Luis De León

Licenciado en comunicación social y paralelamente soy estudiante de cine en Venezuela.

“Dark”: la teoría del eterno retorno

Dark. VoxBox.

Opinión.- La producción Dark, para quien no lo sepa, es una de las propuestas de Netflix más comentadas estas últimas semanas, marcando nuevamente el éxito en tendencias de la plataforma, por su producción de contenido original. En este caso, se trata de una serie realizada completamente en Alemania, lo cual enfatiza una vez más el interés de la empresa de expandirse a nivel internacional.

Para empezar, el elefante en la habitación…

Puede que a primera vista los espectadores tengan razón en guardar cierto escepticismo, por el parecido estético y visual de la serie con muchos otros productos de entretenimiento de los últimos años. Ha sido directamente comparada con Stranger Things, de forma negativa. Incluso guarda ciertas semejanzas con IT o cualquier otro show de temática sobrenatural ambientada en lúgubres bosques lluviosos y pequeños pueblos en los suburbios. Podríamos hacer incontables comparaciones, que van desde Twin Peaks hasta Riverdale.

Y realmente es entendible: más que una coincidencia, posiblemente sea la forma que tiene Netflix de “invertir dinero en algo seguro”, utilizando fórmulas que ya han sido exitosas en el pasado. Por suerte, Dark logra atrapar gracias a su particular forma de presentar un buen misterio de viajes en el tiempo y muy bien logrados cliffhangers al final de cada episodio.

Lo más positivo de Dark

Una vez que comienzas a verla, la curiosidad por querer entender lo que está ocurriendo, y encontrar una explicación lógica a los hechos, inevitablemente te hará querer volver por más, sin importar las deficiencias que tiene en otros apartados.

La historia es sumamente compleja. En un principio piensas que se trata de otra típica historia de niños desaparecidos, en un pequeño pueblo donde aparentemente “nunca ocurre nada extraordinario”. Pero conforme avanza, te encuentras con una serie de situaciones interconectadas por saltos temporales y fascinantes paradojas que le dotan de una personalidad propia.

Podríamos compararla, hasta cierto punto, con Donnie Darko, en el sentido de que existe una trama que requiere de suma atención en los detalles, pero que no deja de ser entretenida. Esto gracias a la carga dramática que conllevan muchas de las situaciones familiares, que se encuentran inmersas en todos estos hechos extraños.

La excusa de los viajes en el tiempo

Ciertamente, podríamos pensar que el aspecto más fantástico de la serie sirva más como una excusa para representar el lado más retorcido de las comunidades pequeñas. Una temática muy predominante en los libros de Stephen King, donde la serie también parece recoger cierta inspiración. Todos estos entornos, a pesar de su aparente estabilidad y pretendida seguridad, parecen esconder detrás de las puertas de cada hogar infinitas redes de mentiras, infidelidades, traiciones, rencores o alguna otra manifestación de tóxicas relaciones.

También guarda muchas implicaciones filosóficas. En especial la teoría del eterno retorno de Nietzsche, referenciada de forma directa casi al final, que sirve de base para dar una explicación sólida a los viajes en el tiempo y hablar de complejos conflictos morales. Donde se pone en duda el propósito de la existencia o la validación de conceptos como el destino y el libre albedrío.

Dejando de lado si es una “representación realista”, los guionistas se esmeraron en dotarle a la serie de una lógica interna lo suficientemente coherente para sus propósitos, y que no te da el tiempo suficiente de cuestionar su universo, solo aceptar a medida que se van presentando las reglas del juego y conjeturar tus propias teorías.

Sin embargo…

A pesar de tener muchos puntos a favor, la serie también está sumamente abarrotada de personajes secundarios, y quizás con una muy innecesaria forma de complicar más la trama. Realmente es fácil perder el rastro en el árbol genealógico, haciendo casi necesario darte un respiro para anotar algunas ideas con respecto al origen de algunos personajes.

Aunque cuenta con un elenco excepcional y personajes con motivaciones muy claras, muchos de ellos se quedan inertes en su línea de acción, con muy poca relevancia o siendo relegados a hacer relleno en lo que queda de la temporada. Todo sin saber si en algún momento volverán a hacer algo importante.

Además, hay una extrema necesidad de ser más cerebral que emotivo. Teniendo por defecto que algunas situaciones dentro de los círculos familiares queden sin el impacto o las consecuencias que se podrían esperar, siendo opacado este aspecto por la constante búsqueda de explicaciones a otros misterios.

Desconozco si esto se debe a la propia frialdad de la cultura europea y el tratamiento que tienen para sus series, pero sin duda eso hace que apele a un público más racional que interesado por indagar en el drama humano. A pesar de todo, sigue siendo muy recomendable para quienes disfrutan del misterio y la ciencia ficción por igual.

Solo queda esperar si la segunda temporada logrará satisfacernos por completo y si cumplirá con revelarnos todos esos cabos sueltos que nos dejaron con ganas.

VoxBox.-

“Mr Robot”: La razón por la que no es tan genial como aparenta

Mr Robot. VoxBox.

Opinión.- Pocas veces me atrevo a dar opiniones negativas, no porque no las posea sobre determinados productos, sino porque simplemente no veo ningún placer en ver algo que de antemano sabes que será una basura o sencillamente no te gustará: es un atajo demasiado fácil para hacer una crítica. Considero que hay una mayor complejidad en entender el valor de algo y luego emular esa emoción para que un lector se conecte contigo.

En el caso de Mr. Robot ocurre algo particular. Es una serie aclamada por la crítica y con una audiencia masiva, pero en lo personal NO la soporto, y me pareció que quizás sería interesante enumerar algunas de esas razones.

No se preocupen, omitiré detalles de su más reciente temporada y espero que esta entrada sirva para justificar por qué no me siento particularmente interesado en escribir más sobre ella.

No dice nada nuevo… solo agrega hackers

El principal problema que tengo es cuando la gente califica a algo de innovador y original. Mr. Robot realmente no tiene ningún mérito en este apartado, a pesar de considerar que está bien escrita (en términos generales), toma prestado en exceso tramas y elementos de las películas más icónicas y representativas a finales de los noventa, solo agrega el término “hackers” en la olla, como si eso automáticamente la hiciera más interesante. Por esta razón, la gente toma por sentado que es algo “superdiferente”, cuando en realidad copia sin descaro a Fight Club, V de Vendetta, American Psycho, Natural Born Killers, Matrix.

En fin, no me atrevo a decir que eso la hace un plagio, quizás podamos calificarla de ser un “collage”, ya que después todo esas películas se caracterizan por un compartido y depresivo sentimiento hacia ideas como la alienación, el consumismo, la crisis económica, la tecnoparanoia, el capitalismo y la pérdida de identidad en el mundo moderno.

Pero les voy a decir algo: usar el mismo argumento de Fight Club con exactamente el mismo giro al final, mezclarlo sin razón aparente con American Psycho y solo agregar personas hablando sobre informática, o que la mayoría de las acciones recaigan en gente frente a computadoras, y exprimir ese concepto durante más de 10 episodios (que no parece mucho, pero son 10 horas en promedio por temporada) no lo hace interesante.

Conlleva a que sea…

Excesivamente soporífero

Primero, que todo gire en torno a computadoras impide el dinamismo visual que caracterizaba a muchas de estas otras películas a las que hice mención antes, limita el espacio de acción y francamente me hace bostezar con cada uno de sus diálogos explicativos en jerga informática, que existen con el único fin de introducirnos un nuevo concepto importante para la trama o enfatizar conflictos.

Hay que tener en cuenta que se esfuerzan en ocultar esta aparente monotonía visual con una interesante propuesta de luces cuando llegan esas escenas de “acción”, pero aun así, no le quita que todo se reduzca a “teclear de forma rápida con música intensa para hacernos creer que hay mucha adrenalina en esta escena”. Si se fijan, lo más interesante es la narración de Elliot en voz en off, explicando lo que está ocurriendo cada vez que se mete en una computadora… y eso no quiere decir que esté bien. Al contrario, es cinematografía sosa.

