Mario Guevara

Canciones que deberían ser más famosas

Canciones que debieron ser más famosas. VoxBox.

Ahora les traigo una lista de sencillos que creo que deberían ser más famosos en nuestra región latinoamericana:

Música.- Como la última vez les vine a imponer mis gustos musicales, decidí hacerlo de nuevo, trayéndoles una lista de sencillos que creo que deberían haber tenido más éxito en nuestra región latinoamericana. Esta lista ha pasado por un arduo proceso de curaduría validado por mí mismo.

Aquí se las dejo, sin más preámbulos

Last Dance, de The Raveonettes

¿Han notado que a veces un video puede ayudar a que una canción normalona sea más trascendente? Pues en este caso, no es así. El video tan feo que le hicieron arruina la experiencia que deberían tener al solo escuchar esta canción del disco In and Out of Control, del año 2009.

I Still Remember, de Bloc Party

Voy a serles honestos: Yo quería poner Kreuzberg, pero gracias a una rigurosa y profunda investigación, vi que no fue sencillo oficial del disco A Weekend in the City. Pero esta sí. Seguro habrá quien diga: “¿Quién no conoce a Bloc party? ¡Mis amigos y yo amamos este disco y siempre estamos hablando de él en nuestros tuitbooks!”. Pues qué suerte para usted y sus amigos cultos, pero ¿no le gustaría poder poner esta canción en una reunión y que todo el mundo la gozara como aparentemente pasa hoy con los jovencitos han redescubierto Mr. Brightside?

Only the Young, de Brandon Flowers

Hablando de The Killers, tenía que mencionar este sencillo del disco en solitario de Brandon Flowers. La canción es buenísima y el video, dirigido por Sophie Muller, también. Esto hace más inexplicable para mí que las masas no cayeran ante su encanto. Quizá sea porque extrañaban al grupo o por la religión de Flowers. Sea como sea, durante esta época yo deseé que Flowers y Muller buscaran colaborar con la siguiente mujer rara.

Waiting in Vain, de Annie Lennox

Aquí me podrían decir que en su época sí fue un “éxito” o que tuvo exposición como parte de la banda sonora de Serendipity, pero yo no creo que mucha gente haya visto esa película, o si la vio, la recuerde. El punto es que, para mí, debería haber sobrepasado la barrera generacional y ser una canción ampliamente conocida. En general todo el repertorio de Annie Lennox debería ser de conocimiento general. Me parece una de las cantantes más interesantes y supongo que a John Malkovich también y, por eso, aceptó salir en su video de Walking on Broken Glass.

Love Thy Will Be Done, de Martika

Otra mujer que fue famosa en el pasado fue Martika, semiresucitada por Eminem gracias a Like Toy Soldiers. Martika fue otra de las que estuvo en su momento bajo el ala protectora de Prince, y esto se nota particularmente en esta canción producida por él y que incluye sus segundas voces. La impecable fotografía de su video y sus estampas de Cuba deberían haber hecho a esta una canción más apreciada en la región incluso hoy.

The Sound, de The 1975

Si no ha oído todo el disco I Like It When You Sleep, for You Are So Beautiful Yet So Unaware of It, dese la oportunidad. En El Salvador se le dio algo de rotación a She’s American, que es una de las mejores del disco, así como A Change of Heart (cuyo video me decepcionó enormemente). Antes de estos dos sencillos, lanzaron The Sound (en realidad este fue el cuarto del disco). Lo elijo porque creo que tiene un gran potencial, al combinar un sonido ochentero con una producción moderna que puede atraer a gente más joven.

Escapee, de Architecture in Helsinki

Yo le sugeriría que oyera los discos Moment Bends y Now + 4Eva completos, si siempre ha sido un poco aseñorado, pero en su mente aún es joven y le gusta lo que suena “moderno”, pero no tan “moderno” como para que parezca una intercambiable canción de “Sia/Rihanna con colaboración de Calvin Harris, remix de Zedd”. Elegí esta canción de Architecture in Helsinki, porque fue la primera que llegó a mí y tiene un sencillo pero bonito video, que puede servir para que usted sienta curiosidad por el resto de su música. Como sencillo, debería haber tenido mucha más difusión.

