Karla Rauda

Escritora amateur, planificadora compulsiva, dueña de tres gatos, madre a posteriori. Un poco cínica, un poco distraída.

¿Es Monseñor Romero un santo?

¿Qué es la santidad? ¿En qué consiste ser santo? No lo sé. Yo soy una mujer limitada en tantas formas, que no puedo responder a esto. Dentro de mis limitaciones puedo asegurar algo… Monseñor Romero me hace pensar en dios y debo aclararlo: soy atea.

Opinión.- De seguro Monseñor Romero era un viejito aburrido y enojón, tan anticuado y tan cura de pueblo. Seguramente fue todo eso. Pero la gente cambia y en algunas ocasiones, como en esta, el cambio es bueno.

Óscar Arnulfo Romero y Galdámez fue la opción más cómoda y segura de la oligarquía que apoyó su elección como Arzobispo de San Salvador en 1977, un tiempo donde la represión de los gobiernos militares ya daban como frutos los primeros movimientos civiles para exigir respeto a los derechos humanos. La iglesia católica, en especial en las zonas más pobres, fue un artífice de la organización de campesinos y obreros que, como ahora sigue, ganaban apenas para ir comiendo frijoles y sal. La oligarquía celebró su elección como cabeza de la iglesia católica. La alegría les duró poco.

Siempre he creído que marzo le pertenece a Monseñor Romero. Fue el 12 de marzo de 1977 cuando la realidad lo golpeó de frente en el rostro. Un grupo paramilitar mató a sangre fría al padre Rutilio Grande, un jesuita que era párroco en el municipio de Aguilares. Junto a él murieron un adolescente de 16 años y un anciano de 72. El anciano fue encontrado muerto, tratando de proteger con su cuerpo al padre Rutilio. Este hecho marcó el gran cambio de Monseñor Romero. Cuentan los testigos que al hacerse presente a la parroquia de Aguilares, Monseñor lloró a su amigo, el jesuita que había sido su compañero en el seminario San José de la Montaña. El padre Rutilio y sus dos acompañantes asesinados eran la representación clara de una realidad que no se podía negar: el pueblo estaba sufriendo, en este país no había espacio para la juventud y no había respeto para los ancianos. Seguimos igual.

Aquella misma noche, Monseñor le dio la primera muestra de cambio al gobierno de turno, pidió que se investigara el crimen y declaró que mientras no se encontrara a los autores materiales e intelectuales él no participaría en ningún acto oficial del gobierno.

La iglesia rompió así su eterna relación con el gobierno. Romero rompió con la oligarquía. Inició así un período de tres años de denuncias. El gobierno no solo mataba sacerdotes, sino que en aquel tiempo los desaparecidos, los presos políticos y los muertos en los basureros abundaron. El gobierno asesinaba a todo aquel que no estuviera de acuerdo con él. La oligarquía estaba manchada de sangre y todo se convirtió en una bomba de tiempo.

Romero tuvo que elegir un bando y eligió el bando de los humildes, de los desposeídos, de los reprimidos, de los empobrecidos. Eligió denunciar y su voz guio a un pueblo que hasta entonces había estado disperso, había estado huérfano, había estado humillado.

Durante tres años Monseñor fue la voz de los sin voz, le dijo al mundo lo que pasaba en mi país, contó las violaciones a los derechos humanos, contó del hambre y la injusticia, contó sobre los asesinatos y las desapariciones, contó que este país era masacrado y nadie hacía nada. Entonces sucedió. Lo asesinaron. Una bala lo calló para siempre, mientras convertía el pan en Cuerpo de Cristo.

El 24 de marzo de 1980 yo tenía dos años y medio. No recuerdo nada de ese día, pero sí recuerdo cuando descubrí a Monseñor Romero. Mi educación en un colegio católico me permitió conocer su historia, su pensamiento y su opción preferencial por los pobres. Me pareció que era la manera más sincera de ser buen cristiano: trabajar por la justicia y la igualdad social. Trabajé muchos años por esa razón. Quise poner en práctica sus homilías, quise pensar que un mundo distinto era posible. La vida se encargó de matar mi idealismo y ahora estoy alejada de la iglesia.