Es sumamente tediosa argumentalmente, existen tramas y personajes secundarios en exceso inútiles. Claro, entiendo que nuestro protagonista es sumamente aislado y socialmente incómodo, esto forma parte de la premisa de la serie.

Pero…

¿Por qué hacer tanto énfasis en tantos personajes que no aportan nada?

Me refiero al tener que introducirnos a toda una galería de secundarios, tales como el exnovio de la mejor amiga, el jefe de la compañía, la psiquiatra, los compañeros de F Society y el supuesto “interés amoroso” (si no hago mención directa a sus nombres es porque no son verdaderamente interesantes por su propia cuenta y poco a poco desaparecen, como si la serie también quisiera olvidarse de ellos progresivamente).

Claro, algunos cumplen su función en un determinado momento, pero sus apariciones a veces son tan esporádicas, irrelevantes o el desenlace de sus arcos es tan simple, que entonces te preguntas: ¿qué razón había de ponerlos en primer lugar? Son acartonados y tienen un solo propósito: enfatizar más el estado mental del protagonista, o, en su defecto, servir de trampolín para una revelación final. Eso no los convierte en personajes, sino en burdas herramientas de los escritores.

Incluso introducen un entorno y personajes completamente nuevos (que igualmente son muy poco desarrollados o clichés) en la segunda temporada y, de nuevo, tardas siglos en ver que alguno intervenga de forma directa o relevante para la historia.

En todo caso, la mejor amiga (¿una especie de interés romántico?) es insufrible. Pasó de ser un acartonado personaje “lindo” de relleno que solo estaba ahí para… realmente no sé por qué razón existe en primer lugar, para luego tener todo un arco argumental en donde aparentemente “se une al lado oscuro”. Eso es caricaturesco, simple y, nuevamente, poco original.

En conclusión: el mensaje de Mr Robot se diluye

Ahora, no quiero que consideren que solo vine a echar mierda en la serie favorita de alguien más. Realmente soy capaz de valorar muchos momentos y francamente considero que tiene ideas que sirven para una reflexión crítica de la sociedad sumamente importante.

Pero nuevamente me remito a decirles que el introducir hackers no lo hace mejor o más moderno. Quizás  la serie permita asociar de forma más directa la idea de que vivimos en un mundo cada vez más aislado entre sus propios habitantes, donde las redes sociales funcionan como un falso espejismo que nos hace creer que “estamos más conectados que antes entre nosotros”, cuando en realidad es todo lo contrario. Nuestra existencia nunca ha sido tan vacía como ahora. Un mensaje fuerte. Contundente. Válido incluso de ver.

Pero tarda demasiado en demostrar un punto de vista o una filosofía de ver el mundo que, después de todo, no necesita ser tan elaborado o tener tantas ramificaciones, porque todas esas “referencias cinematográficas” no se encuentran tan desactualizadas como la gente cree.

Si ven Fight Club hoy, se darán cuenta que no ha perdido vigencia. Al contrario, ahí también se juega con la idea de un protagonista completamente aislado socialmente, que se encuentra consumido por la maquinaria corporativa, y en su intento de “ver la luz” idealiza la personalidad de un ser caótico que plantea la destrucción total de las corporaciones.

Pero este no es el mensaje final en Fight Club, porque Tyler Durden no deja de ser un sociópata anarquista con muy equivocadas ideas sobre la “revolución”, y el mismo protagonista sin nombre lo reconoce como un parásito, cuya presencia es negativa para su psique. Y aun cuando las opiniones que tiene contra la sociedad no son necesariamente erróneas, su extremismo sí es representado como dañino.

En Mr. Robot, pues ¡meh! Este mismo mensaje está presente, pero se diluye en exceso gracias a tediosos episodios y su representación simplificada de “las malignas corporaciones”, haciendo cada vez más ambiguo el objetivo “real” del protagonista y su supuesta revolución. Por defecto, también el propio mensaje de la serie se pierde en algún punto. Alarga de más su estadía en un producto que se siente completamente innecesario. Fight Club sencillamente lo hizo mejor.

VoxBox.-

La Liga de la Justicia: ¿Fue el fiasco que todos esperaban?

Liga de la justicia. VoxBox.

Opinión.- Existe una tendencia, o una falsa concepción, que una producción problemática es automáticamente factor de fracaso en taquilla o crítica, pero no tiene que ser siempre el caso: sí se ha dado el caso en que una buena posproducción, e incluso regrabaciones, pueden conllevar una mejora en el producto final.

Advertencia al lector: aquí hay spoilers

La raíz del problema: la Liga de la Justicia

Con el caso que nos concierne ahora, Liga de la Justicia fue una producción problemática desde mucho antes, y el nivel de presión era mucho mayor que seguramente hubieran querido los ejecutivos de Warner Brothers, que han tenido una larga lista de lo que se pueden considerar fracasos en el ámbito de la crítica, en casi todo lo relacionado con lo que han intentado hacer con los personajes de DC.

Cabe destacar que en nada ayudaron los problemas personales por los que tuvo que pasar Zack Snyder recientemente. Sin embargo, dejando esto de lado, verdaderamente el más grande error del Universo Cinematográfico de DC fue, desde el principio, haber cimentado su creación con el único propósito de nivelarse con la competencia que ha sido Marvel.

Esto ha traído una serie de malas decisiones creativas, que no han permitido un desarrollo concreto de sus personajes y tener que definir todo su estilo a base de únicamente querer diferenciarse o desatacar del enemigo, quedándose estancados en una atmósfera lúgubre y poco estimulante, para luego irónicamente querer emular y, en cierta forma, también adoptar parte de la fórmula de Avengers, con el fin de obtener mejores resultados.

Cuando heredas tus propios errores…

Ahora, con la película en cuestión: en términos generales, no merece el nivel de enojo y algunas de las críticas negativas más despectivas que ha recibido recientemente. En cierta forma, sigue siendo un sólido producto de entretenimiento, cuyo único problema fue no haber sido el primero en su categoría, estando condenado desde el principio a ser relegado o comparado con The Avengers de Joss Whedon, que irónicamente escribió y superviso el proyecto en su etapa final.

Sus mayores problemas vienen siendo una consecuencia directa de algunas de las decisiones realizadas tempranamente en la franquicia, como conservar esa estética grisácea y monótona que dan forma a un universo a simple vista nada original, poco atractivo visualmente. Aunque intentan corregir este error con la estética de los héroes, el villano principal o las amenazas no dejan de tener un diseño sumamente soso, que en muchos momentos hace que Steppenwolf parezca un villano reciclado de un videojuego. Algo que deja mucho que desear en los efectos especiales.

Sin querer revelar mucho, pero…

Cuando el conflicto se centra en un debate moral por la ausencia de Superman, esta no se siente real, o al menos no llega a un nivel emocional como para que exista una impresión por parte del público. Si recordamos eventos de la película pasada con ambos íconos, Bruce y Clark nunca llegaron a conocerse verdaderamente como amigos o compañeros.

Por lo tanto, más que una representación de la culpa de Bruce por la pérdida de un amigo cercano, es solo una situación incómoda con la que hay que lidiar y en la que se pierde todo el dramatismo que pudo generar esta muerte, de haberse realizado de otra forma o bajo otro contexto.

Lo mismo pasa con el resto del equipo, que vienen siendo en términos generales completos desconocidos entre sí. Entonces cuando se menciona a Superman como una “ausencia para el equipo”, esta es inexistente o al menos así lo es en términos de conflicto interno para los personajes. Mucho en la historia se siente igual, aunque hay un sentido de la urgencia o el peligro muy poco logra transmitir ese sentimiento eficazmente.

De hecho, el tercer acto termina siendo bastante ambiguo en términos de amenaza. Se sabe cuáles son las consecuencias de fallar en la misión, pero no hay una demostración directa de las vidas que necesitan salvarse en el momento. Vemos una sola familia, cuya presencia es constante en la cinta, y sin embargo no apreciamos la magnitud del caos que se genera en toda la ciudad, haciendo que se pierda parte del factor “superheroico”.

