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Morazán: la película, el mito y los errores honestos

Morazán. VoxBox.

Detalles.- Comencemos desde donde debemos comenzar: Morazán es una película que se sitúa en 1842, cuando el líder unionista era el Jefe del Estado de Costa Rica. La Asamblea Nacional lo autoriza a organizar una fuerza militar para la restauración de la República Centroamericana. Sin embargo, los líderes conservadores de la Iglesia católica y la oligarquía local, instigan a los soldados a rebelarse contra el gobierno legítimo. Morazán enfrenta su última batalla.

Esta es la breve sinopsis que hace IMDB de esta película de manufactura hondureña. Ayer tuvimos la oportunidad de verla y acá nuestras observaciones.

Antes que nada conviene, hacer una aclaración: Morazán no es un documental, ni ha pretendido serlo nunca. Es una película de ficción, y esto quiere decir, entre otras cosas, que sus “errores históricos” en realidad no son tal cosa.

Sí, contiene spoiler

Si nos ponemos con exquisiteces, podríamos decir que la película tiene errores, por supuesto.

No es la intención de este texto abordarlos, pero habría que señalar algunos. Todo los que mencionamos a continuación pueden ser debatidos y rebatidos, porque no responden necesariamente a razones técnicas, sino a apreciaciones personales y subjetivas.

Los errores de Morazán

El recurso de poner información al inicio de la película le restó un poco de mérito. Probablemente el director no encontró una mejor forma de poner a la audiencia en contexto, pero eso en realidad no era necesario, si se toma en cuenta que se trata de ficción y no de un documental.

El guion se volvía ripioso, falto de sustancia por momentos. Muchos diálogos pudieron fácilmente solventarse de forma más expedita, volver la película más ágil.

El ritmo de la película, por otro lado, era inconsistente. Las escenas de acción no lograron transmitir, por ejemplo, la verdadera angustia de los protagonistas.

Otro de los puntos débiles —y aquí sí entra mucho en juego nuestra propia subjetividad— tiene que ver con la selección del momento de la vida de Morazán que se representó.

La cinta, como escribimos arriba, se enfoca en los acontecimientos que precedieron la muerte del héroe, relatando qué hacía Morazán en Costa Rica, los días antes de ser fusilado el 15 de septiembre de 1842, cuando tenía 49 años.

Hispano Durón, el director, aseguró para un medio hondureño que la intención era exponer “cuál era su proyecto […] quiénes se opusieron a ese proyecto y por qué lo mataron”.

Sin embargo, consideramos que para tales propósitos hubiese sido de más valor situar el hilo argumental en 1826, cuando Manuel José Arce disolvió el congreso y se alió con los conservadores guatemaltecos, permitiendo, entre otras cosas, que surgiera la prominente figura de Francisco Morazán como caudillo de toda la República.

No es que haber escogido los últimos días del militar haya sido un error, solo consideramos que hubiese sido más oportuno lo otro.

María Eugenia Ramos, en una crítica que hace de la película en El Pulso, señala lo siguiente, que nos gustaría también retomar:

“Otro detalle es la selección del actor que representa al general José Trinidad Cabañas, quien se ve demasiado joven para la edad que tenía el personaje histórico en esa época, casi cuarenta años; y tiene, además, una dificultad en la que yo nunca hubiera reparado, puesto que soy citadina, pero que un amigo nacido y criado en el área rural me hizo notar; en sus palabras, “no sabe montar a caballo”, habilidad que debió haber sido un requisito para el papel”.

Tampoco lo habríamos notado jamás, pero qué buen detalle.

Pero en fin, continuemos.

Enfoquémonos en las fortalezas

La película arranca con el fusilamiento del militar guatemalteco Miguel Ángel Molina Bedoya, en Puntarenas, Costa Rica. Es 1842. Antes de disparar, el general Francisco Morazán ordena que se le ejecute de espaldas, porque es un traidor.

No se preocupen, no vamos a contar toda la película, pero esta primera escena sirve de maravilla para dar a conocer el carácter del mítico militar y líder político en cuestión: Francisco Morazán tiene claras las cosas y no le tiembla el pulso para conseguir lo que considera justo, pero también es un hombre que llora, ama y se equivoca. Con una inusual honradez, la cinta no esconde ninguna de estas características.

Y ahí, justo ahí, radica el gran éxito de Morazán: nos presenta no a un caudillo sino a un hombre, de convicciones insobornables y con ideales que aspiran a ser universales, pero un hombre al fin de cuentas.

Francisco Morazán comete errores que la película, con buen tino, no busca nunca justificar ni esconder. Algunos de esos errores incluso le costaron la vida, como el de dividir a sus tropas, enviando a Saget a Caldera; o quedarse en San José con solo 125 hombres, insuficientes para diezmar la rebelión; además, descuida imperdonablemente las relaciones diplomáticas con la Iglesia y se fía demasiado de su encanto para las negociaciones.

La película nunca aburre, eso sí, y presenta una historia viva, de un hombre real, que amó, vivió y murió casi de la misma forma que lo hiciéramos el resto de mortales.

Las actuaciones fueron un punto importante: el colombiano Orlando Valenzuela interpreta eficazmente su papel como Morazán, y lo mismo se podría decir del resto del reparto.

Las escenas finales

La despedida de Teresa Escalante, amante de Morazán; el dictado de su testamento/carta a su hijo; el profundo amor de sus compañeros y el innegable respeto de sus enemigos; el pelotón y la estoica decisión de Morazán de dirigir él mismo su propio fusilamiento; el tiro de gracia a manos de Pinto…  Estas son las escenas finales, en las que recae el mayor peso dramático de todos, y fueron magistralmente bien logradas.

Si la película cometió errores, en este punto ya la habremos perdonado.

Entonces, ¿vale la pena la película?

Categóricamente: . Por dos razones.

La primera, quizás la más debatible, es que se trata de una producción centroamericana. Sí, muchos van a argumentar que ese no debería ser un criterio válido para apoyar o no una obra, pero independiente de si la película gusta o no, siempre es buen momento para apoyar a los artistas locales y regionales.

Segundo, la película contiene un tesoro invaluable: te despierta la curiosidad por seguir indagando en la vida de Morazán, lo que se traduce también en una curiosidad por investigar sobre nuestra propia historia, nuestros inicios como República unida, de nuestras raíces como hermanos y compatriotas.

Deberíamos de verla todos.

VoxBox.-

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