Sin embargo, Romero se quedó conmigo, a pesar de declararme atea desde hace más de diez años. Monseñor Romero se quedó en mi corazón por una simple razón: independientemente de la religión, fue un hombre que vivió para buscar la justicia para el pueblo, para pobres y ricos, para hombres y mujeres, para jóvenes y ancianos. Encendió una luz que a veces da un chispazo dentro de mí y me llama a vivir de manera justa y correcta. A ser coherente como él lo fue.

¿Es Monseñor Romero un santo? Sigo sin saberlo, pero no puedo menos que retomar las palabras de Ignacio Ellacuría, otro jesuita asesinado hacia el final de la guerra civil en mi país: “Con Monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”.

Mujeres del siglo XXI

Nací en 1977, estoy lejos de ser catalogada como hija de este siglo, más bien soy abuela de este siglo. Mi nieta, mi primer nieta tiene 6 meses de vida y pienso en ella, en mis dos hijas adoptivas, en mis alumnas de la universidad y en las mujeres jóvenes que me rodean en la oficina, en este día internacional de la mujer. Este 8 M en el que organizaciones sociales nos convocaron a un paro y no se vio claro en mi país. Para variar.

¿Qué significa ser mujer en este tiempo? ¿qué significó serlo a inicios del siglo XX? ¿cómo vivirá mi nieta el 8 de marzo cuando ella tenga mi edad? Siempre he tenido dudas y ahora más que nunca esas dudas aumentan como una avalancha que nadie puede detener.

Para comprender lo que me sucede en lo particular debo pensar en mi abuela, una indígena de la zona de Panchimalco que se murió a los 36 años, dejando a mi mamá y a mis tíos huérfanos demasiado temprano. Cuando pienso en la mujer que más me ha influido en ser la que soy  es ella… Sebastiana Palacios. Se murió demasiado temprano de una dolencia que yo misma estoy sufriendo ahora, con la diferencia no solo en los avances médicos, sino que además yo he tenido la fortuna de tener una educación superior, un trabajo donde se valoran mis capacidades y que tengo acceso a un sistema de salud que no es malo. Ella no. Ella se murió sin conocer nada de eso. Pienso en mi abuela y en los cientos y cientos de mujeres que se murieron sin poder votar, sin poder decidir qué era lo mejor para ellas y sus hijos, sin haber disfrutado un orgasmo, sin poder tener acceso a la salud. Sin educación. Rodeadas de violencia.

Quisiera asegurar que todo es distinto a cuando mi abuela vivió, no lo es. Lo que cambió ha sido que su hija hizo un magnífico trabajo educándome a mi y a mis hermanas, dándonos una educación y recordándonos constantemente que no necesitamos un hombre para sobrevivir, pero que si lo tenemos, y que de paso no sea un patán, eso ya es una ganancia.

Mi abuela ni siquiera tuvo derecho a una identidad, en la matanza de 1932 mi bisabuelo decidió cambiar el apellido indígena de la familia por uno más castellano, para sobrevivir a aquel tiempo de infamia. Es doloroso pensar que hemos perdido tanto en procesos históricos y ni siquiera lo sabemos.

No es que no aprecie lo hecho por otras mujeres en la historia, tengo grandes heroínas incrustadas en mi mente y en mi corazón, mujeres como Simone de Beauvoir, Ada Lovelace, Mary Shelley, Violeta Parra, las madres de mayo, Prudencia Ayala, Rosa Parks, Frida Kahlo, Tina Modotti, Virginia Wolf, Malala, Claudia Lars, Martina Navaratilova, Silvya Plath, George Sand, Gabriela Mistral, Sor Juana Inés de la Cruz, Janis Joplin, Amelia Earhart, Madonna, Rosa Luxemburgo, Mercedes Sosa, Indira Gandhi, Evita Perón, Juana de Arco, María Magdalena, Lil Milagro Ramírez, Nadia Comaneci y tantas otras que se me quedan en el tintero, pero yo soy mujer no porque sea tierna y delicada, porque sea la flor que adorna mi hogar o la luz que ilumina a mi marido, porque cocine rico o porque tenga instinto materno. Soy mujer porque soy el cúmulo de conocimientos y aprendizajes de estas mujeres y de mi abuela sobre todo, esa mujer a la que nunca conocí, la que nunca me dio un consejo, ella que nunca se manifestó o quemó sus bra en una plaza, ella que nunca hizo nada notorio me heredó el espíritu de lucha por defender a la mujer que soy.