¿Pero todo es malo?

Ciertamente no. El grupo de actores escogidos para representar a estos míticos héroes funcionan en sus respectivos roles, que terminan estando muy bien definidos, a pesar del poco tiempo que se dejó para la presentación de algunos.

La mayoría pasa por un proceso de transformación en un mayor o menor grado, cosa que se agradece. Todos cumplen su respectiva función dentro del equipo y su interacción, aunque no es del todo tan fascinante como cabría de esperarse, terminas por acostumbrarte a sus personalidades. Sus acciones no se sienten forzadas o fuera de lugar, lo cual implica que existe un respeto y apreciación por la fuente original, que no había sido muy visible.

Por momentos se logra capturar parte de la esencia de los cómics, donde los héroes de DC muchas veces tienden a ser vistos desde las alturas, como si de dioses se trataran. Además, conforme avanzaba la cinta, era notable un intento por aligerar la carga e ir “corrigiendo” algunos errores pasados. La primera escena poscréditos demuestra que podrían estar dispuestos a llevar estos personajes a reencontrarse con parte de sus raíces.

No deja de ser una película promedio de un género que ya se siente bastante gastado últimamente, pero que podría dar pie a otras cosas interesantes. Solo quedará esperar si sobrevive a la prueba del tiempo, o el nivel de riesgo que quieran asumir sus productores.

VoxBox.-

Películas de directores de Marvel que quizás no conocías

Marvel. VoxBox.

Opinión.- Todos conocemos las películas del universo cinemático de Marvel, su multimillonaria idea de generar múltiples películas interconectadas en un mismo universo ficticio —una forma de representar aventuras serializadas—, que se han vuelto la última tendencia de Hollywood, y es el futuro modelo de negocios a seguir por múltiples estudios cinematográficos, en lo que al blockbuster contemporáneo se refiere.

En cierta forma, el hacer cine de entretenimiento se ha mezclado con el marketing, a niveles que nunca antes se habían visto, siendo cada vez más las expectativa y mucho más la cobertura mediática a los anuncios de futuras franquicias de superhéroes o proyectos que intentan imitar el éxito de Marvel. Cabe destacar que muchos de estos proyectos quedan en el olvido, como una simple noticia de “lo que pudo haber sido”.

Este es el factor más notable, que muchos podrían considerar a Marvel (siendo una propiedad de Disney) no solo el primer estudio cinematográfico en desarrollar y expandir esta idea de los universos cinematográficos, sino la única casa productora en haberlo hecho de forma coherente y exitosa hasta el momento, o al menos es lo que se puede concluir tras ver resultados como el de Universal con sus monstruos clásicos del Dark Universe (que solo fue capaz de engendrar una espantosa película de La Momia, con Tom Cruise) y la poca receptividad crítica de la mayoría de las películas de Warner con los personajes de DC.

Ahora, hay que tener en cuenta que desde mucho antes ha existido esta idea de películas con historias interconectadas, solo que no se había explotado con el mismo carácter comercial que ahora. Mucho de lo que ha hecho Marvel para cosechar tanto éxito es el haber establecido los cimientos de su franquicia, bajo los hombros de gente sumamente creativa, que lograron darle una voz propia y una tonalidad particular, que hace hasta ahora distinguible a todas sus películas, la mayoría con su característico sentido del humor ligero.

Pero ya las películas de Marvel casi no se diferencian entre sí, forman parte de una misma propuesta que, a pesar de tener diferentes personajes protagónicos, casi todas comparten los mismos elementos estéticos y narrativos. Ahora ya existe un término generalizado para referirse a todas las películas que se sienten como “películas de Marvel”, no por compartir necesariamente a sus personajes en un mismo universo, sino por seguir los mismos esquemas y códigos que convierten a casi todas en una misma experiencia.

De hecho, se puede debatir el supuesto control creativo que tiene un director sobre este tipo de películas. Parece ser más fácil para muchos tomar estos proyectos como trabajos por encargo y seguir al pie de la letra “el libro de reglas” de la compañía, e incorporar sus propias ideas originales solo cuando estas puedan adaptarse o moldearse correctamente junto a la fórmula de Marvel.

No quiero que esto se entienda como una crítica directa a estas películas. Claro, tienen sus fallas, pero muchas de ellas siguen siendo lo suficientemente entretenidas. Buenas, en términos generales, y cumplen con uno que otro mérito que las puede llegar a hacer destacables. Pero ya no se sienten memorables. Ya se ha llegado a un punto en que cada vez es más difícil reconocer el nombre de los directores que están detrás de la mayoría de estas películas y se ha hecho casi imposible valorar su trabajo de manera individual.

Como he dicho, ahora todas se sienten como “películas de Marvel”, implicando que parecen haber perdido su capacidad de innovar o de aportar nuevas ideas sobre la mesa. Son más repetitivas y se sienten mucho más restrictivas, es muy difícil diferenciar cuándo un director como Taika Waititi está realmente aportando su visión en estas películas, o si simplemente está queriendo imitar el estilo que tanto le funcionó a sus antecesores, como Joss Whedon o James Gunn.

Memorable es el caso de Edgar Wright, quien durante más de dos años estuvo atado al desarrollo de la película de Ant-Man, para luego anunciarse su despido por tener diferencias creativas con los ejecutivos. Por suerte Wright no tardó mucho en recuperarse y desarrollar algo completamente suyo: Baby Driver.

Para honrar a esos directores, cuyos nombres han sido opacados ante la presión de encajar al “estilo Marvel”, he realizado una lista con  películas que quizás no conocían. Todas fueron realizadas en una etapa pre-Marvel.

Francamente, la mayoría de ellos han demostrado en el pasado ser sumamente creativos por su cuenta, y con más que suficiente potencial para realizar proyectos muchísimo más originales bajo otras condiciones.

Rocketeer (1991), de Joe Johnston

Joe Johnston no es para nada un director emergente; al contrario, podría decirse que es ya un veterano de la generación de los ochenta. Quizás el único “veterano” de esta lista, o solo como realizador, sino siendo encima Director de arte y Supervisor de Efectos Especiales de los clásicos de otros directores de su generación, teniendo créditos tanto en la primera trilogía de Star Wars como en Indiana Jones.

Además de ser responsable de dos clásicos de culto, como Willow y Querida, encogí a los niños, también ha demostrado su valía dentro del drama histórico con October Sky. Pero, a mi consideración, quizás su trabajo más subestimado siempre ha sido Rocketeer. Si la ven hoy, se darán cuenta muy fácilmente por qué razón él fue escogido para reinventar los orígenes del Capitán América, en The First Avenger.

Rocketeer tiene un factor nostálgico que recrea a la perfección la fantasía de algunas historias pulp de los años treinta, un sentido de la maravilla sumamente inocente muy difícil de valorar en las historias de superhéroes de la actualidad. Es una película simple, con fallas, pero que dentro de todo logra fácilmente capturar nuestra imaginación y emoción por la aventura.

Palookaville (1995), de Alan Taylor

Esta posiblemente sea una de las opciones más raras de la lista. Alan Taylor, director de Thor: The Dark World, ha tenido un considerable éxito en el ámbito televisivo, dirigiendo episodios para grandes series aclamadas por la crítica, tales como The Sopranos, Game of Thrones, Mad Men y Boardwalk Empire, pero que comenzó verdaderamente su carrera dirigiendo esta comedia dramática de corte independiente.

La trama gira alrededor de un trío de “perdedores” con vidas sumamente disfuncionales, y que deben lidiar constantemente con los problemas típicos de la clase menos acomodada de la sociedad norteamericana. Un día, por pura casualidad, se encuentran en una situación perfecta para robar un camión blindado… y luego pasan el resto de la película evaluando la posibilidad de cometer un atraco real.

Una tonalidad un tanto ambigua, pero que maneja muy bien los tiempos dramáticos, actuaciones memorables y un humor que reside en los pequeños detalles de la vida cotidiana, realmente enternecedora desde una perspectiva correcta. La más emotiva de este montón.

