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Spider-Man: de verdad ha vuelto a casa

Spiderman. VoxBox.

Tom Holland demuestra no solo ser el Spider-Man más carismático de todos, sino que paradójicamente, aunque sea su versión más “modernizada”, sigue teniendo un espíritu mucho más cercano al cómic.

Opinión.- Es difícil y hasta casi inimaginable apostar por el éxito de una tercera encarnación cinematográfica de una misma franquicia, en tan poco tiempo. No han pasado ni unos diez años desde la última vez que vimos a otra persona usar el traje del trepamuros, pero es inevitable esta cierta tendencia al “rebooteo” para sacar un mejor provecho de un personaje tan popular como lo es Spider-Man, y sin duda todas las posibilidades mercadotécnicas que este es capaz de ofrecer.

Aun cuando la inminente cancelación de futuras secuelas con Andrew Garfield haya dividido a algunos fanáticos, esta nueva adaptación del superhéroe desde el principio tuvo mucho más respaldo mediático, al estar creativamente apadrinada por Marvel Studios, oficializando la incorporación del arácnido al tan popular universo cinematográfico, pero sin que Sony perdiera los derechos.

Claro que todavía había quienes tenían sus reservas, y tras una campaña casi excesiva de adelantos y tráilers los comentarios negativos no se hicieron esperar, augurando defectos en la cinta, tales como: “Iron Man opacará la película…”. Ahora, una semana después de haber sido el estreno mundial, no queda más que dejar de lado todas esas especulaciones y valorar el producto por lo que realmente es…

A mi consideración, una gran joya de entretenimiento que realmente captura la esencia de los cómics. Hablando desde la perspectiva de un verdadero fanático, también reacio a cambios demasiado evidentes como la edad de la tía May y la procedencia de algunos personajes secundarios, todo fue llevado con el suficiente grado tanto de sutileza como de originalidad, para no volverse irritante o distrayente.

Por primera vez considero que el espíritu jovial y cómico del personaje es utilizado de una forma lógica que se siente correcta de ver… es decir, hay que entender que Spider-Man hace chistes a los malos como un mecanismo de defensa contra sus propias inseguridades, que a fin de cuentas son las mismas que tendría un adolescente, y que es exactamente lo que se muestra y se siente.

He aquí otro punto a favor: se aborda correctamente la edad que debería de tener el personaje al inicio de su carrera, pero sin desprestigiar el drama que esa misma etapa representa. Vemos a un Peter Parker completamente dependiente, sin la edad suficiente para conducir o para ser tomado en serio por los vengadores, a pesar de tener un gran potencial heroico.

He aquí cuando realmente beneficia al personaje encontrarse rodeado de otros superhéroes. Por primera vez él no es el único foco de atención dentro del mundo de lo extraordinario, sino que solo representa una porción dentro de un mundo donde los extraterrestres y personas con superpoderes son cada vez más corrientes.

A decir verdad, su importancia dentro del universo Marvel se ve minimizada ofreciendo una visión que da mucha más riqueza y, al mismo tiempo, mayor nobleza. Esa faceta de querer ser primero el héroe local, “el vecino amistoso”, cuyos supervillanos no representan amenazas cósmicas, sino que por el contrario, afectan al señor con el local hot-dogs de la esquina, a sus vecinos, familiares y amigos.

Aun cuando se vuelve un elemento distractor que el traje posea tanta tecnología, sin duda existe otra capa dentro de la historia, que le agrega de un mayor interés a nivel de ejecución, y es el hecho de que a pesar de ser la versión con más recursos a su disposición es quien parece ser también el peor haciendo su trabajo, tal cual se comporta en todo momento como un amateur.

Sin duda alguna es el más “novato” de todos los tipos con traje de la ciudad, lo que hace que desesperadamente intente hacer algún acto heroico llamativo y se equivoque estrepitosamente, por no tener la madurez necesaria para lidiar la situación… a fin de cuentas, Spider-Man es un perdedor por defecto, pero uno muy difícil de no querer y de sentirse al mismo tiempo identificado.

Tom Holland demuestra no solo ser el Spider-Man más carismático de todos, sino que paradójicamente, aunque sea su versión más “modernizada”, sigue teniendo un espíritu mucho más cercano al cómic que sus predecesores. Esta cinta es colorida en todo momento, conserva un estilo ligero y fresco, lleno de una energía que venía haciéndole falta al personaje, al que cada vez querían oscurecer como si se tratara de otro “caballero de la noche”. Además, en esta ocasión rebosa de un elenco muy llamativo de nuevos personajes secundarios, que destacan por sus propias personalidades.

Michael Keaton, además, es perfecto no solo por su interpretación, sino que se siente como uno de los villanos de Marvel mejor construidos, algo bastante arriesgado de decir, tomando en consideración quien es realmente El Buitre en el mundo del cómic, pero la justificación que tiene para sus actos están llenos de una lógica increíble, tanto narrativa como simbólica. Es fascinante de ver, así como inevitable de predecir uno de los mayores giros en la trama, que tras analizarlo a profundidad era de esperarse, considerando lo conectado que se encuentra la vida personal de Peter Parker con su álter ego (ya lo sabrán quienes hayan visto la película).

Quizás el único punto negativo de la cinta sea que no conserve esa percepción de heroísmo y de proporciones épicas que trajeron las cintas de Raimi consigo. Esa grandiosidad cinematográfica que verdaderamente te sumergía en la ciudad de Nueva York, mientras nuestro protagonista se columpiaba por sus rascacielos. Es lo único que hizo en falta en esta ocasión, pero que como dije anteriormente, nos encontramos con la versión más inexperta de todas, que ya podremos ver cómo se desarrolla y crece en el largo futuro que parece depararle.

VoxBox.-

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