Into The Ocean, de Blue October

Este grupo originario de Texas ya tiene varios discos y está ya en su madurez, así que dudo que logre a estas alturas captar a un gran público latino. Si algún adolescente con ira o depresión quiere expandir sus horizontes, podrá encontrar varias opciones en su catálogo musical. Yo elegí compartirles esta porque, siendo de las más accesibles, debería haber suscitado mucho mayor interés. Que conste, no por ser más accesible o “comercial” deja de ser buena. Además, es uno de los pocos videos realizados por el grupo.

Huitzil, de Porter

También quise elegir algo en español. Esta canción es, para mí, lo mejor que han hecho post (hoy hermano) Juan Son. Siento que la producción puede atraer tanto al hípster “que no oye cualquier cosa y aprecia el arte y concepto de sus grupos”, como al que simplemente quiere un buen beat y una letra que no solo hable de cómo te partió el corazón tu amor de verano.

Dancing On My Own, de Robyn

Quise terminar con este himno para los solitarios. Esta canción solo es realmente famosa en países angloparlantes. A mis 33 años, aún me hace soñar con el momento en que suene en un bar antes de cerrar y que todo el mundo la reconozca, y que, en su borrachera, empiece a cantarla y bailarla con toda la energía reservada para clichés de karaoke como Hacer el amor con otro o La planta. Mi parte favorita: “The lights go on, the music dies, but you don’t see me standing here. I just came to say goodbye” (“Las luces se encienden, la música muere; pero vos no me ves parada aquí. Solo vine a decir adiós”).

Si les da un poquito de curiosidad, pero no la suficiente como para ir a buscarlas una por una, aquí se las dejo ya listas en Spotify:

VoxBox.-

La música de “Veronica Mars”

Veronica Mars. VoxBox.

A inicios de los dos mil, varios productores y directores decidieron incorporar la música como elemento importante: este es el caso de Veronica Mars.

Opinión.- Era el año 2004. Tenía 20 años y sentía que, estando en mi cuarto año de universidad, ya no debería estar viendo programas sobre adolescentes. Pero, superando la vergüenza, el año anterior había visto la primera temporada de The OC y ya había oído cosas buenas sobre Veronica Mars, el programa que nadie en Estados Unidos estaba viendo.

El primer capítulo que vi fue el número cuatro, Thewrath of Con. Ahí aprendí lo básico: Veronica no era popular, era hija de un detective privado viviendo en un área de California donde no había clase media y no había dejado de investigar cómo habían asesinado a su mejor amiga el año anterior; pero, aún más importante, entendí que había la trama global y era más importante que “el caso del día”.

Ya otros han hablado sobre cómo fue bajando la calidad en las siguientes temporadas, en donde necesitaban quitarle complejidad para atraer más televidentes. No voy a detenerme en eso. En lo personal, considero que la temporada tres es superior a la dos y sí, definitivamente, la temporada uno es lo mejor de todo, incluyendo la película de 2014 que financiaron los fanáticos ávidos de un cierre.

La música siempre ha sido fundamental en los programas de televisión y aún más cuando se dirigen a jóvenes impresionables. Los productores sabían que era la mejor forma de vendernos discos (¿Se acuerdan de los CDs?) y por eso siempre terminaban incluyendo en las tramas un club en el que se presentaran los grupos de actualidad: El After Dark en Beverly Hills 90210, el P3 en Charmed o The Bait Shop en la segunda temporada de The OC.

Alguien en esos mundos ficticios podría haberse preguntado por qué artistas famosos llegaban a esos lugares tan ínfimos. Pero nadie lo hizo, ni siquiera Seth Cohen, quien durante un capítulo de The OC fue superfan de Rooney, banda de la que nadie se acordaría luego ni ahí, ni en el mundo real.

Si bien la música siempre ha estado presente en la televisión, creo que nunca se le ha utilizado tan bien como a principios de los dos mil, y específicamente J. J. Abrams en Alias, Josh Schwartz en The OC y Rob Thomas en Veronica Mars. Quizá podría incluir a la primera temporada de Gossip Girl, pero —como actualmente en The Handmaid’s Tale— no creo que haya sido una constante, sino que más bien hubo esporádicos momentos de genialidad. Por cierto, en Gossip Girl también estuvo involucrado Schwartz, una de las personas más jóvenes en tener un programa de televisión a su cargo.