Kiss Kiss Bang Bang (2005), de Shane Black

Posiblemente esta sea una de mis predilectas. Shane Black ha sido uno de los guionistas más interesantes e irreverente, con películas de acción policial interesantes y hasta algunos verdaderos clásicos. Quizás a él se le pueda atribuir haber redefinido el género en la época de los ochenta, gracias a Lethal Weapon y luego una vez más The Last Boy Scout.

Kiss Kiss Bang Bang es su ópera prima como director. Tuvo como protagonista el mismísimo Robert Downey Jr., con quien le tocaría trabajar nuevamente en Iron Man 3. Sin embargo, Kiss Kiss Bang Bang es un thriller detectivesco que no solo parodia al género en el que él mismo ayudó a consolidar, sino que se apropia y reinventa muchos de sus clichés, gracias a su narración en off tan dinámica e increíble sentido del humor negro, capaz de romper la cuarta pared. Sumamente recomendable.

Serenity (2005), de Joss Whedon

Esta no es necesariamente desconocida. Si son fanáticos de Marvel, por supuesto que ya deben conocer el trabajo que ha realizado Joss Whedon y todo el fandom que él mismo engloba gracias a su trabajo. Muchas veces ha demostrado sus dotes como director, geek y jefe creativo, en series de culto como Buffy, Angel y Firefly.

Aunque no necesariamente sea su mejor trabajo, Serenity es sumamente admirable. Primero, por el simple hecho de haber contado con el apoyo para hacerla, aun sabiendo que posiblemente terminaría siendo un fracaso de taquilla (que lo fue), pero además por hacer un producto independiente, que puede ser disfrutado tanto por fanáticos como aquellos ajenos a la serie televisiva en la que se basa.

Simplemente una aventura espacial western que es sumamente entretenida y divertida de ver, en todo momento. Quizás este sea el trabajo que sentaría las bases para hacerlo el hombre responsable de traer a la pantalla grande a los Avengers. No una, sino dos veces.

Super (2010), de James Gunn

Hablando de aventuras espaciales y Nathan Fillion, James Gunn, director de Guardians of the Galaxy, también incurrió en el género superheroico antes de ser contratado por Marvel, solo que en este caso Super es más una comedia negra en la que nuestro “héroe” resulta ser un discapacitado mental y su compañera una sociópata fanáticas de los cómics con aspiraciones homicidas. Pero está bien, solo atacan a los malos… la mayoría de veces.

Es una película rara, por no querer adelantar mucho. A veces, hasta incómoda de ver. Pero que siendo objetivamente analizada puede encontrársele un valor mucho más profundo. Una película independiente con un cast de primera, y aunque no sea necesariamente del gusto de todos, se aprecia el potencial creativo de Gunn. Su primera película, Slither, también se ve sumamente interesante, pero mentiría si dijera que he tenido oportunidad de verla.

What We Do In The Shadows (2014), de Taika Waititi

Una de las comedias más originales de nuestra década y, fácilmente, una digna sucesora de Spinal Tap. Taika Waititi saca a relucir toda su creatividad, sentido del humor, y encima su nivel de improvisación en este falso documental, que sigue las aventuras cotidianas de un grupo de vampiros que son compañeros de cuarto en la moderna Nueva Zelanda.

Extraña, ingeniosa y sumamente divertida. Una joya perdida en este mundo sobresaturado de información y películas malas. No tiene ninguna pérdida, está en Netflix. Mucha gente también conocerá a Waititi por The Hunt for the Wilder People, pero considero que esta sigue siendo superior. Ahora, con el estreno Thor: Ragnarok y el éxito tan generalizado que ha tenido, su carrera puede llegar a dar un salto enorme, en el que espero que no se desvíe de hacer mucho más material como este.

VoxBox.-

“Black Mirror”: los hijos de Rod Serling

Rod Serling. VoxBox.

Opinión.- ¿Alguna vez han estado en una reunión, y para romper el hielo con un grupo de desconocidos les dan su opinión sobre un tema de conversación que previamente ya los habían escuchado discutir, pero que en ese preciso momento en que hablaron dejó de ser de su interés?

Bueno, muy bien esta entrada podría sentirse que está en la misma categoría de esa incómoda situación, porque la serie que he escogido para el día de hoy tiene vigencia desde 2011 y ha pasado más de un año desde que Netflix adquirió los derechos para producir nuevos episodios. Así que no es nada nuevo. De todas formas no me atrevo a dejar pasar por alto mi oportunidad de hablar de ella, mucho menos cuando la siguiente temporada se encuentra tan cerca de ser anunciada, posiblemente para finales de este mismo año.

Me refiero obviamente a la ya conocida internacionalmente serie antológica de ciencia ficción Black Mirror, que fácilmente pudiera clasificarse como un clásico de culto contemporáneo. Si ya la conoces, bien, puedes regodearte de que posiblemente todo lo que esté a punto de mencionar lo sepas de antemano, pero si no, deja que te cuente primero la historia de un hombre llamado Rod Serling y qué relación tiene con el tema…

Rod Serling

A finales de la década de los cincuenta, un joven guionista norteamericano de dramas televisivos había estado adquiriendo cierta notoriedad por la prensa. Su trabajo era elogiado por los críticos debido a las tenaces observaciones que hacía sobre el estilo de vida estadounidense y el ingenio que emanaba la mayoría de sus diálogos, y con tan solo 31 años ya había ganado su primer Emmy y había adquirido el tan anhelado sueño de una gran mayoría de artistas: poder sustentar económicamente a su familia escribiendo.

Sin embargo, Serling no estaba satisfecho con su trabajo y sentía un alto grado de desilusión cada vez que las cadenas de televisión lo presionaban a cambiar su material, esto con el propósito de suavizar su lado más polémico. Él, siendo un acérrimo crítico contra la censura, se sentía cada vez más frustrado al no poder hablar libremente de las problemáticas sociales y políticas a las que se enfrentaba su país en el momento.

Fue así como nació The Twilight Zone (“La Dimensión Desconocida”). Serling, denominado por historiadores como un “escritor serio”, siempre en busca de la “la gran novela americana”, incurrió en una serie que hizo uso del género de la ciencia ficción, la fantasía o el terror, que hasta entonces había sido un terreno inhóspito para él, por lo que necesitó asesorarse primero con otros grandes escritores de la época, como Ray Bradbury, por ejemplo.

El contexto fantástico de las historias que se contaban en la serie era usado más como una forma de recurso narrativo, servían como metáforas o alegorías a los problemas de la sociedad norteamericana, que de otra forma los guionistas no hubieran tenido la oportunidad de representar de forma una realista, al menos sin someterse a la censura de los ejecutivos.

Temas propios de la época como la amenaza de una guerra nuclear, la segregación y la paranoia comunista promovida por el macartismo, eran presentados de una forma que todos los miembros de un núcleo familiar promedio pudieran entender, creando un legado y haciendo de la serie el fenómeno cultural que todos hemos llegado a conocer.

¿Y Black Mirror?

Ahora, hablando propiamente de Black Mirror. Esta serie de origen británico toma los mismos principios que The Twilight Zone, al representar los problemas sociales y culturales propios de nuestra era, pero enmarcados siempre en un mismo contexto. El uso de escenarios imaginarios para ejemplificar una metáfora en la que predomina un alto desarrollo tecnológico, pero a costa de la propia desintegración moral del hombre como ser racional.

Esta es la perfecta secuela espiritual del legado de Rob Serling, debido a la forma en que sus escritores son capaces de crear auténtico terror psicológico y constante intranquilidad en cada uno de sus episodios, innovando dentro del género al plantearle a la audiencia problemáticas que jamás se habría imaginado que fueran posibles, de no ser por la realidad cada vez más tecnológica-dependiente en la que estamos inmersos.

