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Las elecciones de Costa Rica y la perspectiva del Estado laico

Detalles.- Las elecciones de Costa Rica nos han dejado mucho en qué pensar. Como es natural en estos escenarios, los análisis, las lecturas y las reacciones se han manifestado desde las más dispersas trincheras, no solo desde nuestra región, sino quizás desde buena parte del mundo.

Para los que no le han seguido la pista a este “evento democrático”, hagamos un breve resumen:

Las elecciones de Costa Rica de febrero de 2018

Fueron trece opciones las que se disputaron la silla presidencial el pasado 4 de febrero, pero solo te vamos a mencionar a los 5 más importantes:

Fabricio Alvarado, candidato de Restauración Nacional (RN); Carlos Alvarado Quesada, del oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC); Antonio Álvarez Desanti, del Partido Liberación Nacional (PLN); Rodolfo Piza, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC); y en quinto, Juan Diego Castro, por el Partido Integración Nacional (PLN).

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El resultado seguramente ya lo habrán leído en más de un periódico, pero si tienen pereza de googlear, acá se los dejamos:

Fabricio Alvarado, el líder religioso convertido en aspirante presidencial, logró el primer lugar con el 24.8 % de los votos, seguido por el otro Alvarado (que los medios ticos juran que no tienen parentesco y que representa al partido en el poder), con el 21.6 %.

Los dos Alvarado se disputarán una segunda ronda el próximo 1.º de abril.

Según información de la BBC, unos 3.3 millones de costarricenses fueron convocados este domingo a las urnas para elegir al presidente y los 57 diputados del Congreso, para el periodo 2018-2022.

Del total, solo acudieron a las urnas el 65.16 % del padrón, según los datos del TSE.

Hasta aquí solo hemos resumido lo que se sabe de las elecciones. Pero lo que realmente nos llama la atención es que un líder religioso esté a punto de ganar la presidencia en un país de Centroamérica.

Estado… ¿laico?

La idea original del pensamiento laico nació gracias a las reformas liberales, y estableció que el poder emana del pueblo y que Dios no tiene nada que ver en ese turbio proceso de toma de decisiones en materia de política pública.

Para religiosos empedernidos, esta afirmación puede sonar a una especie de insulto, pero en realidad no lo es. El que el Estado sea laico no significa que sea antirreligión; de hecho, todo lo contrario: se establece así para garantizar la libertad de culto.

Además, el Estado debe garantizar otros derechos elementales como la vivienda, salud y educación. Garantizar quiere decir tomar cartas en el asunto.

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Imagínense que el gobierno en turno de su país tomara la decisión de contratar no solo doctores y enfermeras para el sistema de salud pública, sino además pastores curanderos o sacerdotes con poderes milagrosos. O imagínese que cuando en la zona donde vive faltara el agua por más de una semana y el ente encargado de suministrarla respondiera que “están rezando para que dios solucione ese problema lo más pronto posible”. Es difícil imaginárselo, ¿no es verdad? Es inviable, y por más evangélica o católica que fuese la sociedad, el descontento contra semejante gobierno sería elevadísimo.

Puede que hasta acá estén de acuerdo con nosotros, pero así como el Estado no debería valerse de mitos religiosos para solucionar problemas como el de la salud pública, tampoco debería hacerlo para tomar decisiones importantes como el derecho al aborto o el matrimonio igualitario. Estos temas suelen ser bastante espinosos y debería escucharse a todos los actores sociales para tomar una decisión (eso incluye a las iglesias, por supuesto), pero el Estado debe actuar bajo una lógica laica, jamás religiosa.

Pero Costa Rica no es laico…

Pero el caso de Costa Rica tiene una variante bien interesante: la Constitución de la República Suiza de Centroamérica establece claramente que el Estado es Católico, Apostólico y Romano:

Esta situación pone un contrapunto interesante en este debate sobre el Estado laico, porque se trata de un anacronismo dentro de las legislaciones liberales. Ningún otro país de Centroamérica tiene contemplado “casarse” con una religión en particular.

Pero también hay que acotar que son muchos los países en los que lo religioso, aunque no esté escrito, sigue teniendo un lugar privilegiado que no le corresponde. Basta con ver, por ejemplo, que en El Salvador hay candidatos a diputados que proponen la lectura bíblica obligatoria en las escuelas públicas, o que presentan como virtud para ser elegidos que pertenecen a tal o cual religión. Lejos de considerarse algo positivo, las sociedades deberían preocuparse ante este tipo de discursos. El pertenecer a una religión no determina absolutamente nada: ni bueno ni malo. Si no miremos la historia: muchos fueron los tiranos y dictadores que públicamente afirmaron pertenecer a esta o aquella religión.

Así que no podemos solo venir y señalar lo que ha sucedido en las elecciones de Costa Rica en cuanto a retroceso, sin mirar lo que en realidad sucede en toda la región: el Estado laico se debilita cada día más y los derechos universales están en la cuerda floja, y nadie parece preocuparse lo suficiente para hacer algo al respecto.

VoxBox.-

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