Karla Rauda

Escritora amateur, planificadora compulsiva, dueña de tres gatos, madre a posteriori. Un poco cínica, un poco distraída.

Malcom X: el significado de la redención

Malcom Little nació el 19 de mayo de 1925. Con los años, este niño afroamericano destinado a una historia de dolor, violencia, crimen y muerte dio paso al hombre que hoy recordamos, Malcom X.

Opinión.- Ayer, leyendo la cuenta de tuiter de un hombre al que admiro, encontré una frase que se aplica muy bien a Malcom X: “Nadie es 100 % bueno, nadie es 100 % malo…”. Para comprender lo que la historia le tenía deparado a este luchador es preciso conocer su historia personal, que no es distinta a la de otros que pensamos que hay temas con los que debemos comprometernos hasta con la vida.

Malcom X fue un defensor de los derechos de los afroamericanos. Acusó con dureza a los estadounidenses blancos de sus crímenes contra sus compatriotas negros. En cambio, sus detractores lo acusaron de predicar el racismo y la violencia. Ha sido descrito como uno de los más influyentes afroamericanos en la historia estadounidense.

La vida lo forjó desde el asesinato de su padre. Cuando él apenas era un niño de 6 años, su padre fue asesinado por su labor en defensa de los derechos de los trabajadores y su madre ingresó en un hospital psiquiátrico a causa de la locura que le produjo el hecho de que le quitaron la custodia de sus hijos.

Después de vivir en una serie de casas de acogida, en 1942 Malcolm se instaló en Nueva York y se convirtió en un criminal callejero (traficante de drogas, proxeneta, ladrón.). Condenado a siete años de cárcel en 1946, abandonó su adicción a las drogas, estudió por correspondencia y tomó contacto con la Nación del Islam (NOI), movimiento religioso musulmán liderado por Elijah Muhammad.

Pasó así del crimen y la marginalidad a la que le habían condenado las circunstancias, a un eficaz activismo político en defensa de una minoría racial maltratada. Al salir de la cárcel en 1952 se adhirió a la Nación del Islam y cambió su apellido por la “X”, que simbolizaba el apellido africano original que los negros americanos habían perdido. Su labor de propaganda extendió la influencia de Nación del Islam en Detroit, Boston y Filadelfia, fundó el periódico Muhammad Speaks y llegó a ser el responsable de Nación del Islam en Nueva York.

Durante casi doce años fue la cara pública de la Nación del Islam, pero las tensiones entre él y Muhammad llevaron a su salida de la organización en marzo de 1964. No era raro: Malcom X siempre fue un hombre que era amado u odiado, pero no habían medias tintas. Fue gran amigo de Muhammed Ali, a quien guió hacia el Islam.

Tras abandonar la Nación del Islam, Malcolm X hizo la peregrinación a La Meca y se convirtió al sunismo. Viajó extensamente por toda África, Oriente Medio e incluso visitó la Unión Soviética. Esos viajes le cambiaron la visión que tenía del mundo y de la lucha por las libertades civiles. Fundó la Muslim Mosque, Inc. una organización islámica, y la secular Organización de la Unidad Afroamericana. Menos de un año después de abandonar la Nación del Islam, Malcolm X fue asesinado antes de dar un discurso en Nueva York .

En 1992, Spike Lee, director afroamericano, nos mostró su visión de la vida de Malcom X. Denzel Washington encarnó al líder musulmán y en mi opinión de amateur cinéfila es uno de sus mejores papeles.

VoxBox.-

Crónicas de una mujer sin útero (IV): vivir con miedo

Vivir con miedo. VoxBox.

Vivo con miedo. Ha sido duro llegar a esta conclusión, pero es cierto. Vivo con miedo y debo hacer algo para cambiar esto.

Opinión.- Este miedo ha estado conmigo en varias ocasiones, luego se transforma en enojo, en dolor y por último me toca ir olvidando para tener vida normal, hasta que de nuevo aparece. El lunes apareció de nuevo, regresaba a mi casa, fue un día cansado y mi asma no me había dado el mejor de los tratos en la última semana, pasé a la farmacia y a eso de las 8 p.m. bajé del autobús que me deja a tres cuadras de mi hogar.

De pronto lo sentí, era joven y venía caminando justo atrás de mi, la calle es bastante oscura pero algunas casas prestan su luz como para no ir a ciegas. Sus pasos eran fuertes, por un momento me incomodó y justo cuando pasó una pareja al lado hice un movimiento y él tuvo que adelantarme, se volvió a mi y me dijo “casi chocamos”. Me traía nerviosa y solo atiné a decir, lo siento.

Lo siento.

Cuando vi su cara lo supe, me iba a asaltar. Es de esas certezas que llegan y se apoderan de uno, tuve que pensar rápido cuando vi que cruzó hacia la calle que lleva a mi casa. Justo esa misma ruta que hago cada día, sé perfectamente que hay unos diez metros donde la oscuridad es mayor y la calle se vuelve más sola, desolada. No lo seguí, cambié mi ruta, en fracción de segundos. Crucé la calle justo en la esquina, al otro lado estaba una señora vendiendo pupusas. Cuando estuve justo frente a ella me dijo: “Ese hombre la viene siguiendo”. Ella notó la tensión en mi rostro y yo ya no sabía qué hacer.

Con el rabillo del ojo alcancé a ver que el hombre cruzó la calle en diagonal y ahora iba en el segundo pasaje de la calle. Yo vivo en el primero y pensé que ya estaba a salvo. Agarré lo último que me quedaba de valor y caminé rápido para entrar a mi pasaje, mi casa es la quinta, tenía que llegar a salvo, mis hijos y mi marido estaban esperándome.