Ser mujer en el siglo XXI es enseñarle a las que vienen detrás de mi que la lucha por nuestros derechos (en todos las áreas de nuestras vidas) sigue y que no hay que abandonarla. Es enseñarle a mi nieta que ella puede ser lo que ella decida para sí misma. Es seguir luchando por construir una sociedad sin violencias de ninguna clase.

Rosa Luxemburgo: la rosa roja de la anarquía

Siempre he creído que toda persona que se precie de llamarse feminista o de izquierdas debe conocer a Rosa Luxemburgo.

Rosa nació el 5 de marzo de 1871 y durante los terribles años antes de las guerras mundiales esta mujer estuvo a la vanguardia de la política, criticando a la izquierda como se debe: con la pasión de mejorar cada vez una vía alternativa de gobierno, para que esta no sea lo que se ha querido combatir. Por eso la mataron.

En general, no importando de qué lado de la política estemos, una mujer que sea capaz de criticar y sostener con fundamentos una opinión propia siempre ha sido y seguirá siendo, por el resto de la historia, una incomodidad y Rosa era así, una mujer acostumbrada a no callar su voz. Estudió en la Universidad de Zurich filosofía, historia, política, economía y matemáticas de forma simultánea y desde muy joven expresó sus opiniones sobre los problemas económicos y sociales en varios artículos en periódicos de toda Europa.

Cuando la Primera Guerra Mundial fue inminente, apeló a que se desobedeciera a la orden de reclutamiento, fue acusada de «incitar a la desobediencia contra la ley y el orden de las autoridades» y por ello también sufrió encarcelamiento en varias ocasiones.

La vida de Rosa transcurrió en una constante lucha para que los nacientes partidos o movimientos de izquierda fueran cada vez más justos y apegados a la ideología. Trató de alguna manera de depurar la maldad dentro de la política y eso molestó mucho. Fue asesinada el 15 de enero de 1919, aquella noche fue sacada de su casa, pensando que iba de nuevo a la cárcel por un tiempo, tomó una valija y varios libros, preparándose para un nuevo período en cautiverio, aquella misma noche fue asesinada de un golpe en la cabeza y luego lanzada a un río, su cadáver fue encontrado tres meses después.

Rosa Luxemburgo no solo creía que toda mujer podía aspirar a los mismos derechos y deberes que los hombres, sino que además creyó y luchó porque todas las personas, no importando su origen, podamos ser sujetos de derecho y socialmente equitativos. Siempre luchó por algo que creyó: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

 

Prudencia Ayala: la hija de la centella

Prudencia Ayala, salvadoreña y feminista de inicios del siglo XX, sufragista y política que luchó por el respeto a los derechos de las mujeres.

Opinión. – Hoy inicia marzo y en este mes vamos a hablar sobre mujeres, sí… como acto de justicia cliché vamos a tomar el tiempo para conocer algunas mujeres que han aportado algo a esta humanidad. Prudencia Ayala nació en Sonsonate, El Salvador, en 1885. Cuenta la historia que su llegada a este mundo se dio luego de que un rayo fulminara a dos campesinos y, de alguna forma, esto afectara a su madre que también estaba cerca en ese momento. Con el tiempo, Prudencia fue conocida por algunos como “la hija de la centella”.

A los diez años su familia se trasladó a Santa Ana, donde tuvo poco acceso a la educación debido a las limitantes económicas de su familia, pero su curiosidad la llevo a ser autodidacta. Con el paso del tiempo, Prudencia va a darse a conocer como una mujer que podía predecir el futuro; ella decía que escuchaba voces misteriosas que le anunciaban lo que sucedería, por eso se le conoció como “La Sibila Santaneca”. Esta fama era grande pues se dice que predijo con mucha exactitud hechos de la Primera Guerra Mundial, en un tiempo en que era muy difícil acceder a información de ese tipo.

Años más tarde, se toma un tiempo para replantearse la condición de las mujeres en la sociedad salvadoreña. Inicia una época de publicaciones asociadas a este tema, así como a la producción de poemas en periódicos de Guatemala y El Salvador. En 1919 es encarcelada en Atiquizaya y posteriormente, en Guatemala. Se le acusa de participar en la planificación de un golpe de Estado contra Estrada Cabrera.