Planteamientos morales y filosóficos son mucho más palpables al utilizar explicaciones que justifican el aspecto fantástico de las situaciones con términos informáticos, que somos capaces de comprender y efectivamente podemos emplear en nuestra rutina, haciendo que algunos conceptos sean inquietantemente plausibles…

Interrogantes interesantes, tales como:

  • ¿Hasta qué punto la inconformidad popular se hará tan tangible, que todos prefieran votar por figuras antipolíticas representadas en personajes de ficción?
  • ¿En qué momento nuestra legislación pudiera darle prioridad a nuestra obsesión por el espectáculo, por encima de la propia lógica o un sentido de la justicia moral?
  • ¿En qué momento nuestro comportamiento en las redes sociales pudiera terminar invadiendo todos los demás aspectos de nuestra vida?
  • ¿En qué punto nuestra personalidad en las redes deja de ser una extensión de nosotros mismos como individuos, y por el contrario, este se convierte en nuestro único rasgo predominante?

Podemos decir que se magnifica una tecnoparanoia, pero que es lo suficientemente autoconsciente de no satanizar directamente al desarrollo y el avance tecnológico per se, sino que critica más bien los principios bajo el que lo seres humanos hacemos un uso incorrecto de la tecnología, desarrollando patologías de enfermedades mentales que ahora están directamente ligadas a los nuevos  hábitos de dependencia u obsesión tecnológica más comunes.

Es el palpable esfuerzo al ver cómo se explota al máximo el potencial de cada una de las premisas, se dedica tiempo a expandir el propio universo de la serie y establecer una estética singular, aun cuando son historias independientes con tonalidades diferentes, y existe un nexo subyacente que unifica los diferentes entornos que se exploran.

Aun siendo tan radicalmente opuestas algunas de las realidades sociales que se presentan es predominante, de alguna u otra manera, las mismas problemáticas de siempre y que azotan al hombre contemporáneo, ejemplificando a la perfección lo vacía y burda que puede llegar a ser nuestra existencia actual.

Un producto para la posteridad, donde cada episodio merecer ser un caso de estudio particular, que nos hace reflexionar y evaluar qué escenarios pueden hacerse realidad en un futuro no muy lejano.

VoxBox.-

Stranger Things 2: Vino, lo vimos y nos pateó el trasero

Stranger Things. VoxBox.

Opinión.- Después  de una larga espera, ha llegado la segunda temporada de una de las series más virales de internet en los últimos años: Stranger Things. Gracias la metodología de Netflix, podemos disfrutar de la temporada completa en una sola maratón de fin semana, a través de la plataforma streaming.

Ahora ha llegado el momento de dar fin al hype y comenzar a evaluar que ha sido lo mejor (o peor) de esta segunda entrega, sin spoilers, o al menos sin algunos de los más importantes:

Comencemos por lo primero

La temporada inicia un año después de los eventos de la primera temporada, con cada uno de los personajes intentando llevar una vida normal a su manera. Los muchachos del club audiovisual siguen haciendo cosas de niños como ir al Arcade o vestirse para Halloween, Nancy mantiene una relación estable con Steve e incluso la madre de Will se encuentra en una relación con Bob (Sean Astin, un actor de los Goonies, una de las películas que inspiró la serie).

Sin embargo, cada uno debe seguir lidiando con las secuelas de lo ocurrido. Will tiene constantes visiones del Upside Down que al principio no se sabe si son recuerdos o premoniciones, y por esta razón está siendo evaluado por un nuevo supervisor (Paul Raiser) del departamento de investigación del Laboratorio Hawkings, Nancy muestra indignación de que ya nadie en el pueblo parezca preocuparse por saber qué pasó con Barb y Mike lleva un año sin saber nada de Eleven e intenta comunicarse con ella todas las noches desde su sótano.

Lo que Mike no se imagina es que Eleven se encuentra mucho más cerca de lo que cree, viviendo con el oficial Jim Hopper, quien se ha convertido en una especie de protector y figura paterna para la niña con poderes telequinéticos, manteniéndola oculta y aislada del mundo exterior por su propia seguridad.

Los errores que cometieron esta temporada

A diferencia de la temporada anterior, donde todo giraba en torno al misterio de la desaparición del Will Byers, aquí hay un inicio mucho más pausado de lo esperado, con varias subtramas ocurriendo en paralelo, solo que sin tener necesariamente un foco directo de atención para determinar hacia dónde se dirigirá la acción principal.

De hecho, se siente como un problema el que haya tantas tramas secundarias a las que se le dedica tiempo, pero sin que se vea que tengan repercusiones inmediatas o que aporten de alguna manera al conflicto principal, donde sabemos de antemano que algo tendrá que ver con las visiones de Will.

Podría decirse que hay varios detonantes dependiendo de los personajes, como el caso de Nancy o Eleven, pero estos momentos no parecen estar necesariamente interconectados, lo que hace que el producto final se sienta más dentro de un formato serializado que al de una película dividida en partes, que fue uno de los aspectos más interesantes de la temporada pasada.

Por otro lado, ahora la atmósfera ochentera parece haberse vuelto más una obligación que un homenaje. Muchas veces la música popular de la época aparece más como un recordatorio del periodo temporal que por una necesidad, perdiendo en cierta forma el encanto de algunas de las referencias.

Personajes como Max y su hermano psicótico, a pesar de ser en un principio interesantes, poco a poco dejan de aportar y su introducción termina por parecer un tanto innecesaria, mientras que otros personajes protagónicos, como el caso de Mike, se vuelven mucho más pasivos, aportando muy poco en la mayoría de los episodios.

Sin embargo…

La temporada juega de forma constante con la expectativa y la promesa de muchos encuentros (y reencuentros), que sirve bastante para jugar con una constante tensión dramática desde un punto de vista emocional, haciendo que sea finalmente bastante satisfactorio el punto de encuentro entre todos los personajes.

Además, hace un buen trabajo mezclando un poco los grupos para crear nuevas interacciones, aunque algunas no terminan de cuajar, como que Mike haya tenido que quedarse con Joyce sin aportar necesariamente mucho, otras son sumamente divertidas de ver como la de Steve aliándose con el grupo de niños, balanceando el contexto bizarro de las situaciones, pero con su característica atmósfera juvenil e ingenua.

Los dos últimos episodios terminan siendo diversión pura, ensamblando a la perfección el gran cast que conforma la serie, que a pesar de tener personalidades y trasfondos tan dispares, todos encuentran la forma de trabajar en conjunto y terminar por aportar algo al final de la historia, creando una dinámica de grupo muy fascinante de ver en pantalla.

Finalmente, los hermanos Duffers supieron conservar el encanto de su atmósfera y la magia que hizo que Stranger Things fuera tan especial en primer lugar, además de establecer la promesa que definitivamente no será lo ultimo que veremos del pueblo de Hawkins.

Aunque ahora parece predominar más la esencia televisiva que la cinematográfica, no por eso parece haber perdido su rumbo creativo, ya que sigue siendo un producto de entretenimiento bastante sólido que promete mantener ocupada nuestra atención en el futuro, con nuevos misterios y aventuras, de la mano de entrañables personajes.

VoxBox.-

 “Blade Runner 2049”: Una secuela que supera sus expectativas

Blade Runner 2049. VoxBox.

Cine.- Independientemente de la opinión que se tenga de las constantes secuelas e intentos de revitalizar franquicias hollywoodenses, ha de reconocerse la valentía de pretender continuar una historia como la de Blade Runner.

El anunciar la realización de una secuela directa de un clásico de culto con más de treinta años, que encima en su época fue un completo fracaso de taquilla, pero que aun así logró la forma de trascender históricamente como una de las mejores películas de la historia por sus logros visuales y narrativos, podría sugerir una especie de suicidio cinematográfico.

Por suerte, aun cuando sea difícil que esta película logre recaudar lo suficiente para justificar su presupuesto de producción, Blade Runner 2049 logra superar las expectativas poniéndose a la par de la original como una secuela digna de su estatus y consagrar a su director Dennis Villanue como uno de los mejores talentos de la actualidad.

¿Por dónde empezar?