Caminé rápido, entré al pasaje y de nuevo lo sentí, perfectamente sentí cuando él ingresó al pasaje detrás de mí. Caminé más rápido, era lo único que se me ocurrió hacer, ¿qué más podía hacer? Al llegar a mi casa no saqué mis llaves, llevaba mi cartera abrazada a mi pecho, me estiré y toqué el timbre, al mismo tiempo llamé a Alejandro, mi hijo menor: “¡Alejandro, abrime!”. Lo dije fuerte, no fue un grito, pero fue impositivo, ¿acaso mi mente usó su última carta? Apelar a la protección de no saberme sola… no sé por qué lo hice, pero no me equivoqué al hacerlo, Alejandro me contestó. Abrió la puerta y al verme supo que algo no iba bien, asomó la cabeza y en ese momento me atrevía a ver atrás. No lo había hecho, estaba temblando del miedo, él estaba justo frente a la puerta de la casa de al lado, vio a Alejandro e inmediatamente se dio la vuelta y caminó de regreso a la calle. Entré a la casa y Alejandro me tomó del brazo, tuve que detenerme en la primera grada para agarrar aire. La crisis de asma me alcanzó y no me soltó por un buen rato.

No pude dormir. Sentía miedo. Siento miedo.

Desde ese momento he pasado por toda una variedad de emociones y pensamientos, desde el miedo y el enojo, hasta la sensación de inseguridad. No quiero vivir con miedo.

Mi familia y algunos compañeros de trabajo me han apoyado con esto. Llegaron los “pero no te pasó nada, gracias a dios”, los “calma, ya pasó”, los “vos sos valiente, verás que ya no pasará”… todos se agradecen porque sé que son sinceras muestras de apoyo, pero… ¿en realidad ya pasó?, ¿de verdad ya no pasará? No. Esto pasa y va a seguir pasando. A mí, a mis hijas, a mis vecinas, a las mujeres de mi familia. Siempre es así. Vivimos con miedo.

Estoy harta de vivir con miedo, no quiero que mis hijas, mis amigas y otras mujeres vivamos con miedo.

Esa misma noche tuitié a la alcaldía municipal solicitando el servicio de luz pública en esa calle. Me determiné a seguir mandando tuits a su cuenta institucional y a la cuenta del alcalde, hasta que me contestaran. Mandé un total de 8 tuits, hasta que me contestaron con un cordial saludo: “Amiga… ya anunciamos el proyecto de iluminación, pronto llegará”. Debo decirlo, estamos llegando al tiempo de campaña electoral, por supuesto que me contestaron, pero no para resolver un problema que no solo me afecta a mí, sino a cientos de habitantes de esa colonia.

¿Debo conformarme con esta respuesta edulcorada? Mi mejor amiga, quien es abogada, me ha asesorado. Debo llevar mi solicitud a la reunión del concejo municipal y pedir que lleguen a poner lámparas de alumbrado público. ¿Cuánto durará esto? No lo sé. Para mientras, debo seguir pasando por esa calle oscura, pidiéndole a mi cerebro que esté atento y listo para evitar que me asalten.

Entre otras cosas que he pensado desde esa noche es comprar un espray de gas pimienta, poner una lámpara con sensor de movimiento justo sobre la puerta de mi casa… y también consideré pedir cambio de horario en mi oficina para no llegar de noche, y si sigo pensando en otras formas de evitar un nuevo acoso llegaría a la conclusión de que no debo salir de mi casa.

Vivo con miedo. No lo he podido evitar. He llorado porque ni siquiera sé cómo superar este sentimiento. No me parece justo.

Lo vi, era joven, quizá de la misma edad de mi segundo hijo, era alto, delgado… iba con una calzoneta de esas que usan los futbolistas y una camiseta, no… no parecía un muchacho de las maras o pandillas. Lo vi, vi su rostro y quizá por el miedo ya no logro recordar los detalles, solo se quedó su  voz rasposa y mi miedo.

En estas 48 horas recordé lo que le he dicho a mis hijas: debemos contar con una red de apoyo cuando nos suceda cualquier acto de violencia, porque sí… este fue un acto violento, no me golpeó, no me tocó, pero sí invadió mi espacio y me dejó este inmenso miedo, del que me quiero deshacer.

Hoy he iniciado trámites en la alcaldía, para que mejoren la iluminación pública. Me lo han dicho claro, no saben cuánto se tardarán.

VoxBox.-

Crónicas de una mujer sin útero (III): Carta a la madre de mis hijos

Carta a la madre de mis hijos. VoxBox.

Esta carta la debí haber escrito hace un par de años atrás. Va dirigida a la madre de mis hijos, esa mujer gracias a la cual yo he podido descubrir un mundo que nunca sospeché tener: ser madre de familia.

Estimada F.:

Le extrañará que le escriba esta carta. Posiblemente en nuestras breves pláticas en nuestra casa nunca hemos llegado a puntos de conversaciones profundas e íntimas. Lo que cada una sabe de la otra es por averiguaciones con eso que nos une: nuestros hijos.

Debo confesarlo con todas sus letras: nunca quise hijos, no me llamaba la atención la maternidad, en mi juventud no entendía por qué las mujeres debemos sacrificar todo (salud, tiempo, profesión, sueños propios) por correr tras la utopía de la reproducción. Siempre me fastidió ese tono condescendiente con el que me decían otras mujeres: “Es que vos no entendés, porque no sos mamá”, incluyendo a mi propia madre, quien aseguraba que yo no entendería nada de la vida hasta no darle un nieto.