A inicios de la década de los veinte, se tiene la idea de su participación en la manifestación del 25 de diciembre de 1922; sin embargo, esto nunca se confirmó y en los años siguientes funda el periódico “Redención femenina”, donde exponía sus argumentos en pro de los derechos civiles de las mujeres. En este espacio lanzó su plataforma como candidata presidencial, en la que entre otros temas apoyaba los derechos de la mujer, a los sindicatos, la honradez en la administración pública, la limitación de la distribución y consumo del aguardiente, el respeto por la libertad de cultos y el reconocimiento de los llamados hijos ilegítimos.

Luego de un encendido debate público, la Corte Suprema de Justicia determinó no concederle a Prudencia el poder ser candidata presidencial. Hasta la fecha, ninguna mujer ha portado la banda presidencial en el país.

Prudencia luchó por lo que creía justo, por que las mujeres fueran autónomas e independientes de sus padres, hermanos y maridos. Creyó profundamente necesario el derecho al voto para las mujeres y la equidad entre los hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio. Muchos fueron sus enemigos políticos pero nunca desistió de sus luchas.

El once de julio de 1936, en San Salvador, esta defensora de los derechos de la mujer muere a la edad de cincuenta y dos años y es sepultada en el Cementerio General, ahora conocido como “Los Ilustres.”

Desde este día, la comuna de San Salvador bautizó una calle con el nombre de Prudencia Ayala para conmemorar sus luchas por las mujeres.

El día en que murió el Sr. Spock

Haber nacido en los setenta me deparó una gran fortuna: haber visto en la televisión las primeras temporadas de Star Trek y haber conocido al Sr. Spock.

Leonard Nimoy nació en 1931, pero Spock… él nació en 1966 y con él, toda una generación de geeks que aún no sabía que lo eran.

Nimoy nació en Estados Unidos, pero con ascendencia ucraniana y con el judaísmo ortodoxo sobre su educación primaria, durante muchos años trató de entrar con éxito a la vida de la actuación y aunque filmó diversidad de ocasiones fuera de la serie que lo llevó a la fama, Leonard tenía miedo de quedar encasillado, por un tiempo, mientras estaba en producción del programa, además estudió dirección, fotografía y canto.

En los años ’80 para aceptar seguir protagonizando a Spock presionó para dirigir la tercera película de la saga, los estudios cedieron y la pusieron en sus manos, el éxito fue tan grande que de inmediato le ofrecieron dirigir también la cuarta película. Nimoy se hizo cargo del proyecto “Star Trek” llegando a escribir los guiones de las películas, producirlas, dirigirlas y protagonizarlas. Artísticamente podía elegir lo que quería, escribió el libro “No soy Spock”.

Dirigió la película “Tres hombres y un bebé” y prestó su voz a decenas de personajes animados, como en Los Simpsons y Futurama. Cuando el director de Lost, J.J.Abrahams se hizo cargo de la saga “Star Trek”, lo convocó para que colaborara en el diseño de arte y que tuviera aunque sea un pequeño rol, esto se concretó en las películas de 2009 y 2013.

Nimoy estaba enfermo de los pulmones desde hacía un tiempo y la muerte le llegó un día como hoy, el 27 de Febrero de 2015 y el Sr. Spock dejó de saludarnos con su saludo vulcaniano, que en realidad era un homenaje a su origen judío.

Recuerdo ese día hace dos años, a mi la ciencia ficción no me gusta tanto, prefiero otros géneros para ver series y películas, pero no puedo negar que ante la noticia sentí un vacío raro, como cada vez que la cultura y la generación a la que pertenezco tambalea porque un ícono de ha ido, se ha llevado una parte de la infancia o de la adolescencia. O simplemente porque uno cae en la cuenta de la fragilidad de la vida cuando alguien inmortal se va.

Hace unas semanas vi un maravilloso documental sobre la vida de este hombre, Leonard Nimoy, se titula: “For the love of Spock”, lo dirige su hijo y está lleno de esas confidencias familiares pero que se vuelven universales en cada rincón, porque al fin y al cabo, el amor es lo más universal, es lo que nos une y nos unifica en algo sencillo: somos seres humanos finitos. Les dejo el trailer y lo pueden buscar en Netflix.

Gustavito: el retrato de una sociedad enferma

Siempre me he preguntado cuál fue el detonante para que la sociedad salvadoreña enfermara al punto de no respetar ningún tipo de vida.