La historia, como el título lo sugiere, transcurre más de treinta años después de la original (haciendo un paralelismo con el propio estreno de la cinta), con este mismo mundo distópico lleno de radiación que ahora se encuentra dirigido por una nueva compañía todopoderosa tras la quiebra de Tyrell, la corporación Wallace, que hace sus propios modelos de replicantes, supuestamente “incapaces de rebelarse como los viejos modelos”.

La división policial conocida como Blade Runners siguen existiendo y reconoce el uso de oficiales replicantes autoconscientes para eliminar los modelos antiguos capaces de rebelarse. El agente K (Ryan Gosling) es uno de estos agentes, que después de lo que parecía ser una simple misión de exterminio encuentra pruebas que uno de los Replicantes de Tyrell fue capaz de otorgar vida años atrás…

Así comienza un debate moral y existencial de K, al mismo tiempo que comienza su travesía en la búsqueda por este niño “milagro”, cuya existencia podría derivar en la guerra definitiva entre replicantes y la humanidad.

El significado de ser humano

Siendo fiel al legado de su predecesora, esta cinta se atreve a expandir el debate filosófico planteado sobre el propio significado de lo que implica estar vivo, poder considerarse humano o incluso tener un alma…

Se cuestiona constantemente la prevalencia de los recuerdos “reales” para la formación de un individuo o si podría existir una prueba mayor sobre nuestra existencia, como el simple hecho de ser concebido o la incapacidad de sentir e intimar con otros.

A menudo se le da un peso a la incapacidad de los personajes de tener alguna forma contacto físico o mental (voluntario o involuntario), una representación de cómo la propia capacidad de demostrar afecto y la búsqueda de entender a otros convierte a nuestros protagonistas artificiales más humanos que los propios humanos.

Joi (Ana de Armas), el personaje más fascinante de la cinta, una inteligencia artificial capaz de demostrar señales de preocupación e incluso auténtico amor incondicional hacia K… pero es parte de una programación, forma parte de una fantasía, aunque se nota un esfuerzo por transformarlo en algo más real, ¿pueden ser las emociones programadas y aun así ser clasificadas de reales? Se juega con el miedo constante del individuo de formar parte de una programación superior.

Sin querer dar revelaciones importantes de la trama, se podría decir que el debate termina de la misma forma que la original, cuando la propia humanidad de estos seres “artificiales” es alcanzada a través de su propia aceptación de la muerte y entendimiento de no ser tan especiales como se consideraban en un principio, sino por el contrario, terminan siendo aún más extraordinarios cuando renuncian a su programación inicio para salvar a otros, al costo de su propia seguridad. El sacrificio ni siquiera por el bien mayor, sino por el amor ajeno.

La experiencia cinematográfica en sí misma

El filme Blade Runner 2049 es un deleite visual que con creces inmortaliza el trabajo y maestría de Roger Deakins como director de fotografía. No solo emula a la perfección la atmósfera del mundo ciberpunk y su tan característica estética llena de luces de neón, sino que crea imágenes tan poderosas que son capaces de inspirar y cautivar nuestro imaginario durante muchas décadas.

La cinta es lenta, mucho más extensa a lo que se está acostumbrado hoy en día, y es bastante densa, así que no es para todos, pero posee el potencial de recordarnos el porqué adoramos el cine y qué tan capaces somos de ser absorbidos por él. Guarda muchos significados ocultos que podrían verse enriquecidos tras varias visualizaciones, pero en esencia se puede concluir que es una experiencia cinematográfica como muy pocas lo podrían ser hoy en día.

Lo negativo

El único lado negativo podría ser un antagonista que, aunque cuenta con una buena interpretación de Jared Leto, su presencia y motivaciones son demasiado ambiguas para significar una latente forma de conflicto.

Por otro lado, aunque Villanue nuevamente muestra una dirección soberbia, se tomó quizás en exceso el aspecto sci-fi con historia de una mayor magnitud casi épica, cuando mucha de la esencia de Blade Runner era ser prácticamente una historia contenida con elementos clásicos del cine noir. Aquí, aunque se mantiene esa intención, se tiene una historia enmarañada de grandes implicaciones, mientras que la original, por comparación, era una historia compleja con una premisa relativamente simple, bajo una percepción clásica del género.

La música, a pesar de ser un sólido trabajo con Hans Zimmer, un gran compositor para cine contemporáneo, francamente no considero que su estilo haga que la atmósfera destaque como Vangelis lo logró en su época. No tiene tiene ese ritmo blues que junta lo clásico con lo futurista, en una memorable y melancólica tonada.

Son quizás quejas minúsculas, porque dentro de todo es una película bastante satisfactoria y una experiencia bastante valiosa en la cinematografía contemporánea, que puede adquirir un mayor estatus de relevancia en el futuro.

VoxBox.-

“Mindhunter”: La propuesta Fincheriana

Mindhunter. VoxBox.

Cine.- No cabe duda que Netflix paulatinamente se ha convertido en un hogar dispuesto a abrirle las puertas a talentosos cineastas con intenciones de destacarse con historias arriesgadas, con mayor desarrollo y que sientan anhelos de liberarse de las limitaciones que pudieran traer los grandes estudios hollywoodenses.

Una de las primeras pruebas de eso fue la aclamada versión americana de House of Cards, la primera producción original de Netflix que en su primera temporada contó con el ya entonces aclamado director de cine David Fincher, siendo el productor ejecutivo y director del episodio piloto.

Ahora, la empresa de entretenimiento streaming se atreve repetir la fórmula de éxitos pasados con Mindhunter, una nueva serie de tan solo 10 episodios, disponibles en su totalidad desde el viernes pasado y que cuenta nuevamente con la firma de Fincher, y además, Charlize Theron como productores ejecutivos. En esta oportunidad, el realizador de Fight Club y Se7en también cumple funciones como director de cuatro de los diez episodios.

¿De qué trata?

La serie se ambienta en 1979, cuando dos agentes especiales del FBI, Bill Tench y Holden Ford, unen sus dotes de enseñanza dentro del departamento de Ciencias de la Conducta, para enseñar a otras unidades alrededor de Norteamérica sobre cómo proceder contra criminales violentos e impredecibles.

Desde el inicio Holden se siente fascinado por esta nueva categoría de criminales, donde no aplican los mismos conceptos comunes de la lógica y se plantea comenzar entrevistar a algunos de ellos, convertir estas conversaciones en un estudio que sirva como antecedente para un perfil psicológico que pueda ayudar a atrapar otros criminales con motivaciones parecidas.

En pocas palabras, el atractivo principal de la serie al inicio es el ser una especie de Road Movie mezclado con un thriller policíaco, donde estos encuentros con conocidos asesinos múltiples permiten hacer observaciones para desentrañar otros casos difíciles de resolver.

“¿Como nos anticipamos a un loco sino sabemos como piensa?”, es lo que dice Bill Tench a sus escépticos superiores, para justificar la investigación iniciada por Holden.

Sin embargo, un espectador que espere algo como El Silencio de los Corderos o Hannibal podría sentirse decepcionado. En realidad, no hay ninguna persecución o enfrentamientos con estos asesinos, ya que el desarrollo de la serie es lento y solo sirve para sentar las bases de conflictos que pudieran suscitarse en temporadas siguientes. Mucho se centra en el rigor de la investigación a base de cuestionar los hechos, hacer las preguntas correctas, suponer escenarios a base de la intuición e incluso contar con algo de suerte al momento de buscar un sospechoso.

Como aspecto fundamental es necesario entender que la serie está ambientada e inspirada en un contexto real, donde el término “asesino en serie” apenas estaba saliendo a la luz y mucha de la terminología básica para entenderlos y clasificarlos está siendo creada en paralelo por los personajes de la serie, que a su vez están basados en agentes del FBI reales. Este aspecto es uno de los principales ganchos y encaja con algunos de sus mejores momentos.