Encontrar a mi marido, su ex, ejerciendo la paternidad y maternidad a la vez fue algo que me ha cambiado. Nuestros hijos, más que él, me han cambiado la vida. No quiero darle la razón a algunas que me veían de menos al ser una mujer de 30 años sin hijos, que me señalaban como egoísta, como infame mujer independiente. Serlo también me ha servido ahora que soy madre, madre “postiza” de sus hijos.

Estas cinco personas a quienes usted le dio la vida me han dado vida a mí: gracias. Gracias por dedicar gran parte de su juventud para traerlos a este mundo. Yo no hubiera podido, no solo por mis convicciones personales, sino también por mis condiciones físicas. Ahora no solo somos madres compartidas, sino también abuelas. Es curioso, yo que siempre fui muchas alas, desde que conocí a los chicos empecé a echar raíces.

Nunca me gustó pensar en el futuro, fui inmensamente feliz viviendo al día, con buenos o malos trabajos, en mi ciudad natal o en cualquier ciudad o pueblo de El Salvador o Guatemala. Adoptar a sus hijos me hizo entender que no tiene nada de malo pensar y soñar con un futuro, con querer tener una casa propia y planificar vacaciones familiares. Adoptar a sus hijos me hizo comprender que el amor entre dos adultos también tiene una manifestación doméstica, en la que nos dedicamos a pensar qué cocinar el domingo y qué serie ver en Netflix, de hablar de mitología mientras jugamos God of War o de hablar de sexualidad con gente que está creciendo en todo aspecto.

Debe saberlo: muchas personas me advirtieron que no era bueno que dejara que usted visitara a nuestros hijos, que usted es el enemigo, una amenaza, una persona non grata por no haberse quedado con ellos, por haberse ido un tiempo. No la juzgo, créame. No puedo. Pienso en el pavor que me daba a mí la maternidad y no sé cómo habría sido tener cuatro embarazos, uno de gemelos entre ellos. No sé si habría sobrevivido. La admiro. Usted, como miles de mujeres latinoamericanas, solo supieron que habían nacido para dar a luz, para ser abnegadas, para ser perfectas. Nadie dijo qué pasaba si eso no era así. Nadie advirtió de lo que sucedería si hay depresiones postparto, o que se diera un momento en el que las mujeres deciden que no quieren ser madres, incluso ya habiendo dado a luz. Nadie se fija en la salud emocional y psicológica de las madres. Ese es un derecho al que se nos veta.

Yo no creo que usted sea una amenaza en mi hogar. Me gusta ver que llega a ver a sus hijos. Si ellos la aman eso me alegra. Dice mucho de ellos y de su corazón carente de resentimientos. A veces me preocupa las conversaciones que tenemos, a veces me hacen preguntas a las que no tengo la respuesta. Me preguntan cosas sobre usted, como mujer. Mi consejo es que hablen con usted con franqueza. Alístese, porque algún día le harán las preguntas que yo he escuchado. Les he aconsejado que busquen esas respuestas en la única persona que las tiene: usted. Nadie más que usted puede hablar de sus circunstancias y decisiones que tomó hace algunos años. Posiblemente nunca le pregunten y eso también será bueno. En mi humilde opinión, a veces los hijos solo necesitamos que nuestros padres estén ahí, sin responder preguntas o imponiendo silencios, solo estar ahí. Y yo veo a mis hijos disfrutar tanto de sus visitas, que estoy segura que disfrutan amarla. Lo digo como hija.

Vendrán más días en nuestra vida de madres, estoy segura que jamás estaré en el mismo lugar en el que está usted y no pretendo quitarle el puesto que tiene en el corazón de sus hijos. Yo estaré en otro lugar de esos mismos corazones generosos que tienen. Es suficientemente grande para estar ambas ahí.

Gracias, querida F. Gracias por darnos hijos a mi esposo y a mí, gracias por cada cena de fin de año en la que ha estado, incluyendo esa en la que me dio un abrazo al decirle que me casaría con su ex. Gracias por defenderme el día en que uno de los chicos me contestó mal, diciéndole que debía ser respetuoso conmigo. Gracias por no verme como el enemigo tampoco. Gracias por dejarme a cargo de dar abrazos de consuelo, de protegerlos si la tierra se mueve violentamente, dejarme espantarle a los chicos las dudas y los malos ratos, dejarme alimentarles el cuerpo y el espíritu. Gracias por dejarme enseñarles a ser buenos y responsables. Gracias por darme a cinco personas que llegaron para ser mi familia. Prometo cuidarlos. Prometo atender cada gripe, cada ataque de pánico, cada infección, cada indigestión. Prometo ser paciente, aun cuando ya no tenga paciencia, no gritarles, no insultarlos, prometo velar sus pasos, ayudarles en las tareas, consolar sus tristezas, sorprenderlos en los cumpleaños. Prometo enseñarles disciplina, alentarlos a viajar, a trabajar, a soñar. Prometo seguir formando mujeres empoderadas, autosuficientes y con claridad de sus derechos sexuales y reproductivos. Prometo combatir el machismo en los chicos, procurar equidad entre los chicos y chicas.

Le pido un favor nada más, para ir terminado esta epístola… siga con nuestros hijos. La puerta de nuestra casa siempre estará abierta.

Un abrazo.

VoxBox.-

Crónicas de una mujer sin útero (II): El trabajo

El trabajo. VoxBox.

¿Ocho horas en el trabajo? Sé que muchas empresas las cumplen, pero seamos honestos: hay muchas veces en las que nos toca invertir hasta 12 horas del día, ya sea de manera presencial o no, para resolver los asuntos laborales.