Anoche, mientras todo el mundo estaba frente a los televisores o estaban pendientes de los tuits que anunciaban a los ganadores de los Oscar, Gustavito, el hipopótamo del zoológico nacional de El Salvador, agonizaba.

La noticia oficial de su muerte llegó con el amanecer de este lunes 27 de febrero, la Secretaría de Cultura, entidad gubernamental que está a cargo de la administración del zoológico nacional lo confirmó.

Inevitablemente recordé cuando mi papá me llevaba al zoológico en los años ochentas, era uno de los paseos favoritos entre nosotros dos, mientras mi madre hacía turnos los fines de semana en el hospital Rosales. Recuerdo que para en aquel entonces Gustavito aún no había llegado a esta región podrida de violencia, en su lugar estaba Alfredito, el anterior hipopótamo que murió de complicaciones gastrointestinales. También estaba la mítica Manyula, la elefanta que pasó encerrada en aquel lugar durante décadas. La vida sigue y dejamos de ir al zoológico con mi papá y mi hermana Lorena. Regresé hasta hace cinco años porque se me ocurrió que a Sebastián, mi sobrino que para ese entonces tenía cinco años de edad, le gustaría conocer y ver a los animales que están ahí en perpetuo encierro.

¿Cómo le explicas a un niño de cinco años que los animales que tienen ahí no pueden ser libres y estar con “su mamá”? Esa pregunta y ver el estado deplorable del zoológico me dejaron destanteada y un poco depre. No regresamos nunca.

El sábado me enteré: la madrugada del jueves un grupo de “seres humanos” habían entrado al zoológico, entraron al recinto de Gustavito y lo agredieron. Lo dejaron mal herido y sus cuidadores se dieron cuenta hasta en la tarde de ese día cuando vieron “un comportamiento extraño” en el animal.

El Salvador es una sociedad enferma, así de simple. En nuestra vida diaria se ha enquistado un cáncer que nos está matando a todos y  de a poco, incluyendo a todo ser viviente que comparte este territorio que se ha ido convirtiendo en una enorme fosa común. Dirán algunos que exagero, que no deberíamos de lamentar TANTO esta muerte, pero esto va  más allá, va hasta el hecho de que este país está acostumbrado a la violencia en general: a los niños, a las mujeres, a los ancianos, a los animales domésticos… y últimamente hasta a los animales silvestres: justo hace dos semanas se dio el caso de un búho que fue atacado a pedradas y le destrozaron el pico o el caso de unos lagartos que fueron heridos en el cuello  y patas.

Gustavito tenía 15 años de edad, vino cuando a penas era un bebé, lo trajeron del Autosafari Chapín, de Guatemala, poco tiempo pasó Gustavito en compañía de su manada, en un lugar donde tenía más espacio y el contacto con otros de su especie. Vino y fue encerrado en lo que se convertiría con el tiempo en la escena del crimen.

Y en este caso, como en el 98% de los casos, el culpable no solo es el que agredió con un picahielo, varillas de hierro y piedras a un animal, también somos culpables todos, desde el estado que no genera condiciones adecuadas para una institución que ya es obsoleta e inhumana, somos culpables los que, al no estar de acuerdo con como se manejan las cosas en el estado, no decimos nada, no hacemos nada. Es culpable la indiferencia y el anonimato en redes sociales que se dedica a matar esfuerzos concretos para que las cosas cambien.

Me siento profundamente avergonzada. Avergonzada de haber llevado a mi sobrino hace cinco años a conocer parte de la crueldad humana al encerrar animales para un espectáculo, avergonzada de tener recuerdos tiernos en este lugar, avergonzada en muchos sentidos, de ser parte de esta sociedad que no está haciendo absolutamente nada por procurar salud mental entre sus habitantes, tanto así que se ha llegado a este punto, agresores de animales indefensos.

Las causas de tanta violencia aún no la entiendo, puedo leer estudios y argumentaciones científicas y horrorizarme ante la idea de que el próximo agredido por estos salvajes no serán animales, sino personas. Que esta violencia es de estado, que no importando de qué lado venga, durante décadas, siempre nos ha dejado a “la buena de Dios”, no me queda más que escribir esta indignación y sumarme al pedido de que se realicen gestiones para trasladar a los animales a santuarios, donde se garantice su seguridad y dignidad… y que de paso, también se nos garantice a los humanos los mismos derechos.