Existe un aire cargado de suspenso y claramente de expectativa por el aspecto policial, pero bajo un foco mucho más realista al que estamos acostumbrados. Aquí, más que ver al criminal como un antagonista o una forma villano, se nos presenta como un objeto de estudio por el que fascinarse, pero que aun así nos inquieta y nos perturba por su naturaleza tan alejada de lo corriente.

Conserva elementos que la permiten compararla más fácilmente con Zodiac, que también resulta ser uno de los mejores trabajos de Fincher; de hecho, la idea más aterradora se plantea casi al final y muy sutilmente se va presentando… ¿cuánto tiempo se puede pasar estudiando la mente de monstruos sin que la obsesión por ello también te afecte de alguna forma?

¿La serie hace bien al nombre de Fincher?

Existe un hecho al que es interesante enfatizar, aunque mucho del mérito se lo lleve Fincher, gracias a su estatus como realizador y ser posiblemente quien planteó la estética general de toda la serie, el mayor involucrado es el creador y guionista John Penhall, quien estuvo detrás de la mayoría de los episodios.

Realmente Fincher es un prototipo de director clásico que no necesita escribir los guiones de sus películas para poder darle su sello particular, al igual que Hitchcock es capaz de adoptar una cierta temática y transformarlo en un trabajo autoral gracias a su estilo visual, y es aquí cuando la serie se beneficia en sobremanera de su influencia. Es una simbiosis entre dirección e historia.

Los personajes pertenecen perfectamente a ese universo fincheriano repleto de personas obsesivas, engreídas, cargadas de respuestas inteligentes pero que al mismo tiempo están siempre aisladas del mundo, cargados de problemas y conflictos personales que se van correlacionando cada vez más con su vida profesional, y se plantean hacer un mundo mejor resolviendo y evitando que ocurran crímenes de gran magnitud, pero al costo de su propia estabilidad emocional.

Además tenemos el agregado visual: una hermosa forma de componer los elementos dentro del cuadro, fotografía tenue perfecta para una atmósfera sombría con un mayor énfasis en paletas de colores amarillentos y verdes, un montaje casi magistral con secuencias que lo establecen todo sin necesidad diálogos y un muy apropiado diseño sonoro con una extremadamente buena selección musical nostálgica por la década de los setenta.

En conclusión, es un producto que está claramente a la altura de cualquier producción cinematográfica, al contar con la muy apropiada intervención y meticulosa visión de Fincher. Es la clase de historia imposible de no relacionar automáticamente con Fincher y su propia forma de trabajar, es un proyecto que está hecho perfectamente a su medida.

Sin duda requiere de una particular atención en los más mínimos detalles, con una resolución de temporada, si bien no del todo satisfactoria. Cumple siendo inquietante y sentando correctamente las bases para conflictos de mayor calibre psicológico en el futuro, que es el campo que está más orientado en representar.

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Tercera temporada de “Rick and Morty”: ¿Qué fue lo mejor de ella?

La tercera temporada de Rick and Morty. VoxBox,

La tercera temporada de Rick and Morty ha llegado a su final y ahora solo nos queda hacer un recuento de todo lo que nos regaló. Sin duda, cosas maravillosas.

Opinión.- Lo que comenzó como una simple parodia grotesca y bizarra del clásico ochentero Volver al futuro terminó siendo una de las series de animación para adultos más esperadas. Con el paso de cada nueva temporada, Rick y Morty sencillamente emana genialidad en cada uno de sus episodios, en particular por la forma que son capaces de hacer grandes preguntas filosóficas dosificadas con toneladas de humor negro. Además, está esa constante sensación de que no termina por tomarse absolutamente nada en serio, de verdad, nada.

Hablemos desde el principio

El estreno de esta temporada en Estados Unidos (y a nivel global, gracias al internet) fue el 4 de abril. La serie continúa la historia tal y como la habíamos dejado en un melancólico cliffhanger donde Rick se había entregado a la Federación Galáctica para que su vida pudiera recuperar las vidas de sus familiares. Mientras la federación intenta robar los secretos dentro de la mente más brillante del universo, vemos un extraño y melancólico flashback donde se explica la muerte de la esposa de Rick, todo bastante triste, hasta que…

Resulta que esto no era más que otro truco de Rick (esta podría decirse que fue la broma del día de los inocentes por parte de los realizadores), donde termina restaurando el estatus quo de la Tierra, lejos de la jurisdicción de la Federación Galáctica e, incluso, logrando que Beth abandonara a Jerry (todo como un acto de venganza de Rick). En pocas palabras, básicamente volvemos a tener la premisa principal de la serie: a Rick le importa una mierda cómo se sienten los demás a su alrededor y prefiere construir mentiras solo para mantenerse estable en su propia versión de comodidad familiar.

Este es uno de los principales puntos de la temporada. Esta es una serie que siempre se ha preocupado por mantener su continuidad y que sus personajes logren un desarrollo significativo acorde a sus personalidades, así sea a un nivel mínimo. El personaje de Beth es quien sufre los mayores cambios a lo largo de la temporada, un personaje que al principio podía ser visto como el “típico modelo de mama de sitcom” se convierte en alguien mucho más complejo, no solo por tener que pasar por un divorcio, sino por sus constantes problemas de abandono paterno.

De hecho, la mayor parte de la temporada se centra en desglosar poco a poco, de forma casi sutil, esta maraña de sentimientos de dependencia de una familia disfuncional, entremezclado con las típicas y bizarras aventuras de ciencia ficción. Aunque sería genial poder analizar de forma global esta temporada, es sumamente difícil considerando la gran cantidad de ideas e implicaciones morales que son arrojadas incluso en un solo episodio.

Por lo tanto, parece adecuado resumir más bien los mejores episodios de la temporada, en orden del menos Rick hasta el más Rick de todos, excluyendo el primero de esta temporada, considerando que su emisión fue bajo un margen tan distanciado en comparación con el resto, pero aun así es una difícil tarea, considerando lo cortas que se sienten estas temporadas y la considerable calidad de casi todos sus episodios:

Morty’s Mindblowers – 08×03

Este vendría siendo un sustituto de los especiales de la televisión interdimensional (como el propio Rick señala en una metarreferencia), llevándonos quizás a lo que podría denominarse como “las aventuras malditas”, donde Morty le pidió a Rick borrar recuerdos específicos de su vida.

Puede considerarse un episodio de clips, pero que funciona bastante bien solo para establecer y enfatizar lo cruel, idiota, sinsentido e incluso deprimente que puede llegar a ser la existencia humana, y como todas estas situaciones se magnifican a niveles traumáticos solo por estar cerca de una persona como Rick. El clímax es tenso y su final aún más satisfactorio…

Pickle Rick – 03×03

Tardarán años para sacar la imagen de Rick convertido a propósito en un pepino, sí, un pepino: sobreviviendo por las alcantarillas gracias a su intelecto, solo para evitar tener que ir a una terapia familiar en la escuela.

Un divertido argumento que sirve de trasfondo y antesala para definir los problemas emocionales por los que pasa cada miembro familiar. En esta ocasión incluso vemos un ingenioso análisis sobre la forma de comportarse de Rick, quien reacciona de la única forma en que lo podría hacer… meh.

“¡Pickle Riiick!” es ahora un meme único de la serie adorado por sus fanáticos, convirtiéndolo en uno de sus momentos más memorables.

Rest and Relaxation – 04×03

Tras vivir una experiencia cercana a la muerte, nuestro dúo de protagonistas decide relajarse en el mejor spa del universo, pero tras entrar a una maquina purificadora, una parte de sí mismos (la más toxica) toma consciencia propia…

He aquí donde destaca una de la mayores cualidades de los guionistas de la serie, haciendo un curioso análisis sobre la dualidad humana, destacando cómo incluso nuestras mejores cualidades pueden llegar a ser también tóxicas en ciertos contextos. ¿Se puede decir que existe una moraleja en este? Bueno, quizás… pero francamente ni te das cuenta.

ABC’s of Beth – 09×03

Todos en esta familia merecen tener al menos un episodio con Rick en una aventura. Sí, incluso Beth, que es el personaje al que mayormente le había sido negado este honor. Por muy lógicas razones, debido a sus latentes problemas de abandono paterno, que había estado gestándose desde el inicio de la temporada.