Opinión.- Esta mañana de primero de mayo amanecí apaciblemente dormida y desperté hasta las 7:45 a.m. Me despertó mi esposo, que estaba sacando la basura y lavando los trastos que quedaron de ayer. Por lo habitual nos levantamos a las 5:25 en cualquier lunes. ¿De dónde sacamos este privilegio de levantarnos tarde hoy y poder dedicarnos a cuestiones más domésticas? Hoy se celebra el Día Internacional de los Trabajadores.

Sé que los mártires de Chicago se retorcerán en sus tumbas pero debo decirlo: el primero de mayo siempre lo he percibido como un triunfo profundamente femenino. Muchas de las reivindicaciones laborales se dieron gracias a la protesta y al martirio de muchas mujeres; por ejemplo, las 123 mujeres que murieron en el incendio de la fábrica de camisas Triangle Waist Co. en Nueva York, el 25 de marzo de 1911.

Ese hecho y tantos otros más, donde hombres y mujeres valerosos soportaron represión, cárcel y muerte nos llevaron a condiciones laborales un poco más justas: 8 horas de trabajo. Pero las luchas han ido más allá para nosotras:  el movimiento obrero ha tenido como gran aliado teórico el libro de Friedrich Engels, publicado en 1884, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, y surgirá la separación entre sexualidad y reproducción, la defensa de la maternidad libre, la liberación femenina, la libertad sexual, la promoción de la planificación familiar, el cuidado de los niños, así como el uso y difusión de métodos anticonceptivos artificiales.

En lo personal, yo que nunca he tenido hijos, hasta hace pocos años y que ya los encontré un poco crecidos, he visto a muchas de mis amigas y compañeras de trabajo batallar por criar de forma adecuada a sus hijos, mientras ellas trabajan, mientras se desarrollan en industrias tan machistas como la publicidad, las editoriales y tantos otros trabajos en El Salvador, donde se es despedida por faltar si un hijo está enfermo.

Otro punto importante, dentro de la combinación trabajo-mujer en Latinoamérica, es poder acceder a salarios justos. De nuevo mi experiencia me dice que es cierto, a las mujeres nos pagan menos que cualquier hombre en el mismo puesto. Recuerdo la última vez que renuncié a un puesto laboral: cuando me dijeron que no podía renunciar, les propuse que me pagaran lo que me ofrecían en la empresa donde ahora estoy… me dijo el “pagador” que si quisiera aumentar el salario del puesto, mejor contrataba a un hombre. Allí mismo me levanté y me fui. No tengo vocación de mártir, nunca me han gustado los trabajos donde se me reprime o se me amenaza. En especial si soy mujer.

En otro momento anecdótico, al decidir renunciar a otro trabajo, mi jefa… otra mujer, mucho mayor que yo, me dijo que si me iba esperaba que tuviera ya otro trabajo, porque con mi edad cada vez sería más difícil conseguirlo. En ese momento pensé, con ingenuidad, que mi edad no tendría que ser  un problema si soy buena en lo que hago. A veces soy tan tonta, por supuesto. Me costó mucho conseguir un trabajo fijo. Apenas tenía 30 años. Cuando iba a entrevistas de trabajo, los hombres que esperaban junto a mí me cedían el primer lugar para pasar a las pruebas o entrevistas, pero no obtenía el trabajo, se los daban a ellos. Yo no quería el primer lugar para pasar a la entrevista, yo quería el puesto al que aplicaba. Una entrevistadora, también mujer como yo y de mi misma edad más o menos, me lo dijo: yo estaba en edad “fértil” y una mujer que saliera embarazada al poco tiempo de empezar a trabajar no le convenía a la empresa.

¿Qué ley me ampara a mí y a tantas otras mujeres que estamos en el mercado laboral? Hasta hace poco en El Salvador, nadie decía nada si en una empresa que estaba contratando mujeres pedían una prueba de embarazo antes de decidir contratarlas. Siempre he escuchado que la familia es la base de la sociedad, pero con estas prácticas laborales la familia está jodida.

Hay que admitir los grandes adelantos en esta materia, aunque no sean los suficientes. Hasta hace poco en mi país, las mujeres que recién han dado a luz gozan del 100 % de su salario mientras están en su maternidad. Antes solo les daban el 75 %. ¿Se imaginan recién estrenadas como madres, con uno o dos niños, y contar solo con una parte del salario para mantenerse y mantener a la prole? Me alegra tanto que esto haya cambiado. Otro cambio que se dio recientemente es el aumento del tiempo de maternidad. Antes eran 3 meses aproximadamente, pero en la actualidad una mujer que ha dado a luz goza de 16 semanas para criar a su vástago, un aproximado de 4 meses. Tal vez no se dice mucho, pero el tiempo de calidad y contacto afectivo con la madre influye en el desarrollo psicoemocional de los bebés, dando como resultado personas con menos taras. En esta región debería ser imperativo que la familia críe de manera más adecuada a las nuevas generaciones. Pero claro… los adultos estamos trabajando.

¿Ocho horas laborales? Sé que muchas empresas las cumplen, pero seamos honestos: hay muchas veces en las que nos toca invertir hasta 12 horas del día, ya sea de manera presencial o no, para resolver los asuntos laborales. ¿Nos deja esto tiempo para la salud mental y esparcimiento? ¿Dónde quedan las relaciones interpersonales y familiares en esta vorágine? ¿Nos compensan de forma adecuada esas horas extras?

Debo reconocerlo, en la empresa en la que estoy en la actualidad he llegado a una versión muy parecida a la felicidad. Tengo condiciones laborales que nunca había tenido, y de hecho pude pasar por el quirófano hace poco, gracias al seguro médico privado que me dan, pero también debo reconocer que existen otras cosas que no me parecen, cosas que poco a poco vamos mejorando. Porque la vida es eso, seguir luchando siempre.

