siempre anduvo por la vida con una guitarra en mano.

Siempre he admirado su amor por su segunda esposa, cantante como él, June Carter. Su historia fue tormentosa, pero con mucho amor. Después de todo, soy mujer cursi, porque siempre me impresionan las historias que van desde las adicciones, la rehabilitación y la redención.

¿Rock, country y gospel? ¿Qué era lo que cantaba este armonioso hombre? Johnny se reconocía como cantante de Gospel, pero su música trascendió no solo géneros, sino también generaciones y países. Como solo la buena música sabe hacer. Como los grandes, cantó al sentimiento que nos une como seres humanos.

Algo que existe en su obra es la tristeza y el desamparo. A mí me lo parece así. La temprana muerte de su hermano siendo niños se refleja en sus canciones, y también el peso de lo pecaminoso del mundo, pero de pronto Johnny toma todo eso y hace maravillosas obras de arte que lo llevan por toda una ruta de giras, dando conciertos en prisiones, teatros pequeños y escalando poco a poco al éxito.

El 12 de septiembre de 2003 murió Johnny. Meses antes, en mayo, había muerto June, su gran amor que estuvo junto a él durante 35 años. Según comentó el propio Cash, antes de su muerte June le animó a que siguiese trabajando, algo que él cumplió, llegando a completar más de sesenta grabaciones en sus últimos cuatro meses de vida.

En el mismo año en el que la parca lo visitó realizó varios covers. De este tiempo rescatamos Hurt, una deliciosa y dolorosa canción, original de Nine Inch Nails. Rarísimas veces un cover supera a la versión original, y considero que esta es una de esa ocasiones. La producción de su video es hermosa y oscura, como su música. No tiene ninguna pérdida admirar este trabajo.

Gracias, Johnny, por compartir con nosotros tu dolor y tu amor.

VoxBox.-

Música electrónica, disciplina y la familia

Música.- Contexto: voy llegando a los 40, tengo 5 hijos recién salidos de la adolescencia, y adicione 75 alumnos de la misma edad que mis vástagos a esta combinación. Es lo que deben saber si se preguntan por qué una mujer de la generación X escucha música electrónica. ¿Por qué escucho a Steve Aoki?

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Cuando escucho el término “música electrónica” pienso en Pet Shop Boys, en Depeche Mode… en cambio mis hijos piensan en Ina, Tiesto, Van “algo” y en Aoki… pero seré honesta, la primera vez que escuché de este DJ de origen estadounidense y japonés fue hace varios años, cuando una exalumna me comentó que iría a la presentación que haría en San Salvador… ¿Steve “quién”?

El acabose de todo sucedió la semana pasada, cuando entré a Netflix y vi el título del documental I’ll Sleep When I’m Die. Me llamó la atención, porque esta frase era mi lema de vida en mis locos años veintes, cuando trabajaba, estudiaba y me divertía sin treguas, sin consideraciones físicas y psicológicas: yo era imparable como este hombre.

Me sumergí en una pantalla llena de gente pintada por las luces neón, y pude recordar qué se siente ir entrando a un antro a escuchar a un artista que te gusta… excepto que en mi caso prefiero el rock, el punk y géneros menos edulcorados y sintéticos.

A medida que avanzó el documental me di cuenta de algo terrible: los adultos somos el inicio de la intolerancia.

Como personas “de bien” cumplimos con el deber de decirle a los jóvenes que uno debe vivir con tolerancia, amor y paz… somos hipócritas. ¿Por qué no había escuchado antes música electrónica salida de las geniales mezclas de DJs? Por una simple razón: alguien me metió en la cabeza de que eso no es arte, no es algo que valga, no es algo bueno.

Los estereotipos hacen mucho mal. Ver a ese peludo de cabellos lacios, saltando, con los brazos extendidos mientras una masa de personas le trata de seguir el ritmo, me hizo pensar en alcohol, droga y sexo. Lo reafirmó ver a jovencitos semidesnudos, mujeres hermosas con flores en la cabeza, sosteniendo carteles que dicen “Cake Me” y que le dan la razón cuando veo al artista en cuestión con un pastel en las manos, dispuesto a estrellarlo en las caras de sus fans.

Pero: alto.

De pronto veo al DJ lanzarse a la  multitud como lo hacían los músicos que me gustaron en mi adolescencia de los años noventa. Algo se estaba pareciendo demasiado a un mosh. Me perturbé, yo estuve en escenas así a mis 21 años, a mis 23, a mis 25… alcohol, droga y sexo; música, ruido y caos. Al parecer esto se está volviendo una especie de déjà vu.

Aoki inició en la música en una banda de hardcore, en 1997. Él era adolescente, yo era adolescente. Somos contemporáneos. Netflix retrata a este músico, DJ, empresario, hijo y hermano de una manera poética, mostrándonos al productor musical que viene de una familia desintegrada y que ha trabajado por lo que parecía lo correcto para él. Nos cuenta la historia de un muchacho que estudió Sociología y Estudios de la Mujer, quien a los 19 años decidió que era buena idea fundar una firma de discos llamada Dim Mak (exacto, usted vio ese singular movimiento de artes marciales cuando en Kill Bill 2, la bella Beatrix Kiddo mata al malvado Bill).