Por lo general, la música solo se usa como acompañamiento o como fondo. Pero los productores antes mencionados (y su equipo) quizá ya habían aprendido de Tarantino que la música también puede complementar o incluso hacer más especial una escena. No somos pocos los que notamos esas cosas y aún en esos momentos en que teníamos poco acceso a internet y no existían los teléfonos inteligentes, ni aplicaciones para reconocer canciones, nos las ingeniábamos para averiguar cuál era la canción que tan bien había funcionado en ese particular momento.

Esta vez decidí que iba a hablar solo sobre una de estas series. Hasta este momento he fallado. Pero, quinientas palabras después, finalmente llego al meollo: hablar de la música de Veronica Mars, porque siento que ha envejecido mejor que The OC, en donde incluso su entretenida temporada uno incluye los horribles capítulos con el personaje de Oliver, que solo hace que Marisa parezca más estúpida.

Pues bien. Las canciones que yo considero más memorables en Veronica Mars, porque complementan la escena a la perfección, son:

Run, de Air. Voy a admitir mi ignorancia. Yo no conocía esta canción hasta ese capítulo en que Veronica descubre lo sórdidos que eran los papás de la comatosa Meg Manning. Las fantasmagóricas campanitas de esta canción no podían ser más apropiadas para ambientar la rara atmósfera de esa casa.

Troubled times, de Fountains of Wayne

Now is The Time, de Damone

Lily Dreams On, de Cotton Maher

Estas tres canciones deben darles una idea de cuán trascendental para mí era el personaje de Lilly Kane, la mejor amiga de Veronica, cuyo asesinato intentaba resolver. La primera era su canción favorita. Así dice Veronica cuando va en el carro junto a su exnovio (y hermano de Lilly). “But we made it through the troubled times (“pero lo logramos en medio de los tiempos turbulentos”)”es la letra que mejor refleja esas complejas relaciones.

La segunda es la canción que Logan decide utilizar en el video-homenaje a Lilly,durante el capítulo cuatro ya mencionado, How was the ride of your life? (“¿Cómo fue el viaje de tu vida?”) pregunta la vocalista de Damone, mientras el video muestra a Lilly fuera del carro y siendo todo lo salvaje que no soportaba su mamá y que hace que su papá se quiebre y se ponga a llorar. La tercera sale durante el final de la primera temporada, cuando ya Veronica sabe quién mató a su amiga y está soñando que se despide de ella. Lilly le dice: “Sabes cómo serán las cosas ahora, ¿no es así? Tienes que saberlo”. Luego la canción dice: “Lejos de aquí, Lily sueña”.

I hear the bells, de Mike Doughty (quien en algún momento grabó para el sello de Dave Matthews). De nuevo de la temporada 2. Cuando les cancelan el baile de graduación, todos se van al apartamento de Logan. Ya, con la fiesta avanzada y con esta canción de fondo, él le dice a la protagonista que siempre creyó que terminarían juntos, a lo que ella, más consecuente con el personaje que conocimos durante la temporada uno que con quien terminó siendo, le responde que si realmente cree que una relación tiene que ser tan difícil y dramática como él la pinta. (Oigo las campanas sonando alegre y triunfantemente). Por supuesto que, en la vida real, esta canción jamás sería puesta durante una fiesta, a menos que alguien como yo controlara la playlist.

Feel So Free, de Ivy. Una canción nada melodramática para acompañar el suicidio de la mamá de Logan: “Debí saberlo, debería haberlo sabido ya. Y me siento tan libre, sí, me siento bien. Nunca pensé que me sentiría como me siento esta noche”. En lo personal, creo que el hecho de que Logan luego sospechó que ella solo había fingido su muerte le quita peso a este momento, aunque sí funcionó más para que el personaje de él fuera aún más trágico (por cierto, el actor es cienciólogo).

It Never Rains in Southern California, de Albert Hammond, que dicen que trata de cuán mal la pasó el cantante antes de encontrar el éxito. Es la última canción que sonó en la serie antes de ser cancelada, cuando parecía que otra vez todo le iba a salir mal a Keith Mars durante las elecciones. (Parece que no llueve en el sur de California, pero no te advierten que llueve a cántaros).

Momentary Thing, de Something Happens. Al principio de la serie, Logan es uno de los muchos que le hace la vida imposible a Veronica. Pero, en el capítulo Weapons of Classdestruction, ambos ceden a la tensión y, cuando él va a ayudarle, se besan mientras suena esta canción. (Nos llevaremos bien después de tanto tiempo).