Cuéntennos sobre las leyes laborales de sus países, ¿están satisfechos con sus condiciones laborales?

VoxBox.-

Hombres que han envejecido bien

Pongámonos frívolas: una queja común entre mis conocidos es que solo hablo de cosas “densas”, así que he decidido hablar de algo he notado en los últimos años… algunos hombres envejecen bien.

Opinión.- Me centraré en un ámbito que me encanta, la música. Cuando recuerdo a los cantantes de la época en que mi madre era muy joven, me doy cuenta que fueron ganando años y como que la vida no fue tan benevolente con ellos, digo… amo a José José, pero su vida de rockstar no le ayudó a envejecer con dignidad, ya no digamos Juan Gabriel…

Me puse a pensar en los artistas que me han gustado a lo largo de mi vida, aquellos hombres hermosos durante su juventud y que el paso del tiempo no afectó, sino más bien mejoraron y se han convertido en maitros guapetones.

¿Se me olvidó alguno? No tenga pena, cuéntenos quién cree que merece estar en este humilde y bello recuento.

5. Chayanne

Boricua de 48 años. A mí eso de los ritmos latinos no se me dan muy bien, pero este hombre ha sido versátil en sus propuesta, y súmele que es bastante guapo, pues lo lógico era que siguiera vigente hasta estos días. Inició en la agrupación Los Chicos, allá por 1978.

Acá en un video relativamente reciente *suspira*:

Este video es de cuando iniciaba su carrera como solista:

4. Gary Barlow

Cantante principal de la agrupación inglesa Take That. Sí… el hermoso joven que cantaba Back for good, actualmente tiene 46 años y pues… acá les dejo dos videos en donde puede ver la comparación de la década de los 90 y en la actualidad.

Y pues, así se veía en 1995:

3. Benny Ibarra

Mexicano que inició su carrera con Timbiriche, actualmente tiene 46 años y ha seguido su carrera como solista, productor y compositor. Cuenta mi marido que cuando me paso de copas termino cantándolo con el entusiasmo propio de las adolescentes. A veces no le creo.

En la actualidad se volvió a unir a excompañeros de Timbiriche y se andan covereando de arriba para abajo.

En 1994 sacó su segunda producción como solista y pues… ya era bello.

2. Bruce Springsteen

El jefe tiene 67 años de ser hermoso. Cuando redescubrí su video de 1984, Dancing in the dark, cuando yo ya había llegado a la adolescencia, supe que sería su fan.

En este video hace un homenaje a León Gieco. El año fue 2013, hace poco prácticamente.

Y la gloriosa Dancing in the dark, de 1984.

1.  Eddie Vedder

Como parte de la Generación X, el ganador de mi recuento es precisamente este cantante de grunge, que se hizo famoso con la banda Pearl Jam.  Joven o viejo, no pierde su gracia. Actualmente tiene 52 años.

Acá les dejamos esta hermosa creación de Dios, ya con talle de adulto.

Sí, 1996 fue un año maravilloso y sí… me gustaba así de greñudo.

 

Un día de estos me animaré a hacer un top 5 de hombres talentosos en la música, pero que la vida se los llevó por delante.

VoxBox.-

Crónicas de una mujer sin útero (I): Mi cuerpo es una cuestión política

Una mujer sin útero. VoxBox.

Decidí escribir una serie de artículos sobre esto que estoy aprendiendo: vivir sin útero. Soy una mujer que roza los 40 años y nunca estuve embarazada.

Opinión.- Decidí escribir una serie de artículos sobre esto que estoy aprendiendo: vivir sin útero. Soy una mujer que roza los 40 años y nunca estuve embarazada. Incluso así tengo 5 hijos adoptivos, una nieta, y por supuesto, un marido feminista. Como yo.

Pasé 20 años luchando contra una serie de enfermedades en mis ovarios y en los últimos meses en el útero. Me operaron dos veces, la primera fue horrible e hicieron lo que les dio la gana con mi cuerpo. Como hacen la mayoría de los médicos cuando una mujer llega a consultar. La segunda vez ha sido totalmente distinta, mi doctora respetó mis decisiones y me enseñó todo un abanico de posibilidades, opciones y tratamientos. En cuanto estuve segura de lo que quería hacer con mi cuerpo, ella me respetó. Siento que pocas veces he sido respetada como mujer. Lamentablemente.

Fui violada por un primo cuando tenía 6 años y es primera vez que lo digo en público con todas sus letras. En mi familia no se enteraron hasta años después, cuando siendo una veinteañera y luego de mi primera operación decidí contarles. La primera reacción de mi madre fue decirme que no me creía. Mi infancia tan normal e idílica, que creía ella que tuve, se había caído. No piensen mal, amo a mi madre, sé que no fue su culpa lo que me sucedió, ni de ella, ni de mi padre. Simplemente estaban haciendo lo que millones de padres de Latinoamérica hicieron en los ochenta: trabajar de manera incansabl para mantener a su prole. En ese aspecto no ha cambiado mucho. Los padres seguimos siendo grandes ausentes en nuestros hogares a causa de los horarios laborales.

Esto de entender que mi cuerpo es un ente político no ha sido fácil. ¿Cuándo me enteré de esto? No tengo una fecha exacta, pero creo que fue en el momento en el que me pregunté por qué los hombres han tomado decisiones sobre mi cuerpo sin consultarme: mi violador, mis ginecólogos y tantos otros hombres que han estado de forma esporádica en mi vida. ¿Por qué un hombre puede tomar decisiones sobre una mujer? Peor aún ¿por qué toman esa decisión y piensan que nada ha pasado? ¿Por qué piensan que jamás aprenderemos a defendernos?

