Diversidad

El Hoyo, el bar gay del Centro Histórico de San Salvador

El Hoyo. VoxBox.

Sexualidad.- Madonna, enfundada en un hermoso vestido negro, bailando en medio de cruces incendiadas, nos dio la bienvenida. Siempre he amado esa canción, siempre me ha parecido una forma de autoaceptación, pero también de sentir el amor de otras personas. Suena Like a Prayer y veo a dos hombres jóvenes bailando enérgicamente. Ellos también saben qué es el amor. Ese amor liberador de sentirse cómodos en su piel.

Brillan las luces en medio de lo oscuro que envuelve la atmósfera, hay que decirlo: El Hoyo se llama así porque así es, un hoyo en medio del Centro Histórico de San Salvador. Me dan ganas de bajar las gradas corriendo y ponerme a bailar con ellos, porque al final de cuentas Madonna tiene razón: “Life is a mistery…”.

Recordé mis años veintes, cuando acuerpada por mis amigos y amigas gais iba a las discotecas de la comunidad LGBTI. ¿Qué hacía una heterosexual ahí? No lo sé, solo sé que es hipnotizante, y debo confesarlo, nunca me he sentido más libre que en los lugares donde hay gente libre, feliz, llena de amor.

En aquel entonces recorrí El Amazonas, El Nancy’s, Scape, y el mítico Oráculo. Pero nunca escuché de El Hoyo.

Carmen me acompaña. Fue ella quien me contó de este lugar. Ella, como yo, es heterosexual, pero le llamó la atención que este bar gay apareciera en uno de los tours que dan en el Centro Histórico de San Salvador. Contactamos al dueño y acá estábamos, nos trajimos a Ricardo, nuestro redactor estrella, quien cumple esta noche los papeles de carnada (nada como la carne fresca en estos ambientes), guardaespalda y fotógrafo.

Allí estábamos los tres, insertados en una realidad que no es la nuestra.

Bartender en El Hoyo

Nos atendió don Marco Tulio, el bartender. Tiene 46 años, un salvadoreño que a simple vista se le adjudica un vida normal: esposa, hijos, casa y un trabajo que nada tiene que ver con un antro; en cambio, su vida es más de escándalo: era un adolescente cuando el primer dueño decidió que era buena idea abrir un lugar donde homosexuales salvadoreños pudieran llegar, departir, bailar y enamorarse. Eso fue hace 30 años.

Con orgullo nos contó que ha sido bartender del lugar en dos ocasiones, con dueños diferentes. Con un poco de arrogancia lo dice: el negocio está tomando vuelo gracias a su contacto con la comunidad gay salvadoreña. Y no solo eso: nos contó que sus contactos son tantos, que incluso parte de la comunidad LGBTI hondureña viene al Pride Day acá a El Salvador, porque allá no lo organizan, y si viene es gracias a él.

¿Cómo es ser gay en El Salvador?, le pregunté y él con una interminable sonrisa que sostuvo, mientras conversamos esa noche de viernes, me dijo: “Es un estilo de vida, uno se divierte y vive la vida como los demás. Pero acá, por ejemplo, se es libre”.

La música sigue sonando, no tan fuerte, pero tampoco suave. Varios hombres jóvenes que beben sus cervezas se han fijado que estamos hablando con don Marco Tulio, nos observan y cuchichean, me recuerdan a mis alumnos cuando en recreo se dedican a vigiar a las chicas que les gustan. Lo sé, Ricardo es un gancho perfecto en esta ocasión.

Don Marco Tulio nos cuenta que antes todo era diferente y tenían problemas con las autoridades del CAM, hostigaban a los clientes, y recuerda que en más de alguna ocasión hubo conatos de violencia por intolerancia. “No le hacemos daño a nadie”, me dijo en cierto momento, pero reconoce que ahora ha cambiado un poco y ya no los hostigan tanto. Con la revitalización del Centro Histórico también han cesado los hostigamientos por parte de las maras o pandillas. Hay más seguridad, lo sabemos: estamos a las 8 p. m. en las entrañas de San Salvador. Hace unos meses no podríamos haber hecho esta entrevista.

Nos cuenta el bartender, sin pena, que acá la clientela es feliz: viene, bebe, baila, se dan su amontonada, algunos vienen solos, otros vienen en pareja, mujeres casi no vienen, ni lesbianas, ni heterosexuales, a menos que vengan con algún amigo gay. Me sentí identificada: justo eso hacía yo, acompañaba a mis amigos gais hace unos años, en búsqueda de espacios donde no sentirme acosada.

Durante 30 años, El Hoyo ha visto todo tipo de gais: no importan las clases sociales, este ha sido uno de los primeros espacios donde la comunidad ha podido llegar con libertad. Don Marco Tulio reconoce que existen otros espacios, algunos bastante especializados; por ejemplo, por el parque San José hay un bar gay que frecuentan trans, otro espacio donde van lesbianas. Incluso nos mencionó otros bares en otros puntos de San Salvador, a los que quisiéramos ir y poder ir haciendo una radiografía de la comunidad, contada por la comunidad.

Actualmente, en El Hoyo hay una exposición de fotografías que retratan la vida de la comunidad LGBTI en los ochenta, en San Salvador.

Nos terminamos la Pilsener que nos tomamos mientras conversamos con don Marco Tulio. Le pedimos su número, porque es bueno tener contacto con personas tan interesantes como él y nos fuimos. ¿Que si queremos regresar? Por supuesto. Dice don Marco Tulio que lo mejor es llegar sábado, se pone alegre entre las 2 de la tarde y las 8 de la noche. Porque ni modo, hay que regresar a la casa. Yo me quedé picada, quería seguir bebiendo mi cerveza favorita y bailar al ritmo de los Pet Shop Boys.

VoxBox.-

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Escritora amateur, planificadora compulsiva, dueña de tres gatos, madre a posteriori. Un poco cínica, un poco distraída.

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