We Used to be Friends, de The Dandy Warhols fue usada en uno de los capítulos de The OC, cuando Anna (que nunca debió irse) y Summer están enojadas con Seth, pero por supuesto que es más trascendente como tema principal de esta serie. Es la introducción perfecta para la historia de quien antes tuvo el caché de ser la hija del sheriff, ser amiga de una porrista millonaria, además de la novia de su hermano y que es ahora “pobre” (en términos gringos) y parte de los rechazados. (Hace mucho tiempo solíamos ser amigos, pero últimamente no he pensado en ti en lo absoluto).

Rally, de Phoenix. De la temporada 3. Cuando parece que la canción solo se usa porque la letra “He esperado tanto… cansado o borracho, creo que estás muy bien. He esperado tanto. No habrá decencia alguna”, refleja cuánto le gusta Veronica a Piz y suena mientras Wallace le pide a ella que sea clara, que deje de hacerse la tonta y que ponga las cosas claras. El solo de guitarra toma protagonismo para enfatizar el momento en que Piz le roba un beso y le dice que entiende, que solo son amigos. Pero no termina ahí. La guitarra final de Phoenix remata los minutos finales del capítulo, cuando las puertas del elevador se abren y Logan los encuentra dándose un segundo beso en el pasillo, se sincroniza con la edición, va de la cara de Veronica a la espalda de Logan alejándose y las puertas que se cierran. Luego los créditos. Me encanta esa escena.

Y eso es todo lo que tengo para decir en mi primer post intrascendente. Solo me queda compartirles que yo estaba tan fascinado con Kristen Bell/Veronica Mars que hasta me compré el libro Neptunenoir. Pero ya esas son otras filias que no vienen al caso. Si quiere leer a otra(o) fan propiamente de la música del programa, le dejo este otro enlace (en inglés).

VoxBox.-

Otro salvadoreño que va a Semuc Champey

Semuc Champey. VoxBox.

—¿Ustedes andan buscando trabajo?
—No, nosotros no estamos buscando trabajo.
—¿No? ¿Entonces por qué viajan?
—Viajamos por viajar.
—Bendito sea. Benditos sean sus viajes.

Diarios de motocicleta. Walter Salles, 2004

 

Opinión.- El día que decidí ir a conocer Semuc Champey fue el mismo día que miembros del Comité de Desarrollo Campesino (Codeca) bloquearon la entrada a Guatemala (entre otras vías), con exigencias bien específicas: “La renuncia del presidente Jimmy Morales, reparar las carreteras, nacionalizar la electricidad, investigar a los diputados involucrados en el caso Odebrecht y la muerte de 41 niñas del Hogar Seguro, entre otras” (Nuestro Diario, edición del 24 de mayo de 2017, página 10). A diferencia de los pobres que desde la mañana estuvieron varados, a mí solo me tocó esperar dos horas para que el bus se pusiera en movimiento y poder continuar mi aventura.

Debo decirles que reconozco la empatía como una cualidad que tengo. También me alegra tener una vívida imaginación. Pero, a veces, ambas cosas se vuelven en mi contra y me hacen sufrir gratuitamente. Por ejemplo, cuando en la terminal vi gente sola, imaginé que, como un amigo, se preparaban para un largo y difícil viaje al norte. Me pregunté si algunos terminarían dándose por vencidos. Más tarde, ya en ruta, cuando vi a un campesino fumigando, pensé en sus futuros problemas renales por los químicos a los que se ve expuesto. No puedo desconectarme del todo. No puedo no ver la pobreza y la desigualdad. No se preocupe, amigo lector, estoy consciente de que mis reflexiones no son de ayuda para nadie.

En ciudad de Guatemala logré tomar el bus de las 4 de la tarde hacia Cobán. Mi asiento estaba a la par del pasillo. Los asientos del otro lado los ocupaban un señor indígena, la que asumo era su esposa y, en las piernas de ambos, un niño dormido. Creo que el niño estaba enfermo, porque estuvo dormido casi todo el tiempo. Ella se puso su chal en la cara. Un par de horas después la oí llorar. ¿Qué podía hacer? Solo oírla y preguntarme a cuántas dificultades se enfrenta constantemente. Quizá principalmente a la pobreza o quizá a la discriminación por ser mujer, o quizá por ser mujer pobre e indígena. Quizá las dificultades empiezan con su propio esposo. Me pregunté si alguna vez podría ella conocer una realidad mejor.