Aprendí a defender mi cuerpo desde muy pequeña, a no dejar que me tocaran luego de lo sucedido a mis seis años. Era una niña que tuvo que aprender a alejar a los hombres para no seguir soportando más daños, sin importar de qué tipo fuera, y eso me convirtió en una “buscapleitos”. El carácter me cambió y me puse “eternamente enojada”, siempre a la defensiva y sobre todo no le quitaba el ojo de encima a mis hermanas menores, a quienes estaba decidida a defender con mi vida ante quien fuera.

Fue hasta que llegué a mi etapa adulta cuando aprendí a defenderme en otras maneras, políticamente hablando. Aprendí que tenía derechos, o que al menos podía aspirar a tenerlos. En mi país, El Salvador, desde 1996 se penaliza el aborto en cualquier caso y eso incluye causas como peligro de muerte de la madre, inviabilidad de la vida fuera del útero, violaciones o embarazos producto de trata de personas. En El Salvador nos condenan por enfermar del útero o de nuestros ovarios. En mi país condenan a mujeres por tener un problema obstétrico y tener abortos espontáneos. Casualmente esto se da más que todo en las zonas rurales o en zonas de profunda pobreza. En El Salvador se nos discrimina, condena y nos señalan cuando pedimos más leyes a favor de la salud de las mujeres, cuando se pide más educación sexual y más leyes que garanticen nuestros derechos sexuales y reproductivos.

Hace cinco años apenas tuve la experiencia política más terrible de mi vida. En ese entonces vivía en un pueblo en el interior del país. Era la encargada de redactar proyectos para una organización de arte y educación. En aquel tiempo estaba pasando por un mal momento de salud y tuve una hemorragia muy grande. Tan grande y horrible que hizo que mis compañeros me llevaran al hospital nacional más cercano. Lo primero que hizo una enfermera de dicho hospital fue llamar a la delegación de la Policía Nacional Civil: llegaron dos agentes y me esposaron a la cama mohosa donde me habían acostado minutos antes para atenderme. Lo último que recuerdo, antes de desmayarme por la hemorragia, fue la voz del policía diciéndome que quedaría esposada por sospecha de aborto.

Yo no estaba embarazada, no había tenido un aborto. Fui juzgada, señalada y condenada por tener una hemorragia vaginal. Estuve esposada durante 12 horas mientras “averiguaban” si era cierto que no me había provocado un aborto. Mis compañeras de trabajo y familia estuvieron prestas a ayudarme, a apoyarme, a aclarar que yo no era “una infame mujer que mata a sus hijos”. Doce horas que fueron un infierno físico, emocional y político. ¿Así tratan a todas las mujeres en mi país en el sistema nacional de salud? ¿Un policía, hombre que jamás sabrá lo terrible que es tener una hemorragia entre sus piernas, es la persona más adecuada para hacerse cargo de un caso de sospecha de aborto? ¿Qué ley me amparaba? ¿Qué ley ampara a las mujeres de mi país?

Tuvieron que pasar 5 años, dos ginecólogos más e innumerables pastillas para encontrar a mi actual ginecóloga, de quien ya les hablé. Hace exactamente un mes me hizo una histerectomía. Me despedí de mi útero en un acto íntimo, le agradecí profundamente ayudarme a construirme como mujer, por enseñarme que soy tan plena e importante como otras mujeres que sí son madres, por soportar tantas violencias y por su paciencia mientras yo aprendía a defendernos. Le dije adiós y lloré un poco por su partida. Ahora estoy sana.

Desde entonces me he dedicado a pensar, durante los 28 días de reposo que me dictó la doctora, sobre las diferentes cuestiones que devienen de mi cuerpo, porque al final una mujer no solo es un útero con piernas, es un ente político, social, económico, emocional y profundamente personal, y precisamente de todos esos aspectos voy a seguir escribiendo en las próximas entregas.

VoxBox.-

Cantinflas, el gran héroe latinoamericano

¿Héroe? Siempre he pensado que una persona que te hace reír, en medio de todas las cosas malas que nos suceden, debe ser eso, un héroe, por eso… Cantinflas es el gran héroe de esta región.

Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes nació en la miseria y precisamente ese tiempo de escasez fue la base para su éxito cinematográfico. Mario nació en 1911, un año después de la Revolución Mexicana. Fue el sexto hijo de catorce que tuvieron a un humilde cartero y una ama de casa: todas las condiciones estaban dadas para que este majestuoso actor fuera uno más de las estadísticas que nos dicen que somos una región tercermundista y subdesarrollada.

Por supuesto, yo llegué a Cantinflas gracias a mi padre, hombre que ha dedicado gran parte de su vida para que yo conociera las cosas importantes de la vida… él fue quien me mostró las grandes obras de este mexicano, cuando cada sábado por la tarde, a inicios de los noventa, íbamos a un rentavideos allá por el parque infantil. Recuerdo que nos dejaba escoger una película a mi hermana Lorena y a mí… y luego él llevaba 3… una de acción y siempre dos de Cantinflas.

A mí siempre me impresionó su forma de hablar, no porque fuera trabajosa para ser entendida o porque fuera compleja en otras formas, sino porque retrata la cultura latinoamericana de los desposeídos. Sus personajes son el retrato de la gente trabajadora, de la gente que lucha, que sufre, pero que también mantiene y alimenta esperanzas ciegas.

“La primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda es hacer feliz a los demás” – Cantinflas

Cantinflas nació con el signo del latinoamericano que trabaja de lo que sea: portero, limpiazapatos, barrendero, policía, bombero, barbero, fotógrafo, sacerdote, profesor, boxeador amateur y el más humilde de los sirvientes en una hacienda de terrateniente rico. Cantinflas creció con todas sus emociones, que son las nuestras… la alegría permanente, el dolor de la muerte, el desamor, la preocupación por la familia, el compromiso de que otros más indefensos estén mejor, la hermandad con los amigos de beba, el enojo contra la clase política y la dedicación absoluta por una misión: hacernos reír mientras nos hace pensar.

