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La guerra también vive en nosotros

Guerra. VoxBox.

El primer gran tropiezo con el que nos encontramos es que el significado de guerra es mucho más escurridizo de lo que parece.

Detalles.- Vamos a hablar de la guerra y a tomar como ejemplo lo que más conocemos: El Salvador. Pero los conceptos aquí vertidos se aplican para todo el continente, en especial para el Triángulo Norte. Tómese las precauciones debidas.

El pequeño país del centro de América salió, a todas luces, airoso de una guerra que duró 12 años (este dato es fácilmente rebatible, pero por cuestiones de comodidad lo vamos a dejar así). Si nos transportáramos a aquel 16 de enero de 1992 (fecha en que se firmó la paz) podríamos ponernos en los zapatos de aquellos hombres y mujeres, y darnos cuenta cómo se miraba el horizonte en aquel momento: amplio, limpio y brillante. Firmado aquel papel, todo debería ser felicidad y prosperidad, ¿no es cierto?

No es cierto

La paz de la posguerra duró muchísimo menos de lo que debía. La firma de los acuerdos dio paso a otro tipo de guerra, una de carácter social. Nacieron las pandillas como una moda juvenil y hoy, 25 años después, son una de las principales fuerzas políticas del país.

La “sociedad de a pie” (sí, es un término clasista) buscamos por todos los rincones a quién echarle la culpa. Los sospechosos habituales son los especímenes que pertenecen a la raza política: la guerra social que nos deja docenas de asesinatos diarios es culpa de estos seres sinvergüenzas. Esta es la hipótesis más sencilla y probablemente más acertada.

La guerra en nosotros

Pero ¿por qué no nos miramos un rato a nosotros mismos? Por puro morbo, por el mero placer de imaginarnos que somos los ciudadanos honrados los verdaderos culpables.

El primer gran tropiezo con el que nos encontramos es que el significado de “guerra” es mucho más escurridizo de lo que parece.

Arbitrariamente tomemos la definición de Denis Diderot (no, no es un pokémon, así se llamaba el filósofo francés). Diderot afirmó: “La guerra es una enfermedad convulsiva y violenta del cuerpo político”. Tome nota: cuerpo político.

Por otro lado, tenemos el planteamiento de Carl von Clausewitz (militar y una de las figuras más decisivas en desarrollar la ciencia militar moderna, de acuerdo con Wikipediapuntocom). Para él, la guerra es algo natural, ya que la verdadera lucha a muerte no produce coexistencia ni reconocimiento, sino que significa simplemente que la existencia de uno depende de la destrucción del otro.

Sumemos de forma ociosa los dos puntos principales: enfermedad del cuerpo político y la existencia de uno depende de la aniquilación del otro.

¿Qué nos da como resultado?

Una conclusión descabellada: la guerra es un fenómeno completamente natural del ser humano (en tanto la enfermedad es algo natural, no necesariamente “bueno”), que nos permite subsistir gracias al aniquilamiento del otro.

La guerra no es necesariamente pues, ese conflicto bélico sangriento que se gana con armas descomunales. No es SOLAMENTE eso: también es la competencia sin trinchera del mercado despiadado, también lo es la relación que tenemos con el poder en las diversas esferas de la sociedad (familia, matrimonio, trabajo, amistad).

Algo así plantea Michael Fuckoult (se escribe Foucault). Él plantea que el capitalismo se perpetúa gracias al ejercicio de poderes que se hallan presentes por todo el “cuerpo social”.

La guerra en la que vivimos en todo Latinoamérica —por hablar de ejemplos cercanos— no es solo culpa de los políticos corruptos y oportunistas que chupan de las tetas del pueblo: también habita en nosotros, también ha sido parte fundamental de eso que ahora conocemos como desarrollo humano.

Da qué pensar, ¿no es cierto?

VoxBox.-

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