Detalles

El consumismo intelectual como pecado moderno

Consumismo intelectual. VoxBox.

¿En qué cosas sí somos adeptos del consumismo? ¿Por qué decimos gastar más de la cuenta en una cosa y no en otra? Nadie está libre de este pecado moderno.

Detalles.- Antes de comenzar, habrá que hacer una diferenciación importante: consumismo no es suplir  necesidades. Comprar comida suple la necesidad de alimentación, comer en el restaurante más caro de la ciudad es consumismo. Aunque parezca una aclaración innecesaria por obvia, hay que hacerla.

Todos llevamos un consumista dentro, todos somos invariablemente unos pequeños cerdos capitalistas, aunque Marx dijera que no, porque no somos dueños de ningún medio de producción.

Pero todos cargamos con ese pecado, incluso los más progres y conscientes en este valle de lágrimas: todos, todos, todos, hemos sucumbido a la tentación de una oferta o a las increíbles rebajas del demoníaco e imperialista Black Friday.

Quienes ya saborearon ganar el pan con el sudor de su frente conocen esas pequeñas satisfacciones de ir de compras y escoger lo que nos gusta. En mayor o menor medida, casi diría que ningún asalariado ha podido sortear esa trampa.

PERO nos diferenciamos en el qué. Ahí es donde radica el problema. ¿En qué cosas sí somos consumistas? ¿Por qué decimos gastar más de la cuenta en una cosa y no en otra? Pero ese todavía no es el problema: ¿Por qué algunos se sienten moralmente superiores por el qué?

¿Son mejores las personas que gastan en libros que los que gastan en zapatos?

Hay quienes creen que sí. Todos nos hemos topado en algún momento con esos listillos intelectualoides que se creen mejores que el resto de mortales, porque sus salarios se van en disco de vinil (por alguna razón siempre adoran los discos de vinil) o ediciones excesivamente caras de libros que nunca han leído.

Este tipo de Pokémon suele burlarse de otros tipos de consumistas, por ejemplo de las mujeres que van por la vida con 80 pares de zapatos (¿quién les hizo tanto daño?), o los hombres que prefieren unos rines brillantes para el auto, que comer más de una vez al día.

De cualquiera de estos tres personajes que retratamos podríamos burlarnos todo el día, pero no tenemos ganas y no es ese el punto. Lo que sí podemos hacer es decirlo de una vez: consumir desmedidamente en “cosas culturales caras” no te hace menos consumista, no te da poderes sobre los demás y NO te da derecho a burlarte del resto.

Por supuesto que nadie puede decirte qué hacer con tu dinero, lo puedes utilizar para lo que se te dé la gana.

Nadie se escapa del placer culposo de gastar. En unos es más fuerte que en otros, pero lo importante es que no nos arroguemos el derecho de tirar la primera piedra: si alguien está libre de culpa es precisamente quien no tiene dinero para gastar. Los demás podemos dejar de juzgarnos estúpidamente.

VoxBox.-

Previous ArticleNext Article

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *