Opinión

Ni monógamos ni polígamos: simplemente sexuales

Sexuales. VoxBox.

Sexuales por naturaleza, tanto para reproducirnos como para entretenernos, la naturaleza humana sigue empantanada en el debate de las preferencias sexuales, la monogamia o la poligamia. Pero primero lo primero: somos simplemente sexuales.

Opinión.- Nuestra ética humana y nuestra identidad cultural nos ha obligado a elegir durante miles de años entre un par de opciones para convivir como sociedad y para estabilizarnos como comunidad humana: monogamia, bigamia, poligamia, poliandria, poliginia, y las cientos de variantes por región.

Los miles de testimonios anónimos que alberga el informe Kinsey o cualquier informe serio relacionado con el estudio de la sexualidad, o los testimonios mismos que usted conoce, ya sea de forma directa, indirecta, por chisme o de primera mano, acerca de la sexualidad descubierta desde la infancia, la posterior satanización de la curiosidad (fundamentalmente para que no nos hagamos daño tan temprano, si lo vemos desde el punto de vista de la infinita sabiduría popular) y la vigilancia de nuestros impulsos físicos hasta que somos capaces de controlarlos por nuestra cuenta.

Las leyes para controlar nuestra sexualidad, con la finalidad de tener un estándar, algo socialmente aceptable. La penalización de lo extraño y de lo que consideramos que hace daño a otros (que dicho sea de paso, no quiero implicar que acepte o rechace una cosa y otra, ya que no es el tema en sí), ya sea porque no estamos listos para asumirlo o no tenemos la madurez para afrontarlo. El cuido de nuestros menores, que hasta la fecha es lo único en lo que casi todas las comunidades humanas estamos de acuerdo: lanzar todo el peso de la ley a quien se meta con la sexualidad de los menores, ya sea con o sin consentimiento.

¿Por qué es tan difícil manejar la sexualidad humana? Hay muchas aristas y puntos de vista, y es evidente que el tema nos interesa a todos, ya sea de forma abierta o solapada. A propósito, quiero citar un fragmento de una novela de Laura Restrepo (recomendable, dicho sea de paso), titulada Delirio y que ganó el prestigioso premio Alfaguara de novela en el año 2004:

…Aminta esperaba un hijo la despidió, los niños lloraron, yo traté de interceder pero Eugenia fue implacable, tal vez también en esa ocasión le salió de adentro esa especie de horror por la sexualidad de los demás que siempre ha marcado su vida, que a lo mejor también es horror por la sexualidad propia, no sería de extrañar, pero lo primero, esa compulsión a censurar y reglamentar la vida sexual de los otros fue una actitud que compartió con Carlos Vicente, en esa inclinación sombría se encontraban los dos, ahí coincidían, ahí eran cómplices y ése era el pilar de la autoridad tanto del uno como del otro, algo así como la columna vertebral de la dignidad de la familia, como si por aprendizaje hereditario supieran que adquiere el mando quien logra controlar la sexualidad del resto de la tribu, no sé si entiendas a qué me refiero, Aguilar, Claro que entiendo, dijo Aguilar, si no entendiera eso no podría descifrar este país, pero la tía Sofi seguía abundando en explicaciones como si se las estuviera dando más bien a sí misma, Es una especie de fuerza más poderosa que todo y que viene en la sangre, una censura inclemente y rencorosa hacia la sexualidad en cualquiera de sus expresiones como si fuera algo repugnante, a Eugenia le parecen un insulto las parejas que se besan en el parque o que se abrazan entre el mar, hasta el punto de protestar porque la policía no impide que hagan eso en público, siendo Eso todo lo que tiene que ver con la sexualidad, con la sensualidad, dos cosas que para ella nunca han tenido nombre, las reduce apenas a un Eso que pronuncia con un gesto torcido como si solo mencionarlo le ensuciara la boca…

¿Por qué esa tendencia de la inmensa mayoría a ser ultraconservadores en el sexo, pero no en otras cosas como la violencia o el consumo de sustancias recreativas? No mentiré al admitir que la respuesta se escapa de mis manos, además que una opinión breve como esta no podría dar para tanto. Pero considero importante traer a colación lo siguiente.

