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La reina que no quería ser reina: Isabel II

Detalles.- La reina Isabel II tiene 90 años y este día cumple 65 años siendo monarca de Gran Bretaña. Sin embargo, no conmemorará el acontecimiento, propiciado —al fin y al cabo— por la muerte temprana de su padre, Jorge VI, en 1952, que la llevó al trono con tan solo 25 años. Además, con 90 años es difícil imaginar que tenga ánimos de celebrar algo…

Ya en 2015 había marcado el récord de ser la soberana con el reinado más extenso en la historia británica.

“Inevitablemente, una larga vida puede superar muchos hitos. La mía no es una excepción”, ha dicho la monarca. Y tiene razón.

Para comenzar, Isabel pasó sus primeros 10 años de vida creyendo que NO sería reina. Pero con la renuncia del rey de ese entonces —que era su tío—, su padre se convirtió en el nuevo rey. Y en ese momento, su vida comenzó a cambiar: en algún momento le tocaría a ella reinar a Gran Bretaña.

En febrero de 1952 su padre falleció mientras ella y su esposo estaban en el monte Kenia. Con el correr del día Isabel se enteró de la mala noticia. Tuvo que volver no solo para despedir a su padre, sino también para subirse al trono.

El día de su coronación decidió hacer historia: eligió que su coronación fuera televisada. “Televisar esa celebración era innovador para su época. Llevar la monarquía a millones de hogares hizo que la monarca pareciera más real. Y eso era lo que ella quería hacer: marcar el tono de su reino y llevarlo a la gente”, explicó Nikkhah, un corresponsal real para el Sunday Times.

Otros puntos importantes

—La descolonización de África y el Caribe fueron un hito fundamental en los 60 y 70. La reina Isabel II estuvo presente en todo ese proceso y además ayudó a que Gran Bretaña entrara en la Comunidad Europea.

—Fue en 1973 cuando finalmente Gran Bretaña entró en la Comunidad Económica Europea y permitió abrir más mercados alrededor del mundo.

—En 1992 se incendió el castillo de Windsor. Gran parte de la historia de Gran Bretaña se incendió con ese castillo. Sin embargo, la fuerza que la familia tuvo y las ganas de recuperar muchos hilos de esa historia hicieron que los británicos se sintieran orgullosos de su monarquía.

—La muerte de la princesa Diana fue como un balde de agua fría para la familia real. El público sintió que la monarquía había reaccionado con frialdad ante la muerte de alguien que significó muchísimo para toda Gran Bretaña. Durante el velorio, la reina Isabel II se inclinó hacia el ataúd de la Princesa Diana y le brindó un sentido homenaje. Finalmente, la sociedad pudo ver que la familia real no era fría y que sí tenían sentimientos. “Ella nunca perdió su capacidad de sonreír y reír. Inspiraba a otros con su calidez y amabilidad. Además era admirada y respetada por su energía y compromiso con los demás y, sobre todo, por su dedicación por sus dos hijos”, dijo frente al ataúd.

—Durante el proceso de paz en Irlanda del Norte, la reina fue invitada por el presidente de Irlanda. Y, finalmente, se convirtió en la primera monarca británica en visitar a la República de Irlanda. Sin duda un gesto muy importante que permitió mejorar las relaciones.

Y como dijeron los sacerdotes de Sex Pistols: que Dios salve a la reina…

VoxBox.-

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