Opinión

A veces el amor ocurre en modo subjuntivo

“Tu amor abrió una herida,
porque todo lo que te hace bien siempre te hace mal”.
Fito Páez

Opinión.- Digamos que ha pasado un buen tiempo desde que terminó su última relación. Después de ese tiempo (¿dos años, tres o más?) no es insensato preguntarse: al ver en la calle a la expareja, ¿cómo reaccionaría? Si es de quienes mantiene una amistad medianamente ecuánime es de felicitarle. Pero quienes no, ¿qué hacen en estos casos? ¿Se cruzan la calle, se sobreponen, los invade el miedo, la rabia o una amalgama de sentimientos encontrados?

¿Por qué recordar a esa persona que alguna vez amamos hace que nuestro propio ser se divida y contradiga, y hace que todo nuestro yo ponga en balanza distintos contrapesos, los cuales buscan superarse mutuamente? Es una cosa en cierto modo ilógica, ya que después de transcurrido un tiempo el pasado debería carecer de la menor importancia. Y sin embargo a veces el pasado ataca, y nos hace crear de nuevo autoeufemismos innecesarios.

Y pensar que alguna vez por esa persona sintió que daba la vida. ¿O no le pasó así? ¿Fue solo algo superficial? ¿Será que apenas unos cuantos vínculos los relacionaban? ¿O quizá llegó a un extremo mayor y colocó a la persona en un pedestal? Muchas veces se reduce a dos formas: amar a plenitud y soltar las riendas de los sentimientos hasta que ya no nos quepa ninguna duda de ser amados por la contraparte… o amar sin reservas desde el principio, con vértigo, con el terror de no tener la situación bajo control, esa zona temporalmente autónoma donde se encuentra la línea delgada entre querer adueñarse de alguien a amarla sin reservas, y sin importar si la persona es para uno o no.

¿Y qué si está consciente de que la persona no era para usted y aun así quería seguir adelante, porque todo ese amor sentía que le regresaba vitalidad espiritual y que le aumentaba su bienestar de vida? Y ahí va uno, dejando crecer el amor ilimitadamente, a sabiendas de que se está tentando a la parte egoísta, la que nos exige que no, que no debemos conformarnos, que la persona o es para nosotros o no lo es, y entonces podría llegar la frustración si de repente se constata que de verdad no teníamos la menor posibilidad.

Y ya que son tiempos superficiales y utilitaristas, vendrá también a nuestra mente el autocuestionamiento: ¿por qué amar si no me sirve para nada? ¿A quién le sirve todo este amor que llevo por dentro? Y entonces tomamos todo ese amor y lo guardamos, y lo escondemos. Algunos se servirán de los demás siendo actores perfectos, pareciendo que lo dan todo, pero que jamás han sentido despellejarse el alma por alguien. Otros mejor guardarán su amor y pasarán mucho tiempo solos. Quizá media vida.

¿Y cómo explicar eso que sentimos? Amo porque sí, porque se dio, porque sin merecerlo a esa persona le pertenece mi amor… amar porque la persona es, porque existe y porque era inevitable. El relato humanista haciendo de las suyas.

O ser un amigo espía y negarse las posibilidades (amar desde la negación, de la negación, de la negación es algo que no le recomiendo a nadie: es una de las peores formas de autodestrucción), ser un cobarde supino, disfrutando de la zona de confort, donde se ama sin arriesgar nada, sin decir nada, sin demostrar nada, porque nunca pasa nada si nada se arriesga (sí, es tautológico, pero así tiene que ser).

Y mirar atrás, encontrarse un día a la persona (en esta ocasión ya no es la expareja, sino alguien a quien no le dijimos nada) y entonces reírse por dentro de uno mismo, y preguntarse por qué no nos atrevimos a decir algo, por qué jamás lo intentamos, por qué teníamos tanto miedo de otro ser humano imperfecto, de carne y hueso.

Hay quien dirá que es insano amar en silencio, porque debemos tener algún tipo de dignidad básica. ¡Ah, el amor y sus millones de variables! Es imposible cerrarlo en parámetros culturales. Al igual que en el sexo, en el amor nada está escrito y nada es perfecto. Nunca es mucho ni poco cuando es suficiente. Desde el silencio y la devoción, o la pompa y gritarlo a los cuatro vientos: se ama desde la misma superpoderosa bioquímica.

¿Quién entiende la complejidad del amor en esta época de analfabetismo emocional? Amar desde el hubiera… vivir en el hubiera… y creer que un día dejará de aterrorizarnos el permitirnos la vulnerabilidad.

Leí o escuché en alguna parte, hace muchos años: “Un beso y un abrazo no se le niega a nadie”. Usted permítase sacar su propia interpretación, que estoy seguro que será válida. Solo déjeme abonarle algo para la reflexión: si la frase fue dicha por una persona con convicciones profundamente espirituales, ¿qué pensaría? O tiene la otra posibilidad: si la frase fue dicha por un cínico, alguien que cree en el amor libre y en el todos contra todos, ¿qué de bueno o malo extraería de ello?

En lo personal, yo creo que el amor no se le niega a nadie. Creo también que el amor es de uno (y decirlo me ha puesto en aprietos de conversación cientos de veces, por lo que no suelo hablar sobre el amor con nadie: ni con amigos, conocidos, compañeros, familiares… nadie), y que por lo tanto es complicarse demasiado no permitirse sentir algo por alguien, aunque nunca pase nada, aunque nunca se diga nada, aunque sea solo algo para el disfrute bioquímico personal.

Además, no solo está el amor filial. Se debe amar a la familia, a los amigos, a las personas que son con uno, a los animales que suelen acompañarnos en nuestros hogares. No, no vendré con ínfulas de ser espiritualista o algo así. Habemos personas que nos llaman intensos, porque no dudamos en amar, en entregar, en ser para con los demás si nos lo permiten. ¿Y qué si me hieren? ¿Qué esperaba? ¿Acaso el dolor no forma parte de la vida, así como el placer, conformando ambos su propio ying-yang?

A veces el amor ocurre en modo subjuntivo. De nosotros depende si lo materializamos para volar o para atormentarnos.

VoxBox.-

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