En mi opinión, en México, esto solo lo lograron Cantinflas y Pedro Infante: retrataron al humilde.

En 1993 murió Mario Moreno. Si fue un buen hombre no lo sé, no quiero meterme en ese tema, pero si hay algo que debo agradecerle a ese hombre que nació sin nada y que logró lo inimaginable, como ganar un Globo de Oro en 1956 por su actuación en la producción hollywoodense La vuelta al mundo en 80 días, es haber creado a Cantinflas.

Uno no debería de irse directo a la adultez sin antes haber visto las grandes películas de Cantinflas: Ahí está el detalle, El 7 machos, El gendarme desconocido, El portero, Caballero a la medida, Si yo fuera diputado, El señor doctor, El profe, El patrullero 777, El bombero atómico, El padrecito, ¡A volar, joven!, El supersabio, El mago, El bolero de Raquel, El extra, El analfabeto, y por supuesto, luego de ver todas esas, uno debe ver el magistral trabajo que hizo Óscar Jaenada al interpretar a Cantinflas en la película homónima de 2014.

Hay escenas míticas de este hombre que nadie debería perderse, por eso se las dejo acá:

El siete machos:

El padrecito

El portero

Caballero a la medida

VoxBox.-

De enjambres sísmicos, terremotos y emergencias nacionales

Vivo en un país telúrico. El Salvador está asentado en fallas geográficas, se traslapan las placas tectónicas y tiembla un día sí y otro también, como decía Galeano.

Debo decirlo desde ya: odio que tiemble. Me da mucho miedo. Mi primer terremoto fue en 1986, cuando yo tenía 8 años y vi derrumbarse el colegio donde crecí. En esa y otras ocasiones más me ha tocado ver a mi ciudad natal, San Salvador, en semiruinas. San Salvador, el valle de las hamacas.

En este esfuerzo de sobrevivir ante temblores, terremotos y otras emergencias nacionales he ido echando cayo: creo que crecer y hacerte cargo de otras personas más vulnerables lo hace a uno alejarse del miedo paralizante.

Desde el domingo pasado, San Salvador está teniendo un “enjambre sísmico”. Se preguntarán algunos qué es eso. Dichosos los que viven donde no tiembla, les explico: un enjambre sísmico es un conjunto de movimientos de tierra, con epicentro ubicado muy cerca uno del otro, con poca profundidad y en un intervalo de tiempo corto.

Por ejemplo, desde el domingo pasado hemos vivido 345 temblores; de esos, 53 han sido sentidos por la población.

En mi población particular somos 6 humanos y 3 gatos. Ayer estábamos 3 en la cocina conversando, cuando se dejó sentir un temblor fuerte, pero no preocupante. A los pocos minutos vino el temblor más fuerte que se ha dado en este enjambre sísmico. Apenas de 5.1 grados Ritcher, pero como la profundidad es apenas de 3 km y estamos a pocos kilómetros del epicentro, se sintió como un terremoto.

En momentos de zozobra toca arriar hijos y gatos, y cuando nos encontramos en el lugar más seguro de la casa empezar el martirio de querer comunicarme con el resto de la tropa. Mi marido venía camino a casa y mis otros dos hijos estaban trabajando aún. Mi madre andaba de excursión con mi sobrino y mi papá simplemente no sabía dónde andaba. Las líneas telefónicas saturadas, el internet caído y mi miedo.

Cuando las comunicaciones volvieron poco a poco empezaron a aparecer en mi radar amigos y familiares. Todos estaban bien.

¿Qué hacer en estas emergencias? Me confieso que he descuidado esa parte. Cuando era soltera y vivía sola tenía un kit de emergencia y desde que nos mudamos a la casa nueva en diciembre pasado dejamos de lado algo importante: tener una mochila de emergencia. ¿Y qué debería llevar esa mochila? Lo esencial: agua para beber, alcohol gel, gasas, copias de las llaves de la casa, una muda de ropa, latas de comida, y en nuestro caso, una bolsa de comida para los gatos.

Según lo que he entendido, los enjambres sísmicos no tienen que ver con las placas tectónicas, ni con episodios volcánicos, cosa que me alivia, pues vivimos en las faldas del volcán de San Salvador.

Se preguntarán qué es mejor: ¿un solo golpe de terremoto o un enjambre sísmico? La respuesta es… NINGUNO. Cuando nos hemos enfrentado a un terremoto, el país ha quedado en total vulnerabilidad, la muerte nos azota y el dolor es inmenso, pero ahora que nos topamos con este enjambre sísmico simplemente no encontramos calma. Uno no sabe cuándo terminará, no sabe si el próximo será más fuerte, no sabe si estamos totalmente preparados para esta emergencia.

En el temblor más fuerte de estos dos días, en una de las principales vías hacia el occidente del país, hubo un derrumbe en el que murió un joven que iba en su carro junto a otras personas. Este país sigue sin estar preparado para este tipo de emergencias.

No queda más que prepararnos. Dejar las vías de salida despejadas, tener listos los kennel para los gatos y estar atentos, siempre.

¿Por qué Semana Santa cae en fecha distinta cada año?

Cada año es lo mismo: debemos reajustar todo por la celebración de la Semana Santa. No me linchen, solo estoy haciendo una observación, las vacaciones siempre nos caen bien. Pero ¿por qué esta fiesta litúrgica cae cada año en una fecha distinta?