A la mañana siguiente, fui a la estación donde tomaría el microbús hacia Lanquín, zona donde ya la población indígena abunda. Me metí a un lugar donde pude comprar mi desayuno típico de 10 quetzales (casi unos USD 1.36, con los que incluía fresco o café). El lugar era atendido por una señora. Al rato, entró otra mujer que empezó a hablar con ella en Q’eqchi. Se sentó en la mesa atrás de mí y empezó a desahogarse y, ella también, a llorar. La señora del cafetín siguió en lo suyo mientras la aconsejaba en el tono que ocupa mi madre cuando quiere que la persona se calme y vea que un problema no es el fin del mundo, y que “todo tiene solución menos la muerte”. Le sirvió comida. Al rato ella se fue y yo tuve que partir también.

En Lanquín, esperé un pick-up lo suficiente como para que me contaran cómo han saqueado todo lo valioso de la iglesia del pueblo. No los españoles colonizadores, sino gente de nuestra época. El robo más reciente fue hace solo tres años.

En Semuc Champey me quedé en un hostal casi exclusivamente para gringos. El dueño tampoco es guatemalteco, pero todos los que trabajan allí sí eran de la zona. La amable mujer que me atendió me preguntó de dónde venía yo y le dije que de El Salvador, únicamente para conocer allí. Ella se admiró y me dijo que ellos nunca salen de allí, ni para ir al mismo parque natural de Semuc. Un señor salió corriendo a toda velocidad a traerme una sábana, cuando vimos que la cama que me tocaba no tenía nada.

Ya caía la tarde cuando bajó el calor y me fui a explorar la zona. Entonces me encontré con un joven con los ojos rojos por alcohol que se llamaba Julio (lo sentí en su aliento). Se ofreció para ser mi guía al día siguiente y era bien insistente. Le dije que no, porque yo no tenía (tengo) tanto dinero, no porque quisiera que le siguiera bajando el precio a sus servicios. Pensé que le saldría mejor pegársele a algún grupo de gringos.

En mi tercer día en el país, finalmente iba a entrar al parque desde temprano, justo desde que lo abrieran al público. Antes desayuné en la zona del parqueo, donde ya una señora había puesto su mesa y su techo de plástico para vender comida. Me sentí más cómodo allí que en el hotel, aun cuando las moscas estuvieran volando a mi alrededor. Por lo menos allí sabía que lo que pagara sería exclusivamente para ella y su hijo. En ese momento no había ni música ni ruido de turistas. Podía empezar a gozar la tranquilidad del bosque.

En la entrada del parque me puse preguntón. Quería saber si había alguna cooperativa o asociación local indígena, algo que pudiera tener como propósito un beneficio sostenible tanto para la zona como para la gente del lugar. Alguien me contó que un grupo de indígenas ya había tenido la intención de administrar un hostal. No ahondó en las razones sobre por qué no se llevó a cabo, pero hizo alusión a la época de campaña electoral y dijo que quizá se logre en unos cinco años. Pedro, un muchacho que tenía entre sus obligaciones barrer el sendero del parque, no fue tan optimista. Él no cree que esto suceda nunca.

Después de almuerzo, cuando esperaba que llegara el grupo con el que entraría a explorar una cueva con solo una vela en la mano, conocí a Eva, una niña que va a sexto grado y quería venderme chocolate. Un niño pasó por ahí y me dijo algo en Q’eqchi. Cuando le pedí a ella que me dijera qué había dicho, me dijo que “era algo feo: que me la vendía”. Luego me presentó a su prima, Aracely, quien más tarde ese día me contaría que de grande quiere ser guía turística.

Después de un bonito recorrido dentro de la cueva, me sentía satisfecho. Me quedé un rato en el área de la cascada y luego me puse en camino al hotel. Otros grupos también regresaban por su cuenta y varios niños que no debían llegar a los 11 años iban detrás de nosotros, ofreciéndonos cerveza en español y en inglés.