Recordamos también las muertes de otros animales del zoológico, ya sea por mal cuido o porque los visitantes los alimentaron: Yulú Cova (Leoncito de 5 días de nacido, por haber comido alimento sólido antes de tiempo), Alfredito (hipopótamo que murió por problemas gastrointestinales), Melosa (Osa que murió por mala práxis luego de una inyección), Jambo (Tigre que murió por diarrea y deshidratación luego de 3 semanas de sufrimiento), Marty (Cebra que murió por paro cardiorespiratorio) y tantos otros animales maltratados o robados de sus jaulas y que hasta el sol de hoy no sabemos si están vivos.

Café Tacvba y la ingrata decisión de hacer lo correcto

El grupo mexicano Café Tacvba confirma su compromiso por no fomentar la violencia contra las mujeres, aún a costa de una de sus canciones más emblemáticas: La Ingrata, uniéndose así a acciones concretas y alineadas al feminismo.

En 1994 fue un hitazo, pasé todo aquel año cantándola a pesar de las súplicas de mi madre para que dejara de hacerlo. Me parecía que era una historia común y corriente, si la canción hubiera salido en la actualidad, hubiera dicho que Café Tacvba había usado magníficamente el storytelling.

Ayer amanecimos con la noticia de que el grupo ha decidido no volver a tocar la canción en cuestión durante sus conciertos. Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacvba, declaró que la hicieron en un contexto en el que no entendían la gravedad del asunto. “éramos bien jóvenes cuando se compuso y no estábamos sensibilizados con esa problemática como ahora todos sí lo estamos. Y yo, personalmente, no estoy interesado en apoyar eso”. Como diría un recordado cómico de mi país… “uno de cipote* es tonto”.

Pensé en escribir este artículo, expresando mi apoyo incondicional y admiración absoluta por los que han sido durante más de 25 años una de mis bandas favoritas. Pensé en sacar mi casta feminista y declarar mi subversiva visión de mujer ofendida por la violencia simbólica en esta canción. Pero… ¡Alto! Hace 23 años estaba cantando esta canción a viva voz por las calles mientras iba a clases. Nuevamente… “uno de cipote es tonto”.

Ricardo Corea, mi pequeño padawan, escribió una nota titulada: Ingratos, ¿Por qué ya no van a tocar la canción de “Ingrata”?, planteando lo que piensa de este acto “políticamente correcto” por parte de la banda, lo leí antes de ser publicado y mientras lo hacía pensé “tiene razón”.

Inevitablemente pensé en tantas otras canciones que las mujeres hemos entonado en fiestas y karaokes y que son una bofetada profundamente descarada al orgullo femenino, por ejemplo “Rastamandita” de Molotov (aún recuerdo a Celina, una amiga de mis años veintes, catoliquísima a ultranza y profundamente comprometida en la liberación femenina, un especimén muy raro, lo sé… la recuerdo cantando a gritos “cada vez que te miro se me para… cada vez que te miro se me para… mi corazón, se me para… mi corazón, se me para”) o “La planta”** (canción solicita hasta la saciedad en karaokes, he visto a decenas de mujeres tomar el escenario y cantarla, pasando por alto que es una insultante perorata que humilla y minimaniza a las mujeres, entre esas decenas de mujeres citas acá, varias feministas comprometidas con temas como el aborto en mi país).

¿Acaso Ricardo tendrá razón al asegurar que los productos culturales no pueden ser responsables de los comportamientos sociales? ¿Acaso el regaaetón no es culpable de una visión reducida al uso sexual de las mujeres en los millenials? ¿Acaso una generación es mejor que otra por sus productos culturales? No tengo respuesta para ninguna de estas preguntas, lo que si sé es que en todas las generaciones nos toparemos con expresiones culturales incoherentes con nuestras luchas.

No me mal interpreten. Estoy feliz de la reflexión que ha llevado a una banda importante en la escena musical latinoamericana a quitar de su repertorio una pieza que contradice una lucha que llevamos años llevando hombres y mujeres un poco consientes, tan consientes que ahora nos dan un pequeño jalón de orejas y nos recuerdan y nos dan esperanzas de que en un futuro, los actuales misóginos de la música puedan hacer esta reflexión y admitirlo con todas sus letras: nos equivocamos.