Durante la Semana Santa, los cristianos celebran la resurrección de Cristo, la fiesta más importante del calendario litúrgico. De hecho, durante los tres primeros siglos del cristianismo fue la única fiesta que se celebraba, pues le daba sentido a sus creencias.

Todo comenzó porque la muerte de Cristo tuvo lugar en torno a la fiesta de la Pascua judía (conocida como Pésaj). Los Evangelios hacen referencia justo a esta celebración en el pasaje bíblico de la Última Cena, en la que Jesús se reúne con sus discípulos para celebrar esta fiesta, en la que los judíos conmemoran su salida de Egipto y el fin de la esclavitud.

Según el judaísmo, los hebreos deben renovar cada año esta celebración el día 15 del mes de Nisán, que empieza con la primera luna nueva de primavera: es decir, el primer plenilunio de primavera, con independencia del día de la semana.

¿Por eso siempre hay luna llena en Semana Santa?

Con el paso del tiempo, y pese a la resistencia de algunas regiones del mundo, la Iglesia fue unificando la fecha de la Pascua. Desde el I Concilio Ecuménico de Nicea, en el año 325, la Semana Santa se celebra el primer domingo de luna llena después del equinoccio primaveral (alrededor del 21 de marzo). Al principio se tenía en cuenta que no coincidiera con la celebración de la Pascua judía, pero el tiempo lo sana todo y se fue perdiendo esa costumbre en Occidente.

Así pues, el Domingo de Pascua acontece en un paréntesis de 35 días, entre el 22 de marzo y el 25 de abril, ambos inclusive. Las fechas de Pascua se repiten en idéntica sucesión en un periodo de 5,700,000 años y en ese intervalo de tiempo la fecha más frecuente es el 19 de abril. Si bien la mayoría de las veces, la Semana Santa cae durante la primera o segunda semana de abril, este año nos tocó una Semana Santa tardía, por lo que de seguro ya sentías el peso del cansancio y ansiabas unos días libres.

Ahora ya sabes la razón de este cambio de fecha de la Semana Santa, para que cuando te encuentres a algún otro curioso… puedas responderle.

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Kurt Cobain: la voz de la generación X

Los años noventa estuvieron plagados de algo: inconformidad. Los cambios mundiales estaban afectando de forma directa a quienes conformamos la generación X. Estaban terminando conflictos armados, la guerra fría y el acceso a las nuevas tecnologías empezaba. Nosotros, los adolescentes de ese entonces, teníamos una sola cosa: furia.

Incluso en la música todo el panorama estaba cambiando. El hair metal, el rock psicodélico y el punk ya no respondían a las necesidades de expresión y había un vacío en nuestros pechos que no encontraba sosiego, y la respuesta fue el rock alternativo.

Recuerdo a la perfección que el 8 de abril de 1994, cuando yo apenas cursaba primer año de bachillerato, llegué al salón de clases y, a pesar de mi negativa a entablar conversaciones con mis compañeros, uno se me acercó y me preguntó: “¿Te diste cuenta que Cobain se murió?”. Aquel compañero era Miguel Saavedra, uno de los pocos que, como yo, entendíamos que Nirvana era algo más que Smells like teen spirit. La noticia me impactó.

Kurt Cobain, según las investigaciones, se había dado un tiro en la cabeza el 5 de abril, tenía tres días de estar muerto cuando lo encontraron y el grunge estuvo de luto.

Siempre me pareció que Kurt llevaba un peso enorme sobre sus hombros. Tuvo el coraje de liderar un movimiento musical que se veía incipiente y que estaba condenado al olvido. Logró que esto no se cumpliera. El grunge, según mi humilde opinión, que sea dicho de paso, no es profesional, sino más bien emotiva (desde aquellos años hasta ahora que soy una cuarentona normal) es que el grunge nos salvó a muchos, a todos los raros de las escuelas y colegios, nos salvó a quienes estábamos socialmente inconformes y políticamente molestos, nos salvó a todos los que no sabíamos qué hacer con nuestras vidas, a los que veíamos en el futuro algo que se cumplió… las cosas no han cambiado como quisiéramos.

Cobain nació en un ambiente amable, familiar y religioso, como millones más de deprimidos en el mundo. Como era normal en aquellos tiempos, fue sometido al dopaje de Ritalín para calmar su hiperactividad, y solo a través del arte y los vicios logró lo que logró: expresar la voz de la generación X, esta generación que estaba harta de la hipocresía, la matonería colegial y la incoherencia que veíamos en la mayoría de adultos.

Que me perdone la vida y el mundo, pero estoy clara en que si Kurt no se hubiera dado aquel tiro en la cabeza se estuviera arrepintiendo. En la actualidad tendría 50 años y estaría cargando con la frustración con la que vivimos algunos aún: el mundo no ha cambiado, nunca llegó la reivindicación de los derechos humanos, no terminaron los crímenes contra los inocentes, las leyes no se modificaron para castigar a quienes de verdad son el origen del mal, el mundo sigue siendo sombrío y Kurt tenía razón, no hay esperanzas.

Kurt se cansó bastante rápido de todo y tomó la decisión que tanto miedo nos dio a otros. Terminar con todo. No, no estoy llamando a nadie al suicidio. Solo estoy recordando con mucha nostalgia lo que fue la cereza del pastel en la generación X. Por suerte nos quedó Eddie Vedder y suficiente valentía para seguir viviendo.

Y para los que creían que Nirvana solo tuvo una canción buena, les dejo acá la muestra de dos de sus discos más conocidos: el Nevermind y el In Utero.

Lithium

 

Come as You Are

 

About a Girl

 

All Apologies

 

Smells Like Teen Spirit