No puedo negar que el lugar es muy bonito, pero realmente me conflictuó cómo está dispuesto todo. Sentía que los indígenas de la zona estaban única y en exclusiva para servirnos en nuestra experiencia turística. Me pregunté cuánto beneficio en realidad aportan nuestras visitas. Además de irrumpir en la naturaleza y desgastar la superficie con nuestros zapatos, ¿estamos contribuyendo al desarrollo local? ¿Los trabajadores del parque ganan lo justo? ¿Tienen prestaciones? ¿Qué tan dura es la competencia entre la gente para hacer de guías o para tener uno de los duros trabajos dentro de los hoteles? ¿Es realmente positiva la exposición a otras culturas y estilos de vida a los que nunca tendrán acceso? ¿Habría sido tan malo que la gente del lugar siguiera cubriendo sus necesidades básicas a través de la agricultura? No tengo respuestas. Como dije, solo tengo inútiles reflexiones. Me quedé pensando mucho en esto, porque no me gustó quedarme con la sensación de que, una vez más, quien más gana es el forastero.

VoxBox.-

Sensibilidad y letras de canciones

Café Tacuba se planeteó no volver a ncantar La ingrata. VoxBox.

En febrero de este año muchas personas se sorprendieron con la noticia de que Café Tacvba se planteó la posibilidad de no volver a cantar La ingrata o de cambiarle la letra.

Opinión.- En febrero de este año muchas personas se sorprendieron con la noticia de que Café Tacvba se planteó la posibilidad de no volver a cantar La ingrata o de cambiarle la letra que, en un momento, dice: “Por eso ahora tendré que obsequiarte un par de balazos pa’ que te duela. Y aunque estoy triste por ya no tenerte, voy a estar contigo en tu funeral”. El vocalista Rubén Albarrán dijo que habían escrito la canción cuando eran muy jóvenes y hoy, ya sensibilizados sobre los feminicidios en México, no estaban interesados “en apoyar conductas que agredan a las mujeres”.

En lo personal, creo que es aplaudible que un grupo tan famoso se dé cuenta de un error del pasado y trate de enmendarlo, en especial cuando no está haciéndolo en medio de una campaña para quedar bien o antes de convertirse en voceros de alguna marca.

Otras personas no piensan como yo. Ellas pusieron el grito en el cielo porque esto les pareció demasiado “políticamente correcto”, algo extremo e innecesario que los obligaría a dejar de cantar la canción en los conciertos de sus ídolos o que, peor aún, los obligaría a esforzarse y aprenderse un par de versos nuevos.

En Estados Unidos, esta resistencia llevó a muchas personas a apoyar la candidatura de Trump, como respuesta a todos aquellos que se habían vuelto policías del internet, denunciando cosas como la “apropiación cultural” o el “whitewashing” en Hollywood. En Latinoamérica los cambios y sus resistencias son de otra índole. Muchas personas (y yo estuve entre ellas también) se resisten al lenguaje inclusivo de género, porque les parece cansado o porque sienten que dificulta la lectura. Esto a pesar de lo que la Real Academia de la Lengua nos ha enseñado, ya que esta no es fija y se adapta a los tiempos. Lo que se pone de manifiesto en la aceptación de palabras como “fuertísimo” o “murciégalo”. Cuesta creerlo, pero el mundo no se cayó por esto.

Quizá para muchos el lenguaje inclusivo no signifique mayor cosa. Pero es relevante que se distinga entre hombres y mujeres, en lugar de englobar todo en lo masculino. Alguna vez la iglesia realizó misas solo en latín y no sentía empatía por aquellos que no entendían ni jota. De modo eventual rectificaron y los feligreses de seguro sintieron alegría de poder entender, de ser verdaderos partícipes del ritual.

Aquí viene el meollo del asunto: solo entendemos lo que nos afecta a título personal. Tenemos una gran dificultad de ponernos en el zapato del otro y entender de dónde aprieta y por qué molesta. Nos cuesta mucho analizar cómo las cosas son percibidas por aquel que recibe el comentario “mordaz”, el “chascarrillo”, lo que “no se está diciendo en serio”. En una cultura machista como la latinoamericana está bien cantar Ponerte en cuatro de Los amigos invisibles y repetir: “Ojo ten mucho cuidado, y no quiero verte con otro al lado, si te descubro en alguna movida, yo no lo pienso te quito la vida y te mato y no me arrepiento” o  saltar con Puto de Molotov, porque “no está refiriéndose a la orientación sexual” de alguien “específico” o porque, como el mismo grupo (o su experto en relaciones públicas) dijo en 2013, en inglés: “Fue concebida como una canción (c)atártica sobre nuestra situación en México, en la época de finales de los noventa y (estaba) dedicada a cualquiera que atente contra nuestra libertad, a cualquier cobarde que atente contra el pueblo y cualquiera que atente contra la humanidad. Nunca fue concebida para irrespetar a la comunidad homosexual”. Sean Penn tampoco logra ver nada malo en que, cuando Alejandro González Iñárritu ganó su Óscar, él haya bromeado diciendo: “¿Quién le dio su tarjeta verde a este hijo de puta?”. No creo que muchos mexicanos sientan que es chistoso cuando un gringo se burla de la situación de los indocumentados.

