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El miedo a Trump y el legítimo derecho de no votar con la vagina

La actriz hollywoodense Susan Sarandon ha dicho lo que se tenía que decir sobre Hillary Clinton, a tan solo unos días de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

«No voto con mi vagina», aseguró Sarandon, que defendió que lo importante no es que una mujer ocupe el despacho Oval sino que sea la mujer adecuada para el puesto.

Y así, con esa sencilla oración, Sarandon ha puesto los puntos sobre las íes. El argumento de que Hillary es mejor candidata por ser mujer es ridículo, además de un poco denigrante. Nadie niega los méritos de Clinton —méritos que muchos pondrían entrecomillas— en el sentido de tener el valor de adentrarse en un mundo típicamente habitado por hombres, como es la política en casi todos sus estratos. Por supuesto que nadie puede negar que se sientan grandes precedentes cada vez que una mujer logra escalar tan alto en una rama tan compleja, porque el machismo sigue existiendo en todos los niveles y a las mujeres —incluso a las candidatas presidenciales— seguramente también se le dificulta más de lo que podría dificultársele a un hombre.

Pero ¿Ser mujer la facultad para ser buena gobernante?

Ahí es donde todo se complica.

Susan añadió que «el miedo a Donald Trump no es suficiente para que apoye a Clinton con su historial de corrupción». Y tiene razón.

Ella lo tiene claro: no votará a la aspirante del Partido Demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, en estas elecciones.

En la fase de elecciones primarias declaró ser fiel seguidora del demócrata rival de Clinton, Bernie Sanders, y ahora asegura que votará por la candidata del Partido Verde, Jill Stein.

Los seguidores de Sanders, movilizados por sus políticas sociales, rechazan el establishment y la «vieja política que ofrece Clinton» y, algunos, según indican varios sondeos, votarán por el candidato Libertario, Gary Johnson, o como en el caso de Sarandon, por Jill Stein.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos se han conformado por «votar al menor de dos males» (los Latinoamericanos tenemos doctorado en ese tema). Y para Susan, para provocar un cambio en el sistema político del país es necesario apoyar a candidatos alternativos, con agendas más progresistas.

Y quizás tenga razón.

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