Café Tacvba no solo está haciendo lo correcto, sino que también nos lleva a otras reflexiones un poco más actuales, debemos ser pacientes con las nuevas generaciones.

___

*Cipote: palabra coloquial salvadoreña que se utiliza para referirse a un niño menor de 12 años.
** Hasta ahora me he enterado que la dichosa canción es interpretada por el grupo Caos.

José José, un principado interminable

Música – Cuando uno cae en este mundo ingrato y lleno de sinsabores viene con la disposición de aprender todo, los primeros que te muestran lo valioso de la vida son nuestros padres, ya lo saben, mi padre me ha enseñado mucho, pero esta vez le toca a mi madre el agradecimiento de introducirme al culto vernáculo de las canciones de José José.

Un día como hoy, en 1948, nació este hombre de voz prodigiosa y del instinto inequívoco para las canciones interminablemente dolorosas. Así es, yo pienso en José José y pienso en el sufrimiento emocional. No hay latinoamericano que no haya pasado, de alguna manera, por alguna de sus canciones. José José es el príncipe de la canción desde el arrabal sonando en una rockola hasta la sala familiar de una casa mientras se trapea el piso con esmero para que quede brilloso.

Crecí con él, con su música. Recuerdo a mi madre muy joven, lavando en un lavadero de cemento mientras yo me entretenía jugando con mi oso sentada en un petate, mientras lavaba entonaba las canciones que me marcaron desde entonces. José José nació en la Ciudad de México y es el primogénito de un tenor y de una concertista de piano, su padre no dejaba que en su casa se tocara música popular y el joven príncipe tuvo que buscar fuera del hogar la guía necesaria para llevar todo el amor despechado posible al mundo. Es curioso como nos pegan los recuerdos… yo no logro recordar ninguna de sus canciones en lo habitual, pero en cuanto inician los primeros acordes de cualquiera de sus canciones, la letra completita viene a mi mente y las canto con la misma desazón con las que fueron escritas.

Inició su carrera y el 22 de marzo de 1970, cantando “El triste” se hizo famoso en el II Festival de la Canción Latina, desde entonces, el mundo ha sido un lugar tierno y amigable para sufrir por amor.

Se estima que José José ha vendido más de 100 millones de discos. En México, según las estadísticas discográficas, su álbum Secretos es el más exitoso con más de 15 millones de copias vendidas desde su lanzamiento en 1983. En toda Hispanoamérica es considerado el cantante más importante de la música romántica… todo un rockstar.

Por supuesto, como todo buen rockstar, su vida no ha sido precisamente tranquila, se sumergió en el vicio del alcohol y su historia familiar estuvo en medio de historias de traición y engaños, aún así no perdió la fe en el amor y eso lo llevo a casarse en tres ocasiones. Consecuencia de sus excesos su voz fue mermando y ahora ya no puede cantar como antes, pero ahí está el hombre… cumpliendo años nuevamente.

69 años se celebran este día de José Rómulo, su nombre real, y lo celebramos como debe ser, con un humilde recuento de sus canciones aptas para codependientes emocionales:

El Triste, 1970

No sé qué de mi vida será… sin el lucero azul de tu ser, que no me alumbra ya. Hoy quiero saborear mi dolor, no pido compasión, ni piedad, la historia de este amor se escribió para eternidad.

Qué triste todos dicen que soy, que siempre estoy hablando de ti, no saben que pensando en tu amor, en tu amor… he podido ayudarme a vivir.

La nave del olvido

Espera un poco, un poquito más… me moriría si te vas…

Lo que un día fue no será

Ya no vuelvas a buscarme, no tengo que darte, de tu alpiste me cansé… vete a volar a otro cielo y deja abierta tu jaula, tal vez otro gorrión caiga, pero dale de beber.

Amnesia

Usted me cuenta que hasta le rogué que no se fuera y que su adiós dejó a mi corazón sin primavera, que anduve de bar en bar… llorando sin podérmela olvidar, gastándome la piel en recordar su juramento, perdón no la quisiera lastimar, tal vez lo que me cuenta sea verdad, lamento contrariarla, pero yo… no la recuerdo.

