Opinión

El momento “cráter”

Opinión.- A mí se me antojan los momentos cráter como esa sensación random que nos queda cuando algo nos cala hondo: es algo que no veíamos venir y que al mismo tiempo desencadena las reacciones más variadas. Parecido al factor sorpresa, pero llega más lejos que el simple asombro.

Como nada de esto me lo he inventado, debo añadir que tan curioso nombre lo saqué de unas palabras de Roque Dalton, que de abusivo se me ocurrió utilizarlas como la definición. Él escribió sobre el momento cráter:

Una noche, se produjo un fuerte temblor de tierra. Nada particular en aquellos tiempos en que según el Servicio Sismológico se daban hasta mil temblores diarios en la zona central del país. Lo bueno estuvo en que este temblor no fue de los que pasan como mareos personales o que solo son registrados por los sismógrafos más sensibles. Por el contrario, fue verdaderamente fuerte y produjo un cambio notable en la morfología de mi celda. Una gran parte del repello de la pared larga que se había hinchado debido a las corrientes de las lluvias, se vino abajo con gran estruendo. Pasó lo que llamo un “momento cráter”, y que sólo yo sé de qué se trata, no tiene que ver exclusivamente con volcanes y terremotos o explosiones de granada de obús. Saber de pronto que tu mujer te engaña, por ejemplo, es un típico “momento cráter”.

Este fragmento aparece en la novela Pobrecito poeta que era yo…, que fue publicada en 1976. Además de ese dato, reconozco que, en rigor, ni siquiera se pueden considerar como definición ninguno de los elementos de la cita mencionada, y que, de hecho, el autor no tiene ni la menor intención de hacerlo, ya que es ficción y es una cita marginal sacada de contexto. Sin embargo, para mí —y me ocurrió desde la primera vez que leí esa novela— resultó ser algo revelador. Quizá porque sin saberlo había vivido cosas que me recordaron tan escurridiza definición.

Sin entrar en mayores detalles, quizá porque también fui víctima de un engaño recuerdo con claridad mi reacción: estaba con mucho, mucho sueño y de repente un torrente de adrenalina invadió todo mi ser. No estaba ni alegre ni triste y solo se apoderó de mí una resignación, una cólera sorda, una certeza de algo que no podía definir con palabras en aquel entonces… en un sentido casi poético sabía que, por más que lo intentara, no había vuelta atrás y mi relación jamás volvería a ser igual. Tal vez se convertiría en algo mejor —eso nadie podía saberlo en ese momento— o en algo peor, donde la suerte estaba echada. Pero solo sabía que la certeza de saber esa verdad lo cambiaba todo.

Como la mente obra de formas misteriosas, con los años esa definición volvía a mi cabeza. De palabrerío insuficiente, pasó a ser para mí una forma acertada y poética de entender las cosas. Por la ambigüedad, supongo. Dalton no nos dice cómo reaccionaría el que llegue a saber que su mujer lo engaña: solo nos anuncia que ese instante mismo es el momento cráter. Lo demás lo pone uno después. Yo, por ejemplo, actué con naturalidad, aunque por dentro me invadió una tonta resignación, la sensación de que ella nunca me quiso de verdad.

Si eso lo trasladamos a otra clase de situación, notaremos que los momentos cráter se encuentran en más experiencias de las que querríamos imaginar. Desde lo simple inesperado, pasando por lo emotivo y las más de las veces en instantes poéticos.

El momento cráter no es ni lo sorprendente, ni lo épico, ni lo terrorífico. Solo se sabe que es y ya. Todo dependerá de la reacción: cuando ocurre el momento cráter, la reacción será siempre inesperada. Hay quienes llorarán, de otros se apoderarán sentimientos encontrados, quizá algo parecido a la anagnórisis, o bien, simplemente un momento que sobrepasa lo sorprendente, porque tiene mucho de inolvidable, lo suficiente para meditar una y otra vez sobre el hecho en particular.

Y para que suene más concreta la cosa, dentro de la cita de Dalton menciona lo del temblor de tierra, lo cual implica que el momento cráter lo aplica a dos situaciones distintas: la cuestión es cómo va a reaccionar después.

En mi caso creo que soy del tipo que se corta, congela o petrifica. Es decir, con pena debo reconocer que quizá sería de los tipos inútiles que al comenzar una balacera se quedaría quieto, y que al mismo tiempo no haría nada para ayudar. Por el contrario, hay personas que en el instante mismo, como si hubieran estado esperando a que la situación ocurriera, son capaces no solo de reaccionar, sino de tomar acciones importantes al respecto, porque comprenden con estoicismo que la vida está en juego.

Según este ejemplo, el suceso vendría a ser la balacera, pero el momento cráter es lo que vive en su interior cada persona: unos se quedarán paralizados, otros gritarán, unos llorarán, otros tendrán ataques neuróticos, algunos actuarán a lo loco, quizá unos con calma y frialdad como si fueran soldados, otros pensarán en soluciones inmediatas, y bueno… inserte aquí el ejemplo que se le ocurra. La cuestión es que el momento cráter es ese instante que usted no puede predecir, pero que a continuación tendrá que afrontar y conocer.

¿Cuál fue su reacción la primera vez que vio un momento crucial en su caricatura preferida? En mi caso fue hace muchos años, pero me parece delicioso el ejercicio de recordar. Se me ocurre, por ejemplo, la primera vez que vi a Goku convertirse en Super Saiyajin (Dragon Ball es ejemplo que todos conocemos); o la vez que vi a Shishio atravesar con la espada a su mujer, con tal de poder herir a Kenshin (en Samurai X); o cuando Rock Lee apareció de pie, mientras todos pensaron que estaba derrotado (del anime Naruto). Todas son situaciones inesperadas e intensas, pero la cuestión es cómo reaccioné.

O bueno, piense, por ejemplo, cómo reaccionó la primera vez cuando en la película Braveheart escucha a Mel Gibson gritar de forma sorpresiva: “¡¡Libertad!!”, cuando todos lo dábamos por muerto sin hacer bulla. Ahora podemos verlo a cada rato y sentirnos conmovidos por deporte. Pero la pregunta es: ¿cómo reaccionó la primera vez que lo vio? Esa reacción, mi estimado lector, es el momento cráter. Y es un momento random pero también placentero, doloroso y catártico. Es una extraña forma de disfrutar la verdadera obra de arte, aunque también nos haga pasar malos ratos en la vida práctica. Es la sensación de estar vivo y es la anarquía impredecible de nuestro proceso bioquímico. Es, de alguna manera, una constante microscópica que nos recuerda lo inescrutable que resulta ser la vida.

VoxBox.-

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