En definitiva es más fácil encontrarle lo “inofensivo” a los comentarios o bromas cuando uno está en una posición privilegiada.

Cabe aclarar que Puto fue publicada en 1997 y La ingrata en 1994. Solo para compartir datos históricos.

Creo que todo se resume en que hemos crecido aceptando esto como normal. Como antes no había muchos espacios para que las minorías hicieran ver su parecer, o nos compartieran que tenían sentimientos y que eran también seres humanos, no nos escandalizábamos cuando Vilma Palma e Vampiros cantaba en 1993: “Entraba en un club, donde solo van todos los maricas”. Seguro que “tampoco fue concebida para irrespetar a la comunidad homosexual”. Simplemente era (y es) un reflejo de lo normal que es irrespetar a las minorías en nuestra Latinoamérica. “Así bromeamos aquí”.

No solo Café Tacvba o Los Amigos Invisibles han aportado a la misoginia musical. Si bien el gran “poeta urbano” Ricardo Arjona ha hecho vibrar de amor a muchas mujeres diciéndoles que está bien envejecer o que él se convertirá en su graduación si han tenido a otros muchos hombres como escuela, él —aunque progre y de avanzada— también canta que la mujer tiene que decirle que “no” a un hombre porque, de lo contrario, él se aburre y puede dejar de soñar si todo le parece demasiado fácil. Él también “alaba” a una mujer diciéndole que si su jefe la viera desnuda y detrás no dudaría en promover su cintura. ¿Qué mujer que sufre de acoso laboral no querría oír estas lindas palabras en su oído?

Ese era yo siendo sarcástico… o no entendiendo la “poesía”.

Acá aprovecho para mencionar La planta, primero de múltiples éxitos del grupo Caos. En esta canción hay un juego de palabras y el vocalista pide encontrar una planta que requiera de un solo jardinero que recoja el fruto y que no tenga tantas ramas, porque “entre tanto ramerío (ya la apodaron) la ramera”. Aceptémoslo. La palabra “ramera” tiene una carga bien fuerte que solo alguien muy cínico se atrevería a negar. Podría alguien argumentar que Paquita la del Barrio también insulta a un hombre diciéndole que es una “alimaña, culebra ponzoñosa y desecho de la vida”, o que Alicia Villarreal cantaba dolida a otro que “le quedó grande la yegua”. En mi opinión, sí hay una diferencia entre estos ejemplos y demuestra que el despecho solo se acepta en la radio cuando es “socialmente digerible”. Una mujer no puede realmente insultar al hombre o ella termina viéndose mal. En 1995 fue un escándalo que Gillette cantara sobre su decepción de encontrar un hombre con el pene pequeño en Short Dick Man (¿una mujer puede hablar de sexo?). Como esta canción era “inmoral” y atacaba la sagrada virilidad de un hombre, tuvimos la versión censurada que decía “short short man”. En Latinoamérica oímos la versión censurada. De una canción en inglés. En inglés.

Y ahí completamos nuestro círculo. Si no se ataca al hombre en su virilidad ridiculizando el tamaño de su pene, ¿con qué más lo podemos hacer sentir mal? ¿Qué otras palabras consiguen el mismo efecto devastador? ¿Qué palabras herirían su amor propio? Ahora es cuando le pido que vuelva a leer el sexto párrafo de este artículo y recuerde que las palabras en las que usted podría estar pensando solo hacen referencia a “cualquier cobarde que atente contra el pueblo y cualquiera que atente contra la humanidad”.

VoxBox.-

No todos somos cristianos

Cristianos. VoxBox.

Mi blasfemia mental continuó cuando pensé en Jesús de Nazareth. En el del Nuevo Testamento, no en el rubio, de ojos azules de “Jesucristo Súper Estrella”.