Desesperado

No me importa lo que seas, no me importa si has cambiado, no me importa si eres otra, no me importa si has pecado… vuelve te lo recuerdo porque estoy desesperado, decidido a aceptar lo que sea, tú has ganado, ya lo ves que sin ti soy un hombre acabado, sin ganas de vivir…

 

Gracias José José, en vida te honramos y aunque sabemos que todos vamos buscando la mortaja en algún momento, tú serás eterno… en cada borrachera, en cada trapeada en la casa, en cada recuerdo limpio y puro y en cada momento de bochorno.

VoxBox.-

Talentos ocultos y la humildad de las batallas silenciosas

Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes.

Isaac Newton

Cine – Abrí este artículo con la frase famosa, atribuida a Isaac Newton, aunque alguien me puso a dudar si era del científico en cuestión, porque existen momentos en los que uno debe ser humilde y reconocer en la historia (colectiva y propia) que vamos más allá de nuestros propios talentos gracias a los talentos de otras personas que nos han precedido.

“Hidden Figures” es la historia de tres mujeres afroamericanas que desde lo oculto, el silencio y la humildad abren paso a otras mujeres que vendríamos después. Es una película espectacular. ¡Ah si!, todo esto porque fueron parte importantísima y fundamental en el programa espacial de la NASA justo cuando se quería poner en órbita al primer estadounidense.

En los años 60’s en Estados Unidos se llevaban a cabo varias luchas: la científica, la de los derechos civiles y la de los derechos de las mujeres. Todas estas luchas encuentran un punto de convergencia en la historia de Katherine Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughan (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monáe); al final es la historia de la reivindicación de las minorías, porque ¿qué podía ser más complicado en aquellos años que ser afroamericana, mujer y científica?

Tengo claridad que en medio de las luchas existen batallas estrepitosa y grandilocuentes donde nacen los mártires y las grandes leyendas, pero también existen las batallas silentes y de lo cotidiano, donde nacen los grandes ejemplos. Así son estas tres mujeres que lucharon para que su trabajo fuera valorado y reconocido, para que pudieran tener acceso a la educación superior, para tener condiciones laborales dignas (desde un salario justo hasta el hecho de que tus compañeros hombres no crean que entras a la oficina a hacer aseo) y para que, desde el hogar, se respeten tus decisiones.

Posiblemente sea yo una romántica de las luchas, sé reconocer una cuando la veo y lo que vi en esta película es precisamente un buen trecho del camino que llevamos muchos años recorriendo las mujeres.

Si, tenía razón Newton, hoy por hoy, las mujeres podemos ver mejores horizontes, gracias a que estamos sentadas en los hombros de estas mujeres majestuosas. Queda en nosotras seguir, tal vez no curaremos el cáncer, o inventaremos algo innovador, sino que simplemente en lo cotidiano daremos homenaje a estas mujeres… y quien sabe, a lo mejor… si curemos el cáncer.

Y para cerrar: sí, quiero que Olivia Spencer se lleve el Oscar a mejor actriz de reparto.

VoxBox.-

Charly García nos ha dado “La máquina de ser feliz”

Música – Esta mañana recordaba al Flaco Spinetta, porque a él se le debería recordar siempre, no solo ahora que se su aniversario luctuoso. Para mi, pensar en el Flaco es pensar también en Charly García. Me dio miedo pensar que ha estado malito de salud y que con el pasar del tiempo, la vida no es precisamente la más benevolente y nos va dejando estragos.

En ese momento pensé que hace siete años no nos da un nuevo álbum, me dio melancolía. Pero resulta que estaba totalmente equivocada. Hace dos días Charly nos ha dado algo importante para vivir, lanzó “La máquina para ser feliz” su último sencillo, que es parte de “Random”, el disco de Charly que sale a la venta el 24 de febrero.

Yo soy feliz que Charly siga escribiendo, en este sencillo la mayoría de los instrumentos los toca él, él que a sus 65 años se niega a una vida normal, a una vida de deterioro, ha grabado hasta ahorita 41 discos, solo o acompañado, y cuenta con varios galardones entre los cuales se destaca el Grammy a la Excelencia Musical.

Pero la vida es la vida y en algún momento se acaba. Esperemos que para Charly no sea el momento aún, a pesar de que nos tuvo atentos en diciembre pasado cuando estuvo hospitalizado unos días. Para mientras, hay que hacerle caso… y encender la máquina de ser feliz.
ç

 

VoxBox.-