Con este episodio podríamos decir que concluye este arco argumental dentro de la serie… pero vaya que no lo hace de manera cursi. ¿Estaba justificada la actitud distante y ausente de Rick hacia su propia hija? Bueno, pueden juzgarlo ustedes…

Tales From the Citadel – 07×03

Resulta interesante como uno de los mejores episodios de la serie ni siquiera cuente con la aparición de nuestros protagonistas… bueno, quiero decir, al menos el dúo de protagonistas de nuestra dimensión principal.

En este capítulo vemos una ya reconstruida ciudadela de Ricks y Mortys, múltiples historias contadas en paralelo sobre esta extraña y muy particular “utopía” en sus infinitos contextos sociales, referencias cinematográficas a películas como Stand By Me y L. A. Confidential y reflexiones profundas sobre temas de actualidad sumamente fascinantes como la corrupción, la política y el individualismo. Además, el ingenioso retorno de uno de los personajes más misteriosos de la serie y producto de una infinidad de teorías conspirativas.

¿Tendrá este episodio relevancia en el futuro de la serie o se mantendrá solo como un genial episodio autoconclusivo? Solo el tiempo lo dirá, pero con esta selección de increíbles e interesantes episodios solo queda suspirar y frutarnos por el tiempo de espera indefinido hasta las siguientes aventuras que nos esperan…

En conclusión, esta podría decirse que ha sido la temporada más temática de todas, con todo el drama familiar que ha tenido de por medio; sin embargo, parece que la serie no tardará mucho en volver a sus raíces y emular lo más cercano que se pueda al éxito de la primera temporada. Parece mentira que con solo 31 episodios en total se siente que haya pasado tanto en la vida de estos personajes… he ahí una de las razones de su genialidad.

P.D: ¿Quieren saber qué pasó con el “nuevo” Birdperson, mitad pájaron mitad persona, y ahora también mitad androide? ¡Pues yo también!

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“Baby Driver”: Un gran killer track en pantalla.

Baby Driver. VoxBox.

Baby Driver no solo es una de las películas más entretenidas en lo que va de año, sino una de las bandas sonoras más esperadas. Es un paseo con un innegable potencial de ser clásico instantáneo.

Cine.- Podría parecer mentira que a estas alturas todavía exista alguien que no haya visto Baby Driver, pero en ciertas partes del mundo (como en mi caso en particular, Venezuela), todavía existen estrenos que llegan con un cierto retraso, casi exagerado en comparación con el resto de países del continente.

No hace falta decir que este retraso no hizo otra cosa que incrementar mi curiosidad (y casi fijación) por la cinta, debido a la gran cantidad de elogios que ha venido recibiendo desde su estreno en Estado Unidos y, al mismo tiempo, hacía cada vez más tortuosa la tarea de evitar enterarme prematuramente de algún giro importante de la trama antes de verla.

Pero finalmente, tras haber cumplido religiosamente con una primera visualización, me di cuenta que quizás necesitaría una segunda… luego una tercera, y solo por si las dudas, una cuarta. No porque necesite desmenuzar todos aquellos elementos escondidos y sutilezas dentro de su puesta en escena (que sí las tiene), sino porque simplemente fue un paseo endemoniadamente divertido.

Lo mejor logrado de Wright

Edgar Wright es un director con una trayectoria fascinante, aunque francamente todavía se siente un tanto reducida. Pero en cada uno de sus proyectos logra conservar un estilo peculiar que desborda de originalidad e impresiona en cuanto ingenio, tanto por sus historias como por su forma de planear visualmente algún gag, o revelar información en el fondo. Así como su montaje tan característico, sumamente rápido y yuxtaposición dinámica.

En lo que concierne a este filme, podría fácilmente posicionarse como su trabajo mejor logrado como director, sin querer menospreciar sus trabajos anteriores, que siguen siendo obras maestras por sus propios méritos. Aquí es palpable el reto de precisión y sincronización musical, casi sobrehumano, por el que tuvo que pasar dentro del apartado técnico tanto dentro del rodaje como en la sala de postproducción.

La música ochentera

No creo ser paranoico ante el hecho de que tras Guardianas de la galaxia y quizás un poco antes exista una obsesión hollywoodense por hacer películas con bandas sonoras llenas de éxitos pop-rock ochenteros, cuyas escenas de acción energizantes emulen la experiencia de videos musicales de diseño estilizado.

Pero en el caso particular de Baby Driver son más que simples imágenes bonitas con música genial: aquí la música es en todo momento diegética, sin excepción, por razones de la trama, que busca mantenerse justificada con el paso de cada nuevo track: Funciona como un engranaje dentro de la historia, más que como un complemento de la misma. Las letras de las canciones van en sincronía con lo que vemos en pantalla y narran acciones e ideas de forma paralela.

Cada efecto sonoro, golpe o disparo se encuentra perfectamente realizados al ritmo de la música, haciéndonos creer que la vida de nuestro protagonista y el mundo al que hemos sido absorbidos forma parte de un interminable video musical. Sonará cursi, pero ¿quién no ha deseado que la vida real funcionara así? ¿Quién no ha querido caminar o conducir por la calle al ritmo de una canción en completa sintonía con nuestro estado de ánimo?

Vemos y escuchamos el mundo tal como lo hace Baby (Ansel Elgort). Aprendemos todo lo que necesitamos saber acerca de sus obsesiones y su carácter en tan solo unas pocas escenas, casi sin necesidad de ningún diálogo en los minutos iniciales. Con la simple secuencia inicial de Baby esperando en el auto al ritmo de los Bellbottoms, mientras ocurre el atraco, sabemos que por su cuenta es un personaje carismático e infantil, pero serio cuando el momento lo requiere, preparado para pisar el acelerador y hacer lo que se le da mejor: escapar con un killer track de fondo.

Y la acción con persecución

Dejando de lado un poco la música, pasamos a hablar de las escenas. Sencillamente las secuencias de acción y persecución son una experiencia sin igual, comparables a la experiencia de alguna de las atracciones de un parque de diversiones, y son todas merecedoras de un puesto honorífico junto a otras películas clásicas del género, ya sea Heat, The Driver o incluso The Blues Brother (todas obvias fuentes de inspiración).

Además de una espectacular química entre sus protagonistas, Elgort y Lily James sobre todo, cada vez que están juntos pueden sentirse chispas salir de la pantalla, su relación cautivadora y casi imposible de imitar.

Aparte, todo el elenco es memorable con sus pequeñas excentricidades: Kevin Spacey, Jammie Fox, John Hamm y Eliza González, aun siendo peligrosos para la vida del protagonista, son entrañables a su manera. Juntos forman el crew ficticio más entretenido en la historia de los atracos del cine.

Ver esta película es entrar de lleno a un mundo de fantasía, en todo el buen sentido de la palabra, como lo expresa el propio realizador. Busca transmitir una cierta cualidad mágica que solo puede ser posible en el mundo de las películas.

Wright ha logrado entrar a un estatus de notoriedad que nadie se hubiera imaginado jamás. Además, es un director con un trabajo sumamente honesto que habla por él a la perfección: no duda en luchar por lo que desea hacer, no niega ni huye en rendir homenaje a los maestros que le sirvieron de antesala, e incluso llega al punto de autodenominarse como un director de cine comercial.

Eso no niega, sin embargo, la posibilidad de superarse a sí mismo y, al mismo tiempo, hacer contenido de calidad, con un estilo visual propio y temas obsesivos subyacentes que lo vuelven un auteur cinematográfico, pero sin la pretensión de querer obligarse ser visto como tal.

Un paseo a lo clásico instantáneo

No solo es una de las películas más entretenidas en lo que va de año, sino una de las bandas sonoras más esperadas. Es todo un paseo con un innegable potencial de ser clásico instantáneo. Películas como esta lamentablemente no son tan comunes y deben ser aprovechadas en su momento.

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