Independiente de nuestras preferencias sexuales, de nuestros tabúes, de las convenciones sociales que nos autoimponemos para sobrevivir como especie y como seres biopsicosociales y valorativos, lo cierto es, aunque nos moleste y tengamos que lidiar con eso, que la realidad es que solo somos seres sexuales. Y con esto no estoy implicando nada, sino solo sacando algo muy básico, que decidimos ignorar todo el tiempo: no importa qué tan civilizados creamos ser, pero lo cierto es que los impulso los vencemos todos los días, los combatimos encarnizadamente, tratando de someter los sentimientos a la razón.

Antes que considere que esta es una reflexión inútil, se lo comento porque escuché a dos personas discutiendo sobre la naturaleza humana: Los seres humanos ¿somos monógamos o polígamos por naturaleza? Escuché uno tras otro planteamiento y hubiera querido tener una grabadora para poder rescatar algo. Cuando escuché que la conversación de ambos comenzaba a empantanarse, me di cuenta que la pregunta está mal planteada.

Es como de repente verse al espejo y mirarse a la cara. Nos guste o no lo que vemos, no quiere decir que podamos negarlo. Para explicarlo mejor le daré un ejemplo bastante extremo:

Suponga que usted se fue a dormir en un día cualquiera, en su casa, en su cama. Cuando despierta no puede moverse, está atado y tiene una venda en sus ojos. Se asusta. Siente un terror de muerte. Siente el frío de su cuerpo desnudo. Intenta moverse y no hay nada por hacer, está totalmente sometido. ¿Qué haría si siente que alguien está intentando estimular su cuerpo? Se asusta, por supuesto. Trata de escapar aunque no lo logra. Luego siente que alguien intenta darle placer y después de tanta persistencia, a pesar de negárselo y de sentirse humillado, usted sin querer tiene un orgasmo. Luego de su orgasmo le quitan la venda y descubre que es una persona de su mismo sexo. ¿Qué haría? ¿Gritar de la pura indignación? ¿Llorar? ¿Sentir que la tierra se lo tragará? A pesar de la negación, ¿podrá borrar el orgasmo que acaba de sentir?

Es un ejemplo muy, muy delicado y bastante extremo, lo reconozco, pero hay un punto al que quiero llegar. Para que se entienda por qué es algo delicado, no olvide que cuando alguien ha sido víctima de violación y ha tenido un orgasmo, por ejemplo, la secuela psicológica suele ser muy fuerte y difícil de superar: a eso y a otros fenómenos relacionados le llaman el orgasmo de la culpabilidad.

Pero el punto es que somos seres sexuales. Y no solo los seres humanos, sino casi todos los mamíferos. Son tan contados los mamíferos monógamos, que precisamente son excepciones que confirman la regla de nuestra naturaleza. Tanto el perro que se frota a su humano cuando está descubriendo su sexualidad, como las especies salvajes que de repente hacen algo que no tiene que ver nada con la reproducción. Y lo negamos, y nos molesta, y hay quien me insultará solo por recordarle algo tan simple.

Es por eso que la pregunta no es si somos monógamos o polígamos por naturaleza, porque es una pregunta mal planteada: somos seres sexuales, llenos de instintos físicos, que a través de miles de años de domesticación de nuestra naturaleza salvaje hemos sometido nuestros impulsos a la razón. Así como de repente reaccionamos con violencia en el momento más inesperado, también somos tremendamente sexuales cuando las millones de variables y circunstancias lo permiten y coinciden en nuestro actuar.

Y mientras sigamos negando la discusión de ese mundo desconocido del que apenas hablamos superficialidades, la sexualidad seguirá siendo siempre condenada.

Todavía, mi estimado lector, hay miles de preguntas que deberíamos intentar respondernos para comprender mejor nuestra naturaleza.

VoxBox.-

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