Opinión.- Cuando me pidieron que escribiera algo para este sitio, me dije que tenía que escoger un tema que uniera a las personas, algo que reconciliara a chicos y grandes, algo sobre lo que uno pudiera hablar un viernes por la noche con gente a quienes conoció ese mismo día. La inspiración me llegó en el supermercado. Ahí estaba pegado un cartel de una capilla ubicada en una colonia bien de San Salvador. En él, invitaban a los feligreses a reunirse para rezar y pedir por “sacerdotes santos”. ¡Ese era el tema que necesitaba! ¡Religión!

Fui criado católico, de niño alguna vez dije que quería ser sacerdote, fui a un colegio y a una universidad católica, hice mi primera comunión, mi confirmación y me dieron los santos óleos. Espero que esas credenciales me faculten para dar mi opinión, aun sin ser santo, ni querer viajar a Roma y/o ver al Papa.

Ahí estaba yo viendo el cartel. Mi primera reacción fue preguntarme “¿me dejarán pegar aquí publicidad para nuestras obras de teatro?”, luego deseé tener una cámara fotográfica y, después, me resigné a seguir mi vida, abrí una bolsita de maní y seguí caminando, pensando que antes de pensar en sacerdotes santos, podríamos perseguir metas menos ambiciosas. Algo como sacerdotes humanos con autocontrol, con un sano y genuino interés en el prójimo o con un verdadero compromiso con la justicia que los lleve a denunciar los abusos de sus otros compañeros. Sí, usé la expresión “sus otros compañeros” porque no todos los sacerdotes son malos y porque esas excepciones a la regla son muy raras y porque, como bien sé, “el enemigo” se vale de varios recursos para atacar la fe (¿ya les dije que vengo de un hogar católico?).

Mi blasfemia mental continuó cuando pensé en Jesús de Nazareth. En el del Nuevo Testamento, no en el rubio, de ojos azules de “Jesucristo superestrella” (aunque una pariente mía crea que sí era así porque “era otra época”). Me pregunté por qué causa tanto malestar el simple hecho de plantearse que él pudiera haber sido un humano común y corriente. Sí. Sé que la explicación a priori es el dogma religioso y que comer del fruto del bien y del mal y empezar a cuestionarse las cosas nos sacó del paraíso. Dejando de lado que cargamos con el pecado original y que pocas veces alguien se pregunta cómo se sentía Caín al ser constantemente ignorado, ¿por qué molesta tanto siquiera pensar que Jesús pudo no haber sido parte de una triada y quizá hasta tener una esposa, como era lo socialmente aceptado entre los judíos de la época?

Si algo nos han enseñado “Jupiter ascending” y la serie “Divergente” es que ser “la elegida” no es redituable. No hay nada atractivo en estar “predestinado” a ser grande. El público conecta más con una “Katniss Everdeen” (de piel morena en los libros) que, pese a las circunstancias, sigue manteniendo su humanidad y lucha contra la adversidad para salir adelante. Conecta más con una “Simplemente María” que de campesina pasa a ser la dueña de una casa de modas o con una “Gaviota” que de recolectora pasa a ser representante de la Organización Mundial del Café.

Haciendo un símil con estos importantes ejemplos, ¿No se vuelve más inspirador que Jesús haya sido capaz de enseñar desde su realidad? ¿No nos inspiraría más que un ser común y corriente pudiera haber inspirado a tantos, que los pudiera haber hecho reflexionar sobre la avaricia en los templos, los juicios a priori de mujeres adúlteras, que hubiera sido capaz de ver a las personas, más allá de los estigmas y prejuicios sociales?

Aquí ya me respondo a mí mismo. Por supuesto que entiendo que un individuo así, que inspira a cuestionar el poder y a rebelarse contra el status quo, no le conviene a una institución que necesita adeptos urgentemente para darle mantenimiento a las pinturas Renacentistas que tiene en su haber. Inspirar a los individuos a buscar transformaciones reales puede llegar a convertirse en una amenaza. A veces se hace más conveniente esperar que las zarzas vuelvan a hablarnos, calmar nuestras conciencias con alguna limosnita, ropa usada, ayunos “solidarios” y buenas intenciones. Después de todo, ya aprendimos una vez que cuestionar las cosas es obra de la serpiente.

Si usted llega aquí y es compañera de la iglesia de mi madre, por favor no se lo eche en cara. Ella ha intentado llevarme de nuevo al redil, pero recuerde que “la salvación es personal”, así que yo tendré que lidiar con estas cosas cuando luche por ser uno de los 44,000 en el día del arrebatamiento.

VoxBox.-