Nos muestra a un hombre profundamente disciplinado, concretando la idea fundamental del éxito: se debe trabajar duro y ser constantes para llegar a nuestras metas. Bota el estereotipo básico que nos hemos formado los adultos: algunos artistas de hoy no son personas que solo “saltan como locos” en un escenario.

Me pregunté si mis chicos saben todo esto de Steve Aoki. Me pregunté si mis alumnos pensarán, mientras menean sus cuerpos, que este hombre casi cuarentón tiene un concepto de la familia muy fuerte. Si saben que es el hijo de Rocky Aoki, fundador de los Benihana y destacado atleta japonés. Hay tanto detrás de un ser humano que solo salta al compás de sonidos estrafalarios. Netflix lo ha logrado de nuevo: logró que me interesara en algo que sale de mi zona de confort.

Eso sí, lamento decepcionarlos, no seré amante de la música electrónica, pero creo que ahora puedo escuchar tres o cuatro piezas de este género y apreciarlas, entre ellas, esta genial colaboración con la rapera Iggy Azalea, de quien hablaré en otra ocasión. Vean el documental, no tiene desperdicio.

VoxBox.-

Yo te mentí, Juan Gabriel

Opinión.- Discúlpame, Alberto, no sé cómo he podido vivir así, mintiéndote a ti y a todo el mundo. Tu música me gusta.

Mi esposo dice que es señal inequívoca de que envejezco, que ahora que voy llegando a los cuarenta tararee tus canciones, mientras preparo el almuerzo del domingo. Con él, cada domingo por la noche, durante 14 largas semanas, esperábamos que dieran las 8 p. m. para ver Hasta que te conocí, la serie que cuenta gran parte de tu vida. Alberto, nos hiciste llorar y reír.

Discúlpame, tuve que esperar a escuchar la terrible noticia de tu muerte para sentarme y escribir esta carta que te debo desde que era una adolescente. Has estado presente en mi vida desde muy niña. Como en la vida de miles de latinoamericanos.

Cometí la infamia de decir que tu música era feíta, que no me gustaba solo porque no es rock, metal o grunge. Es mentira: las únicas rancheras que he cantado con el entusiasmo del amor o el inmenso dolor del desamor son las tuyas. Tuyas, Alberto. Tuyas, Juan Gabriel.

Perdóname, Juan Gabriel, no sabes todo lo que pasó por mi mente cuando leí el primer tuit que anunciaba el infarto que te llevó lejos de nosotros. Pensé en mis papás, en mi tía que vive en Estados Unidos, en todos mis parientes que cantaban tus canciones al unísono en cada Navidad o Año Nuevo, cuando nos reuníamos. Recordé a aquella compañera del bachillerato que me decía que una de tus canciones se me aplicaba mucho por la tristeza de la soledad en la juventud. Perdóname, Juan Gabriel.

Y no solo soy yo. Tú nos cantaste los sentimientos, pusiste en letras y acordes, los colores de todas las emociones que se puedan tener: la alegría, la pena, el dolor, la tristeza, el amor, la dicha, el gozo. Todas, tú las pintaste, las esculpiste, las fotografiaste y nos las devolviste para que nosotros, simples mortales, nos rindiéramos ante ti, en cada cantina, en cada esquina de pueblo, en cada karaoke, en cada cocina de cada casa, en cada corazón, en cada cementerio. Fuiste único, eres único, porque cumpliste con un magnífico milagro: nos hiciste únicos.

Gracias, Juanga. Gracias por todos los recuerdos que tengo desde que tengo memoria, gracias por las canciones que hiciste solo para que yo las bailara abrazada a mi padre, por todas las canciones que hiciste y que mi tía cantaba mientras me cortaba el cabello, por todas las canciones que mi madre cantaba con lágrimas en los ojos cuando recordaba a su mamá, por todas las canciones que canté con mi esposo en plena Plaza Garibaldi, apostados en el Tenampa.

Te has ido, pero solo en parte: tú te has quedado conmigo, con cada motorista de bus, con cada señora del mercado, con cada secretaria municipal, con cada gerente que celebra sus logros, con cada padre que le canta a sus amadas hijas, con cada persona que se despide del gran amor de su vida.

Te quedas acá, con tu música, con tus lentejuelas y rubor, con tu libertad, con tu capacidad de perdonar el odio ajeno, con tu capacidad de siempre ver hacia adelante con esperanza loca, con tu valentía que desbanca a cualquier macho, con tu alegría que nos saca lágrimas, y con tus lágrimas que nos sacan del desamor. Quédate conmigo un rato más, Juan Gabriel, te lo pido, por favor.

Top de las canciones que más he cantado del Divo de Juárez.

1. Porque siempre todos hemos encontrado a alguien que nos ha llenado de dolor.

2. Por esas veces en las que simplemente no nos sentimos aptos para amar.

3. Porque hay que tener poca madre para no estremecerse con esta canción.

4. Porque todos hemos tenido al menos una noche en la vida, en la que en realidad lo que importa es divertirse.

5. Porque hace unos años, mientras estaba sin empleo, me sorprendí caminando de regreso a casa cantando esta canción. Venía de una entrevista de trabajo que, por supuesto, no me dieron.

Bonus Track:

Porque con canciones como esta se recibe mejor la realidad: estar enamorados es algo tan terriblemente divino.

VoxBox.-