Opinión

La belleza del alma y otros chistes

La belleza del alma y otros chistes. VoxBox.

El título parece chocante y puede que lo sea, más aún si usted es de las personas que justamente habla de ello: la belleza del alma.

Opinión.- Antes de decirme estúpido, lo invito a leer todo el artículo. Después de ello, queda a discreción de sus sentimientos hacia a mí. El título parece chocante y puede que lo sea, más aún si usted es de las personas que justamente habla de ello: la belleza del alma. No se preocupe, no estoy en contra de los sentimientos lindos que tengan las personas: los valoro y me agrada encontrarme con la genialidad de lo que a simple vista no se puede percibir. Nombré la nota de esa forma por 2 razones: la primera para atraer su atención (soy cruento, lo sé), y la segunda porque sí considero que hay una manía de mentir sobre lo que nos atrae de las personas.

Por norma general hay ciertas cosas que nos son permitidas mencionar y otras a las cuales es mejor omitir o sobrentender. “Voy al baño”, sonará siempre mejor que “ya me cago”, indicando en ambas situaciones un mismo propósito. Una frase parece más prudente que la otra. Creo que entienden más o menos el lugar al que me dirijo.

Cuando hablamos de personas y de gustos es mejor decir que valen más los sentimientos por sobre el físico. ¿Por qué? Pues sonamos menos superficiales, más profundos e incluso menos interesados. Parecemos personas maduras. Los sentimientos son sumamente subjetivos y variables de persona en persona y de trato en trato, lo cual nos ahorra la pena de poder medirlos, compararlo y comprobarlos, cosa que, está de más decir, se debería hacer.

La gente que valora en extremo los sentimientos en detrimento del físico, por lo usual suele esconder alguna inconformidad física. Es algo así como decir: “¡Qué importa que no sea guapo, si soy una persona muy linda por dentro y eso importa más!”. Disminuir la belleza física puede ser un truco para sentirnos y aceptarnos a nosotros mismos.

Otro aspecto de “valorar” el alma de las personas es ¿cómo conocer a otra persona?, si ni siquiera a nosotros mismos nos hemos logrado conocer. Muchos de los peores psicópatas o políticos más corruptos en su día a día son personas encantadoras y sería sumamente fácil enamorarse de ellas. La amabilidad, los principios morales o las dulces palabras, en muchos casos, son el maquillaje del alma más furtiva y escandalosa. Así que no nos enamoramos del alma, nos enamoramos de lo que los demás nos muestran, y muchos, en eso, son unos tramposos.

Si mis palabras fueran falsas, la industria de la moda, la salud estética, el fintes, las cirugías, el maquillaje y demás menjurjes no existiría o no crecería año con año. No es coincidencia que las redes sociales brinden filtros para “enchularnos” más de la cuenta y, no obstante , cuando menos, unas 5 fotos en promedio se toman para decidir cuál es la mejor y usarla como foto de perfil.

La respuesta no es obviar la personalidad de alguien. Más bien es valorar nuestra personalidad y aceptar que sí, que nos gusta un cuerpo o una cara bonita, y que muchas veces alguien que no nos atrae físicamente no le prestamos las mismas atenciones que alguien que sí nos atrae. Somos mundanos, porque al final somos humanos, somos vulnerables al instinto, y eso no se debe negar, porque es negar una parte de nosotros mismos.  Por supuesto que sus excepciones habrá y alguno que otro lector obvie la circunstancia física, pero para la mayoría de ojos que vean esto, la regla se cumple: el amor entra por los ojos.

No pretendí en ninguna de estas palabras desacreditar la belleza del alma, ni siquiera con el título. Solo se me hizo oportuno ponerle una dimensión justa al asunto, y en una época en la que nos rige el ego: creer que el físico no importa suena gracioso.

VoxBox.-

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